Gemma Sardà: “La lengua está viva, evoluciona y no le estamos haciendo ningún daño”

Gemma Sardà (Barcelona, 1967) ha desarrollado la mayor parte de su vida profesional trabajando con textos escritos por otros. Ahora, pero, se ha atrevido a dar un paso adelante y ha decidido escribirlos ella misma. En 2015 quedó finalista del premio de novela corta Just Manuel Casero con la obra La veu del Cyrano (Empúries). Distinción que ha repetido este 2016 con su segunda novela: Mudances. El día a día de Gemma Sardà, pero, continúa enfocado a los textos ajenos. Es lingüista, correctora y traductora de la versión catalana del diario La Vanguardia, donde a partir del próximo 1 de enero tendrá que hacer frente a la versión actualizada de la ortografía de la lengua catalana y a su nueva gramática.

¿Por qué crees que los cambios que el IEC ha propuesto en la nueva gramática y ortografía han generado tanta polémica?

No lo sé. En este país parece que todo el mundo tenga un filólogo dentro, y todo el mundo tiene opinión. Me sabe mal decirlo, pero gente que quizás no sabe poner una letra junto a otra, que no saben escribir bien o que no conocen la gramática, opinan de todo. Por una parte, no es malo porque crea interés y que la gente se preocupe por su lengua. Ahora, una cosa es preocuparse por la lengua y quererla, pero después los que la tienen que cuidar y hablar seriamente de ella son los que entienden. Y aquí quizás se ha desbocado un poco la polémica. Hay gente que incluso decía: “Es que al final sacarán los pronombres débiles”. La ortografía no afecta en nada a la lengua porque es una convención al azar y nos sirve para ponernos de acuerdo para escribir de una manera.

¿Crees que esta polémica se ha generado en gran medida por el ambiente político que se vive en Cataluña?

Quizás sí. Por ejemplo, lo que se ha dicho con el tema de las horas, que nos quieren castellanizar la lengua. El IEC no nos quiere castellanizar. Hay unos dialectos que dicen las horas con las medias y sólo se ha reconocido. El catalán central continuará diciendo los cuartos y no tenemos por qué cambiar.

¿Por lo tanto, los cambios que ha propuesto el IEC se alejan mucho de la españolización que algunos quieren ver?

Castellanización no lo creo. Son una simplificación. Sobre todo, en el caso de los diacríticos, que eran 150 y se han reducido. Por lo tanto, es una facilitación para los estudiantes y para la gente en general. Facilita el aprendizaje de la gente. Otras novedades de la gramática, como poder poner al delante de infinitivos, es una cosa que ya se está haciendo, y ahora sólo se ha bendecido. Sólo se está facilitando. Con esta gramática puedes continuar haciendo todo lo que hacías lo único que ahora hay algunas coses más que están permitidas.

¿Por qué crees que hay gente que se muestra reticente a los cambios?

No lo sé. Son personas muy integristas. Pero yo creo que se tiene que ir hacia adelante. Es que no malogramos la lengua por hacer esto. La lengua está viva, evoluciona y no le estamos haciendo ningún daño.

Es evidente, por lo tanto, que tú te muestres favorable a los cambios propuestos.

Sí. Estoy a favor. En La Vanguardia lo hemos hablado y quizás indultaremos algún diacrítico. Es probable que necesitemos alguno más. Uno ya lo hemos dicho que es el de os y ós, porque ya nos hemos encontrado en casos en que hay ambigüedad, y quizás en el día a día cuando apliquemos las normas encontraremos alguno más y también lo indultaremos. Tanto en catalán como en castellano siempre hemos seguido las normas que marcan la RAE y el IEC, pero siempre con algunas hemos estado en contra y hemos seguido nuestro criterio.

¿Cómo tenéis planteado incorporar las nuevas normas en La Vanguardia?

