Benedetta Tagliaube: "Los arquitectos podemos influir en la forma de vivir de una sociedad"

Entrar al estudio de Benedetta Tagliabue (Milano, 1963) es una experiencia para los sentidos. La arquitecta italiana decidió acomodar su puesto de trabajo en un edificio majestuoso y lleno de contrastes cerca de las Drassanes de Barcelona. Allí también se ubica la Fundación Enric Miralles, que lleva el nombre de uno de los arquitectos catalanes más importantes del siglo XX, que fue marido de Benedetta hasta su muerte el año 2000. Benedetta habla un catalán perfecto salpicado de un acento milanés y es una entrevistada agradecida: hace sentir cómodos a los visitantes y nos enseña con ganas el ejército de 40 personas - "algunos son más jóvenes que vosotros" - que trabajan en su estudio. Nos sentamos en una sala de reuniones decorada con un enorme collage en la pared principal y frescos en el techo. Sobre la mesa hay un montón de maquetas de madera trabajadas artesanalmente que podrían ser en sí mismas pequeñas obras de arte, y con el empuje de la primera pregunta el entrevistador da un golpe a una palmera esculpida a la perfección y casi se la carga.

¡Perdona!

Tranquilo, no pasa nada. ¡Ha resistido! Es un parque infantil. Es simpático, ¿verdad?

¿Estas maquetas son proyectos o ya se han construido?

Esta ya está hecha. Es en Hamburgo, y ya está todo esto lleno de niños jugando y pasándolo bien.

¿Es una gran sensación pensar que lo que empieza por una idea acaba por ser realidad?

Es alucinante, la mejor sensación de todas.

Bueno, quería empezar por la Fundació Enric Miralles. ¿Cuál es la gran razón de ser de la fundación?

La gran razón de ser de la fundación es recordar a una persona que era maravillosa en el ámbito de la arquitectura catalana. Una persona maravillosa porque era muy inventiva, le gustaba experimentar, no se detenía nunca ante nada... Y yo creo que este es un espíritu muy bueno porque gente muy joven, de otra generación, pueda dar continuidad a este espíritu .

Decías hace poco en una entrevista en El País que llega un punto en la vida en el que la memoria es tan importante como vivir. ¿En tu caso la memoria es una carga o una liberación?

Mira, no lo sé. La memoria podría ser una carga, y cuando pesa demasiado te impide actuar. Yo vengo de Italia y eso ocurre a veces. Pero la memoria como inspiración para hacer más cosas es vital, o para decir: "ay mira, esta persona hizo tal cosa, o tal otra..." Creo que lo que hay es coger el espíritu, y eso sí que es positivo.

¿Cuáles son los elementos con los que debe interactuar la arquitectura?

La arquitectura es una disciplina muy humanística, porque cada disciplina que puedas decir entrará hasta de la arquitectura. El arte, evidentemente, la matemática, la estructura, el cálculo, el confort, el estudio de la sociedad... ¡Casi todo! Aquí radica la dificultad de la arquitectura, que debemos ser buenos dirigiendo la orquesta de todas estas disciplinas, y a veces no somos lo suficientemente buenos para dirigir y todo el resto de disciplinas se te llevan por delante.

¿Qué disciplinas crees que controlas más y en cuáles no te sientes tan cómoda?

Una de las mejores disciplinas que hay que tener cuando haces arquitectura es tener sentido común. Es curioso, ¡eh! Es simple pero es la más bonita y la más importante. Es una de las más bonitas y principales. También nosotros tenemos muy en cuenta la belleza, el buen gusto y saber adaptar las cosas en el lugar donde estamos. Pero hay muchísimas más: la técnica, el cumplimiento de los timings y los objetivos... Es una de las cosas en las que nos esforzamos.

¿En tu caso hay un vínculo explícito entre tu profesión y tu infancia?

No particularmente. Yo, como todos los niños, tenía mis juguetes de construcción y me gustaba construir diferentes cosas. Pero más que nada, era una fantasía, una fantasía sobre todo social que tenía en la cabeza. A mí me gustaba pintar y dibujar pero todavía me gustaba más imaginar mundos perfectos, construir casas especiales... Eran cosas que yo me imaginaba de muy pequeña, pero creo que eso le pasa a todo el mundo, es algo que le pasa a cualquier ser humano, no sólo a los arquitectos.

¿Cómo te has ido construyendo tu identidad como arquitecta?

Se va haciendo con los años de formación, en lugares como la Escuela de Venecia. Venecia, la ciudad en sí, ya te enseña más que la universidad. Conocer muchas personas, ver como son los palacios venecianos, ver cómo se vive en Venecia... Y después he viajado mucho, fui a Estados Unidos a hacer los últimos dos años de universidad y la tesis, volví aquí en Barcelona. .. Y he conocido muchas personas influyentes, entre ellas Enric. Él ha sido influyente porque me enamoré de él y fui su mujer, pero teniéndolo al lado, desde el punto de vista de su sabiduría, siempre fue un maestro.

He leído que alguna vez has dicho que la arquitectura actual es femenina. ¿Cuáles son las características de esta arquitectura? ¿Hay también arquitectura masculina?

