Carlos Latre: "Imitando reafirmo mi propia personalidad"

Caminar por la calle con Carlos Latre (Castelló, 1979) implica sentirse constantemente observado y rodeado de murmullos. El hombre de las mil imitaciones está ahora inmerso en el estreno de su espectáculo 15 años no es nada. Hablamos con él de todos estos años dedicados al entretenimiento, de su afición por el juego y de su insatisfacción constante, que siempre se acaba convirtiendo en un nuevo espectáculo o una nueva colaboración. Por el camino va saliendo el discurso que hay detrás de todas las bromas de ese niño prodigio que deslumbró a España entera con sus imitaciones en el Crónicas Marcianas hace una década. Viene de una entrevista en BTV y tenemos miedo de que esté cansado de responder.

¿Te pasa a menudo eso de empalmar entrevistas?

He empalmado hasta diez o doce entrevistas seguidas. No me aburro porque cada una es distinta. En determinados sitios me hacen las mismas preguntas, que son las que salen siempre. Pero es normal.

¿Cuáles son? Así ya no te las hago.

¿Alguien se ha enfadado? ¿Cuál es tu personaje favorito? ¿Cómo empezaste?

Pues venga, vamos allá. ¿Cómo ha ido la estrena de tu nuevo espectáculo, 15 años no es nada?

¡Muy bien! Estamos encantados de la vida, la verdad es que va muy bien y teníamos muchas ganas de empezar. Hasta que no empiezas no sabes del todo como irá. El público ha vuelto al teatro otra vez, se lo pasa en grande y funciona, y la gente ríe, que es lo más importante.

Alguna vez has dicho que el teatro es tu sitio favorito para actuar.

Sí, la energía que se transmite en un teatro no se transmite en ningún otro sitio, ni en la televisión, ni en la radio ni en ningún otro medio. La energía que se crea dentro de un teatro es alucinante, lo que das y lo que recibes. Es el medio más bestia de todos. Además, es un examen diario, cada día hay un público nuevo que ha pagado un dinero para verte, no es como la tele que la pones y ya está. Un examen cada día.

Cuando termina la función y todo ha acabado, ¿qué te sientes?

Una tranquilidad muy gratificante. Cuando todo ha ido bien y la gente se ha reído es muy bonito. A mí después me cuesta mucho dormir, tengo toda la adrenalina, y me quedo en casa solo, no a oscuras pero en silencio, lo pienso todo y es muy bonito. Me gusta esa sensación.

Hablemos de imitaciones. Òscar Andreu nos dijo que él jamás querría perder su propia personalidad después de años poniéndose máscaras. ¿Tú te sientes igual?

Lo que me ha sucedido es que imitando me reafirmo en mi propia personalidad. Cuando te metes en pieles distintas y meditas como pensaría tal persona poco a poco te vas conociendo mejor a ti mismo, sabes mejor qué quieres y cómo lo quieres. Claro, lo más importante es pensar como pensaría la persona que imitas. Se trata de imitar fonéticamente, de ser creíble diciendo cosas que el personaje original podría decir, ¡y además haciendo que la gente se ría! Claro, son muchas cosas: guión, mentalidad, tenerlo todo controlado…

¿Nunca has tenido miedo escénico a colapsarte con demasiados personajes?

En ese nuevo espectáculo hago unos 150 personajes… Pero la verdad es que no me ha sucedido, yo ese reto de voz, voz, voz, personaje, personaje, personaje lo acepto bien. Tienes que estar muy bien de cuerpo y de mente, estar muy descansado y concentrado. No me puedo permitir un despiste en ningún momento.

Lo que empezó como un juego, la imitación, se ha convertido en tu trabajo. ¿Aún es un juego?

Es muy divertido y siempre tendría que serlo. Si yo tengo que hacer reír es importante que disfrute de lo que hago. Y cuando deje de disfrutar no merecerá la pena. Hay que encontrar felicidad en cada una de las cosas que hacemos. Yo me acuerdo mucho de un profesor de catalán que tenía, que se llamaba Toda, que me enseñó mucho catalán. Yo le imitaba, porque no sabía pronunciar las erres, pero era un gran profesor y aún me acuerdo de algunas de sus frases. Decía: ¡Latre, como sigas así saldrás por la ventana! Fue uno de los primeros imitados, y él lo aceptaba muy bien y con mucho fair-play. Me tenía mucho cariño.