Desde los medios de comunicación hemos acordado que las pondremos en marcha a partir del 1 de enero. Será trabajo de todos. Además, en La Vanguardia, al tener dos versiones, los periodistas y los colaboradores son libres de escribir tanto en catalán como en castellano. Entonces, los que escriban en castellano y traduzcan con la traductora automática, la máquina, ya pondrá o no los diacríticos que le toquen o los cambios que se necesiten. Ya se lo encontrarán hecho. Después pasaremos los correctores, que somos los que acabamos de pulir el texto y dejarlo perfecto. Los que escriban en catalán tendrán que aplicarlo ellos mismos. Y si vemos que hay complicaciones, a través de mensajes o personalmente los iremos resolviendo. Hará falta un proceso de adecuación porque estamos acostumbrados a escribir de una manera concreta que ya no será así.

¿Qué grado de importancia crees que tienen los medios de comunicación a la hora de implementar las nuevas normas a la sociedad?

Si lo hacemos todos a la vez y uniformemente no habrá confusiones. Y poco a poco irá calando. Además, son unos cambios muy imperceptibles los que han hecho. El otro día hicimos la entrevista de la contraportada a Teresa Cabré, del IEC, y decidimos hacerla con los cambios, como regalo.  Había tres cambios sólo. Así que es mínimo. Y uno era eradicar, que ahora pasará a llevar dos erres, que estoy convencida que la mayoría de los catalanes ya lo dicen con dos erres. Es decir, que será muy poco perceptible. Nadie dirá: “Ostras nos han cambiado el catalán”.

En 2011 se decidió poner en marcha la versión en catalán de La Vanguardia. ¿Qué importancia tiene que La Vanguardia tenga una versión en catalán?

Es necesario por el país. Yo creo que los lectores la pedían. Cuando se hizo una gira de promoción por todo el país Sergi Pàmies me dijo: “Ya era hora”. Porque en cada pueblo donde íbamos a presentar la nueva versión en catalán la gente decía: “Ya era hora”.  había una demanda popular.

¿El trabajo del traductor es asegurar que el contenido sea el mismo en los dos idiomas y mantenga la misma calidad lingüística?

Sí. Nosotros cogemos los textos en catalán y en castellano y los tenemos que dejar perfectos. Pulcros. Vengan de donde vengan. Por ejemplo, con autores que escriben de fuera, o columnistas, ellos nos envían las dos versiones y nosotros no sabemos cuál es la original y cuál la traducida.

¿Lo notáis?

En algunos casos sí. Cuanto mejor lo hacen menos se nota. Y tiene mucha gracia porque piensas: “Ostras en este no le sé ver”. Hay pequeñas cosas que te pueden dar pistas. Por ejemplo, la adjetivación, que en castellano va delante y en catalán detrás. Pequeñas cosas que no son matemáticas porque en catalán también puedes poner el adjetivo delante, pero la tendencia es esta. Puedes percibirlo. Yo, también conozco mucho la máquina traductora y sé muchas opciones que da. Si a veces ves alguna palabra un poco extraña o poco habitual con una lengua dices: “Esto lo ha hecho la máquina”.

¿Es fiable la traductora?

La fiabilidad de la máquina es alta, pero siempre cuatro ojos, los del periodista y los nuestros hacen falta. Porque la máquina no conoce el mundo, no piensa, y hay muchas trampas. Y después la mano humana hace que el texto fluya de otro modo. Si el texto es puramente informativo, tipo teletipo, sale perfecto, porque no hay metáforas, no hay literatura, etc. Pero cuando hay juegos de palabras, frases hechas o literatura le cuesta. Le vamos incorporando expresiones y frases hechas. Metáforas no porque es muy peligroso porque siempre podría traducir el sentido recto de la frase.

Hablemos de tu nueva faceta, la de escritora. ¿Cómo ha sido el proceso en que has pasado de corregir y traducir textos a escribirlos?

Yo me veía capacitada porque tenía la herramienta. Pensaba: “Yo sé escribir. Incluso con un poco de gracia y todo”. Pero veía que me faltaba imaginación, que no tenía una historia. Yo leía a la gente, corregía, etc. Pero no tenía una historia, hasta que un día me vino una idea y espero ya no parar. Entrar en el proceso creativo es un placer.

Has sido dos veces finalista del premio de novela corta Just Manuel Casero. ¿Te ha sorprendido?

