Enric Gomà: "La lengua debe servir para hacer ironía, juegos, para mandar a la gente a la mierda"

Hay entrevistados que tienen tantos prismas para enfocar una conversación que el gran dilema es elegir los temas que se quieren abordar. Es el caso de Enric Gomà (Barcelona, 1963). Ha sido guionista de múltiples series españolas y catalanas – Amar en tiempos revueltos, Poblenou, Ventdelplà – y es miembro del Consejo Directivo de la SGAE des de hace tres años. Acaba de editar y publicar un libro sobre divulgación lingüística titulado Canvi d’agulles, que reúne propuestas y opiniones de diez autores catalanes que publican y hablan con asiduidad en los medios de comunicación. Su vida ha cambiado radicalmente hace pocas semanas: decidió adoptar un niño vietnamita y ser padre soltero. Vive en un piso muy cercano a la Plaça Catalunya con los techos altos y conversamos en una habitación repleta de libros viejos (es bibliófilo declarado) y distintos artilugios y cachivaches que despistan y abducen fácilmente a cualquier visitante. La entrevista se interrumpe hasta tres veces, y el piso se convierte en un ir y venir de personas que reclaman a Enric por teléfono, desde la puerta de la habitación o llamando al timbre.

Empecemos por Canvi d’agulles. ¿Cómo sale la idea de publicar un libro así?

La idea de Canvi d’agulles es mía. Yo ya hace muchos años que pensaba que somos unos cuantos los que hacemos divulgación lingüística, que difundimos aspectos de la lengua en prensa, radio y televisión. Todos nos conocemos bastante entre todos, cada uno tiene su estilo y su punto de vista, y pensé que podríamos hacer un libro de artículos en el que cada uno explicara aspectos del catalán. Creí que podía tener interés, porque la gente tiene tribunas pero una tribuna unitaria de los diez explicando cómo hacer un catalán más sencillo, más ágil, más expresivo y más rico tiene interés para los lectores. En los años 80 y 90 La Magrana tenía una especie de línea editorial sobre lengua y funcionaba muy bien, en Catalunya hay mucha gente interesada por la lengua, y eso se ha perdido un poco. Recuerdo que los libros de Joan Solà eran un éxito seguro, somos un país muy especial, de La gramàtica catalana de Joan Solà, que son dos o tres volúmenes caros, complejos y difíciles de digerir se vendieron 10.000 ejemplares. Es muchísimo, una locura. El tema interesa.

¿Qué el tema interese denota que hay un conflicto por resolver?

Está claro. El conflicto se arrastra desde hace siglos, y ha tenido momentos muy violentos y otros más suaves. En el siglo XIX empieza el enderezamiento, empieza la recuperación de terreno contra la diglosia, la gente se aprendió las normas ortográficas, se redactó el diccionario normativo… Sí, sí, está claro que todo parte de un problema. Pero también en países con lenguas sin problemas hay un sector de gente que está muy interesada en la lengua. Hay una revista holandesa sólo sobre lengua que es divulgativa. A mí me gustaría mucho poder hacerla en Catalunya. Holanda es un país sin conflicto lingüístico, tiene un Estado que protege la lengua y unos 20 millones de hablantes (sumando el Surinam y la Guayana). Esa revista vende unos 25.000 ejemplares, interesa a 25.000 individuos holandeses. Y en Francia hay una revista con ese mismo tono. La lengua interesa a las sociedades, y cada lengua tiene una serie de gente que quiere enriquecerla.

Hay tesis muy distintas sobre el catalán. Pau Vidal defiende que el bilingüismo es la muerte de la lengua catalana, ¿qué tesis tienes sobre el tema después de ver la opinión de divulgadores de distintas ideas y generaciones?

Conozco muy bien las posiciones de Pau Vidal porque he leído con mucha atención El bilingüisme mata que acaba de editar Pòrtic. En parte comparto sus puntos de vista, pero también creo que estamos en el baile y tenemos que bailar. El bilingüismo ahoga una lengua, la reduce y la achata (más de lo que la mata), porque nos vamos convirtiendo en un calco del castellano. Pero eso se puede combatir, y en cambio el bilingüismo no lo vamos a erradicar. Somos una sociedad intrínsecamente bilingüe. El 55 o 60% de la población es de origen castellanoparlante, y no solo de origen, sino que con sus parejas, amigos, familiares y compañeros de trabajo hablan en castellano. Te pongas como te pongas eso es así, y es mejor asumir soluciones desde esa óptica y esa sociedad.

