Ernest Benach: "El juego tradicional tiene un componente de socialización importantísimo"

Cuesta reconocer a Ernest Benach (Reus, 1959) con el pelo corto y vistiendo un jersey. El que fue President del Parlament de Catalunya durante 8 años contesta de tú a las preguntas a pesar de ostentar la condición de Muy honorable todo lo que le queda de vida. Primero hablamos de la educación en el juego, y luego de cómo terminar con el desencanto social con la política y sus protagonistas, papel que él ha jugado durante años. Hace autocrítica pero con muchos matices, y su discurso sigue siendo de bestia política, en el que es necesario estar atento en todo momento porque si no, como buen aficionado al fútbol, te dribla y sigue corriendo mientras tú te has quedado sentado en el suelo.

¿Cómo es tu día a día actual, a qué se dedica un ex President del Parlament?

Es que no hay un día modelo, hay distintos días. Básicamente cuando lo dejo decido reciclarme, y por lo tanto lo primero que hago es ponerme a estudiar otra vez. También me reciclo en la vida económica y en la vida civil. Desde el punto de vista económico he empezado dos proyectos empresariales, y después me he reintegrado en la vida civil haciendo cosas para los demás, para la sociedad. Participo en distintas movidas, presido la fundación Josep Carol… La clave es tener un papel activo. La vida vuelve a estar llena de cosas, pero también a un ritmo distinto, y con más trabajo o menos dependiendo del día. Pero básicamente es eso: estudio, modelo emprendedor y vida cívica.

¿Qué perspectiva tienes ahora que han pasado unos años del desgaste que supone estar en primera línea política?

Supone un desgaste muy importante, y más en los tiempos que corren. Posiblemente el mismo trabajo realizado en otro periodo habría supuesto un desgaste distinto, ni mejor ni peor, pero distinto. En esos momentos en los que la política está muy cuestionada en todos sus ámbitos aún pagas más las consecuencias. Se nota la presión, y se nota mucho.

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Siempre has estado muy implicado en el mundo scout. ¿Me puede explicar qué impacto puede tener en la vida de una persona recibir esa educación?

Es evidente que el escultismo imprime carácter. Y lo hace a partir de unos elementos que puede que sean discutibles des del punto de vista pedagógico, pero que tienen un valor clarísimo. Defensa de la naturaleza. Por ejemplo, yo en el 77 en los campamentos ya reciclaba, ahora está implementado en todas las casas y se hacen muchas campañas. Otro elemento importante es el país y la defensa del país. Y también el escultismo ayuda a hacer persistir los valores que se pierden.

¿Cómo cuáles?

La disciplina. Muchas veces entendemos la disciplina como un valor militar, y yo diría que es más un valor para uno mismo. Otro ejemplo: el factor riesgo. Tenemos tendencia a sobreproteger a los hijos, los alumnos… Los niños de hoy en día están sobreprotegidos, y no creo que eso pueda ser bueno, porque lleva a una cierta dejadez que no es buena. El escultismo trabaja esas cosas, con cosas como el raid (que consiste en estar dos días de supervivencia sin jefes ni monitores), o durmiendo al aire libre. Ya no es sólo riesgo físico, es algo generalizado. Globalmente, el mundo scout es quién da más respuestas sobre todo eso en el mundo de la educación en el juego. También juegan un papel importante el juego y la música.

¿El juego y la música?

El juego como elemento educativo también se ha ido perdiendo con el tiempo. Hoy los móviles han ido rompiendo el juego tradicional, y es una pena porque tiene un componente de socialización importantísimo. Cuando yo era monitor e íbamos de campamentos, pensar en los juegos a los que íbamos a jugar era uno de los momentos más importantes. Es una pena que no se aproveche más, creo que tiene que ver con el acomodamiento y no entrar en situaciones de riesgo que comentábamos antes. El juego en la educación es muy, muy importante. La música es un elemento aglutinador, se canta poco y cantar provoca cohesión, es algo elemental.

