Adrià Pujol Cruells: "Una ciudad camina sola, no se puede transformar su rumbo en poco tiempo"

Adrià Pujol Cruells (Begur, 1974) es antropólogo. Acaba de publicar L’Eclipsi, el libro de George Perec publicado por L'Avenç que tiene como título original La Disparition y que, entre otras singularidades, está escrito sin la letra E. Adrià lo ha traducido al catalán haciendo desaparecer la letra A. Nos encontramos a la terraza de la librería Laie, donde aparte de Perec también hablamos de su obra literaria propia, a medio camino entre la crónica, el ensayo, la ficción y la etnografía (un poco todo a la vez) en el Empordà - Guia Sentimental de l’Empordanet, Pòrtic 2008 - como de la capital catalana - Picadura de Barcelona, Sidillà, 2014 -. La ciudad; sus múltiples relatos oficialistas y olvidados y su transformación desde los Juegos Olímpicos también aparecen a la conversación. Llueve, hace viento y frío de febrero. Adrià pide un café con hielo y una agua con gas, y sabe que tenemos que esperar a que el camarero nos venga a pedir porque si no, se enfada. 


Quería empezar hablando de L’Eclipsi, el libro de George Perec que has traducido al catalán. ¿Cuáles han sido los principales a alicientes y las principales adversidades de este encargo?

¡Alicientes todos! En este caso, dificultad y aliciente es lo mismo. Todo lo que tiene de complicado traducir L’Eclipsi lo tiene de aliciente. De hecho, cualquier acto creativo si no es difícil no es creativo. Para hacer una cosa normal y fácil, mejor no hacer nada. Va por aquí, las dificultades de Perec no son tantas como pueden parecer. Una vez hecho todo el mundo dice “¡oh!” y se pone de rodillas, pero no hay para tanto. Incluso en las presentaciones me piden que firme el libro, y es una traducción. Los traductores no firman libros. 

Pero tampoco es una traducción al uso. 

No, pero las dificultades siempre están. Yo traduzco libros normales, y las dificultades que he tenido con este no son más gordas que las de traducir un libro normal. Con Perec la dificultad es el juego lingüístico, en otro libro la dificultad será reproducir una metáfora, entender qué quiere decir el autor, ver si hay dobles sentidos... No es postureo, ¡eh! Sí que hay dificultades, pero es una música, una gimnasia. Una vez te pones, sabes que no puedes decir la A y ya está, no hay dificultad. No lo había pensado nunca, pero cuando escribes no puedes decir barbarismos, ¿verdad? En principio, si esta es tu norma. Pues ya es una dificultad, ¡y si te impones decir barbarismos, la dificultad será decirlos! 


¿Pero no has tenido que imponerte ningún método? Listas de palabras sin la A, expresiones y estructuras sintácticas...

¡Claro! Hay una charla que se puede consultar en Youtube sobre Perec donde lo explico todo de pe a pa. El método – que no fue muy bien un método porque no soy un tío tan serio ni tan preparado, además no tengo tanto tiempo – fue volver a leer La Disparition de Perec, confirmar que no se entiende nada [se ríe], que cuesta mucho, que no hay una música a la que cogerse y empezar a hacer pruebas. Entonces hice un poco de gimnasia, separé en un word todas las palabras catalanas sin la A (tampoco sirve de nada, pero al menos las tenía), y llené de post-its todo el estudio. Hostia, esto me gusta mucho. L’Elcipsi  no sólo hace desaparecer una letra, usa palabras muy extrañas. Me hice listas de formas de decir casa en catalán sin la A, y las tenía todas en un post-it. Es ir tirando. Pero la piedra en el zapato de La Disparition no es la carencia de la letra, sino todos los juegos de palabras. Se te pasan por alto palíndromos y cosas parecidas. He consultado una cuarentena o cincuentena de libros, de tesis doctorales... El libro genera muchos estudios, y de repente alguien descubre un palíndromo que nadie había visto. ¡Este es el trabajo! Más que traducir. Hay párrafos enteros donde cada frase es un juego. 


¿Cómo explicarías a alguien que está alejado de la metalingüística por qué Perec es, según has dicho tú mismo, digno de festejo?

