Francesc Serés: "Lo quiero todo, las macrocifras y las historias íntimas"

Francesc Serés (Saidí, 1972) habla rápido, gesticula, ríe, se exalta. Bromea con su foto de portada en Twitter, responde algunos trolls indignados con un artículo suyo sobre Lleida, hace un repaso a la pizarra de Faber. Aunque no son las diez de la mañana, y es de aquellas personas que no parece que puedan tener sueño. Más allá de su energía, su trayectoria literaria - Premi Nacional de Literatura de la Generalitat, Premi Ciutat de Barcelona, Premi de la Crítica Serra d'Or - es especialmente valiosa por su inmersión en el campo de la no ficción. Su último libro, La piel de la frontera, es una recopilación delicioso de historias íntimas que explican el fenómeno de la inmigración en el Segrià y el Baix Cinca, con un prisma humano que narra un movimiento global. Ahora también dinamiza y coordina Faber, un espacio de intercambio de talento en el corazón de la Garrotxa emplazado en el Hotel Riu Fluvià de Olot, tarea que compagina con sus artículos semanales en El País. En Faber nos hace de anfitrión agradecido y nos recibe en su despacho con vistas al jardín que está dominado por dos enormes pizarras que trazan el destino a largo plazo de este proyecto.

¿En qué consiste el proyecto Faber?

La razón de ser es crear un espacio donde el talento de diferentes personas que se presentan a través de diferentes proyectos pueda interactuar. Y que este talento acabe dando un retorno a la comunidad que lo acoge, en este caso Olot y al por mayor, Catalunya. Las personas que vienen aquí a trabajar tienen un espacio de mucha concentración, les molestamos muy poco pero les pedimos que hagan una serie de actividades sobre su propio tema. Su especialidad, que no sea necesario ni que se lo preparen, y que podamos trasladarlo a las escuelas, los institutos, las escuelas de formación profesional, las instituciones... De momento hay mucho talento internacional, porque el 75% de la gente es de fuera, y eso es bueno, porque queremos juntar el talento de fuera con el propio.

¿Crees que al final se podrá tejer una red alrededor de todo esto?

Sí, sí. Es una de esas cosas que tienes que planificar sin tenerlas demasiado planificadas, hay una cierta apertura de miras. El retorno de estos proyectos no suele ser cuantificable, pero debe ser cuantificable. Hay que explicar la repercusión de este espacio con el resto de espacios, como interactuamos, qué actos concretos hemos hecho, cómo hemos trabajado. Queremos una red constante de interacción, y generar una serie de vínculos afectivos entre la gente que llega y la gente de la comunidad. Y no hay nada extraordinario, el otro día una traductora fue a un instituto y aquellos chicos nunca habían conocido ninguna. Todo redunda en beneficio de la comunidad.

¿Cuál ha sido la chispa que ha hecho nacer todo esto?

La chispa no es mía, como todo, esto es un trabajo en equipo. Yo tenía la idea de cómo se podía hacer esto, pero la idea fue de Josep Berga, el concejal de cultura, que impulsó la migaja que se ha acabado convirtiendo en Faber. Yo no tengo capacidad ejecutiva, quien ha tenido el empuje administrativa y legislativa ha sido el concejal de cultura. Y me está bien decirlo, es la política la encargada de ejecutar estas cosas y es la política el lugar en el que hay que gestar iniciativas como esta.

Estamos situados en el espacio, vamos a situarnos en el tiempo. Gana Trump, puede ganar Le Pen, Europa da la espalda a los refugiados que escapan de los grandes conflictos... Tú has trabajado mucho las migraciones en libros como La piel de la frontera. ¿El mundo sabe afrontar las migraciones masivas?

No sé si las ha sabido enfrentarse nunca. Yo soy bastante positivo, me gusta pensar que hay un progreso. Soy un moderno, ¡qué le vamos a hacer! Creo en la ilustración, en la razón y en el progreso a pesar de que sé que este camino está lleno de monstruos y de momentos monstruosos. Pero creo que vamos a mejor, aunque nos vamos encontrando obstáculos como los movimientos migratorios. Sé que puede sonar naif decir esto ahora eh, pero pienso que esto es una oportunidad. Yo no me imagino ninguna de mis ciudades - Olot, Saidí, Lleida, Barcelona - sin inmigración. No las quiero sin inmigración, y creo que poca gente, si pudiera, haría desaparecer los inmigrantes que han llegado aquí los últimos años. Esta gente aporta la supervivencia, experiencia de mundo. ¿Con problemas? Evidentemente. ¿Que nos ponen un espejo que no nos gusta? Evidentemente. Lo que necesitamos es ver si estamos capacitados, si queremos aprender, si somos muy conservadores... Yo quiero migrantes. Y vivo en un bloque de pisos con chinos e indios, y también con gente que vino de Andalucía. Yo vivo en Olot pero soy de otra ciudad, mi mujer es inmigrante, la mujer de mi hermano también. Pero ya ni lo pienso, ¿cómo me voy a imaginar que esta gente no venga? La gente va a lugares donde vive mejor que el lugar de donde viene, nadie se va a Chad, en Botswana o Siria. Yo quiero convivir con gente que cree que aquí vive mejor que en su país de origen. Es algo tan básico que da miedo.

