Antoni Abad: "Desvío fondos que estavan destinados al arte en mayúsculas hacia el ámbito social"

Antoni Abad (Lleida, 1953) representa a la perfección la figura del artista que ha hecho una reconversión hacia el activismo social. Se destapó hace décadas como escultor y autor que experimentaba con el espacio y las nuevas tecnologías. Esa innovación tecnológica fue en esos 90 que ahora nos parecen tan arcaicos, y consistía en la introducción del vídeo en sus exposiciones en las galerías de arte. Ahora se acerca a colectivos en riesgo de exclusión social, les da herramientas para comunicarse, explicar su día a día y ayudarles a ser visibles para la sociedad. Ha trabajado en Brasil, Australia, Colombia y México con algunos grandes éxitos, como conseguir sentar en la misma mesa a dos guerrillas colombianas enfrentadas. Quedamos con él un lunes gris y lluvioso en la Plaza Tetuán. Antoni explica sus proyectos con una humildad que le honra y restando importancia a su papel, centrando el foco en los colectivos que quiere visibilizar todo con su hablar pausado y tranquilo.

Has llegado hace pocos días de Australia. Cuéntame qué has ido a hacer allí.

He ido a Sídney porque era una fase de un proyecto que desarrollé en Roma en 2014 en la Academia de España. Propuse hacer el proyecto Blind Wiki, una red ciudadana para personas ciegas. Lo que pasa es que esta red viene derivada de los últimos 10 años en los que he trabajado con varios grupos en riesgo de exclusión social, como los gitanos o los inmigrantes. Es un reto, un paso adelante para hacer accesibles estas tecnologías a unas personas concretas para que se puedan expresar, cosa que normalmente no pueden hacer.

¿Dar voz a quien no la tiene?

Sí, es la idea. Lo que pasa es que durante estos 10 años todo lo que he hecho no eran redes sociales, eran redes ciudadanas, porque realmente no se trata de conectar millones de usuarios para que hablen entre ellos y se comuniquen, sino que pequeños grupos proyecten sus expectativas, su día a día, sus alegrías, sus penas... El año pasado en el MACBA hicimos una exposición de recopilación de estos 10 años en este proyecto, que se llama Megafone. Allí enseñábamos cómo estos pequeños grupos mantienen sus reuniones, una especie de consejos editoriales sin redacción donde ellos proponen, debaten y deciden los temas que tratarán a partir de sus transmisiones con el móvil. Entonces el grupo decide que quiere explicar ya partir de los temas escogidos (que serán tags en la web) expresan lo que les parezca.

¿Aquí tu papel cuál es? ¿Algutinador, dinamizador ..?

Hay una palabra de la química que encaja muy bien... Cristalizador no es… ahora no me sale (debe ser catalizador) pero básicamente soy un mediador o un aglutinador de estos grupos. Estos proyectos empiezan en el mundo del arte, y lo que hago como artista (como que me ofrecen hacer proyectos en centros artísticos y galerías) es hacer de puente entre el arte y los grupos sociales. A menudo digo que lo que hago es desviar fondos que estaban destinados a arte en mayúsculas hacia el ámbito social.

Esto es activismo puro y duro.

Si lo quieres decir así... El período previo habitual de los centros de arte, que suele ser preparación, producción y exposición (y cuando termina la exposición el museo se olvida) cambia. A menudo los grupos se han apropiado del proyecto y se lo quedan. Claro, eso para mí es el mayor éxito que puede tener el proyecto, que les guste tanto y se encuentren tan bien que se lo quieran quedar.

¿Cuál de estos proyectos crees que ha sido más transgresor y ha conseguido más su objetivo inicial? ¿Hay alguno que te sientas especialmente orgulloso?

Es difícil decir que uno sí y uno no, pero hay un caso particular. Fue en Manizales, en el centro de Colombia. Allí la propuesta ya fue diferente, normalmente yo escogía el grupo social para el proyecto, o me dejaba asesorar por la galería de arte o la gente del museo. En el caso de Colombia, todo era en el marco del Festival de la Imagen de la Universidad de Caldas, y me invitaron a un simposio que hicieron en 2008 (o 2009, no recuerdo bien) donde propuse trabajar con dos grupos a la vez. Estos dos grupos eran los siguientes: por un lado personas desplazadas que habían tenido que abandonar las zonas rurales para ir a los suburbios de las ciudades debido a la violencia que martillea el país desde hace años, y por la otra gente de un dispositivo en el que se ayudaba a personas que querían abandonar las guerrillas, lo que ellos llaman Grupos Armados Ilegales. Gente de las FARC sobre todo, que eran usuarios de este programa que ayudaba a los ex guerrilleros a reinsertarse en la sociedad mediante diversas herramientas. En este caso yo propuse trabajar con estos dos grupos.