La pregunta es pertinente, ¡eh! Es extraño que en nuestro país haya alguien no familiarizado con el juego verbal. ¡No con el OULIPO! Pero la ludolingüística está presente en todas partes. Está Màrius Serra que sabe mucho y además lo transmite a los medios, hay El Gran Dictat, hay Caçadors de Paraules, las Paraules en Ruta en Divendres [todo programas de TV3 relacionados con la lengua]... Esto está presente a los medios, y el catalán está acostumbrado a venerar la lengua. Sea porque no la conoce, sea porque ha sido perseguida... El OULIPO lo hizo en un país donde se podía hacer. En la Francia de los 50, 60 y 70 es lógico que salga gente que quiere profundizar y renovar la literatura sin hacer el payaso. En el OULIPO hay Italo Calvino, Perec, ahora Olivier Salon, un matemático que es una máquina de la física cuántica. No son aficionados a hacer juegos, van a fondo. Paradójicamente, en Catalunya nos hemos quedado con la parte más juguetona. Perec renueva la novela moderna, le da una salida posible después de la Segunda Guerra Mundial... E Italo Calvino, si alguien se atreve a decir que no es un buen escritor, que se esconda.


¿En Catalunya nos hemos quedado con la anécdota y no con aquello que puede ser transformador?

Yo creo que un poco sí. No quiere decir que el OULIPO tenga la verdad o que sea superior, además era gente que no iba del palo. Perec era muy humilde, ¡y después de hacer esto! Mostraban caminos para trabajar literariamente. Ellos han sido muy criticados, los han tildado de frívolos, de vender humo o de no ir a ninguna parte. No lo sé, en Catalunya tenemos ejemplos, Joan Lluís-Lluís ha experimentado mucho en Xocolata Desfeta, Ramon Solsona también ha jugado mucho en este aspecto. Y digo jugar en la acepción francesa, jouer, jugar como tocar, como trabajar. A quien cree que no sabe nada del OULIPO, le diría que sabe más del que se piensa. 


Cambiamos de tema y hablamos de tu trabajo antropológico. Has trabajado en el campo literario con libros a medio camino entre la crónica y el ensayo que a la vez son un trabajo etnográfico, y lo has hecho en el Empordà y en Barcelona. ¿Qué punto de partida tomas para hacer proyectos como estos y cómo te posicionas para hablar de uno y otro lugar? El Empordà con su universo Josep Pla y la Barcelona post-olímpica. 


Lo que yo hago – que no soy el único – es muy francés. En Francia, George Perec, o Claude Lévi-Strauss son etnólogos, sociólogos y escritores. No hay diferencia entre el papel científico y el papel literario. Si no tienes cuatro técnicas literarias válidas, el estudio científico no vale para nada. Hay que dominar el argot, y el de la ciencia y la creación literaria son distinguibles pero se tocan. Y deberían tocarse más. Hay libros de ensayo que son infumables aunque el autor sepa mucho, porque no tiene ni idea de escribir. Y hay literatura infumable porque no sabe de nada. Yo hago el camino paralelo desde siempre, lo he hecho siempre. A veces me pongo el disfraz de antropólogo para exponer en un museo, me la pongo para visitar el Empordà pero hago literatura... Y hoy entra a imprenta un libro mío que es ensayo sobre el humor, y documentadísimo, pero es una novela. En la universidad tuve muchos problemas con eso, me decían que mis trabajos eran demasiado literarios. Con el discurso de “¡esto es ciencia!”. Pero gran parte de la divulgación científica es muy poética. En Catalunya lo hace Francesc Serés, que ha estudiado antropología, Sánchez-Piñol, que también lo es... Yo me pongo en medio, muy francés. Viajes, etnografía, pasear, traducir... No veo ninguna fisura ni ninguna frontera, no es un capricho y lo encuentro lógico.


Hace poco has comisariado una exposición en Barcelona, al Museo Etnográfico, con carteles y objetos que explican la ciudad. Es una exposición crítica y paradójicamente, la inauguró Jaume Collboni, del partido que ha gobernado durante más de 30 años la ciudad. ¿Ha habido un único relato sobre Barcelona y ahora empieza a despertar otro?