Parece mentira que tengamos que hablar de ello.

Es como los derechos de los homosexuales: ¡es tan estúpido que todavía haya que reivindicarlos! Deberíamos haber dejado esta fase atrás hace mucho tiempo.

Con los derechos humanos y las migraciones siempre se hacen análisis muy globales. Tú, en La piel de la frontera lo abordas con una perspectiva muy íntima, yendo a historias humanas muy concretas. ¿Abordar los grandes conflictos con pequeñas historias ayuda a acercarlos?

Yo no menosprecio nada. Quiero las macrocifras y las historias íntimas, no me sobra nada. Lo que está claro es que nosotros tenemos una experiencia, y esta experiencia es conocimiento. Los escritores hacemos una metáfora a partir de un planteamiento, nudo y desenlace que ayuda a que tu cerebro guarde esta información. Dar forma ayuda a recordar, es el poder de la ficción, y también de la literatura de no ficción. Si tenemos alguna responsabilidad, es la de dar forma a estas verdades morales e imaginativas para que la gente las recuerde, se emocione al tiempo que creamos conocimiento. Pero es literatura, no es una tesis. La forma aquí es esencial, desde la literatura se puede competir - ¡yo he venido a competir! - con la sociología. Y el periodismo. Entonces hay que plantearse qué periodismo y qué literatura necesitamos en 2016.

En la conversación que tuviste con la premio Nobel Svetlana Aleksièvitx el CCCB recuerdo que tú ponías mucho énfasis en esta forma literaria y esta necesidad de gustar, y ella decía "a mí no me interesa la literatura, a mí me interesa la vida. Y si un texto se parece más a la literatura que a la vida, lo descarto". ¿Cómo convives entre estas dos tensiones?

También tienes que entender que los escritores tenemos grandes egos y si hay algo que nos gusta es quedar mejor que el otro. No pasa nada, yo si puedo también lo hago, y además había un proceso de traducción de por medio. Aún así, para ir a la pregunta, si algo es demasiado literario se pierde, no lo tenemos que llevarlo al extremo. No estamos aquí para hacer una estética poética de la miseria, es recrearse en algo que no quieres que sea el objeto de tu trabajo, pero sí quieres contar algo. Por lo tanto necesitas la forma y la literatura. Y Aleksièvitx, cuando de las 600 entrevistas que hace sobre Chernóbil escoge unas decenas y las edita para hacer Las voces de Chernóbil, está haciendo literatura. ¡Por el amor de dios! Claro que es literatura. Yo creo que ella se refería a que no puedes convertir las vidas en metaliteratura.

¿Que la forma no prevalezca sobre el fondo?

No sé, a mí en La piel de la frontera me causó dudas, seguro que ella midió la parte de literatura que ponía en cada historia.

Claro, es muy complicado porque muchas veces la literatura es un fin en sí misma, pero para el periodismo la literatura es sólo un instrumento para explicar la realidad. Entonces nos volvemos a mover en una zona muy ambigua.

Pero esto Oriol, al final, se reduce que cada escritor debe escoger cuál es su propio camino, y debe poder razonarlo. No hasta el extremo de hacer una tesis de lo que estás haciendo, pero sí es necesario que des respuestas aproximadas, el mecanismo de la escritura es muy intuitivo, pero cuando lees la página que has escrito sabes si funciona o no, o si tiene un tono de autoayuda que repugna, o si lo que acabas de escribir no lo dijo aquel señor. Y dices: de acuerdo, esto no lo dijo pero es honesto respecto a lo que dijo. Quizás no puedes escribir exactamente lo que dijo que no lo recuerdas, pero sí una aproximación honesta.

Es este el gran campo de batalla.

Claro. Esto es la literatura. Esto es el periodismo.

Cuando tú te sientas aquí con tu ordenador y tu historia, ¿tu impulso es periodístico o literario?

