Guillem Terribas: "Habrá lectores el día que la gente lea los libros y después los tire"

Ser entrañable es una condición que sólo se gana con el tiempo. Es el caso de Guillem Terribas (Salt, 1951), que ha estado durante 36 años al frente de la Llibreria 22, faro para los consumidores de literatura de la ciudad de Girona. Se podría definir a Guillem como un dinamizador cultural: su tienda siempre ha sido un punto de ebullición cultural y social, y por su persiana han desfilado muchos de los grandes autores de la literatura catalana y española. Su carisma se construye a partir del trato cercano con las personas, ya sean compradores, editores o autores, pero también ayudan sus gafas, que lleva colgadas del cuello con un hilo al estilo de los sabios. La conversación es dentro de su casa, en la 22, entre libros y pocas semanas después de su jubilación.

¿Cómo es jubilarse para alguien que se ha dedicado en cuerpo y alma a una librería?

Durante toda mi vida he escuchado cosas de la jubilación y era algo como muy lejano, y siempre se decía: “uy, ¡cuando te jubiles ya no habrá dinero para pagarte la pensión!”. Siempre hay el tabú de la jubilación, la certeza de que jamás llegarás a cobrar. Por lo tanto, una de las sorpresas de la jubilación es que ya he llegado a ella, que el trámite ha sido rápido y que ya está todo atado y bien atado. Woody Allen decía que entendía que la gente se jubilara si no le gusta su trabajo, pero no que se jubilara cuando su trabajo le encanta. Si te gusta tu trabajo, ¿por qué tienes que jubilarte? Yo lo he hecho por algunos temas concretos, temas estratégicos míos y algunas reformas que teníamos que hacer en la librería.

¿Qué reformas?

Eso lo sabéis vosotros mejor que yo: periódicos, fábricas, papelerías, pastelerías… Todo ha tenido que ser revalorizado porque no se factura como hace 7 años. Aquí también hemos tenido que hacer esa regularización y mi jubilación sirve para apartarme de primera línea, reducir gastos de la librería. A ver, vivo a 50 metros de la librería y soy el presidente del consejo de administración, represento a la librería donde haga falta. He dejado de estar presente en el día a día pero es un buen momento para ceder un relevo y que un equipo más joven siga con la misma ideología de la 22, la idea sigue adelante y además en un año y medio habrá cosas nuevas que yo posiblemente no habría planeado. Por lo tanto es una jubilación en la que voy más de culo que otra cosa. Pero me he dado cuenta de que el tiempo es relativo.

¿Relativo en qué sentido?

Cuando tienes un trabajo fijo hay obligaciones, plazos, hay que hacer algunos trabajos solo porque te pagan, otros porque te gustan… Ahora imagínate que esta entrevista la hacer porque te va bien y ya está, pues habrías llegado una hora más tarde, la transcribirías de aquí dos días y no mañana. Esa es la gran diferencia. Hoy he llegado aquí a las cuatro de la tarde con toda la calma del mundo. 

Vamos a hablar del papel del librero, que parece una figura cada vez menos puesta en valor. ¿Cómo lo has vivido durante estos años y cómo crees que debería ser?

Yo no estoy de acuerdo con eso de que no se tenga valorado al librero. De hecho, últimamente se le tiene sobrevalorado, y me voy a explicar. Nosotros somos señores que trabajamos, tenderos que vendemos un producto. Es un producto cultural, que está muy bien, pero una farmacia también es un bien social y nadie le da tanta importancia. En los periódicos no se entrevista a carniceros o zapateros, nadie se escandaliza cuando cierra una farmacia pero sí cuando cierra una librería. Yo creo que todo sube y baja, algunas librerías han tenido grandes momentos y otras han tenido que cerrar, no pasa nada. yo pienso que se habla mucho de nosotros, y a veces me molesta ese “ay, pobrecillos”. No lo sé, Manel Fuentes (sé que no le debe ir mal y no me da ninguna pena) hace dos años era el rey del mambo en Catalunya Ràdio y ahora ha desaparecido. ¡Y no pasa nada!

¿Y cómo es el trabajo de librero?

El trabajo de librero tiene una ventaja, y es que puedes hacer de librero sin ningún título, igual que siendo carnicero o zapatero.

Pero entiendo que hay que leer mucho y entender los criterios y los gustos de la gente.

