Cristina Losantos: "Para hacer bien mi trabajo no hace falta ser una artista"

Cristina Losantos (Barcelona, 1960) hace más de 30 años que se dedica profesionalmente a la ilustración. Ha trabajado para prensa y editoriales, ha dibujado libros infantiles y libros de texto. Nos recibe en el estudio de su casa, donde una radio analógica, de las de antena y altavoz, la acompaña durante la mayoría de horas que pasa trabajando. Evidentemente las paredes están decoradas con obras suyas y de otros ilustradores y dibujantes, y una gran mesa flanqueada por la luz de dos flexos preside su estudio.

Dibujar es algo que hacemos todos cuando somos pequeños, y que termina cuando alguien nos dice que no lo hacemos bien y que mejor que nos dediquemos a otra cosa. Los que os dedicáis profesionalmente no vivís este momento... ¿Cuándo te das cuenta que puedes vivir de dibujar?

Me doy cuenta en la escuela. En todas las clases del mundo está el que dibuja mejor, y yo siempre era la que dibujaba mejor. Nunca he pensado en dedicarme a otra cosa, siempre ha sido mi sueño, lo que quería hacer. Es verdad que la gente deja de dibujar. El otro día pensaba que estudiar música, por ejemplo, como extraescolar es una actividad con mucho prestigio. Todos los niños estudian música tanto si les gusta como si no, y es algo que no sucede con la educación plástica. Los niños tocan el piano, el clarinete y lo que haga falta, aunque no les guste y les dé por saco. Creo que el prestigio de las artes plásticas pasa una mala época, en general. Y el dibujo de los niños como actividad en particular.

¿Pero crees que cuando tú eras pequeña este prestigio era mayor?

No, ni mucho menos, te hablo quizás de principios del siglo XX, cuando la aplicación de la ilustración era más evidente: prensa, artes aplicadas, joyería... Ahora es más complicado. Pero vaya, desde que tengo tres años dibujar es lo que siempre he hecho, lo que he hecho durante más horas en mi vida y lo que más me ha gustado. Era mi sueño, ser dibujante.

¿Convencida desde el principio? Mucha gente que tiene cierto talento para dibujar ni siquiera se lo plantea hasta que el entorno le empuja.

Muy convencida tampoco... Yo estudié Bellas Artes por aquello de que los padres te lo dicen, que hay que tener un título y estudiar... Cuando terminé Bellas Artes empecé a dar clases de dibujo en una escuela, y entonces un dibujante buscaba un ayudante. Me presenté a las pruebas, me cogieron y ahí empezó todo, primero ayudando aquél dibujante y luego por mi cuenta.

Pilarín Bayés nos dijo que le gustaba tu manera de i lustrar porque tenías un equilibrio muy bueno entre la parte narrativa y la parte estética. ¿Cómo definirías tu estilo?

Yo soy híper narrativa. Yo creo que hay muchos tipos de ilustración, igual que hay muchos tipos de pintura: ilustración gráfica, poética, pictórica... Yo cuento historias. Hago dibujos narrativos donde se ve que está pasando, siempre pasan cosas en mis dibujos. Y si puedo hacer tres narraciones paralelas, mejor. Me gusta la anécdota. Dibujamos los dibujos que nos gustaba ver pequeños. Admiro muchísimo a los dibujantes que hacen cosas gráficas, también narrativas pero mucho más modernas. Yo no he conseguido dar este paso estilístico, vivo acomodada en mi forma de dibujar, que es la misma que hace 25 años pero ahora sé más.

¿Te ves igual los siguientes 25?

A estas alturas... [risas] No he sido nada inquieta en cuanto a la forma, y creo que en parte es porque a mí lo que me interesa es la historia que estoy contando. Y me cae la baba con dibujos de otros estilos, ¡eh! Cada uno dibuja como puede, o dibuja como ve las cosas. Para mí sería muy forzado intentar hacer otra cosa. Hace muchos años lo había probado alguuuna vez, pero no. No me reconozco, no me siento a gusto y no me sale. Yo prefiero las anécdotas, contar cosas... Tintín, Mortadelo…

Hablabas de que dibujas lo que te gustaba ver de pequeña. En tu casa estábais suscritos a Cavall Fort, y siempre te has declarado fan de Tintín.

