Bruno Oro: "Me dedico más a interpetar que a imitar"

Polifacético es una palabra que puede intimidar, pero realmente Bruno Oro (Barcelona, 1978) vive en constante contacto con el arte y la creación. Famoso por sus imitaciones de Artur Mas en Polònia y de Cristiano Ronaldo en Crackòvia, su familia materna está llena de artistas, y su tío Antoni Pichot era amigo íntimo de Salvador Dalí. Bruno también se dedica a la música, y acaba de sacar un disco con pinceladas de jazz y ritmos cubanos que se llama Viatge de l’home que esternuda. El arte, el juego interpretativo y su obsesión marcan el compás de la conversación, revestida por el zumo de manzana y zanahoria que Bruno ha pedido en el Cafè Liadísimo de Barcelona.

¿A qué te costaría más renunciar: música, teatro o tele?

Yo creo que me costaría mucho renunciar a la música, mucho. Es mi proyecto más personal, más íntimo, y el que me hace más ilusión tirar para adelante. También me costaría mucho renunciar al teatro. La tele la hago desde hace tantos años que ya me he acostumbrado, y creo que podría estar sin la tele, sobre todo para descansar.

¿Te da rabia que crean que no eres músico sino un famoso que canta?

Es una manía de este país, cuesta entender que la gente pueda hacer dos cosas bien. Y esto es una lacra, una cosa que frena y que hace que la gente me asocie a un registro muy concreto, que es el televisivo, y por lo tanto no valore mi trabajo como músico. Yo más que cantante me considero músico, he tocado el piano toda la vida, y compongo...  Sí que tengo alcance mediático rápido e instantáneo. La gente dice: Bruno Oro, de acuerdo, como personaje es interesante, pero tampoco nada demasiado especial. Es picar mucha piedra, estar muchos años. Ya llevo tres discos, y yo creo que la gente ya empieza a saber que canto y toco el piano. Por tanto paciencia, mucha paciencia.

Tu tío Antoni Pichot era pintor, íntimo de Salvador Dalí. ¿Le llegaste a conocer?

Yo era muy pequeño y no lo recuerdo, tenía dos o tres años. Dalí corría por casa, pero claro, yo era demasiado pequeño. Con quien tengo mucha relación es con mi tío, y hablamos mucho de Dalí porque a mi es un personaje que me fascina, en todas sus vertientes. No sólo la pintura, sino el personaje en sí. Era un gran actor, un gran intérprete. Él siempre decía que era mejor escritor que pintor, que a mi es una cosa que me fascina. Y si lo lees ves que igual sí que tenía razón, porque era un escritor brillante. Y claro, mi educación ha estado muy vinculada al arte y este mundo de Cadaqués y de toda la familia materna de los Pichot. Son gente fascinante, muy fascinante. Tú vas hablar con mi tío y empieza a contarte historias, anécdotas de Dalí, Picasso... Es espectacular, y a mi me encanta hablar con él.

¿Alguna anécdota en especial?

De Dalí muchísimas. Se ve que cuando venía a casa siempre abrazaba un ciprés que teníamos en el patio. Siempre decía que lo había plantado él mismo, pero era mentira, porque era un ciprés centenario y no podía ser posible. Pero él venía y lo abrazaba, y hacía unas performances, le recitaba cosas... Era un tío que era un show constante. Y anécdotas como estas, millones.

¿Nunca te has sentido atraído por la pintura?

Soy nefasto. Nefasto. Si ara te dibujara a ti, te asustarías. Tengo un nivel de dibujo de un niño de siete años, así que suerte que nunca lo he intentado.

¿Cambias mucho el registro y los lenguajes entre música, tele y teatro?

No, yo creo que todo lo encaro con mucha pasión, que es mi manera de trabajar. Si me pongo, lo doy todo. Porque cuando no tengo pasión me cuesta mucho hacerlo, suy muy poco mercenario. O me apasiona un guión o no lo hago. Por eso en la tele sigo luchando y trabajando para qué cada día me apasione lo que hago, porque si no me agotaría. Y tengo la suerte que el equipo de guión de Polònia y Crackòvia es absolutamente brillante. Es que en Polònia llevamos 9 temporadas, una cosa que no pasa en ningún lugar del mundo y menos haciendo humor político. En el teatro y la música igual se me ve más a mí, más a Bruno. Es inevitable, yo en la tele voy con máscara, en el teatro y la música no.