¿Todos esos valores que has nombrado (cooperación, cohesión, compañerismo) se aplican en la primera línea política?

Deberían aplicarse más. Es evidente que la política debería ser capaz de aprender muchas cosas que enseña el escultismo. Sacrificio, pensar en el otro, ser generoso… Está claro que en la política todo eso depende de las decisiones previas, estaría bien que la política bebiera de esos valores. A pesar que desde el establishment, y aquí incluyo los medios de comunicación, siempre se ha menospreciado el mundo scout, con el tema de los cumbayás y todo eso. Se ha ridiculizado y no se ha hecho mella en el trabajo de educación que se hace ahí.

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Hay dos elementos básicos en el juego: el azar y la competitividad. ¿También son elementos decisivos para tener una buena carrera política?

El azar, la suerte, también depende mucho de la actitud que tienes y si te lo trabajas. Si sólo confías en la suerte nunca harás nada en la vida. El componente de azar va directamente condicionado con el esfuerzo personal. Y la competitividad… Forma parte de la sociedad, cualquier elemento en la vida está planteado desde la competitividad, y por lo tanto debes estar preparado. Hay que saber que la competición puede provocar decisiones no deseables. Para estar en primera línea política es evidente que el azar y la competitividad influyen, pero tu capacidad y tu preparación son básicos.

¿Por qué existe ese desencanto generalizado hacia la clase política?

Es una crisis de modelo. No pretendo exculparme ni sacudirme las pulgas de encima, pero si sólo lo analizamos desde la mal nombrada clase política, nos equivocamos. No es el único problema, el problema es el modelo, estructural. Los culpables de la crisis en primera instancia no son los políticos.

¿Quiénes son?

De entrada, a quien se ha tenido que rescatar es a la banca. Por lo tanto hay un proceso en todo el sistema financiero español en el que los políticos tienen responsabilidades, pero también las tienen otras personas de esos ámbitos. Hay que redefinir el papel de la banca, de la política, de los medios de comunicación. Todo acaba siendo un rompecabezas montado que no funciona. Si sólo sacas una pieza no va a pasar nada, hay que cambiarlo todo. La justicia, por ejemplo. Y que conste que no estoy rehuyendo la autocrítica política, es evidente que mucha gente se ha aprovechado de ello, pero mucha gente ha dedicado horas a que las cosas funcionasen con toda la buena intención, y eso no se valora. En fin, que en todos sitios hace falta una revolución.

Pero hay unas élites que forman parte de las finanzas, la política, los medios y la justicia que tienen muchos vasos comunicantes entre ellos, que no son sectores independientes entre ellos. La política podría poner fronteras a los poderes financieros, la justicia podría poner barreras a la política, pero hay la sensación de que eso está diluido.

¡Sí! Pero eso es, ha sido, pero no tiene por qué ser en un futuro. Precisamente yo creo que hay un cambio de forma de actuar y penar que hace que todo empiece a cambiar. Por ejemplo, el proceso que estamos viviendo en Catalunya. ¡Es posible gracias a la gente! Gracias a la gente que es capaz de organizarse, salir a la calle, actuar con naturalidad y convicción democrática. Si fuera por las élites, eso habría terminado hace tiempo.

Pero el proceso se multiplica cuando las élites le dan bola al proceso y multiplican el discurso.

Estoy de acuerdo. Además, está claro quién es el principal adversario. La alianza de los que no lo quieren dentro y los que no lo quieren de fuera pasa por aquí. Debemos ser capaces de construir un nuevo modelo de relación. Dicho esto, lo que tú planteas es una revolución total, y sin los conceptos básicos de una revolución, porque será sin violencia y protagonizada por la clase media. Entonces tenemos una oportunidad de oro para hacer un país nuevo, no solo para ser un estado. Claro que debe haber una nueva forma de hacer política, el Parlament debe ser distinto, la relación de los políticos con los ciudadanos también. ¡Pero de los sistemas financieros también! ¡Y los periodistas también! ¡Y la justicia también!