¡Tintín! Piensa que en mi contexto, que ya tengo 55 años, cuando era pequeña no había la oferta que hay ahora de todo. De dibujos animados, de películas, de televisión, de revistas, de cómics... Había poca oferta. En casa El zoo d’el Pitus fue un gran referente. Y Tintín era... Fantástico. Eran aventuras, me encantaban los dibujos, y recuerdo copiar viñetas. Era cómic francés, lo mejor que había en ese momento. Había mucho cómic francés y belga, como el Spirou... El cómic de la escuela francesa, que es cómic de línea clara, es lo que me gusta a mí. Era lo que había, y era bueno.

¿Tienes referentes que vayan más allá del dibujo y la ilustración?

Todo lo que sabes te sirve. De vez en cuando hago un trimestre de clases, y siempre digo a los alumnos que cuanto más sepan, más cosas podrán relacionar y podrán ser útiles para sus dibujos. Aunque sea una frase concreta, una idea, ¡lo que sea! Todo lo que has visto alguna vez en la vida te sirve. Mira, hace poco tenía que hacer un dibujo y recordé una escenografía de una ópera que había visto hace 20 años. La busqué y la encontré, y me sirvió 20 años después. La pintura también es una gran referencia, sobre todo por el tema de la documentación o de las indumentarias. Cuando trabajaba en el Flautista de Hamelin la pintura fue una gran ayuda para los vestidos, los muebles, por todo. Cuanto más haces más rico será todo lo que hagas, asociar ideas es clave y está muy bien.

En tu profesión se suele funcionar por encargos...

Yo funciono exclusivamente por encargos.

¿Cuáles te motivan más?

Quizá sonará muy hipócrita pero no lo es: a mí todos los encargos me hacen ilusión. Cualquier llamada donde me encargan un trabajo me hace ilusión. Claro que hay libros que motivan más, pero incluso para los libros de texto encuentro la motivación. Si me encargan un cartel para un festival que lo verá mucha gente quizás sí que me hará más ilusión, pero yo pienso que a todo se le puede dar la vuelta. Quizás me gustan más los encargos cortos. Me parece que con un libro pequeño o una revista te puedes lucir mucho, no llegas a cansarte. Me gusta que suene el teléfono y que me digan que han pensado en mí para un trabajo, y conservo esa sensación y la encuentro sorprendente después de 30 años dedicándome exclusivamente a ello. ¡Alguien me llama y quiere que le haga dibujos! Me parece fantástico.

¿Qué grado de libertad te dan?

En general te dan el texto y te dicen que hagas lo que te dé la gana. Me han pedido bocetos, pero nunca me han tumbado un dibujo ni me han hecho repetir nada. Bien, una vez tuve que cambiar una portada para que la había ilustrado con un lagarto y justo el último libro que se había publicado en aquella colección tenía un lagarto en la portada. Yo no lo sabía y no lo había visto. Pero claro, como es comprensible me lo hicieron cambiar. Pero ya te digo, en general no me hacen repetir nunca nada, al revés, me dan mucha libertad. Y que me pidan esbozos no es grave, yo los hago igualmente y por tanto no lo vivo como una gran injerencia en mi vida. De hecho trabajas más seguro porque vas sobre seguro, sabes que va agustar.

¿Qué tipo de vínculo estableces con el texto y con el autor?

Va como va. Hay autores con los que hablas desde el principio. Las editoriales no fomentan la relación entre autor y ilustrador, entonces puede que conozcas el autor antes, o que conectes...

¿Pero tú crees que es necesario este vínculo?

No. A ver, si puedes tenerlo mejor, está bien, pero si no lo tienes tampoco pasa nada. Alguna vez si tienes dudas puedes preguntarle al autor, o puede que te encarguen libros de autores que ya conoces y que sabes cómo trabajan.

Oriol Malet puso sobre la mesa un debate interesante: hablaba de una nueva generación de ilustradores como Paula Bonet o Conrad Roset que exponen por todo el mundo y hacen proyectos muy personales. Él decía que, respetando y admirando el trabajo que hacen, él se ve como un artesano que responde a encargos, pero en ningún caso como un artista. ¿Qué perspectiva tienes tú?