Como dije en la exposición, una cosa es criticar el relato socialista – que es criticable, yo el primero – y la otra extrañarse de que sea así. Lo que pasa en Barcelona es lógico, es lo que pasa en todas las ciudades del mundo desde que son ciudades, desde la Roma imperial. Una ciudad son dos cosas: la gente, la urbe, el caos que es imprevisible, y el relato oficial de quien gobierna. Esto es normal, los socialistas han fabricado el relato que tenemos y que ahora empieza a desmontarse. Empieza el 86 más o menos, cuando Maragall ve en Nueva York el lema I love New York y lo implementa. Y el socialismo ha olvidado los barrios, sus identidades y ha fabricado un relato suprabarrial, el de la gran Barcelona. 


¿Son las periferias las grandes perjudicadas de este relato?


Del relato sí, pero el socialismo (¡parece que los defienda!) no ha dejado las periferias. Han cuidado el cinturón rojo: Javier Pérez-Andújar, Juan Marsé, Candel... Son socialismo, o comunismo soft. Lo que no han representado en el relato gordo es la fealdad, que es inherente en la ciudad. La fealdad lo es todo, son los travelos, las putas, las drogas, Can Tunis... Esto no ha subido al carro de la marca, porque no se podía. En la expo hay carteles de movimientos sociales, y un amigo me dijo que sólo había los “del rollo”. Que no había carteles fachas. Y tenía razón, es complicado hablar de la ciudad como una sola cosa. Es muy difícil. En resumen, la marca y el modelo tuvieron su pico en 92, un eco el 2004 y después hacia abajo, está claro que el modelo no funciona porque no representa lo que pasa. Yo recuerdo el 1992, podías estar por la noche haciendo entrar un ficus a la comisaría de la Vía Laietana por el desalojo del Princesa y el día siguiente por la mañana trabajar por la ICUB. Es muy barcelonés esto.

 
Tú has dicho alguna vez que Barcelona paga dinero a gente para que vaya al CCCB a criticar el modelo de ciudad. 


Sí, es muy propio de las ciudades occidentales también. Hay que ser sinceros, Barcelona se ha especializado al pagar disidentes, y esto es muy curioso. Te encargo una exposición y tú te cagas en nosotros. Yo no sé si es el mejor modelo posible, ya lo veremos.


Ahora se ha asentado un discurso muy crítico con el turismo. ¿Esto hace que queden muchas cosas escondidas con el argumento de “recuperamos las Ramblas por los barceloneses”?


Sí, y tanto. Ayer lo decía en el Ara – yo y unos cuántos – pero a ver... El turismo molesta, y mucho, pero no cambiará. Han venido para quedarse. Por mucho que clamemos por espacios públicos, por las Ramblas y por los vecinos del centro, esto es una sola cosa. Y existe el peligro de estancarse aquí, en el peor lugar del mundo: el lugar común. La gente lo repite y era verdad hace un tiempo, pero hay que preguntarse si todavía lo es. Nos han dicho todo el día que el turismo molesta, “¡pues será que molesta!”. ¿Molesta de verdad? Supongo que en La Boqueria sí, pero siempre ha habido movimientos desplacionales, y nunca se recuperará La Rambla. ¡Hace 40 años que está saturada! Y cuando los señores de Barcelona iban al Liceo, también la saturaban. Todo son perspectivas, Collboni dijo el día de la inauguración que no hay sólo un sujeto, sino que la ciudad es una suma de sujetos. Mi mujer es del Guinardó: ¡tienen un acento diferente y todo! Vive allá a tomar por el saco, donde empieza el parque, casi en Font d’en Fargas. ¡O los graciencs [del barrio de Gràcia]! También son diferentes, no hay relato posible que lo aglutine todo. El retrato robot del barcelonés no vive en el Guinardó, es un señor que va al Ateneu y que está a punto de desaparecer. ¡Queda Bernat Dedéu sólo! Es un modelo de barcelonés que es minoría. No eres tú, ni soy yo, ni mucho menos. Los antropólogos queremos constatar, no juzgar.


¿Hay demasiadas cosas que quedan escondidas detrás este único sujeto urbano?