Sí, sí, eso está claro.

Y vivimos en una sociedad tan hipócrita que montamos el gran pollo con la política, y nos quejamos de la política, pero en cambio toleramos que se paguen 100 millones de euros por un futbolista.

O más, porque Neymar aún no sabemos cuanto ha costado exactamente…

¡O más! Y no pasa nada. A mí me gusta mucho el fútbol, disfruto como un enano y me encanta el Barça, pero creo que deberíamos hacer una revisión de planteamiento. Y no sé cómo, porque es un mal mundial.

También forma parte de los vasos fluctuantes que decíamos antes, alguien da ese crédito para pagar el fichaje.

Sí, y eso es la anécdota del ocio al fin y al cabo. Y aún podríamos entrar en más elementos de reflexión moral como la Iglesia, etcétera. Pero el caso es que estamos en un momento decisivo de la historia, con un cambio social importante y no somos conscientes de ello porque somos protagonistas. Y es un cambio que no sabemos dónde irá. Pero en el caso de Catalunya podemos hacer un nuevo estado adaptado a los parámetros del s XXI, es la gran oportunidad. Eso significa que a la hora de hacer política hace falta tener en cuenta elementos como Internet, todas las posibilidades que da. Un estado clásico del s XX priorizaría la defensa y las estructuras, en cambio un estado del s XXI debe priorizar la investigación y la educación. Y deberíamos analizar y coordinar las relaciones entre las instituciones y la sociedad.

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¿Todos esos cambios solo deben hacerse si se crea un nuevo estado, es un tema de banderas?

La creación de un nuevo estado es la oportunidad ideal para hacerlo. Si sigues siendo una comunidad autónoma española no podrás hacerlo. No tienes los recursos económicos, ni la capacidad legislativa. Por ejemplo, esos días se hacía el monográfico sobre la pobreza. ¿Hostia, dónde está en dinero? ¿Existe? Sí, pero no podemos decidir adónde va.

Pero no son decisiones exclusivas del estado español, a pesar del déficit el govern ha decidido de forma clara cómo quiere redistribuir su dinero.

Sí, sí, lo que pasa es que en esos momentos los recursos se han reducido tanto que ya no hay capacidad de decisión. Dicho eso, es evidente que en una situación de normalidad aquí deberíamos tomar medidas y plantearlo de forma distinta.

¿Te hubiera gustado vivir el proceso soberanista en primera línea política?

Sí, me ha sabido mal, evidentemente. Toda la vida he hecho política, y la he hecho reivindicando la necesidad de un estado propio y una sociedad distinta. En el momento en el que eso es posible, ya no estoy. Pero en la vida consumes etapas, y mi etapa política terminó, y ya está. Se terminó porque no lo hicimos suficientemente bien para que nos renovaran la confianza. Entonces admites que no lo has hecho bien y te vas para casa. Pero también reivindico que si no hubiéramos hecho todo lo que hicimos, hoy no estaríamos aquí. Cuestiones sociales, elementos de participación, y des del punto de vista nacional fue muy importante, sobretodo por el hecho de romper esquemas a la hora de plantear las cosas entre Catalunya y España. En parte estamos aquí por lo que se hizo en aquél momento. Pero hay que ser consciente de qué papel te toca jugar en cada momento. Me sabe mal porque es un momento apasionante, pero des del punto de vista de la historia y del papel que me toca jugar, ahora debo jugarlo de otra forma.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Enraonar [conversar]. Es una palabra muy catalana, muy de ser de aquí. Hablar con razón. Tres cosas fundamentales de la palabra: primero el concepto hablar. Es fundamental para la democracia y la sociedad. Segundo: razón, otro elemento básico. Y tercero: conversar significa que hay dos que juegan. Si tú y yo conversamos no sólo hablo yo, sino que hablamos los dos. Ese concepto de multidireccionalidad es fantástico. 

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Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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