Imitar es el juego más primario de todos. ¿Para ti es entretenimiento o trabajo?

Para mi es más interpretar que imitar. Con Mas yo hago una interpretación del personaje que ya es más mía que el propio Mas, jugamos a crear un personaje que no sea una réplica de Artur Mas sino que sea mi Artur Mas. Y claro, esto hace que ahora ya sea vuestro Artur Mas, el Mas de todos, porque a partir de este personaje que hemos hecho entre los guionistas y yo lo hemos ido propagando.

¿Eres aficionado a los juegos?

Mira, soy muy aficionado al ajedrez. Pero no juego porque no encuentro gente que juegue, ni tiempo. De pequeño me compré la Kasparov, que era esa máquina que podías jugar solo contra la propia máquina, y estaba horas y horas. Yo soy mucho de hacer deporte, me gustan mucho los deportes. Pero de los juegos de mesa... El que más me gusta es el Rummikub. Pero las cartas y cosas de estas no me gustan nada.

¿La clave es que sean de concentración?

Sí, igual sí, el ajedrez es estrategia y tal... Pero las cartas, cuando me dicen “va, ¡vamos a jugar a cartas!”. Hostia... Me da mucha pereza, si estoy con amigos y se ponen a jugar a cartas me voy. ¡No me acordaría ni de hacer un solitario! Hasta mis amigos me critican por no participar en el juego, imagínate, ¡la gente se enfada conmigo por esto!

Te metes en la piel de la gente tan diferente como Mas y Cristiano Ronaldo... ¿Estas personalidades chocan dentro de tu cabeza?

Sí, es un poco esquizofrénico. Pero al mismo tiempo tienes que sacar cosas de ti. En el caso de Cristiano la prepotencia, en el caso de Mas la responsabilidad, la capacidad. Porque no deja de ser una persona muy válida para lo que hace. Y en el caso de Cristiano me interesa mucho la fama. Es desorbitada, sólo los cantantes o los actores de Hollywood se le pueden equiparar. La fama, la soberbia, la megalomanía. Como eso que hizo de los 15 goles que hizo contra el Bayern... Lleva a su equipo a una final después de 12 años, ¡La Décima! Y en cosas así hace falta entrar a jugar. To play, como dicen los ingleses. O jouer, como dicen los franceses. Actuar es un juego. Y yo decido si quiero ser un chulo putas o un tío con una gran responsabilidad que quiere llevar un país a la soberanía.

¿Te sientes más a gusto con uno que con otro?

No. Me siento agusto con los dos. A mi me hace falta sentirme a gusto con el personaje, y entonces las características vienen solas, todo lo que viene es positivo. A veces me invade demasiado, y también a la vez tengo cierto sentido de la responsabilidad. Pienso: estás interpretando al President de la Generalitat, ves con cuidado con lo que dices, ves con cuidado con lo que expresas, con cómo le interpretas... Es necesario mesurar mucho, es una responsabilidad aunque hagamos humor. Ya lo decía Eugenio: con el humor, poca broma. Y tiene razón, el humor es una cosa muy seria, con mucha gente y muchas sensibilidades en juego. Porque cuando haces la imitación de Mas y sabes que estás desvirtuando y caricaturizando... No es sólo caricatura y sátira, son más cosas de peso que hasta acaban influyendo a la gente. Y todo esto se tiene en cuenta.

¿No te va grande esta responsabilidad?

Sí, pero mira, si pasa tampoco es mi culpa, es culpa de un producto que ha funcionado.

Supongo que con personajes más anónimos como los de Vinagre hay menos responsabilidad pero se puede identificar más gente anónima...

Sí, totalmente. Mucha más gente se sentirá identificada. Cuando haces a (un pijo) o un segurata... Claro, aquí estás tocando a gente anónima que está en la calle, que no tiene cargos públicos, que se gana el pan y que puede sentirse ofendida. El caso de Jacobo es curioso, porque todos los pijos estaban encantados con la imitación, les gustaba mucho. Y que era muy crítico, pero a ellos les parecía genial. Lo que dice mucho de los pijos, significa que tienen más sentido del humor.