Ser conscientes del contexto en el que se juega la partida.

A mí me gustaría que fuera la Catalunya de los años 30 en la que solo había un 25% de castellanoparlantes, y en el 1900 eran solo un 5%. Y en aquellos años el bilingüismo no mataba, porque era un problema de diglosia: los periódicos eran en castellano, la educación también, los carteles también, pero el catalán era la lengua de los ciudadanos. Ahora no es así. Entonces, que me cuenten qué solución social existe para combatir el bilingüismo; yo no la veo. Hay que tener mucha proximidad, afecto y simpatía por una lengua que es entrañable para muchos de nuestros conciudadanos. Los castellanoparlantes aprenden catalán, pero hay que respetar su procedencia, que hagan calcos es muy normal, y que esos calcos invadan la lengua también es muy normal. Mucha gente dice que eso se va a solucionar con la independencia, pero qué quieres que te diga, si la independencia tiene que venir diciendo que el castellano no tendrá un papel relevante en el país me parece equivocado. El castellano en una Catalunya independiente tiene que ser una lengua importante, de peso, entrañable, que nos sintamos como nuestra y parte del país. Sé que este discurso no gusta, pero me parece equivocado lanzar campanas al vuelo. Mira, ¿puedo contártelo con un ejemplo?

Por supuesto.

Por Navidades nos juntamos unos cuantos amigos en una casa particular para hacer una cena. Después de comer cantamos villancicos. Evidentemente, ahí hay gente de origen castellanoparlante y gente de origen catalanoparlante. Y cantamos villancicos en catalán y en castellano. Y no pasa nada: los peces en el río, la marimorena… Pero eso forma parte de la vida, de los sentimientos de la gente, y ponerse a contracorriente me parece una equivocación.

Otro gran debate de la lengua es el equilibrio entre el academicismo y la calle. Josep Maria de Sagarra decía que la lengua es como un caballo con dos riendas: la academia y la calle, y que si solo estiras una de las dos el caballo da vueltas sobre sí mismo, y si en cambio se tira de las dos se puede avanzar. ¿Compartes esta idea?

Los que usamos la lengua en nuestros trabajos y nos expresamos de manera literaria y comunicacional debemos tener una sensibilidad especial. Y eso que dices de Sagarra pues tiene toda la razón. Pero la norma podría ser más amable, menos espinosa, un poco menos rebuscada. Hay casos que dices… ¿Se escribe per o per a? [una duda habitual al escribir esa preposición en catalán]. Pues hacemos barra libre y que la gente decida, la norma debe ser más amable, y Canvi d’agulles hace propuestas para conseguirlo. Eso de la lengua de la calle también es relativo, una vez alguien me preguntó: la lengua de la calle, sí, ¿pero de qué calle? En cada calle y cada casa la lengua es distinta. A veces la mayoría de los hablantes tiran por un lado y la lengua escrita y formal es más envarada, y deberíamos dar vía libre y carta de identidad. En el diccionario normativo del IEC hay una parte del catalán que no está recogida. Y mucha gente dice: a ver, ¿enterro no está contemplada en el catalán? Pues mal, enterro es una palabra que está muy bien, que se usaba en el siglo XIX, que Coromines reivindicaba…

Debe haber ejemplos muy parecidos.

Sí, otra palabra que para mí es entrañable es trajo [referido al traje, la prenda de vestir, en catalán]. A mí, cuando me dijeron que traje en castellano venía del verbo traer me quedé anonadado, jamás había pensado en ella. En castellano también se les ha perdido por el camino y dicen traje. Para mí trajo [referido a la palabra catalana] es una adaptación popular de un barbarismo que creo que tiene las suficientes credenciales para ser aceptada y no tengamos que decir vestit [vestido, palabra equivalente a traje en catalán]. Porque si dices “El señor Coromines iba con un vestido azul” no sabes si iba travestido. 

Pobre Coromines.

Sí, tienes razón, cambia Coromines por otro señor, el señor Cardona por ejemplo.

Como divulgador de lengua, ¿crees que el juego verbal sirve para acercar el lenguaje y ensanchar sus límites?