Ahí es nada.

Cuando lo propuse me dijeron que estaba loco, porque no podía reunir en una misma mesa estos dos grupos, que se llevan a matar, literalmente, y peligraría la integridad de los participantes. Me propusieron hacer las reuniones semanales con los grupos por separado y no el mismo día para evitar conflictos, la condición era que publicaran el mismo canal de noticias a pesar de hacer las reuniones por separado. La idea era que hubiera un diálogo por Internet ya que no podían tenerlo físicamente.

¿Los dos grupos aceptaron publicar juntos?

Sí, mientras no tuvieran que ver físicamente no había problema. Lo que pasó es que, al cabo de tres semanas de comenzar a publicar, constatamos que los temas escogidos, recogidos en tags, eran prácticamente los mismos. Conflicto armado, diálogo, reconciliación... ¡Claro, vienen del mismo entorno! Unos están en un bando y los otros en el otro, pero muchas veces por azar o condicionantes familiares, por el entorno social... Les dijimos que hablaban de lo mismo y que expresaban los mismos desazones, y les propusimos reunirse. Los dos grupos lo aceptaron y fue algo inesperado, porque el proyecto busca que esta gente se comunique, pero en ningún caso que tenga poder pacificador. Los ex guerrilleros tenían 16 o 17 años, muchos llevaban desde los 10 años con un Kalashnikov en las manos. Tenían actitudes de adolescentes, pero el proyecto continuó, yo hice estos periodos presenciales estar allí, pero el proyecto siguió sin mí durante un año. Además la Universidad de Caldas lo encontró atractivo y organizó cursos de lenguaje digital, o hizo que los desplazados enseñaran agricultura a otros. Claro, a causa de haber estado fuera de la normalidad mucho tiempo no habían aprendido estas cosas que allí son básicas. Este caso fue muy relevante y sorprendente para mí.

¿Que un proyecto que comienza con voluntad artística acabe siendo una herramienta pacificadora es tu techo? ¿Llegar hasta aquí es fruto de una premeditación en el transcurso de tu carrera artística o crees que te has visto ahí por casualidad?

Yo creo que me vi allí de repente. Hay determinadas cosas que me hacen ir por aquí. Haber decidido dar voz a determinados grupos aprovechando las estructuras que tenía a mano tiene dos puntos de valoración. Uno es puramente técnico, ya que en 2003 aparece el primer teléfono con cámara integrada y posibilidad de conexión a Internet. El problema es que no permitía publicar contenidos interactivos en línea, sólo dejaba enviar archivos entre móviles.

¡Lo que se llamaba MMS!

¡Sí! Aún existe este protocolo de mensajería, aunque hoy en día no lo utiliza nadie. Al ver este instrumento yo pensé que el potencial de esta herramienta podía acortar enormemente la distancia entre una idea y su ejecución, y tenía sobre todo un gran ahorro de mediadores, sin galerías ni nada, y todo de forma bastante barata. Se me ocurrió enviar mails con videos y fotos adjuntas y ponerlos en línea desde un servidor. En 2004 en México DF hicimos un proyecto así con taxistas. El segundo motivo es mi desilusión por el mundo del arte. Ahora ya no sufro tanto y convivo con eso, pero creía que este privilegio de los artistas de serlo y de ser intérpretes del entorno estaba muy desaprovechado. A través del arte se hacen muchos chistes y pocas cosas trascendentes. Estas cosas me llevaron a salir adelante por esta vertiente artística.

¿El hecho de ver muchas propuestas artísticas que son poco transgresoras y que se dirigen sólo a una élite o a una parte concreta de la situación te molesta? Más cuando tú usas el arte para hacer activismo, el resto de propuestas parecen poco comprometidas.

Yo tenía una gran decepción al ver que nadie aprovechaba el privilegio de tener una voz, unos medios para transmitir cosas. Me apetecía tirarlo todo a la basura. Con los años me he calmado, creo que todas las expresiones pueden convivir, y si alguien se quiere pasar la vida en un entorno galerístico y estar absorbido por el mercado, que lo haga. A mí no me interesa.

