Adrià Salas: "Los juegos de palabras te atrapan fonéticamente"

Adrià Salas (Barcelona, 1985) viene a la entrevista acompañado de Rubén, amigo y compañero de grupo en La Pegatina, el grupo nacido de tres amigos de Montcada i Reixac que ya ha sonado por medio mundo. Vienen de tocar en El Matí de Catalunya Ràdio y Adrià tiene que llevar a Rubén a casa con el coche, así que los dos se sientan con nosotros. Todo termina con una sobremesa con los dos músicos, el fotógrafo y un servidor en la que básicamente nos cagamos en el sistema educativo y la situación actual del periodismo. Pero antes hablamos con Adrià sobre su relación con las palabras, el proceso de componer canciones y el papel que debe jugar la música como herramienta reivindicativa.

Te ganas la vida con la música, pero estudiaste periodismo, ¿no?

Sí, me saqué la carrera en 7 años porque los últimos tres ya estábamos con La Pegatina. Y la verdad es que me ha servido bastante, porque al final lo que estamos haciendo es comunicación. Hablar en los conciertos, contar lo que haces, las notas de prensa, las noticias en la web… Son cosas que te enseñan a comunicar. Hacer canciones es comunicar cosas emotivas, sensaciones. La música también es un lenguaje.

¿Te ves ejerciendo periodismo convencional algún día?

No, no me veo. De hecho, como nos han hecho tantas entrevistas he visto como está el tema y… Un periodista debe ser una persona muy libre, debe tener curiosidad, vocación, tiene que buscarse la vida. Y al final termina redactando noticias como churros. Nosotros enviamos notas de prensa, ¡y las copian exactamente igual! No nos llaman para contrastar ni para buscar fuentes. Y claro, al final los periodistas sólo cortan y pegan. Si ejerciera no sería un periodista convencional, me gustaría hacer cosas distintas a las que hace la gente en los medios generalistas.

Escribiste una novela con 17 años. ¿Cómo fue esto?

Tenía mucha curiosidad, escribía cosas… Es una novela un poco extraña. Recuerdo que la presenté en un concurso de literatura de Sant Adrià. Y me dijeron: mira, te hemos dado un accésit porque no sabíamos si eras un genio o estabas loco. Era una paranoia, jugaba mucho con las tipografías, había un capítulo que contaba una historia a través de una encuesta… Cosas así. En realidad era experimentación.

 

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En muchas canciones de La Pegatina hay juegos de palabras. ¿Por qué decides introducir estos elementos?

Los juegos de palabras te atrapan fonéticamente. Por ejemplo, Mira que mira Miranda es una canción que ya te escuchas porque hace gracia el juego de palabras, te engancha. Siempre he pensado que si un estribillo tiene muchas eses engancha más. Yo me pienso normas así que veo que funcionan, pero no sé explicarte muy bien por qué. Al final, lo que creo es que si una canción entra bien fonéticamente es mucho más fácil de memorizar, y es más fácil que la gente pueda cantarla.

Entonces, ¿te impones normas fonéticas a la hora de componer para que las letras enganchen más?

¡Totalmente intuitivas! Yo sé si una frase me gusta o no, y si entrará bien o no a la gente. También sé si expresa lo que quiero decir o no.

¿Cómo se compone una canción? ¿Tienes una rutina o te pilla la inspiración en cualquier lugar?

Viene la inspiración. Aunque esté sin la guitarra, si me viene algo a la cabeza lo grabo y luego ya le saco los acordes. Seguramente será sólo un nananana, o alguna frase sin sentido. Pero después, a base de tocarla te van saliendo frases. Y cuando lo cantas por primera vez, sin buscarle una letra, de golpe sale algo que tiene sentido. Y cuando lo escuchas después piensas: ¡es el inconsciente que me ha puesto esta palabra aquí! Y resulta que a partir de aquella palabra todo cobra sentido, y a partir de ahí juegas. Normalmente hago escritura automática, me viene una frase y empiezo a escribirlo todo tal y como sale. Juego a hacer lo que me gustaría escuchar, pienso fonéticamente lo que querría escuchar. Estoy meses con la melodía en la cabeza, y de golpe un día llega la inspiración y la termina.

¿Vuestras letras son más complejas que vuestra música?

