August Bover: "Tenemos la responsabilidad de mostrar al público las posibilidades de la lengua"

No existe reconocimiento universitario que no figure en la biografía de August Bover (Barcelona, 1949). Doctor en filología románica, catedrático emérito de la Universitat de Barcelona, investigador en las universidades de Saskatchewan (Canadá) y de California en Berkeley (EEUU) y multitud de reconocimientos que ocuparían unas diez líneas de esta entradilla con nombres impronunciables de instituciones varias. Se divierte haciendo poemas líricos y sobretodo ludolingüísticos, que ha agrupado en distintos libros. Quedamos con él en la ilustre sede del Institut d’Estudis Catalans de la calle del Carme, y la belleza y la majestuosidad del edificio incrementa el miedo a soltar algún barbarismo sin querer durante la conversación. August, o, como lo llama el guardia de seguridad del IEC, el señor Bover, habla con pasión de su obra. Tu tono bajo de voz y su bigote canoso parecen emplazarle como un hombre de otra época, pero algunas risas traviesas le hacen ser cercano y marcan una entrevista distendida. Nos sentamos en un banco del segundo piso del claustro del edificio tras un mosaico precioso, justo después de haber visitado los Jardines Mercè Rodoreda, también ubicados en la segunda planta, en los que hay todas las variedades de plantas que aparecen en las novelas de la escritora catalana.  

¿Cómo se divierte un catedrático emérito?

Eso viene de la práctica poética. Yo escribo poesías porque me divierte, de todos los géneros es el que más me atrae. Mis libros anteriores eran de poesía lírica, y ese libro Beabà es el segundo de una trilogía (el anterior se llamaba Cloc!) y son libros escritos en la línea de lo que los franceses la escuela OULIPO, que es un acrónimo de Ouvoir de Littérature Potentielle [taller de literatura potencial]. Es un grupo de matemáticos y poetas que se reunió en París allá en el 1960 y hacían poesía a contrainte, con trabas, se imponían trabas a ellos mismos. Uno de los poetas del grupo cuenta que el poeta es como una rata que se construye un laberinto para llegar a la madriguera, pero que después debe ser capaz de salir del laberinto. Pues es lo mismo: consiste en ponerte trabas a ti mismo y después ser capaz de construir un poema a partir de esas trabas. Ejemplos: utilizar solo una vocal. Los juegos son muy variados.

¿Cómo entras dentro de esa mezcla de juego y escritura?

Cuando yo entré en ese tipo de poesía (que los franceses han trabajado, pero los juglares ya hacían poemas con monosílabos) los de Oulipo dijeron que los juglares les habían plagiado por anticipación, eran gente con mucho sentido del humor. Eso me viene de un día que escuché unos maestros, malos maestros sin duda, que comentaban que el catalán no era tan divertido como el castellano. Yo, cuando lo escuché, pensé: ¡cómo se puede decir una tontería así! Todas las lenguas son iguales en ese aspecto, una lengua es más divertida o más aburrida según el usuario, pero la lengua no tiene ninguna culpa. Si su catalán es aburrido es porque ellos son unos aburridos, no porque la lengua sea aburrida. Entonces se me ocurrió escribir un libro demostrando que uno se podía divertir con la lengua. Ese libro fue Cloc!. Había una gran diversidad de trabas y juegos lingüísticos, algunos tradicionales, como utilizar siempre la misma vocal, otros que me había inventado yo mismo... Y uno era un tautograma, que son esos textos en los que todas las palabras del poema empiezan por la misma letra. Era con la letra H, y se titulaba Hagut per hac [habido por hache]. Hice el libro, y un día que me invitaron a hacer una lectura poética en la Universidad de Liverpool e iba en taxi camino del aeropuerto John Lennon, me vino la idea de hacer un poema con cierto ritmo binario, que fue con la letra D. lo empecé y al terminar tenía un tautograma con la letra D. y me vino la idea de hacer un tautograma con todas las letras del abecedario.

Pero hay letras complicadas.

Sí, está la K, la W, la Z... Pensé que tenía que hacer esas letras, y que si conseguía lo que me proponía el resto ya sería pan comido. Hice esos tres poemas y no fue tan complicado, porque al fin y al cabo hay pocas palabras y tuve que jugar con las que había. Enconces descubrí que las realmente complicadas eran las otras, las letras más corrientes resultaron ser las más difíciles. Normalmente me sobrepongo a las trabas, no sólo hay la traba de empezar por una letra, también está la métrica, y siempre que puedo intento contar historias. Cuando intentas contar una historia con palabras que solo empiecen por A hay miles de posibilidades, y no sabes qué escoger. Entonces me leí el diccionario. Por letras.

¿Entero?