Te pasas la vida jugando.

La vida es un juego, es entretenimiento. Yo tengo una empresa de tecnología y entretenimiento, y opté por ese mundo porque creo que las grandes empresas y las grandes marcas son muy frías, y que la vida tiene que ver con sentir, con emociones, con el juego y el entretenimiento. La gente tiene que sentir cuando trabaja. Y si haces las empresas más humanas, todo irá mejor. ¡El futbolín de Google! Queremos partir de aquí.

Decías que la vida es un juego, ¿se puede ganar y perder?

Siempre. Pero puedes volver a empezar la partida muchas veces, es un Jumanji real. El tema es no querer dejar de jugar, hay que perder muchas veces. No hay que tener miedo a perder, a cambiar y evolucionar.

En casa juegas?

¡Sí! Me gusta mucho el Party, es de hacer pruebas con la familia a lo Juegos Reunidos Geyper. Y muchos otros juegos en casa tengo muchísimos juegos. El Monopoly, el Party, el Senet… Me gusta mucho jugar con mi mujer y mi hija. ¡Y con amigos también! Jugamos al karaoke, a la Wii, a lo que sea. Y es divertido, siempre se acaba convirtiendo en un espectáculo. Siempre que podemos jugamos un buen rato.

Volviendo a juego y trabajo, ¿cómo has aprendido a combinar la diversión y la profesionalidad?

Es una de las cosas de las que más orgulloso me siento: haber encontrado el camino del trabajo. Tú puedes tener virtudes y facilidades en la vida, pero lo más importante es currar. Yo creo que la virtud es sólo un 20% del resultado final. Currar, currar y currar. Todo es trabajo ilusión y obsesión, una obsesión positiva. No hay más. Yo acumulo ya 6.000 horas de maquillaje. Imitando voces deben ser 10.000 o 12.000 horas imitando. Eso en aviación es un doctorado, un piloto de confianza. Y el secreto es este: horas, confianza, pasión…

Has encontrado un equilibrio, gustas en Catalunya y en el resto de España. ¿Cómo se consigue eso?

El hecho de tener recursos y voces me permite jugar con muchos personajes. Los personajes que triunfan en Catalunya no son los mismos que triunfan en Bilbao, y los de Bilbao no son los mismos que funcionan en Andalucía. Aquí gusta mucho Rubianes, Mas, Junqueras… En cambio, en Madrid o Andalucía gusta más la Duquesa de Alba. La suerte de tener un abanico amplio de personajes me permite adaptarme a cualquier humor.

¿Siempre tienes ganas de hacer humor? ¿No se hace pesado tener que divertir a los demás?

Es más difícil ser borde que ser simpático. A mí hay una palabra en catalán que me gusta mucho, que es tarannà [implica todo lo que tiene que ver con una forma de ser, el talante]. Es una palabra que no tiene traducción exacta y que me encanta. Y mi tarannà es ese, soy así y me gusta, no puedo fingir ser de otra forma. No me sale. Además, cuando la gente se te acerca con cariño, es ser maleducado. Se puede decir que no con educación. He aprendido mucho a decir que no, y se puede hacer con buenos modales. He tenido que decir no muchas veces y estoy más orgulloso de mis ‘noes’ que de mis ‘síes’.

¿Tu tarannà sería el mismo si no te hubieras dedicado a lo que te has dedicado?

¡Sí, seguro! Pero seguro que habría estado vinculado a ese mundillo. Iría de la mano del mundo de la comunicación, artístico. De expresar cosas. Yo soy muy explosivo y lo necesito, cuando termino un show ya estoy pensando en el siguiente, analizando mis debilidades para mejorar lo que he hecho hasta entonces.

¿Vives en insatisfacción constante?