Vaya pregunta… En Verbàlia os centráis mucho en este tema. Yo me he leído el Verbàlia de Màrius Serra y me interesó mucho, creí que era un tema con gracia e interés, crea un compendio de juegos lingüísticos que ha habido a lo largo de la historia. Tiene un componente de juego que hace que la lengua sea divertida, amable, entretenida, curiosa y pintoresca, y eso me parece bien. Que después tenga mucho o poco sentido es algo que ya me cuesta más de ver. Pero ese aspecto de entretenimiento y diversión creo que es buenísimo para el lenguaje.

A veces parece que tengamos que acercarnos a la lengua con cierta veneración, de forma muy respetuosa.

Eso sí, que la lengua sólo sirva para dar conferencias y discursos soñolientos es una porquería. La lengua tiene que servir para hacer ironías, juegos, para mandar a la gente a la mierda. La lengua catalana ha pasado por un período muy duro durante el régimen franquista en el que adquirió una solemnidad espantosa, aquello que dijo Espriu de “he venido a salvar las palabras”. Pues mira, quizá no era necesario, qué pereza. A veces el catalán tiene poco sentido del humor cuando antes de la guerra había un mundo satírico y humorístico muy fuerte y de gran calidad. Cuando veo el Polònia pienso que es fantástico tener un programa satírico y divertido en el que el catalán es natural. Sé que a veces hay castellanismos y cosas incorrectas, pero ¿y qué? Todo sirve para expresar, para hacer ironía y humor. Creo que es cojonudo todo aquello que sea espontáneo, vivo, ligado al humor, a la sorpresa y a expresar las cosas de forma sencilla. Porque la lengua solemne, rígida y culta tiene como problema que siempre quieren venderte la moto. Te quieren engañar. Cuando alguien dice: “de bell antuvi (una forma solemne de decir antes que nada)” ¡Mal! Te la quiere jugar seguro. Cuando alguien se atasca y se refugia en clichés de la lengua solemne en el fondo está usando un soporte que te indica que no sabe lo que dice o que lo disfraza todo para venderte algo.

Curiosamente es algo habitual en el mundo académico.

¡Muy habitual! El mundo académico es espantoso en ese sentido, los intelectuales llenan párrafos y párrafos con paja, clichés y palabras sin ningún tipo de respiración natural y alegre. Todo es soñoliento, gris, mesurado y estereotipado. Yo tampoco estoy a favor de la sacudida sistemática, de eso ni hablar, pero podríamos hablar como si estuviéramos comprando en una parada del mercado, de forma natural y sencilla. Cuando tú lees un artículo escrito de una forma determinada es que hay un problema de incapacidad o de engaño. A mí hay estilos que me cansan mucho, pero todo lo que no está contado para llegar al lector…

Te quería preguntar por la SGAE, de la cual eres miembro electo del Consejo Directivo. Tú que estás dentro, ¿por qué es una entidad con tan mala imagen? ¿Cuáles son los errores?

Uy, pero eso es otra entrevista, ¡eh! Eso da para mucho.

Hagamos un análisis básico entonces.

La mala prensa de la SGAE está potenciada por los medios de comunicación, porque todos pertenecen a grandes grupos que no quieren pagar derechos de autor. Y hablo de grupos que tienen medios de prensa, radio y televisión. Y su sueño sería no pagar derechos de autor, y por eso los medios dan mala imagen a la SGAE. También está la idea de que la SGAE fagocita el dinero de entradas de salas de cine, auditorios o teatros, como si se lo quedara la entidad. La tasa administrativa es del 15 o el 17%, el resto va para los autores. Somos los autores los que vivimos gracias a la SGAE, la SGAE somos nosotros, trabajan en ella 450 personas pero nos beneficiamos 21.000 autores. Podemos vivir de nuestra obra: músicos, autores de cine, de teatro, guionistas, coreógrafos… Aquí se nos ha colado la idea de la gratuidad de la cultura, pero eso devalúa la cultura. La cultura vale un esfuerzo y requiere un talento, la gente tiene que ver recompensados sus éxitos. Si no, no sé a qué jugamos. Si no pagas a los dentistas, ¿quién querrá ser dentista? Si nadie paga a los dentistas, cuando tengas dolor de muelas tendrás que aguantarte. Y los autores tenemos que recibir dinero por nuestras obras, me parece muy evidente. Hay matices con el tema de la red, las plataformas y la gratuidad. Piensa que de una entrada de cine, un 2% va a los autores. Unos 20 céntimos. ¿Cuál es el problema? Claro, los exhibidores querrían quedárselo, pero los autores creemos que es nuestro.