Sí, sí. Bueno, de vez en cuando me saltaba algunas palabras como los nombres de compuestos químicos y cosas parecidas. Lo hacía con la idea de refrescar las palabras que empezaban por esa letra y aprender algunas nuevas. Cuando había terminado de leer una letra dejaba pasar unos días y escribía el poema. La parte más intensa fue hace dos veranos, y fue mentalmente cansado, era como intentar resolver un sudoku que duraba semanas, me despertaba por las noches y se me aparecían palabras. Hubo letras muy complicadas que pensaba que no podría hacer.

¿Cuáles fueron las más complicadas?

La J fue muy complicada, la U también... Y lego las que tienen más palabras, como la A, se me complicaron por exceso de oferta. Miraba la primera página y la última de una letra y buscaba las palabras más delgadas y empezaba por esas para irme animando. Y me reservaba el de la H que había publicado en el libro anterior, pero cuando ya lo tuve decidí hacer uno de nuevo para no repetir. Cuando vi que lo conseguía y que tendría un tautograma con cada letra del abecedario vi en seguida que el libro debía tener el dibujo de la letra a la izquierda y el poema en la derecha. Entonces llamé a Pere Capellà, que es un pintor excelente de Mallorca que ya me había ilustrado el Cloc! Y le dije: escúchame, necesito que me pintes un abecedario. Lo que yo no podía imaginar es que pintaría mucho más que un abecedario, ha hecho una cosa increíble que jamás se había hecho en catalán. Un libro que sean tautogramas en catalán con todas las letras del abecedario ya es algo insólito, y creo que jamás se había hecho, pero lo que ha hecho Pere tampoco se había hecho antes en la historia de la ilustración catalana. El leyó cada poema, detectó sus elementos característicos, hizo un dibujo con esos elementos y además mirando el dibujo se ve la forma de la letra.

Sumar contenido y continente.

Exacto. [saca el libro y miramos algunos de los dibujos]. En el poema hay un doble prólogo, uno de Denise Boyer que habla de literatura, pero también uno de Eliseu Trenc que habla de ilustración, porque realmente es algo insólito. El conjunto es un libro muy redondo, que ha sido complicado por parte del pintor y por mi parte, pero estamos muy contentos porque al final lo hemos conseguido, ha quedado bien y es divertido.

¿Te acercas a la lengua de una forma distinta cuando lo haces a partir del juego y no de forma académica?

No. Hay que tener en cuenta que mi campo académico no es la lengua, es la literatura, sobretodo la de los siglos XVI, XVII, XVIII. Cuando hice Cloc! Lo único que pensaba era en divertirme escribiendo. Después supe que algunos profesores usaban el libro para sus clases. Es útil, por ejemplo, un poema hecho con los pronombres débiles catalanes, o historietas hechas con onomatopeyas. Y lo usaban a pesar de que yo no lo había pensado para un público juvenil, no me había reprimido y hay palabras poco usuales, difíciles e incluso antiguas. Pero los maestros lo usan y funciona. El año pasado hice unas visitar por institutos y escuelas de Mallorca, vi como trabajaban con mis poemas y es impresionante. En Beabà tampoco hay intención de hacerlo, la palabra es un sinónimo de abecedario poco usual y por eso lo cogí. Todo forma parte de una trilogía, y la tercera parte ya está escrita, es un libro titulado Llangoteries, que es una palabra que me he inventado y que no existe en el diccionario.

¿Qué significa llangoteries?

Jugar con la lengua, jugar con la ambivalencia de hacer llengotes (que es sacarle la lengua a alguien, cosa que no pretendo, no quiero sacar la lengua a nadie) y jugar. Y en ese tercer libro, que aún tiene que publicarse, sí que tengo más presente que los maestros lo usan, y ya he pensado algunos poemas para que puedan ser utilizados en aulas. A pesar de esto, un buen maestro le saca jugo a todo, no hace falta que se lo des masticado. Hay juegos con las... [se para]. Vaya, ¡ahora no me saldrá la palabra! Las palabras que se extraen de otras lenguas. Hay galicismos, anglicismos, latinismos... Después hay un poema titulado tot és relatiu, en el que todo son formas relativas, o uno que se titula dos quarts i cinc de cinc, que es para jugar con las horas, que los niños de ahora con los relojes digitales ya no hablan de cuartos [el sistema utilizado para decir la hora en catalán]. Algunos de esos los pensé expresamente pensando en palabras que ya no se entienden, o que han perdido el significado. Los insultos son otro tema. Ahora la gente que insulta solo dice gilipollas, imbécil o hijo de... Y ya está. Yo recuerdo que antiguamente había insultos divertidísimos y genuinos. Hay todo un poema que se llama indignació bestial porque todo son nombres de bestias.

Arqueología del insulto.

¡Sí! Pensé en juegos así que puedan ser utilizados en la escuela, supongo que llamarle capsigrany [insulto leve equivalente a cabeza de chorlito] a alguien no es algo grave.

Como estudioso de la literatura, ¿la ludolingüística puede ayudar al progreso de una lengua?