Supongo que con dinero es más fácil.

[Ríe] Sí, seguramente sí, pero es una cosa sorprendente que reaccionen así, con una cierta estima hacia su personaje que no deja de ser la manera como se ven.

Supongo que crear estos personajes requiere cierta capacidad de observación.

Totalmente, a mí me encanta observar. Me encanta sentarme en un café a mirar la gente, ver como actúan, sentir lo que dicen. Me encanta. Lo hago a menudo, pero menos de lo que querría, porque ahora a veces también me siento más observado que observador. Pero si pasa esto me voy al centro, que prácticamente no hay gente de Barcelona, y ya está. O a otra ciudad también me lo paso genial. Es muy enriquecedor observar la gente.

Te defines como una persona ambiciosa. ¿Ambiciosa para llegar donde?

Ambiciosa para aprender, para hacer cosas que no he hecho. Como cine, per ejemplo. Trabajar con los mejores. A mí me encantaría hacer cine en Estados Unidos, o cine de autor en Italia o Francia. Trabajar con directores que me apasionan. También me encantaría hacer una gira con mi grupo. Creo que uno, si no se pone límites, puede llegar muy lejos. Pero claro, también se crea un sentimiento de frustración muy bestia si no llegas donde quieres. Es necesario ser ambicioso desde la inteligencia, tener los pies en la tierra y estar preparado para si tus sueños no se cumplen.

¿Cómo vas gestionando este doble camino?

Tienes que ser consciente de que lo que estás haciendo está muy bien. No querer un diez, conformarse con un cinco o un siete. Yo ahora no estoy en el diez pero estoy muy bien con lo que hago. Trabajo en la tele, en el teatro, hago música. Quiero más, pero no puedo pedir más. Tal y como está el patio, soy un afortunado. Tengo amigos tan o más buenos que yo que están en el paro. Joder, es que si me quejo soy un idiota.

También has escrito teatro. ¿Cómo te atreviste a ponerte en el otro lado del escenario?

Cuando conocí a Clara Segura nos entendimos con el sentido del humor y la concepción del teatro. Un teatro muy directo, original, con fragmentos musicales. Escribimos la primera obra a cuatro manos, y la segunda la hice yo pero pensando en Clara. Escribiendo para ella se puede hacer todo, todo. Si escribo para ella tengo mucha libertad, y claro, fue muy fácil teniéndola al lado. A mí me encanta escribir, lo que pasa es que la mayoría que escribo es malo, pero voy aprendiendo mucho.

¿Siempre escribes dramaturgia?

No, cuentos, guiones de cine.. Son cosas que no las muestro porque son malas y creo que tengo que aprender muchísimo. Pero igual dentro de 10 años escribo un guión de cine que está bien gracias a todas las cosas malas que hago ahora. Y esto me va muy bien, escribir es un placer y siempre estoy pensando en historias. Pienso en pelis baratas, de 30.000 euros. Y pienso: parece mucho pero para cine es miseria, pagar el cáterin. Mira, consigo dinero de aquí, de allí... Y te pones a imaginar y vas haciendo. Una peli realmente barata.

¡Pero en vez de una película te saldrá un anuncio de Banc Sabadell!

[Ríe]. ¡Sí, sí! Una habitación. De acuerdo, un piano. Una actriz, algún actor. Una cámara donde se puedan hacer monólogos. ¿Qué le habrá pasado al actor para hacer monólogos? Y vas pensando. Mi sueño es escribir una película, protagonizarla y ponerle la música. Me trae más a cuenta, ¡no tendría que pagar ni director, ni reparto ni música!

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Idiosincrasia. Es la primera que me ha venido a la cabeza. ¿Sabes que no sé qué quiere decir? Es muy interesante colar en los textos palabras cultas que no sabes qué quieren decir. Yo creo que idiosincrasia... No, no tengo ni puta idea, lo he olvidado. Pero me gusta no saberlo! Pero cuando lo publiques me gustaría que pusieras la definición.

 [ Idiosincrasia: Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad.]

 

Text: Oriol Soler

Fotografies: Adrià Calvo

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