Fernando Trias de Bes: "La gente ya no entiende la relación entre la economía y el ser humano"

Cuando nos recibe en su estudio de Sarriá, Fernando Trias de Bes (Barcelona, 1967) no parece responder al prototipo de quien tiene el apellido de una de los linajes de senyors de Barcelona, con una historia familiar vinculada con el mundo universitario y el derecho. Un piano de cola preside la amplia habitación en la que se desarrolla la entrevista, decorada con gusto y llena de libros y periódicos. La conversación confluye entre economía, juegos y humanismo, un cóctel de mezcla inusual que representa el ABC de la trayectoria laboral de Fernando, que ha colaborado en medios como El País Semanal, La Vanguardia o el Ara (en el que recientemente publicó un controvertido artículo titulado Jo perdono Pujol). Su libro La buena suerte, coescrito con Àlex Rovira, se ha traducido a 30 lenguas y ha vendido tres millones de ejemplares. 

Vi que hace poco en el Ara hablabas sobre la teoría de juegos. Explícame qué es.

La teoría de juegos es… [Fernando se levanta y empieza a buscar algo en la estantería que hay detrás de su escritorio, termina sacando un libro grueso] … es muy compleja. Es como si pidieras a alguien que te explicara la macroeconomía en cinco minutos. 

Vamos a intentarlo.

La teoría de juegos intenta reproducir situaciones que pueden darse entre dos empresas, dos competidores o distintas marcas. Situaciones empresariales o económicas. E intentar, mediante la explicación de juegos, hacer una analogía con un juego para poder resolver el juego, y por lo tanto la situación. Por ejemplo: una marca que quiere conseguir un monopolio y distintas marcas quieren impedirlo. Pues buscas un juego en el que hay un participante mayor contra otros más pequeños. A partir de aquí se resuelve la situación. Un clásico es el dilema del prisionero, que se utiliza mucho en la empresa. Dices: si tomo esa decisión salgo perjudicado, si tomo la otra aún más, pero como nunca sabes que hará el otro no puedes tener ninguna certeza. Claro, si los dos prisioneros pudiesen hablar no se acusarían mutuamente. El dilema del prisionero se usa en situaciones de competitividad. También el ajedrez es un buen ejemplo para la teoría de juegos: la representación de un tablero con distintas estrategias donde las decisiones del otro te condicionan.

¿Son recursos que las empresas usan de verdad?

Poco. Se usan más libros de estrategia militar antes que juegos. 

Así que la competitividad entre empresas es más una guerra que un juego. 

¡Sí! [ríe] Pero la teoría de juegos es muy interesante. Hay juegos de suma cero aplicados a las guerras de televisión, la ventaja competitiva, el equilibrio, los juegos de suma constante, el póker de una carta… Muchas veces cuando juegas al mentiroso o el póker te planteas si ir o no ir, pues eso puede ser una analogía útil cuando estás al frente de una empresa. Pero es muy complejo, también tiene una importancia vital los temas matemáticos. Se parece mucho a juegos como el Monopoly o el Risk, tiene mucho que ver con las estrategias. 

Mirando tu biografía he visto que eres experto en mercadotecnia e innovación. ¿Eso qué es?

La mercadotecnia es la técnica de mercados, el márquetin. Conocimiento del consumidor, de sus procesos de compra, promoción de productos, publicidad, de su forma de decidir, de cómo acercarse a los mercados…

¿Qué relación hay entre economía y literatura, tus dos vertientes profesionales?

Eso me lo preguntan mucho en las entrevistas. Pero es que lo hemos hecho tan mal los economistas que la gente ya no entiende la relación entre la economía y el ser humano. Es decir, la literatura es conocimiento de la persona, es sus deseos, del funcionamiento de la sociedad… Y la economía es la administración del hogar, de las cosas de casa, es una palabra que viene del griego. Yo cuando estudié economía hice asignaturas como filosofía social, psicología, historia del pensamiento económico, historia en general… Son asignaturas humanísticas relacionadas con la economía pero también con el ser humano: qué le mueve, qué le motiva, que le asusta. Yo no puedo concebir la economía desligada del individuo y la sociedad. Claro que la economía tiene su parte numérica, el PIB, la bolsa, la deuda… Pero eso es sólo una parte de la economía. Si no entiendes el ser humano no puedes entender la economía. Por eso los economistas no son buenos haciendo predicciones, porque no se pueden hacer predicciones del comportamiento humano, siempre tiene un punto de irracional. Por eso la economía no se puede entender sólo con números, hay que entender a las personas. Por eso está estrechamente relacionada con la literatura.  

Entonces, ¿dónde está la ruptura? La sección de economía de un periódico parece lo más alejado posible del ser humano: todo son gráficos, porcentajes y siglas. ¿Por qué ese distanciamiento?

Es una buena pregunta. Supongo que se ha intentado envolver la economía de un aire muy científico. A la economía se la denominó la ciencia lúgubre, una ciencia que no lo era del todo. Supongo que por eso se ha querido impregnar de un cierto aire científico y hacer que todo se pueda computar y cuantificar. Xavier Sala-i-Martín, buen amigo mío y gran economista, dice que nunca quiere saber nada de algo que no se pueda cuantificar. Es una escuela muy matemática, lo miden todo, que también es algo necesario. Pero hay otra escuela que es mucho más cualitativa y psicológica: la de Keynes, que habla del animal spirit, la parte del ser humano que no se puede prever.