Hombre, yo creo que sí. Hay la formación de palabras y derivados, el ingenio de los juegos lingüísticos... En ese sentido, desde Verbàlia hacéis una labor extraordinaria, es muy útil porque es importante que el estudiante no vea la lengua como algo pesado y aburrido, al contrario; es divertida y es importante aprenderla bien para poder usarla, incluso para forzarla y llevarla al extremo, que es una posibilidad que también resulta divertida. Me acuerdo que leí algunas poesías del libro anterior a Cloc! A algunos de mis alumnos de la Universitad de Liverpool. Y cuando insistes siempre en un sonido en un poema suena raro, y los estudiantes me preguntaban si aquello también era catalán, y me decían que sonaba distinto al catalán de clase. Y era porque llevaba la lengua al extremo. Pero claro, para hacerlo hay que conocer la lengua.

También has mezclado poesía y música a partir de poemas de Cloc!

Sí, ahora hace un par de años, con la soprano y violoncelista Eulàlia Ara, creamos el Taller de Vora Mar, una productora de espectáculos poeticomusicales y montamos el espectáculo Cloc! I altres sons, basado en dos libros de poemas míos que estamos representando en la actualidad. Y ahora estamos preparando uno de nuevo basado en el libro de Beabà. En esta ocasión contaremos con la colaboración de 25 compositores de los Países Catalanes. Cada uno pondrá música al poema de una letra, y su apellido o nombre artístico debe empezar por esa misma letra.

¿Qué poetas de referencia catalanes tienes en la actualidad? ¿Crees que se hacen trabajos interesantes?

Eso es complicado, porque decir nombres propios... Yo creo que sí que hay trabajos interesantes y buenos poetas jóvenes que continúan una tradición muy rica, porque la poesía catalana del siglo XX fue excelente. En ese sentido, creo que Josep Pedrals hace una labor muy importante, precisamente él presentó Beabà. Tiene un dominio de la oralidad fantástico, y también apuesta por el juego. 

Has estado en multitud de universidades extranjeras. ¿Se cuida más el lenguaje o es una percepción que tenemos aquí?

Me parece que es un mal bastante generalizado, los franceses, los italianos e incluso los ingleses se quejan. Hay un cierto empobrecimiento de la lengua en general. Quizá sea cierto que se publica mucho y no siempre con la cura que hace falta, yo a veces leo textos, incluso textos premiados, que se me caen a los pies. Y esos textos difícilmente servirán para enriquecer la lengua. Los clásicos sí, los grandes autores clásicos sí que te van a enriquecer, lógicamente. Seguramente los medios de comunicación modernos y sobretodo la banalización de esos medios hace mucho daño. Podrían hacer mucho bien y hacen mal. Antes, si un inglés tenía una duda solo tenía que poner la BBC y esperar a ver cómo decían aquella palabra los locutores. Aquí, que se empezó desde cero una televisión pública catalana lo podríamos haber hecho y no lo hicimos. Entonces te encuentras con oradores o profesores que usan un catalán terrible y es que se reproduce lo que la gente oye. Los que tienen la suerte de vivir en áreas menos contaminadas y con un catalán más rico, o los que hemos podido aprenderlo de forma académica, tenemos la responsabilidad de mostrar al público las posibilidades de la lengua.

Muchas veces se habla de la diferencia entre el catalán académico y el que se habla en la calle. ¿Cómo se encuentra el equilibrio entre esos dos registros?

Nuestro caso es muy complicado, porque no sólo hay esto, sino que también existe la interferencia lingüística con el castellano, y ahora también con otras lenguas. Claro, el argot de la calle se crea en la calle. Y si la calle no crea argot en catalán es complicado. En un país normal se debería intentar que la gente culta tenga un nivel aceptable de lengua, no solo los lingüistas y los filólogos, también los doctores en medicina y los ingenieros, a los que podemos exigir unos mínimos de lengua. Eso se hace con buena educación, lectura y un buen uso de los medios de comunicación. Tenemos medios que no siempre tienen esa voluntad de servir como una herramienta lingüística, más bien al contrario, y eso es complicado. Pero bueno, los que estamos dentro debemos trabajar.

Para terminar, te pido que escojas una palabra

Ahora me iré al lado opuesto de la tecnología. Recuerdo que una vez un gran catalanista inglés me felicitó por ser la persona en usar la palabra clamàstec. Son aquellos hierros que estaban en las cocinas de los campesinos, cerca de la chimenea, y allí se colgaban las ollas. También tengo que decir que en ese mismo libro de poemas aparece por primera vez, sin mentarlo, el teléfono móvil en la poesía catalana. No lo menciono, pero hablo de uno que querría hablar con otro si hubiera cobertura. Como decía Foix, me entusiasma lo nuevo y me enamora el viejo.

 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Sandra Solorzano

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