La innovación tecnológica siempre ha sido una constante en tu carrera. Recuerdo que hiciste una gran innovación que fue introducir videos a tus exposiciones, y que te ayudaran a jugar con el espacio. ¿Lo haces por convicción o necesidad?

Yo soy un minimalista tecnológico. Si pudiera hacer todos los proyectos que te he explicado con un tam-tam, lo haría. Siempre aprovecho la tecnología sobre mínimos, si puedo dibujar una idea con un lápiz no lo haré con un programa interactivo. Utilizo la tecnología cuando la necesito, y me genera una gran fascinación, pero la utilizo sobre mínimos y siempre facilitando al máximo su funcionamiento.

¿Por qué crees que todos tus proyectos se han podido internacionalizar y han funcionado en continentes diferentes? ¿Has encontrado una especie de lenguaje universal?

Básicamente hay mucha gente que tiene ganas de explicarse y no puede. Muchos grupos maltratados por los medios de comunicación, que sólo difunden el estigma que cae sobre estos grupos. Para ellos cuando les hago la oferta siempre es extraño, ellos ven que llego yo, una especie de alienígena extraño, que les ofrece unos teléfonos, unos celulares, y les pide que expliquen algo utilizándolos. Hasta ahora nunca han dicho que no. Todo es mucho más sencillo de lo que parece dentro de las complicaciones de la preparación y de encontrar la gente, pero la internacionalización es normal y natural. Tengo ofertas de varios centros y las aprovecho.

¿El juego tiene algún papel particular en estos proyectos y en tu idea de creatividad artística? Al principio de tu carrera hablabas mucho de jugar e interactuar con el espacio.

A ver, yo no sé nada de jugar a juegos competitivos porque siempre pierdo, entonces directamente ya no juego. [se ríe] El juego entendido como el mundo de las posibilidades infinitas siempre me ha interesado. Recuerdo unas esculturas de espuma que hice hace tiempo, que iban evolucionando con el tiempo, o cuando hice una prueba matemática de colores donde pintaba y tenía que inventar la teoría del color, cuando construía la palabra YO con moscas... Este componente siempre ha estado ahí, pero siempre ha sido una forma de intentar entender el mundo a partir de pensar qué puede suceder. ¿Cuántos elementos pueden caber en esta mesa? ¿Cómo se pueden combinar? Entendiendo esto como juego está claro que siempre ha estado presente, siempre ha existido. Pero cuando llego al final, o al punto en el que estoy ahora, ya no soy yo quien pone las cartas sobre la mesa sino que las ponen los grupos sociales con los que trabajo. Entonces se multiplican las posibilidades de combinatoria.

Buscar las combinaciones en lugar de ver las limitaciones.

Todo esto lleva a algo que yo creo que encaja con la idea de Verbalia. Todo lo de los tags, por ejemplo, lo empezamos a hacer para agrupar las descripciones de las imágenes, al principio era una taxonomía pero había un equipo de dos personas que describían las imágenes de la peña para poder localizarlas. En Lleida, cuando trabajamos con los gitanos, nos dijeron que les diéramos nosotros las imágenes que ellos mismos habían publicado, y Soraya, que era una participante muy activa y tenía un puesto en un mercado ambulante, publicó una foto con una toalla con la cara de Camarón de la Isla. Al ver esta imagen ella dijo: Camarón es dios. Esto no encajaba en ninguno de los tags o etiquetas que habíamos pensado nosotros. Allí decidimos que los participantes hicieran sus tags, que ellos mismos clasificaran su contenido. Llega un momento en que cada uno agrupa los temas como cree, más allá de los colectivos. Yo cuando entro a ver qué pasa en un proyecto no miro las imágenes, miro los tags para ver qué actividad hay, son casi los titulares y la meta-poesía total del proyecto. Vamos, que ves de qué cojones están hablando.

Por último, te pido que escojas una palabra

Esquitxar. [salpicar]. ¡En Lleida decimos escatxigar! Básicamente la escojo porque considero que el arte que me interesa lo que consigue es salpicar, consigue implicar a la peña. Aunque salpicar tiene connotaciones negativas, a mí me gusta. Los colombianos se dejaron salpicar y llegaron a la resolución de su conflicto. No sé, me ha salido esta mañana, supongo que porque hay charcos en la calle y en un día gris me ha salido esto. Después me he acordado de aquel lema de Antoni Muntadas que dice "la percepción requiere la participación", que creo que de alguna forma enlaza con todo esto.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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