La primera vez me sorprendió mucho porque era la primera novela, el primer premio al que me presentaba y significó entrar por la puerta grande. Me hizo mucha ilusión. Quedar finalista no implicaba la publicación del libro, pero a la editorial del premio (Empúries) le gustó y enseguida se puso en contacto conmigo para publicarla. Y la segunda vez, quizás no fue tanta sorpresa porque ya tenía la experiencia del año anterior y me presenté para ganar, pero bien, volví a ser finalista y me puso muy contenta también.

¿Es la confirmación de que puedes dedicarte a ello?

Sí, a mí me anima mucho porque veo que he hecho dos novelas y las dos han sido valoradas, y por un jurado que me merece mucho respeto y tiene un gran prestigio. Para mí es un premio todo este reconocimiento.

En tu primera novela, La veu del Cyrano, ¿la voz es la protagonista de la historia?

Sí que lo es. Es el embrión de la novela y es la protagonista. Y lo es en muchas facetas porque habla de la voz que permanece una vez muerta de un doblador y esto lo expresan dos voces que son la de su mujer y la de su hija dirigidas a un público imaginario. Por lo tanto, hay la voz omnipresente de este actor y las voces de ellas dos que viven esta pérdida y la van explicando según la sienten.

¿Es un homenaje al teatro desde la novela?

Totalmente. A mí me gusta muchísimo el teatro. Sólo verlo. Todos estos años de teatro me han servido para ir evocando algunas anécdotas que he podido ir viendo o leyendo.

En este sentido, el libro funciona muy bien siendo leído en voz alta. ¿Se esconde en él la ilusión de ser teatralizado?

No, mientras lo hacía no. Pero sí que es verdad que la escritura está a un paso de la escritura teatral por el hecho de que la novela está hecha a partir de monólogos. Por lo tanto, sí, podría representarse perfectamente como una obra de teatro. Mucha gente que la ha leído me lo ha dicho. Y la veo, ¿por qué no? Podría muy bien ser. Se pueden hacer muchas cosas en el teatro.

Es curioso, que tú, que te has dedicado toda la vida a la lengua escrita, ahora hayas escrito una novela, por lo tanto, lengua escrita, en la que la lengua oral es la protagonista...

Lo que he intentado es reflejar una lengua natural, que esto es un oxímoron en sí mismo porque es un artificio. Porque si hiciéramos una escritura en que quisiéramos reflejar la lengua oral sería ilegible porque serien frases a medias, repeticiones, cosas sobreentendidas, etc. En cambio, en la novela he intentado hacer esta lengua natural, que el que la lee parece que la esté explicando. Habla como la gente de la calle.

La lengua oral es menos estricta que la escrita. ¿Te ha costado encontrar el equilibrio entre los dos registros?

Sí. Esto lo tenía claro. No quería destrozar la lengua ni malograrla en ningún caso. Ha sido complicado reflejar la lengua oral que tenemos hoy en día, y que está llena de castellanismos, sobre todo en la juventud, sin dejarme arrastrar. He querido hacer un catalán vivo y rico y que no quedara provinciano. Es complicado, pero creo que lo he conseguido.

¿Has sido muy autoexigente a la hora de emplear un catalán sin fisuras?

La verdad es que no tenía ningún prejuicio encima. Yo escribí por una necesidad de expresión y de creación, y lo he intentado hacer lo mejor que he podido. Pero no he tenido ninguna presión para hacerlo muy, muy bien. Cuando empiezas tampoco sabes dónde llegarás, no sabes ni que te presentarás a ningún premio. No sabes todo esto. No sabía dónde iría a parar. Lo hice de la mejor manera que pude. Y ahora mira, ya he hecho otra novela.

¿Y a partir de ahora?

Pues ahora estoy pensando en una tercera. Estoy pensando en los personajes, la estructura, y todo esto.

Para acabar, te pido que escojas una palabra.

Galtaplè. Porque me gustan mucho estos adjetivos compuestos que definen personas. Como camacurt, culgròs, etc. Un galtaplè es una persona que tiene las mejillas salidas, que las puedes coger, que tiene unas buenas mejillas.

Texto: Pau Franch

Fotografías: Albert Gomis

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