Daniel Ruiz-Trillo: "Todo lo que forma parte del lenguaje es útil"

Daniel Ruiz-Trillo (Barcelona, 1973) es poeta, escritor y profesor de secundaria. Combina las tres tareas haciendo equilibrios de todo tipo, pero sobre todo aprovecha lo que le sobra en alguna para integrarla en la otra. Hace muchos años que creó versos.cat, un portal donde poetas jóvenes catalanes publican sus escritos y comparten palabras y experiencias. Hace pocos meses publicó Vint-i-cua, vint-i-dos poemes cap-i-cua,  un ejercicio de estilo donde los palíndromos tienen un papel principal. Quedamos para charlar con él en un bar de Gal·la Placídia, en un mediodía caluroso típico de verano barcelonés.

Quería empezar sabiendo por qué. ¿Por qué estos vint-i-dos poemes cap-i-cua?

Yo soy un gran amante de las palabras, del lenguaje y de los juegos de palabras, Verbívoro, ludolingüista... Como Màrius Serra pero en pequeño, en definitiva, un gran seguidor de todas estas cosas. En la universidad me hablaron del OULIPO y de toda esa gente que hacía cosas extraordinarias, ya hace muchos años que estoy en estos círculos. Hace tiempo que estoy dejando la poesía y escribo cuentos, y tenía muchas ganas de hacer cuentos con juegos de palabras. Sobre todo con palíndromos, porque es el juego que da más juego - valga la redundancia - con palabras que pueden servir para titular o para el mismo cuento. Esta es la idea.

¿Cómo entras en el mundo de los enfermos de los palíndromos?

Mi camino ha sido el de seguir a los maestros. Joan Lluís Lluís con Xocolata desfeta, por ejemplo. Yo soy maestro, y en mundo de la enseñanza utilizo mucho estos juegos, y evidentemente los palíndromos sirven mucho. También recuerdo participar en diferentes historias de gente que escribía en prensa, te hablo de cuando no había mail y mandabas cartas por correo ordinario. Claro, ahora todo es muy fácil con el email, el WhatsApp o Facebook, antes requería más esfuerzo. Los palíndromos siempre me han atraído mucho, nombres que ves escritos por la calle: Radar, SOS, AXA ... Empresas, instituciones, nombres de productos. Y te coge una obsesión para leerlo todo al revés, es una obsesión. Pasas por algún lugar: Bar Àrab [árabe en catalán]. Y no paras de encontrar cosas, es una obsesión sana, que no perjudica, está claro que no es como el alcohol. Esto ayuda a que la lengua sea más interesante para la gente, yo lo utilizo para mis alumnos, pero creo que incentiva el interés general.

¿Qué valor añadido dan los palíndromos a tu libro? Es decir, ¿podría existir el libro sin palíndromos?

Sería como el Barça sin La Masia, o sin Johan Cruyff. Vint-i-cua existe gracias a los palíndromos,  se ha creado así y se ha construido así. Hay muchos más juegos, ¡eh! Anagramas, cacofonías, ambigüedades, paronomasia... Muchos juegos, muchos. Pero los palíndromos son el eje.

Jesús Lladó, que es el editor de la revista Semagames, nos dijo que lo que más le fascinaba de los palíndromos era su inutilidad. ¿Qué piensas de eso?

[Risas] Yo quizás no lo llamaría inutilidad, porque para mí todo lo que forma parte de la lengua y el lenguaje es útil. Aunque sólo sea porque pensamos, creamos, generamos ideas, conceptos... ¡Y relaciones, por qué no! Conozco mucha gente que se ha conocido gracias a los palíndromos y los anagramas. Gente que a través de Facebook se pone cara y se conoce. Me gusta la idea de Jesús, pero no es inútil del todo, a partir de aquí se pueden crear historias y mil cosas. Y que los palíndromos, si hablamos de una palabra son inútiles, si hablamos de una frase ya es bestia, ¡pero hay gente que ha hecho textos! Esto me parece increíble.

¿Tienes algún palíndromo del que te sientas particularmente orgulloso?

A mí lo que más me gusta... A ver, todos creemos que es cosecha propia y seguro que hay mil personas que lo han pensado antes. Bueno, tal vez sólo 50, pero ya lo ha pensado gente. Truc curt [truco corto]. Mi primer libro, que era de poemas y se titulaba así, era del siglo XX, de 1999, del milenio pasado. Me gusta mucho porque en catalán tiene muchas lecturas posibles: una llamada, un truco de magia, una llamada a una puerta... Muchas lecturas a la vez. En un cuento del Vint-i-cua que es sólo con monosílabos, lo uso mucho. Hay un turco que se llama Kurt, que hace un truco a uno de los otros personajes.

¿Cómo aplicas los palíndromos a la docencia?

Yo enseño a niños de primero y segundo de ESO, de entre 13 y 15 años. A mí me gusta mucho citar a los grandes maestros, porque sí que hay parte de cosecha propia pero está muy bien empezar a partir de los más brillantes. Y a partir de allí generar cosas. El Xocalata desfeta de Joan Lluís Lluís es perfecto para trabajar en clase, es brillante. Hay muchas utilidades: haz un menú monovocálico. O un menú pentavocálico, o un cuento. A mí Julia Roberts me encanta, y quedé maravillado cuando vi que era pentavocálica, como murciélago. Ouaire [huevero], una gran profesión, también lo es. Y alguien descubrió una especie de aperitivo sin alcohol: un aperitou [equiparable a aperiblando]. Y aperitou es pentavocálico y además tiene a-e-i-o-u, en orden. ¡Es impresionante! Y claro, en clase puedes hacer mil cosas así. En mi libro tengo un poema, que es l’Aracne Encara [algo así como Aivadot Todavía] en el que, si sólo lees las letras mayúsculas y en negrita, te resumo el cuento. Te lo puedes leer en cuatro o cinco segundos. Las palabras son útiles verticalmente y horizontalmente. A los niños les encanta jugar. ¡Los chistes de Lepe son ambigüedades! Figuras retóricas, la gente no sabe que lo son figuras retóricas pero las utiliza.