Yo no soy en absoluto artista. Nada, cero. Y no lo digo para que la gente me diga que lo hago bien, creo que para hacer bien mi trabajo no hace falta ser una artista. Yo no tengo una necesidad imperiosa de expresarme dibujando. Yo tengo un trabajo que está muy bien, que es dibujar, y no dibujo nada si no tengo un texto. Necesito un texto para dibujar. No pienso que me gustaría dibujar mis historias. Y cuidado, no veo nada de malo en ser un artista ilustrando. Estoy muy de acuerdo con Oriol en este sentido, yo no me siento artista y tengo muchos compañeros que se sienten y lo son. Pero yo vendo dibujos, y vender dibujos como originales me gusta. Quizá yo lo vivo de una manera pero mis receptores sí creen que lo que hago es una obra artística. Pero no es mi visión hacia mi trabajo. Y creo que a veces es una carencia esta perspectiva, porque sentirte artista te hace ir adelante e ir descubriendo cosas. Yo hago algo bien, me acomodo, y nunca dibujo sin texto ni encargo. Yo cuando estoy de vacaciones no dibujo.

De esta gente que hablabas que tienes a tu alrededor, ¿quién hace cosas que te interesen?

A mí hay dibujantes que me encanta como lo hacen. Sebastià Serra, Oscar Julve, Mercè Canals, Lluís Ferrer, Jordi Vila... Son una generación que son 10 o 15 años más jóvenes que yo, y hacen dibujos de esos que te cae la baba, que te dan ganas de dibujar. Les admiro y me encanta lo que hacen, todo. Les admiro mucho.

Cuando hablamos de ilustración para textos infantiles, los que dibujáis estáis dando una educación estética a los niños, un primer paso para tener criterios valorativos. ¿Esto lo consideras a la hora de dibujar?

Yo más que formarlos estéticamente quiero que se lo pasen bien. Nunca me planteo si estoy formando a alguien, yo quiero que les guste lo que ven. O al menos que les suscite una reacción: miedo, risa, desazón... Más que un adoctrinamiento estético, la función que me gusta que tengan mis dibujos es que un niño lo pase bien, o que se le despierte la curiosidad suficiente para que quiera leer las letras que hay junto al dibujo. Dibujar para adultos también me encanta, porque puedes establecer mucha complicidad. El lenguaje es diferente, tienes otros referentes, sabes que tiene diferentes niveles de lectura. Hay muchas posibilidades, y cada receptor lo recibirá de forma diferente dependiendo de su formación, su curiosidad o su sensibilidad.

Otra reflexión habitual es que el trabajo de la dibujante es muy solitaria, que pasáis muchas horas trabajando solas. ¿Tú vives este hecho?

A mí me encanta trabajar sola. Me costaría mucho trabajar con gente y compartir estudio. Alguna vez delego el color si tengo mucho trabajo, pero cada uno lo hace en su casa. Me cuesta mucho trabajar con gente. A ver, cuando tengo ayudantes me gusta y me siento bien, pero estar aquí en casa trabajando con otra persona se me haría muy raro. Para mí un día ideal es un día en el que sé que no tengo que salir de casa. Es cuando trabajas mejor, cuando tienes varios días seguidos sin interferencias. Cuando tienes mucho trabajo cierras la puerta. ¿Una entrevista? No. ¿Un almuerzo? No. ¿Una celebración de una revista? No. Ayer, por ejemplo, celebraban los diez años del Tatano. Y fui porque era ayer, pero llega a ser hace tres semanas y habría dicho que no. Hay muchas temporadas que me dedico sólo a dibujar, no hago nada más. Y cuando a partir de abril baja el trabajo abro la puerta, y por esa puerta se cuela todo. Y también está bien, disfruto esta época. Pero cuando tengo que dibujar mucho y tengo que hacer un trabajo donde necesito mucha concentración, lo que más me gusta es pensar que no tengo que salir de casa, que no hay nada más que comer y dormir. Esto me tranquiliza.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Vida.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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