Esto sí que es muy complicado de explicar, porque hay un componente de azar muy elevado. Y una solución buena es trabajar por proyectos, pensar de qué puedes hablar mejor que nadie. Primero piensas qué no puedes hacer, las partes de la literatura donde yo nunca llegaré, en mi caso la poesía es uno de esos espacios: soy horroroso. O en las distancias largas, también me muevo mal, la media distancia de 30 páginas es la mía. Y me encuentro cómodo hablando con la gente. Quizás dicen: Serés no tiene imaginación. ¡Pues puede ser! No pasa nada, yo intento hacer algo que no esté hecho para competir con otras ramas del saber, y de la misma manera que la ciencia no busca dos veces la teoría de la relatividad, tampoco tendría sentido que yo ahora me pusiera a hacer (con todas los respetos para los que lo hacen) una novela sentimental sobre la Guerra Civil Española. ¿Por qué? ¡Si hay 300! Además, no escribiré nada mejor que Incierta Gloria. No haré un libro mejor que este, no he vivido esta guerra, no tiene sentido. Seguramente, esta es la parte más complicada de la literatura.

¿El periodismo catalán está muy alejado de esta manera de hacer?

El periodismo es muchas cosas. Hay gente que hace muy buenas cosas y hay muchas páginas que te las puedes saltar. A nosotros nos han estallado los géneros, no hay un tipo de novela • ni una única forma de construir conocimiento. Con el periodismo pasa lo mismo, que muchas veces tienes un periodismo redundante donde tienes la sensación de haberlo leído todo. El periodismo compite con la red y el audiovisual, pero el audiovisual y la red también pueden ser periodismo. Por lo tanto, no veo los límites ni las fracturas en este espacio. Lo que tenemos que inventar es "cómo" hacer periodismo. Los medios están, este señor [señala al fotógrafo] me ha hecho como mil fotos en menos de media hora. Y hay buen periodismo que se puede hacer así. Es complicado y mal pagado, pero eso ya lo sabemos. En la Constitución no pone que el periodismo estará bien pagado, ya sabemos que nadie se hará rico siendo periodista, no se puede tener esta mentalidad de los 90 y pensar que si estudiamos tendremos la vida solucionada. Esto fue un momento histórico excepcional.

Los más jóvenes ya lo tenemos claro.

Y espera, que los mayores sabemos que no hay nada irreversible. Nosotros no vivimos en un mundo ajeno al vuestro. A mí mañana El País me puede decir que no quiere ningún artículo más, y que el regidor me llame y me diga que el Faber le llevará otro. ¡Y puede pasar, es así! Todo es reinventarse. Entiendo que los más jóvenes estáis en primera fila de esta situación, pero todos vivimos en el mismo mundo, y los encargos por ejemplo siempre van con las mismas tarifas. Hay tapón generacional, pero tampoco es para quejarse tanto. Yo no me he quejado, ¡si os pagan poco por ser periodistas pues haber estudiado derecho! Si tu padre te quería ver siendo médico y tú has querido dedicar a las letras, pues es cosa tuya, ¡a mí qué me cuentas! Y lo digo en general eh, no a ti, pero hay que pensar en revertir estas mentalidades.

¿Ahora mismo tienes algún proyecto entre manos?

Sí, tengo un proyecto literario en curso.

¿Un proyecto que se puede explicar?

Son entrevistas.

¿Con algún hilo conductor?

Sí. Son entrevistas a personas que han tenido una experiencia de lo absoluto. Algo que los confronta con una realidad que los trasciende, que puede ser social, religiosa, económica, vital... Pero en algún momento esta gente ha tocado algún espacio del mundo o de la vida que ha dicho "lo entiendo todo". Es fáustico: "¡detente! Es tan bonito... "En eso estoy ahora. Tengo un político que describe un absoluto político. Y queda mucho aún por publicar. No sé si años porque son pocas entrevistas pero muy repetidas.

¿Lo tienes apalabrado con alguien?

No, yo nunca tengo nada apalabrado. No tengo ningún contrato con nadie, corría la brama de que tenía una exclusiva con Jaume Vallcorba, pero no es así. Yo le decía que sólo editara los libros si le gustaban, si no nada. Yo no sé ni cómo acabaré, porque tal vez ya ni lo haría. Sólo sé que he entrevistado a una mujer que ha vivido un absoluto sexual. Y un albañil con un absoluto vital. En una serie de parejas que vivieron un absoluto ético con un médico de MSF. Yo estaba en una fiesta y cuando llegó esa persona la fiesta se deshizo. Todo se derrumbó de golpe, esa persona nos instaló en una situación que nos desplazaba. Y yo estoy intentando reconstruir por qué pasó esto. En fin, pediré un período de residencia en Faber, a ver si lo termino [reímos].

Por último, te pido que escojas una palabra.

Areté. Es una palabra griega que significa virtud, la construcción del sujeto a través de una forma de moral y de ética.

 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

Volver