Por más que tú hayas leído o recomendado, el mundo de la librería es totalmente imprevisible, un mundo en el que te ves obligado a aprender todos los días. Aquí en la 22 hacemos presentaciones a diario, casi todos los días. Yo no me puedo leer un libro cada día y además controlar los temas de la tienda como los títulos, las facturas o el saber cómo están los trabajadores. Las presentaciones me sirven para saber cómo es el libro, pero no voy con los libros leídos. Llega un momento en el que lees lo que te interesa, yo no soy un lector voraz, soy un lector normalito, y la experiencia de los años te ayuda a saber qué tienes que leer a partir del conocimiento de los escritores y las editoriales. Una de las cosas más importantes es que una librería no es una tienda normal y corriente, una zapatería no puede hacer que vengan los zapateros a contar cómo hacen su trabajo, nosotros tenemos unas posibilidades acojonantes des del ámbito cultural. En la ciudad hay cines, bibliotecas, teatros, asociaciones de vecinos…

Así que la clave es ser un centro de ebullición cultural.

Claro, tú tienes que formar parte de este mundo. Eso quiere decir que si la asociación de vecinos hace un debate sobre el futuro del barrio debes tener libros en el escaparate que les puedan ayudar, igual que si hay una semana gastronómica hay que tener ahí los libros de gastronomía. La clave es estar atento a lo que sucede. No se puede perder la idea de base, de la librería que quieres ser, pero el tono de la 22, en parte, es haber estado en todos lados. Y haber estado con los autores desde sus primeros libros, tener buena relación con ellos, ir a cenar… Es una dedicación de 24 horas al día. Todos los días nos llegan 50 títulos nuevos, y todos los días hay que hacer un reciclaje constante, y claro, ahora yo por ejemplo no sabía que Ferran Torrent había sacado libro, me enteré ayer por el editor. Pues hay que tenerlo en novedades, hay que estar muy atentos al escaparate de novedades, si alguien ha oído hablar de la nueva novela de Ferran Torrent y la ve en una librería, entrará. Y para terminar, una de las cosas importantes es hacer bien de librero, claro. Tener los libros que hay que tener, porque si no hay buenos libros ya podemos ir haciendo presentaciones, que no servirá de nada.

Me gustaría saber cómo ves el futuro del consumo literario con los nuevos soportes digitales y el gigante Amazon, que precisamente rompe con esa idea del comercio de proximidad y las relaciones locales.

No hay que perder de vista que vivimos en un entorno de vida, y que hay que tener vida con esta gente. Yo no puedo ir en contra del libro digital ni ponerme a vender ahora libros digitales. Tú puedes bajarte un libro, pero pasear por aquí y encontrarte alguien.. Es algo muy importante, que la gente sienta que venir a esta librería no es solo comprar un libro, sino que es un acto de encuentro. Mira, te lo pondré con un ejemplo muy claro: en el Media Market tienen una tienda enorme, con buenos precios y lo que sea, pero yo voy a la tienda de electrodomésticos del barrio, y allí me dicen lo que hay, me recomiendan, me instalan los programas, me dejan otro aparato mientras me arreglan el mío… Y eso en el Media Market no lo hacen. A mí me gusta el trato personal, odio los bancos porque están mecanizados, no puedes preguntar dudas ni nada. la librería tiene la gran ventaja de la comunicación humana, que es necesaria y jamás se va a perder. La comunicación es imprescindible, si tú ves un bar vacío y uno lleno irás al lleno, seguro. Por lo tanto lo que es importante es que la gente tenga ganas de leer.

¿Cómo se consigue eso?

Se consigue de la misma forma que se ha conseguido que la gente se tire a las series de televisión. Por ejemplo, cuando tú estudiaste supongo que tuviste lecturas obligatorias.

Sí.

Por lo tanto, tú no podías escoger lo que leías, te imponías unas lecturas y aquello era una putada. Y tú encontrarás el goce en las lecturas que no te impongan, como el cómic o Harry Potter. Y eso jamás lo van a recomendar en la escuela, porque tiene 900 páginas y el profesor tendría que leérselas. Siempre recomiendan los mismos libros porque son los que los profesores ya han leído. Lo que hace falta es estimular, saber qué tiene Harry Potter para que guste a la gente. Se decía que los jóvenes no leían o que leían libros cortos, y ¡pam! 900 páginas. No se puede tachar de burro a alguien por lo que lee. Se puede vivir sin leer, pero lo pasarás mejor si lees porque conocerás personajes, mundos, formas de ver la vida… Y aprenderás a comunicarte con la gente. A la gente de las carreras de ciencias les cuesta más contar anécdotas en una cena, o hablar bien en público, en cambio los de letras suelen tener una gran facilidad. Y no voy en contra de las matemáticas ni nada parecido, creo que son imprescindibles, pero leer te hace adquirir unos conocimientos que son importantes. Después hay otro tema: el bolsillo.

¿Los libros de bolsillo?

Sí. Aquí no funcionan tan bien como en Francia, Alemania o Inglaterra. Aquí leer aún es un lujo, nos gustan los libros de tapa dura, el libro de bolsillo no nos gusta. ¡Lo importante no es el cómo está hecho! El día que la gente lea libros de bolsillo y después los tire, entonces habrá lectores. Mientras tú compres un libro y te lo guardes en casa como un tesoro no habrá lectores. Un libro lo lees y lo dejas, ya está, igual sí que quieres conservar alguno, pero no todos. A veces yo cojo libros de aquí la librería, los leo y los vuelvo a dejar en el estante. Si me interesa mucho lo compro, pero si no, pues no.