Ya no sé qué digo en las entrevistas... [ríe]. Justamente hace poco salió un número de Arquitectura Viva, que es una buena revista de España, que hablaba de la arquitectura textil. Esto no es nuevo del todo, durante el siglo pasado un arquitecto llamado Semper ya estaba mirando el tema del exterior de los edificios, de la piel de los edificios. Es algo muy presente hoy en día, y tú ya me dirás quien hacía el textil a la sociedad: ¡las mujeres! Entonces es algo que se puede identificar como femenina. Pero el tema de pactar y adaptarse siempre he creído que es muy femenino, históricamente las mujeres tenían que casarse por conveniencia e iban a parar a familias muy diferentes a las suyas, tenían que adaptarse ... Y la arquitectura de ahora va pactando, se va acercando a sus límites, por eso diría que es femenina. La masculinidad es lo contrario, es una arquitectura que deshace todo lo que se encuentra, revienta un terreno y ¡patapaf! Planta un edificio allí.

¿Hasta qué punto la arquitectura puede influir en la manera de vivir de una sociedad?

Yo creo que mucho, mucho. Los arquitectos tenemos mucha posibilidad de influir, si haces una buena arquitectura tienes más posibilidades de tener reacciones positivas. Ahora nosotros estamos trabajando en una línea del Metro de Nápoles, donde ya se han hecho algunas de las estaciones y la apuesta es poner arte en el Metro. Entonces, allí hay obras de artistas y arquitectos que pueden ser tocadas por todo el mundo. Nápoles es una ciudad conocida por su vandalismo, pero las estaciones están intactas y nadie las ha tocado, ensuciado ni roto. Claro, cuando tú ves algo bien hecho reaccionas mejor, lo respetas más. Esto ayuda a ver qué papel importante tenemos y qué responsabilidad.

Se podría cambiar entonces el aspecto de barrios como Scampia, que son especialmente conflictivos.

Claro, es un buen camino. Siempre hay que pensar ideas así para dar simpatía a los entornos más conflictivos. En Albania, el alcalde de Tirana, la capital, era pintor e instó a pintar todas las fachadas de los edificios. La ciudad es tremenda, no muy bonita, pero poniendo color ya haces algo y sorprendes la gente. Hay que hacer cosas con cariño y atención para recibir una buena respuesta social.

¿En los temas de urbanismo como el parque de Diagonal Mar intentáis anticipar los comportamientos de la gente para adaptar mejor el espacio?

Estamos muy atentos al comportamiento social. Siempre trabajamos con un sociólogo, hacemos fotos previas, nos gusta ir a ver cómo se comporta la gente en los lugares... En Diagonal Mar hay un punto lúdico, de juego simpático. Lo de hacer árboles enormes con unos jarrones donde crece vegetación, unos bancos ondulados, toboganes enormes... Esto es parte de la comunicación que el arquitecto puede tener con la gente.

¿El juego debe estar presente en la arquitectura?

Totalmente, la relación con el juego es importantísima. El otro día en la fundación tuvimos una conferencia con un teórico que se llama José Quetglas y precisamente hizo un discurso sobre el juego de la arquitectura, que realmente es un juego, pero un juego muy serio. Claro, si sale mal es muy grande, pero un juego al fin y al cabo.

Antes decías que has conocido a personas influyentes. Alguna vez has dicho que los arquitectos han sido instrumentos para los caprichos de los poderosos. ¿Cómo ha sido tu vínculo con el poder?

Es complicado. La relación con el poder siempre es complicada, siempre hay que intentar mantener una relación lo más directo posible con quien quiere la arquitectura. Y claro, es complicado porque a grandes empresas como Gas Natural o instituciones públicas hay muchas cabezas pensantes de por medio. No es fácil entender lo que quieren. Pero lo que es horrible es cuando te ponen un mediador de por medio y no puedes llegar a la relación directa.

¿Ocurre a menudo?

Sí, cada vez más. Promotores que llevan arquitectos, los hacen ver el cliente una vez y ya está. Esto ocurre en China, en Oriente... El cliente puede que lo tenga claro pero con alguien de por medio siempre se va diluyendo todo. A mí me gusta mucho viajar, ver lugares, impregnarme de diferentes maneras de pensar. Y es necesario que haya buena predisposición, porque si voy a algún lugar pensando que los chinos son un rollo, ya me predispone a que el proyecto salga mal.

¿Barcelona es la ciudad con más estímulos arquitectónicos?

No sé si la que tiene más estímulos, pero la más familiar, relajada y la que tiene mejor relación entre espacio y sociedad; sí. Los espacios tienen gratitud, son generosos, y yo lo encuentro maravilloso. Parte de su fascinación es que es una ciudad que no puede crecer por límites naturales. Es una ciudad homogénea pero con pequeños detalles que sobresalen. Realmente hay muchas cosas bonitas en Barcelona. A veces me fijo en la Torre de Collserola y me parece muy bonita y original, muy adaptada a su función y de gran precisión técnica. Pero lo que despunta en Barcelona es el urbanismo, como se ha conseguido tener armonía entre movimientos de flujos, de coches, peatones, motos, transporte público... También es una ciudad muy femenina. Es dulce, integrada, puedes mezclar cosas con facilidad.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Collage. Tenemos uno aquí que siempre nos sirve para empezar proyectos, es la mejor manera de recordar todo lo que encuentras, las formas, los colores y todo lo que te ha gustado. ¡Después lo juntas y ya tenemos el proyecto hecho! [risas] Nos relajamos y vamos a tomar copas. ¿Te imaginas que fuera así? Me encantaría.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

 

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