Sí, porque las letras van madurando sin saberlo durante meses, y cuando salen sacas todo lo que has estado trabajando de golpe, de forma inconsciente. Si le das demasiadas vueltas, la letra deja de ser fresca y deja de decir las cosas que debería decir. Y el hecho de hacerlo así hace que tengan muchas interpretaciones, a mí cada canción puede remitirme a tres historias distintas que haya vivido, pero la gente luego las lleva a su terreno.

Vosotros habéis cantado en muchos idiomas…

¡Ocho ya!

¿Esto a la hora de componer cómo funciona? ¿Es aleatorio?

A veces te suena solo. En non è faccile yo ya tenía el estribillo en la cabeza, como estábamos en Italia me salió así. No es nada pensado, sale. Igual estamos en Argentina y empezamos a cantar en el argot del país. Todo viene de vivencias, del sitio en el que te encuentres. Por ejemplo, la canción de La Voisine. Estábamos en Francia, en un bar, tocando Tomasín. La vecina de arriba no nos dejaba seguir porque hacíamos mucho ruido y no podía dormir. Y la gente del público empezó a cantar ona merde la voisine, que significa que se vaya a la mierda la vecina, que le den por el culo a la vecina. Salió de forma espontánea, del público. Y decidimos que haríamos una canción de eso para recordar este día. Luego sí que la gente se queja de que cantamos demasiado en castellano, o en catalán… La canción ya te dice en qué idioma debe estar, tú ya lo intuyes. Yo soy mucho más exigente escribiendo en catalán que en castellano. En castellano puedo jugar más porqué me importa menos lo que digo. El catalán, como es la lengua que tengo más adentro, debo decir cosas en las que me sienta muy seguro, soy mucho más exigente con las canciones en catalán, las descarto mucho antes.

¿Te exiges más con el catalán porque lo dominas más?

No, porque es el tipo de canción donde digo cosas que me aportan mucho más sentimentalmente. Cuento más emociones en catalán que en castellano, pero contar emociones es complicado. Y en catalán es más difícil escribir cosas fonéticamente agradables, hay que buscar más. A veces cuando haces escritura automática no encuentras lo que quieres, te rayas, le das mil vueltas, hay cosas que al principio suenan bien pero luego suenan fatal… Le exijo más al catalán, en castellano juego y me lo paso bien.

 

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En el momento político que vive Catalunya mucha gente exige que os mojéis, que os posicionéis en un lado o el otro. ¿Cómo lo vivís?

Mira, llevamos ya dos años hablando de esto y al final no se habla de nada más. Y para nosotros hay cosas mucho más importantes. No nos posicionamos sobre la independencia porque tenemos dos franceses en el grupo, y venimos de un pueblo en el que lo hemos vivido todo mayoritariamente en castellano. En cambio, en lo que sí podemos dar caña y nos incumbe son los recortes en cultura, sanidad o educación. Al final el discurso independentista esconde todo lo otro, poniendo de moda ese discurso están ilusionando a la gente para que no recuerde todo lo otro. En los conciertos mucha gente empieza gritos de independencia, pero un concierto no es el momento para hacer política, es el momento para recordar temas sociales.

Precisamente, en el primer disco había muchas letras reivindicativas, como No a la Guerra o Gran Hermano. ¿Las reivindicaciones no se han ido diluyendo un poco con el tiempo?

Se han ido diluyendo, pero se han ido transformando en otras cosas. Este último disco habla mucho sobre la hipocresía. Ahora puedo jugar a meter muchos discursos diferentes en una canción, y puede ser que esté hablando de una mujer, el amor o la amistad y en realidad estoy dando caña a otra cosa. Que luego quizá sólo lo entienda yo, pero para mí ya es reivindicación. Por ejemplo, la canción de Olivia. Si en vez de ser Olivia fuera la clase política estaríamos contando una relación de amor-odio entre el pueblo y la clase política. Cuando eres joven quieres decirlo todo muy claro y muy explícitamente, y si puedes cagarte en algo lo harás. Pero cuando te das cuenta que no estás haciendo política sino que estás haciendo arte intentas darle una vuelta a todo.

¿Creéis que no tenéis que mojaros explícitamente en temas sociales?

