Carles Porta: "Las prisiones son un fracaso de la sociedad"

Carles Porta (Vila-Sana, 1963) tiene sueño. Culo inquieto por naturaleza - reportero de TV3 en Bosnia, Ruanda o Kósovo, reportero en el 30 Minuts, ideólogo de programas como Efecte Mirall, director de la adaptación cinematográfica del Mecanoscrito del Segundo Origen de Pedrolo - en pleno mediodía parece cansado. Nos dice que ha dormido poco, que lleva una mañana intensa de "vender la mercancía" y que ahora le ha llegado el bajón. Nos recibe en su productora, Antàrtida, y hablamos de su último libro: Le llamaban padre. Es una historia escabrosa sobre un hombre que abusó sexualmente de decenas de niños durante diecisiete años en su propia casa de acogida. Carles abordó la historia desde una perspectiva humana, intentando no juzgar, escuchando mucho, sobreponiéndose a los propios instintos de rechazo. Ya lo había hecho antes con los crímenes de Tor y el asesinato del alcalde de Fago.

¿En qué momento ves que puedes y quieres contar esta historia de Le llamaban padre, con todas las complicaciones y problemas que se derivan? Porque hay muchas: el hecho de que los niños acosados eran menores en ese momento, la manera de afrontar un tema como la pederastia y todos los tabúes que conlleva, el cómo te afecta a ti personalmente...

La verdad es que, aunque parezca extraño, cuando tomo la decisión pienso poco en todo esto, menos de lo que la gente se puede imaginar. Cuando caminas es cuando piensas más, porque te vas encontrando las piedras y las historias que te complican la vida. En junio de 2013, cuando se destapó, yo vi que era una historia magnífica, y tuve tiempo para hacerlo en febrero de 2015. La forma de hacerlo fue lo que me generó más dudas, esa idea de hacerlo con cuatro testigos con un relato independiente en vez de hacer una sola trama entrelazada.

El tema, además, es muy delicado.

Lo primero que vi es que los medios de comunicación, los políticos y la gente tenía dos reacciones: asco y pasar página. Nadie profundizó nada, todo el mundo se quedó con protocolos, culpables... Yo quiero saber por qué demonios ha pasado esto durante diecisiete años. Yo tenía una ventana privilegiada que era el Mosso d’Esquadra que lo investigó, que es amigo mío, que me contaba las sensaciones que tenía. Era un tema más complicado que un simple caso de pederastia con abusos. En 2015, cuando hablé con los testigos, yo no quería saber nada de los aspectos técnicos, quería la versión humana. Qué pensaban, como lo vivían. Nuestra reacción, que era de rechazo, asco y pasar página creí que no era acertada. Cuando recogí los testigos me costaba mucho coger un punto de vista.

¿No te sentías cómodo narrando tú la historia?

No sabía qué punto de vista coger, me costaba mucho narrar yo. A mí siempre me ha obsesionado la realidad, y me gusta que fluya por sí misma con la menor intervención posible por mi parte. Hasta que vi que cada relato por sí mismo funcionaba, pero además se complementaban y daban una visión muy completa de la historia. Una asepsia por mi parte que yo creí que multiplicaba el resultado de la historia. Son muchas horas, y mira que el formato es sencillo.

Has dicho muchas cosas y me gustaría diseccionar un poco. La sensación que hay es que, para todos los actores sociales, lo más cómodo es asociar un pederasta a un monstruo, repudiarlo y cerrarlo cuanto más tiempo mejor. Nadie se plantea el proceso paternal o afectivo que tiene David Donet [el pederasta] con los niños, aunque sea muy mal entendido y que se deriven acciones terribles. ¿Cómo has hecho el proceso de abordar con perspectiva humana unas acciones tan repugnantes?

El propio pederasta, cuando entra en prisión, dice que es consciente de que ha cometido el peor crimen del mundo. Supongo que la niñez, y los niños y niñas, los vemos como algo tan frágil que nos despierta proteccionismo. Los niños representan la inocencia máxima, y mezclar inocencia con sexo lo vemos sacrílego, un gran asco, y lo es. Los alemanes y los americanos, que tienen una apertura de miras más grande que la nuestra en según qué cosas - de hecho, te diría que nosotros estamos en plena regresión mental y social, en toda Europa - tienen especialistas en pedofilia. Ellos no disciernen entre pedófilo y pederasta. Nosotros distinguimos: un pedófilo tiene deseo sexual hacia los niños, un pederasta ha cometido actos sexuales con niños. Los ingleses no tienen esa palabra que distinga, lo engloban todo bajo un mismo nombre. Estos expertos consideran que tener deseo sexual por los menores es una enfermedad, y que debería ser tratada.