Hay otras muchas cosas que quedan tapadas porque Ada Colau está en minoría, ha tenido que colaborar con un socialista imputado por el caso Mercuri [Jaume Collboni, teniente de alcalde de economía y cultura], ha tenido que contratar a Pere Macías para hacer esto de la Diagonal... No tiene suficientes de los suyos, y encima hay el procés, y cada día recibe toda la artillería para no posicionarse sobre este tema. Y las otras cosas que hace (políticas de vivienda, de género...) quedan escondidas. ¿Esto quiere decir que soy colauer? ¡No! ¡Voté la CUP, voté al sonado de Garganté! Creo que es necesario, a pesar de que hay días que es complicado defenderle. Pero se hacen cosas, ¡claro que se hacen cosas! Licencias hoteleras, conflicto abierto con Airbnb... La ciudad anda sola. Si mandara el Garganté, tampoco cambiaría grandes cosas. El rumbo de una ciudad no se puede transformar en poco tiempo. Los socialistas tuvieron decenas de años, ¡Narcís Serra llegó en el 1982! Allá ya empezaba todo ello. 


Yendo a otros temas: con todas las cosas que están cambiando a estas alturas en el mundo, ¿crees que el periodismo necesita más dosis de antropología para explicar fenómenos globales que nos quedan fuera de órbita?


Yo creo que lo que necesitáis es cobrar más. No podemos pedir que trabajéis mejor si no cobráis más, la imagen de vuestra profesión es nefasta. Cuesta mucho encontrar alguien que te guste, y este alguien o es un motivado, o es un rendista que tiene tiempo para hacer periodismo. Claro que habría que educar la mirada, hacer investigación etnográfica... Pero yo no soy nadie para decirlo. Trabajáis mucho, cobráis muy poco y vais muy rápido. Es normal que se os escape casi todo, a tú te tendrían que pagar ahora con una buena beca y estar en París o Londres formándote. No en la Laie entrevistando un mindundi. Entiéndeme...


Entiendo la crítica, y la comparto, pero en caso de que hubiera las condiciones ideales para desarrollar nuestro trabajo, ¿qué hace falta para explicar el mundo? Te hablo ya de casos concretos, desde el fenómeno Trump hasta el proceso, todo aquello que está cambiando al nuestro cercando y que cuesta tanto de analizar.


Sí, haría falta para todo. También por el asesinato de Alfons Quintá. No sé si sabré contestar, pero hay que empezar, reitero, por cobrar mejor y formarse mejor. Un periodista tiene que ser historiador, o científico, o politólogo, para hablar bien de aquello que habla. También hace falta no estar sujeto a la inmediatez, hay que asumir que hablarás más tarde pero que hablarás mejor. Pero claro, si haces esto no te leerá ni Cristo. ¡Pero da igual! Que prevalezca la calidad. El otro día, alguien decía a Twitter que no hay opinador catalán que no tenga su columnita sobre Trump. ¿Hacía falta? El único que en habla con conocimiento es lo Jordi Graupera, que está allí y la toca, y Enric Vila, que es un psicópata y que no para hasta que consigue lo que quiere. Son dos o tres que cobran bien, que tienen la vida solucionada y que se permiten el lujo de brillar. El resto, perros a sueldo, y lo digo en el buen sentido. Todo rápido, manos a la obra. Y con el procés ya ni te explico: los 200 periodistas que sólo hablan de esto cada minuto, ¿de que hablarán? Francesc Marc-Álvaro, ¿de qué cojones hablará? 

¡La pregunta es de qué hablaba antes!


No digo que sea malo ni bueno – yo lo encuentro horroroso, pero no es el tema, todo el mundo tiene derecho a ser malo –, pero, ¿qué hará? ¿Y Rahola? Es que claro, si hablamos de periodismo televisivo ya... No sé qué hace falta, los que tenéis veintipocos años tenéis un gran problema, que es que si sois muy críticos no trabajáis. Y tenéis que decidir. Yo puedo poner la mano en fuego para demostrar que no es seguro que ser crítico te cueste el trabajo. Pero a ver quién se la juega. A ver qué pasa. Esto también hace falta, los que tienen más de 50 años se chupan las pollas todo el día, generan polémicas falsas y después se van a cenar. Son los de 20 y 30 años los que tienen que hablar. ¡Un tío de 70 años, si no es un genio no ve nada! A Bernat Dedéu y a Graupera los han echado fuera de sus periódicos, pero claro, ellos están salvados. 

Para terminar, te pido que escojas una palabra. 


Escojo una en desuso para ponerla en circulación: aquilotat [hecho caldo]. Cuando una pipa de fumar está aquilotada quiere decir que está tronada, hecho caldo. Y cómo mi trabajo es poner palabras en circulación, escojo esta.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo 

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