Te lo preguntaba porque cuando estabais presentando la candidatura para entrar en la junta el año 2012 comparabas la estructura de la SGAE con la de la KGB. ¿Eso ha cambiado ya?

No, a ver, yo te lo cuento. Antes de que la Guardia Civil entrara en la SGAE a buscar los papeles de la época de Teddy Bautista era una sociedad muy opaca. Costaba mucho saber cómo se repartía el dinero, por qué manos pasaba y cómo estaba estructurada la entidad.  En esos momentos (yo estoy desde hace tres años) te puedo asegurar que no es una entidad opaca, puedo dar fe de todas las decisiones que hemos tomado, las hemos comunicado bien a los socios. Músicos, gente del audiovisual y gente del teatro convivimos pacíficamente, cosa que antes tampoco sucedía.

Te quería preguntar por Fuong, tu hijo. Eres padre soltero desde hace pocas semanas, una figura poco habitual a la que no estamos acostumbrados. ¿Por qué es tan inusual y cómo tomaste la decisión de adoptar siendo soltero?

Mira, sobre los padres solteros… No puedo hablar en boca de otros, pero de entrada hay pocos hombres solteros. La mayoría son divorciados, y además arrastran hijos de sus antiguos matrimonios, y ya tiene suficiente trabajo para pagar la manutención de esos niños. Así que no es habitual que un hombre solo de entre 40 y 50 años (que es cuando te planteas adoptar) quiera otro hijo. Además, normalmente se vuelven a casar y tienen hijos con otra mujer, con lo cual adoptar ya es impensable. Yo calculé que a los 30 o 40 años tendría hijos con una pareja, pero no se ha dado el caso. No he tenido pareja estable y no he podido tener hijos con una señora. Yo, de los 23 a los 42 años he vivido ahogado por el trabajo, viviendo para trabajar. A los 42 años cambié de vida, renuncié a trabajos y con ahorros después de trabajar durante años todos los días de la semana, decidí adoptar. Esa es mi historia, no hay más.

El niño aún está aprendiendo el idioma, tú no sabes vietnamita y él no sabe catalán ni castellano. ¿Cómo vives esa experiencia lingüística aquí, en tu propia casa?

El aprendizaje del catalán que está haciendo mi hijo me está resultando muy interesante, y me doy cuenta de cómo repite lo que digo, de cómo usa las palabras… Es apasionante. Es probable que un hijo biológico, cuando empieza a hablar a los dos años, sea también una experiencia para sus padres. Él hace grandes discursos en vietnamita, canta en vietnamita… A veces le entiendo un poco, a veces no le entiendo nada.

¿Tú estás aprendiendo vietnamita para comunicarte con él?

Yo tengo una lista de palabras y las voy consultando, procuro entenderle. Pero es un niño muy transparente, se le entiende sin necesidad de recurrir al idioma porque es muy expresivo, lo pillas en seguida, sabes por dónde va. Y el tema de ser padre soltero creo que es una figura en aumento, de aquí poco habrá más porque la paternidad es un mundo apasionante. Muchos hombres solos se lo podrían plantear, conozco mujeres solteras que han ido a un hospital para quedarse embarazadas, cosa que nosotros, de momento, no podemos hacer.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Casa. Es la primera que aprendió mi hijo. Bueno, quizá la segunda porque la primera fue hotel… Pero en cualquier caso es una palabra que dice mucho, explica mucho y tiene muchas connotaciones. Los psicólogos dicen que la casa eres tú, porque la casa es lo que te protege, lo que te identifica, es donde vives… Tu casa, tu intimidad, la casa eres tú mismo. Cuando un niño dibuja una casa está dibujando su mundo, su mundo protegido. Y además me parece una palabra simple, sencilla y amable. Hace años, en un programa de tele que dirigía Ramon Solsola nos hacían elegir una palabra, y todos escogimos algo rebuscado, complejo y difícil. Espinàs eligió carro. Me pareció un gran acierto, es una palabra entendedora, útil y sencilla, me gustó mucho. Por eso ahora elijo casa, porque creo que tiene las mismas virtudes como palabra.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Ricard Aparicio

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