¿Ser escritor y economista supone estar expuesto a críticas en ambos lados?

No, criticado no. Quizá al principio te miran con distancia. Mi primer libro era narrativa empresarial, un género menor, no era alta literatura. Ahora ya llevo 4 o 5 novelas y reatos, traducidas y bien valoradas, así que me siento estabilizado. Tengo una base literaria importante.

¿Fue una sorpresa el boom de La buena suerte?

No me esperaba algo así. Sabía que gustaría mucho en el mundo empresarial, pero no me esperaba una traducción a tantos idiomas ni tantas copias vendidas. 

Otro tema. He visto que a menudo te piden consejos los emprendedores. ¿Es una necesidad actual porque el estado ya no da recursos a los ciudadanos, la única alternativa?

Yo creo que ser emprendedor no es la solución para la falta de ayudas del estado. Yo creo que el estado debería dejar el camino despejado, hacerlo fácil. El estado debe ayudar a las personas que están en paro, pero no debe hacer de emprendedor de nada, la gente sabe dónde están las oportunidades y sabe crear empresas. Claro que el estado deba ayudar a los más desfallecidos, pero no tiene nada que ver con ser o no emprendedor. 

Una generación como la mía, que entró en edad laboral el 2008 con la caída de Lehmann Brothers, ¿sólo puede emprender? Sin recursos no se puede. 

Depende. Yo creé mi primera empresa con 600 euros y llegué a tener 50 empleados. Nunca pedí ningún crédito ni tuve ninguna subvención. Sí que para montar ciertas empresas hace falta mucho capital, pero hay fondos de inversión o sociedades dispuestas a invertir en capital joven. Hay opciones, muchas opciones. Los recursos no son una restricción. Hablando en términos de juego, yo siempre digo que la restricción o ausencia de crédito no debe ser algo peyorativo, es una parte de la ecuación, del juego. Soy yo, tengo esa edad, quiero hacer tal cosa y no hay dinero. 

La falta de dinero como punto de partida. 

Sí, exacto. No niego la realidad, la realidad es complicada, pero hay soluciones. 

Hablas a menudo de los mitos de la creatividad. ¿Nos impiden crear?

¡Sí, mucho! Los mitos, los inhibidores… Es el último libro que he publicado. Habla de cómo el sistema educativo y los adultos inhiben la creatividad personal. Identifiqué 10 o 12 indicadores, pero hay un montón. Tienen que ver con el entorno social y con la propia auto restricción. Por ejemplo, pensar que creatividad=genialidad. Y como nadie se considera un genio, nadie crea. También tenemos miedo al error, un excesivo peso de la racionalidad, ausencia educativa…

¿Por qué las empresas no quieren hacer un cambio en todo eso para potenciar la creatividad?

Sí que quieren, van tirando. Las empresas quieren innovar, hay el factor riesgo, el miedo al cambio… Vengo de hacer un cursillo a 20 personas de distintas empresas sobre ese aspecto. Al cultura empresarial es la que es, yo puedo ser creativo aquí solito haciendo un libro, pero para una empresa con muchos trabajadores es más complicado. 

Tú eres fanático de la ludolingüística. 

¡Uf! Me vuelve loco. Me encanta. Des de pequeño ya hice un juego con letras divertidísimo, que consistía en crear palabras. Me encantan los anagramas, los palíndromos… Yo tengo una mentalidad de juego, de experimentar. Las matemáticas siempre me las he tomado como un juego. El cálculo matricial, por ejemplo, era un juego divertidísimo.

¿Tienes el costumbre de jugar con más gente?

Sí, sobretodo antes. A la podrida, al mentiroso, al póker… También jugaba al stop, al de definir distintas categorías y encontrar palabras que empezaran por una letra concreta de cada categoría. Después hay el diccionario, que es un juego muy divertido y muy bueno para aprender palabras con los niños. Te cuento cómo se juega: primero buscas una palabra rara en el diccionario, que nadie sepa qué significa. Luego cada jugador escribe una definición que cree que puede colar al resto de jugadores, para poder engañarles. Claro, si redactas bien la definición, puede colar. Y el que tiene el diccionario en esa ronda pone la definición auténtica. Si votas la buena te llevas puntos, pero si votan tu definición falsa también puntúas. 

¿Recuerdas alguna palabra concreta que hayas colado a tus oponentes?

Si me lo llegas a decir te traigo las partidas que tengo con mis hijos, que son espectaculares. A veces hago jugar a los amigos de mis hijos y también  sus padres. Hago que los padres voten, y si votan alguna de las definiciones de los niños (que tienen siete y ocho años) les doy premio. Muchos niños han colado definiciones falsas a los adultos, es espectacular. Ese juego me lo enseñaron mi padre y mi tía. Claro, con eso los niños aprenden mucho a redactar y a imaginar, también aprenden léxico. Jugar con chiquillos es muy divertido. Y no hace falta nada: un bolígrafo, un papel y un diccionario. Y te partes de risa, porque al final ves la forma de definir de cada persona, y le pillas. 

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

 [Se lo piensa un buen rato]. Claro, es que se puede escoger entre fonética, significado… Y hay mucho donde escoger. Te diré universo. Porque fíjate que es una palabra que quiere decirlo todo. Uni-verso. Un solo verso. Y a la vez lo es todo. 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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