Absolutamente. Disfruto de lo que hago, de los éxitos y los fracasos, pero los tiempos son distintos. Hay gente que disfruta cuando lo ha conseguido, yo disfruto cuando veo que lo voy a conseguir. Y cuando lo consigo siento la calma de la satisfacción.

¿Es una rueda infinita o tiene un final?

¡La muerte! [ríe] No, no lo sé. Yo me imagino que debe ser la madurez. El concepto de madurez es importante, porque hace que tengas más miedo y te vuelve más conformista. Yo aún no soy conformista, ni quiero serlo. No me quiero acomodar, soy un culo de mal asiento y tengo ambición positiva. Creo en la ambición positiva.

Hablando de madurez, ¿cómo era aquél Latre que empezó en el Crónicas?

Era igual de impulsivo pero no tenía ese punto reflexivo. Era todo impulso y nada de reflexión. Ahora soy más maduro, me he hecho más a mí mismo y sé lo que quiero. Cuando eres joven eres inconsciente y crees que podrás hacerlo todo, y no se puede hacer todo en la vida. Mira, hay una palabra inglesa que me gusta mucho, que es realize. Significa ser consciente, darte cuenta de las cosas. Pues la diferencia es esa, ser un poco consciente de lo que eres y lo que representas, de cuál es tu camino y tu futuro. Ahora estoy en sensación de parada en boxes, de hacer un repaso de estos 15 años mirando el pasado para ver qué queremos hacer en el futuro.

¿Y ya sabes qué quieres hacer?

Sí.

¿Algunas cosas básicas?

Show, teatro, espectáculo, crear, innovación. Ir hacia tus objetivos, ser feliz, hacer feliz a los que me rodean… Muchas cosas.

¿Te sientes igual haciendo tu show que colaborando en los programas de televisión?

Es distinto. Hay una diferencia muy importante: a estas alturas del partido, el Latre ya está complado. ¿Qué significa eso? Que no es lo mismo el Latre del Yes We Spain o el de Crónicas Marcianas, que fue un boom. La gente que viene ahora a mi espectáculo ya sabe qué va a encontrar, la marca Latre ya está comprada y todo el mundo sabe cuál es. He encontrado mucho respeto, mucho cariño y  a la vez he visto que no puedo defraudar a nadie, que la gente espera que sea potente y brillante.

¿Qué te aportan las colaboraciones en la televisión?

¡Mucho! En Tu cara me suena ofrecí una versión mía que la gente no conocía. La gente no entendía que hacía yo en el jurado. Después entendieron que tenía sentido que yo juzgara imitaciones, y ahora ya está asimilado que yo esté allí. El tiempo hace que todo el mundo se acomode a esa nueva imagen, primero era el del crónicas, después el Latre y ahora también soy el Latre pero también presentador, empresario, productor, jurado o humorista. Nunca he dejado de ser humorista, aunque no me considero como tal. Creo que soy un showman, hago muchas cosas. No sé si las hago muy bien, pero hago muchas. Un one-man show que dicen en América.

¿Defiendes el modelo de entretenimiento que hay en la televisión?

Son modas. Para gustos los colores, pero creo que falta paciencia en la televisión. Está claro que el formato cambiará, la forma de ver televisión. Ahora la tecnología es más madura, y todo el mundo podrá escoger mejor lo que ve, será mucho más personalizado. No tan mediatizado en cuanto a empresas. Si te gusta Buenafuente, podrás ir a buscarlo.

Eso es un cambio radical de modelo económico.

Yo creo que todo irá para aquí. Siempre habrá los grandes grupos mediáticos porque intentaran captar ese público, pero la madurez tecnológica de la gente hace que todo el mundo sea más libre y que escoja contenidos en función de sus gustos. Podemos ir a todos los mercados, e iremos hacia un sitio en el que los artistas valdrán dependiendo de la gente que les siga.

Para terminar te pido que escojas una palabra.

Tarannà, ya te lo he dicho antes. Suena muy bien, es melódica y es una palabra que define muy bien aquello que quiere decir. Y significa muchas cosas.

 Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes

 

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