Nosotros no somos líderes de opinión. No me planteo liderar ningún movimiento con mis canciones. Yo escribo canciones que me gustan, y si gustan a la gente, pues mejor. Y ya está, no hay más. Con lo que hemos viajado… Cuando estamos fuera ni siquiera recordamos lo que pasa aquí. Al final ves que vas a repartir felicidad y buen rollo. No queremos que la gente salga cabreada del concierto con ganas de ir a una manifestación. Nosotros vamos a hacer arte, y la gente no sale de una exposición de cuadros y quiere ir a una manifestación, ¡ni se pone a hacer gritos de independencia en medio de una obra de teatro! No es el sitio, para mí no es el sitio.

Hace pocos días estrenasteis La Pegatina, El Docu, un documental sobre el grupo que muestra interioridades durante las giras. El día de la estrena decías que estabas nervioso y una vez terminado comentabas que te sentías desnudo. ¿Por qué?

Es un momento en el que la gente descubre que hay cosas de ti que no sabe. Saben cómo nos comportamos en los conciertos, o quizá lean nuestras entrevistas. Pero no saben de tu vida diaria, ni cómo piensas, ni cómo te comportas. El documental cuenta muchas cosas de cada uno de nosotros, y la gente cuando vaya a los conciertos nos verá de forma distinta. Cambian las reglas del juego, la gente ya es colega, nos conocen más profundamente. Está bien que se vea cómo trabajamos y cómo vamos de gira. El trabajo de hormiguita que hemos ido haciendo, de ponerle ilusión, es muy importante que se vea en imágenes no falseadas, en las que te olvidas de que hay una cámara, y que por lo tanto son auténticas.

 

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En una entrevista hace 4 años decíais que aún no habíais tenido el año de consolidación, que queríais ir al Viña Rock, tocar por el resto de España… En estos años habéis ido tres veces al Viña Rock, gira por Asia, Suramérica, Europa entera. ¿Cómo habéis gestionado ese cambio tan grande?

Cuando nos entrevistaste ya habíamos hecho un cambio increíble, pero nos faltaba repercusión a nivel estatal y europeo. La gracia de que todo salga bien es que hay muchos ensayos detrás, se ha trabajado mucho el directo. Nos ha llegado cuando tenía que llegar, y nosotros estábamos preparados para que llegara. No hemos tenido que gestionar nada, sólo dejarnos llevar. Nosotros nos sentimos capaces de tocar en cualquier lugar del mundo, nos podemos comunicar con cualquiera y hacerlo con eficacia.

Y a nivel personal, ¿cómo lo vives?

No pienso demasiado en ello. Cuando de aquí a unos años nos miremos el documental sí que pensaremos: hostia, si que hicimos cosas… Pero son como pequeños sueños que se quedan ahí. Hace dos semanas fuimos al Japón y yo no recuerdo la sensación de haber estado allí, ha sido tan rápido que no tenemos tiempo de asimilar nada. Y ahora iremos a Suramérica, volveremos y todo va a seguir hacia adelante. Todo es pimpam, como estamos muy apurados de agenda llegan las cosas, vamos, volvemos y ya pensamos en el siguiente. Si no fuera porque luego hacemos entrevistar para contarlo o porque te agregan japoneses al Facebook, ni nos daríamos cuenta de que hemos ido.

Hace cuatro años el objetivo era darse a conocer a nivel estatal. ¿Ahora ya queréis haceros conocidos en el mundo entero?

Sí, ya lo decíamos en el final del documental. El paso es ser universales. No que te conozca en todo el mundo a un nivel mainstream. Pero poder tocar en todo el mundo y que en todo el mundo tengas gente esperándote es bestial. Ahora ya sólo nos faltan África y Oceanía, y vamos el año que viene, ¡es el año del world tour! Para nosotros es la aventura, no tanto la profesión. Es como un videojuego por pantallas que es inacabable y en el que puedes llegar donde quieras mientras no te estanques en una pantalla.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Me gusta la velocidad, ¡soy muy rápido! Me gusta porque implica una forma de ser, unos objetivos, estar en forma… Implica muchas cosas. En francés veló es bicicleta, y también me mueve el hecho de tener ruedas, de correr moderadamente. No una velocidad porque sí.

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Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes

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