¿Eso aquí se plantea de la misma manera?

No, para nada. Es algo a analizar, y el hecho de que los alemanes y los ingleses intenten que alguien con tendencias pedófilas pueda explicarlo sin ser criminalizado seguramente evita que mucha gente pase a actuar porque no puede reprimir estos impulsos. Es un tema complicado: los griegos y los romanos tenían una relación muy diferente con los niños que la que tenemos nosotros. Muchos niños con 12 o 13 años que eran introducidos al mundo adulto con un tutor que los instruía en cultura, armas, lucha y sexo. Esto hoy en día es impensable, porque hemos evolucionado. Lo que quiero decir es que el mundo de la pederastia siempre ha sido un gran tabú. Ahora, con el caso de los Maristas y Spotlight vuelve a estar sobre la mesa. Pero siempre se ha hablado con miedo, con asco, con mucho tabú. Nos hemos quedado con que es un gran crimen (que lo es) y con que el pederasta debe ser castrado y encerrado en la cárcel eternamente. Nuestra sociedad ahora debate si deben prescribir o no los delitos de la pederastia.

Con la idea de alargar el castigo cuanto más mejor.

Sí, pero somos burros, porque hacer que no prescriban los delitos de pederastia no ayuda a que desaparezca la pederastia. Es una manera de pensar ridícula. Nadie habla de la prevención de la pederastia, los orígenes de la pederastia, de por qué una persona llega a este punto con niños de 7, 8 o 9 años. Sólo hablar ya parece un crimen. Pero si tú envías a expertos alguien que ha manifestado comportamientos pedófilos quizás evitas que se convierta en pederasta. Hay que reconducir estos instintos. No sé si tiene que ser así, pero en todo este proceso he visto que hay que invertir más en prevención y educación y menos en prisiones y policía. ¡Esto no lo entendemos! Somos una sociedad estúpida en estos términos. Cuando vemos los violadores o los pederastas en prisión bocado pensamos que hacemos bien hecho, y es un error. Cada persona que entra en la cárcel es un fracaso. Las cárceles son un fracaso de la sociedad, hay que invertir más en el principio de la cadena. Escuelas, educación, prevenir la pobreza. Hay que empoderar a los niños, que puedan decir que no. Te estoy pegando un rollo...

De los cuatro testigos principales (el Mosso que investigó el caso, el niño que es la principal víctima, el pederasta y la presidenta de la entidad que enviaba niños en la casa de acogida), ¿cuál te ha resultado más complicado?

Santi, de largo. Es la víctima. Te cuento por qué. El Mosso es un policía, explica la investigación y su dolor durante el descubrimiento, se nota que él lo pasa fatal y además tiene hijos pequeños, por lo que le toca de manera muy cercana. Es un relato humano pero más bien técnico. El pederasta habla conmigo, y antes no le había contado todo a nadie. Él no explica nada a la abogada, al juez, a los niños ni a los compañeros de celda.

¿Por qué te lo contó a ti?

Pasé por el lugar oportuno. A la gente no le dijo nada para que no hubiera una condena mayor. En las cárceles no se habla demasiado de los delitos que ha cometido cada uno, y menos si has violado niños reiteradamente durante 17 años. Yo fui y le dije: yo te escucho. Él tenía necesidad de sacarlo, de intentar justificarse. Yo le dije que ni le juzgaría ni le justificaría, pero que no me mintiera, y creo que lo cumplió. Él no sentía dolor explicando su relato. La Jubanteny, que hacía el seguimiento de la casa de acogida, al principio se cerró en banda porque todo el mundo la tenía por culpable, y ella más tarde me lo contó todo. Todos tenemos necesidad de que nos escuchen. Lo que no quería explicarse y lo que tuve que escarbar más fue Santi. Este niño está en una situación muy compleja. Nos encasillamos en verdades absolutas e inamovibles y no entendemos que el mundo está lleno de matices.

¿Cuáles son los matices de Santi?

Este chaval, aunque había sido abusado por su padre de acogida desde los 11 años, cuando detienen a David hace 14 que vive con él. Él ha normalizado las relaciones sexuales con David. No había violencia, el Donet los convencía, era como un juego. No les pegaba, ni los ataba, ni los hacía llorar. Santi se encuentra con un doble problema: meten en la cárcel a tu padre. Padre de acogida, pero tu padre. Él, cuando la esposan, lo va a defender. Segunda cosa: aquellas relaciones sexuales que para él eran normales y que no le provocaban pesadillas ni dolores de cabeza, ahora son un crimen a los ojos de toda la sociedad. Policías, jueces, periodistas, psicólogos, el pueblo. Le condenan a 51 años. Esto es un shock muy bestia. Y este chaval verbaliza el problema.