Si en las aulas se aplicara más el juego, ¿algunos conocimientos entrarían más fácilmente?

Todo lo que sea jugar fomenta mucho la educación y el aprendizaje. Y la docencia. Pero tampoco es fácil.

Los planes educativos.

Claro... Y deben cumplirse. No es fácil, porque los niños de hoy en día, a la que dices que tienen que hacer parejas o grupos... Mira, yo por ejemplo he creado un Gran Dictat [concurso de TV3 que juega con el lenguaje] a nivel de ESO, he hecho 300 tarjetas para adivinar palabras. Y cuando les dices que es un concurso, no lo toman como algo para aprender. ¡Creen que es un viva la Pepa!

Pero aprenden de forma indirecta igualmente.

¡Sí, claro! Igual que cuando les pongo vídeos de dialectos. Se fijan muchísimo, si no;  no se fijarían. Les digo que escuchen a una profesora valenciana y entonces les entra todo más rápido.

¿Cuál ha sido el papel de Internet a la hora de divulgar poesía? ¿Cómo creaste versos.cat?

Yo soy un gran amante del libro, pero creo que cada vez se compran menos libros, o que por culpa de la crisis la gente abandona el libro de papel y se va más hacia el libro digital. Y en Internet, los blogs han ayudado a la gente que hace poesía a relacionarse. Gente del Empordà, la Franja y Barcelona pueden estar conectados, han compartido experiencias y poesías. Y yo, cuando vi esta potencialidad creí que hacer un blog sería una gran idea. Poetas catalanes actuales, que sean voces frescas y nuevas, igual no necesariamente jóvenes, pero sí cosas que suenen nuevas. Tengan 30, 40 o 50 y 60 años. También he colgado versos de clásicos, ¿por qué no? Y funciona. Es más difícil cuando llevas casi 10 años que los dos o tres primeros años, pero funciona muy bien. Es una gran herramienta y una gran iniciativa, y no lo digo porque sea mía. A mí me gustaría recibir más ayudas de las instituciones, por qué no. Muchas veces se llenan la boca con el catalán y Catalunya, pero ayudan poco.

¿Cuál es la gran diferencia entre los poetas catalanes digamos del establishment y los que sois más outsiders? ¿Es una diferencia generacional? ¿Tiene que ver con el reconocimiento público?

No, a ver... A mí me gustan mucho Casasses y Margarit, son los famosos, los leídos y los galardonados. Pero en versos.cat está David Madueño, que es buenísimo y no tiene estos canales ni estos micrófonos. O Ramón Ginsora, que para mí es el mejor poeta catalán de la actualidad. Son gente que no ha tenido la suerte de estar en el lugar donde tocaba ni de conocer a quienes habrían tenido que conocer. Pero recomiendo mucho que la gente lea la Marina Antúnez, por ejemplo. Son gente que escribe cosas muy bonitas.

¿Nunca te has planteado dejar la docencia?

Yo vivo la docencia como algo muy vocacional, y por suerte me encanta. Si no, haría más cosas, tendría más tiempo e iría haciendo historias diferentes. Organizaría recitales, traduciría cosas, fomentaría la lengua, la literatura, la poesía... Me dedicaría a otras cosas que contemplan mis estudios, como la interpretación. El mundo de las Relaciones Públicas también me gusta mucho: conocer gente a partir de las lenguas. Pero quizá son cosas que no llenan tanto como la enseñanza. Que la enseñanza, por otro lado, también vacía mucho.

¿Por qué el cambio de la poesía a los cuentos?

Es un cambio de forma. Ha venido así, hay una época de la vida donde la poesía tira mucho, y quizá en otra etapa te tiran cosas distintas y te dedicas más a trabajar y construir otras cosas. Me gustaría intentar la novela, pero me parece muy difícil. Quizá debería publicar antes 4 o 5 libros de cuentos para pensar en una novela. El Vint-i-un contes es un ejercicio de estilo, absolutamente. Como la última novela  de Màrius Serra, yo la veo un gran ejercicio de estilo.

Cuando dices ejercicio de estilo, ¿a qué te refieres exactamente?

Es lo que has visto en Aracne Encara, utilizar la lengua y hacerla apta para todos. Yo escribo un cuento pensado para los niños, donde uno de los dos sólo habla con palíndromos. En el original había escrito 'cardar' (follar), y luego cambiarlo por 'jeure' (yacer). Pensaba en los niños y los menores que quizás leerán el libro. La gente, a veces, busca tres pies al gato. Que una persona hable sólo con palíndromos es un ejercicio de estilo. Hacerlo en una novela  es muy difícil y muy peligroso. El OULIPO lo hacía, Georges Perec. Este hombre escribió una novela  sin la letra 'e', ¡en francés! ¡Que es como renunciar a la 'a' en catalán! Esto es un ejercicio de estilo increíble, pero es complicado para el gran público.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Siempre hablo de radar. Me encanta esa palabra. Cuando estoy en el coche siempre lo pienso, siempre. También me gusta mucho “granera”, que significa escoba en valenciano, mallorquín... Me encanta, porque cuando tú vas a los pueblos y con los payeses, en el suelo hay grano, y lo es lo que se barre. No hay basura, hay grano. Y granera mí, como palabra, me encanta.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

Volver