¿Cómo crees que vivió el momento en que te explicaba su historia?

Cuando lo cuenta, ve que ha vivido engañado toda la vida, lo descubre poco a poco. Mientras me iba contando, iba sufriendo. Santi nunca había dicho nada a su psicóloga de los abusos. La mejor pregunta es el silencio. Necesitamos escuchar, y que nos escuchen. Esto es lo que quise hacer. Y con el niño es con quien me costó más. Él lo sacaba por dolor, no por necesidad. Mi presencia le provocaba sufrimiento, aunque creo que también le fue bien. Me hizo sufrir mucho, a mí.

Tú explicas su vida previa a David. Se ve la carencia afectiva descomunal de este chico y se entiende mejor como se somete durante 17 años a su agresor.

Sin contexto no se entiende nada. Nadie es criminal o víctima porque sí. Siempre pasan por algún motivo estas cosas. Este niño, con diez años, estaba ingresado en un orfanato, con una familia biológica con un cuadro bestia: un padre alcohólico que lo pega a él y a su madre y con una madre prostituta y drogadicta. Con el tiempo he entendido que los niños necesitan referentes y cariño, básicamente. Gente que los ponga límites, porque los límites también son una referencia. Y el cariño, Santi, lo encuentra en David Donet. David le hacía felaciones, le penetraba, y aquel niño, pobre, ¡como iba a decir que no! No quería volver a su casa, él decía: mañana se me olvida y se acabó. David hacía pasar el mal y el horror por un juego amoroso y de afecto. Por eso se alargó tanto en el tiempo.

Todas estas historias escabrosas que has explicado (Tor, Fago, Casdelldans), ¿cómo te llegan? ¿Las encuentras o vas a buscar?

Todas me han venido. Es la vida, yo soy periodista para contar historias y llega un punto en la vida que te venden y te atrapan estas historias. La historia de Tor parte de un reportaje del TN de TV3 que pasa al 30 Minuts y que termina en libro. Fago viene a partir de Tor, un periodista de Madrid me encarga ir a Fago, a contar la historia del crimen del alcalde. Yo dormí en casa de la persona detenida por el asesinato. Y en el caso del pederasta, me voy a correr con el Mosso que lo investiga, y además pasa a Lleida y lo tengo todo accesible. Hablé con 27 personas por este libro, la conversación más corta de 3 o 4 horas, y con Santi habré hablado 14 o 15 veces en sesiones de tres y cuatro horas.

¿Qué premisas os ponéis para contar una historia aquí en Antártida, la productora que diriges?

Mira, nosotros nos hemos especializado en contenidos culturales entretenidos, de hacer de la cultura y la pedagogía algo divertido. En todos los productos que tenemos hay un sello. Luego, por filosofía propia, si no podemos aportar algún elemento que mejore un poco la sociedad, ¿por qué se debe hacer? Después tenemos que ganar dinero, tenemos que cobrar nóminas, debemos espabilar en encontrar productos que nos aporten repercusión económica. Pero el punto de partida es hacer reír a la gente, hacer pensar a la gente. Y te vas a dormir y estás satisfecho. Cuando llegan proyectos te alegras, ves que creas un pequeño ambiente positivo que mejora la sociedad, no hacemos las cosas para facturar y basta. Nos gusta facturar, necesitamos facturar, pero queremos mejorar un pelín la sociedad.

¿Has sufrido haciendo este papel de funambulista entre facturar y mejorar la sociedad?

¿Qué es la vida sino equilibrio? Yo soy equilibrista, este equilibrio es la vida. No envidio la vida de un funcionario que hará lo mismo cada día de su vida. Puedo envidiar su tranquildad, pero me dura poco. Me gustan los retos, y todo es un reto a mi trabajo. Reto para sacar proyectos adelante, para pagar nóminas, para escribir un libro. ¡Y todo tiene consecuencias! Todavía me llaman para cosas de Tor, y eso que fue en 2005. Hay muchos momentos jodidos, de sentir que caes por el abismo sin red, pero en el último momento te enganchas a una rama que te ahorra la hostia. ¡Hasta la próxima caída! Esto es la vida. Al menos, esto es mi vida.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Pasión. Sin pasión nada tiene importancia.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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