Pero supongo que en casa tienes una biblioteca.

Sí, pero es más de libros firmados que de libros en sí. Pero el día que no sea considerado un tesoro, habrá lectores. Y son más baratos, ni siquiera hay que esperar a las rebajas. La gente dice que la lectura es cara, pero es caro aquello que no nos gusta. Para mí una entrada para el fútbol es cara, para otro no lo será. Para mí ir a ver a Bruce Springsteen, que vale 90 euros, no es caro para nada. Si algo te gusta no es caro. El cine vale 7 o 8 euros, pero es lo mismo que un gintonic. Pues aquí está el tema: las cosas que te gustan te parecen baratas y las que no te gustan te parecen caras. Ahora hay la excusa de descargarse las cosas de Internet porque todo es muy caro, pero así te cargas al sistema y a los autores. Ahora pasa algo muy divertido: los autores y los editores son los que más se cabrean por las descargas ilegales. ¿Alguna vez has oído que se roba en las librerías?

Como en cualquier tienda, ¿no?

Sí, pero bueno, hace unas generaciones era normal que la gente robara en las librerías durante su época universitaria si no tenía pasta para comprar. Si robas un libro en una librería el que sale perjudicado es el librero. Si haces la descarga digital yo dejo de vender un libro, pero almenos no me lo mangan. Cuando robaban en las librerías, los autores y los editores cobraban igualmente, pero con las descargas digitales pierden dinero. Los libros que se robaban hace años en las librerías deben tener el mismo valor que los que se descargan hoy día por Internet, no es una diferencia de dinero total que se roba sino de a quién afecta.

Después de tantos años aquí, quiero que me cuentes alguna batallita o alguna anécdota.

De entrada todas las cosas gordas no te las puedo contar, porque vienen después de la presentación. La presentación es un acto formal en la que alguien dice: este señor ha escrito un libro que está muy bien, el autor le da las gracias por decir que el libro está muy bien y alguien del público levanta la mano para hablar y decir que el libro está muy bien. Después, en la cena, viene el festival: que si esta hijo de puta tal, o cual… Claro, es que si te lo cuento me cierran el chiringuito [se ríe]. Mira, me acuerdo de una presentación sin el autor. Vino Màrius Serra a presentar un libro de otro autor, y el autor apareció cuando ya había terminado la presentación, y apareció con una borrachera impresionante.

[Adrià, el fotógrafo, después de reírse un buen rato, mete cizaña] Supongo que se dice el pecado pero no el pecador, ¿no…?

No, no… [se ríe]. Es secreto profesional. Pero no está mal presentar un libro con el presentador y sin el autor. También hay otra que siempre cuento, que es la de José Oneto, el periodista de Cambio 16. Eran los años 80’ y había escrito un libro titulado Dónde vas Felipe. Yo le invité para que viniera, pero resulta que en Cambio 16 salió algo en contra de Catalunya. Antes de que Pedro J. Ramírez convirtiera la revista en un diario Cambio 16 era una publicación de izquierdas, progresista, pero es de aquellas cosas que a veces hacen desde Madrid. Y lo periódicos de aquí dijeron que José Oneto era persona non grata por lo que había escrito sobre Catalunya. Yo no me tiré para atrás, me preguntaban por qué le había invitado y yo les decía que vinieran a la presentación y le cantaran las cuarenta a la cara, a mí qué me cuentan… Vino un inspector de la policía dos días antes y me dijo que era posible que hubiera jaleo, y me ofreció poner una dotación delante de la puerta. Yo le dije que no se agobiara, y el tío vino a la presentación. Debe ser la única a la que ha ido en su vida. José Oneto lo hizo fantástico, la librería se llenó a más no poder y fuera había gente rompiendo el carnet de la 22, y me llamaban facha. Cuando abrimos el turno de preguntas vino Àngel Colom y leyó un manifiesto, le dijo de todo. El otro dijo que muy bien y se terminó la presentación. No vendí ni un libro, pero nunca había visto la librería tan llena.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Supercalifragilisticoespialidoso. ¿Es una palabra? Es de la película de Mary Poppins, la versión en castellano la hizo Salvador Escamilla. Tengo una historia con esa palabra, aprender esa letra era acojonante y a mí se me metió en la cabeza. Y recuerdo que en bachillerato el profesor de historia nos dijo que nos pusiéramos un seudónimo en el examen, y yo puse supercalifragilisticoespialidoso. Yo iba bien en historia, se me daba bien. Y el profesor dijo: hay dos nombres repetidos, el de supercalifragilisticoespialidoso. ¡Habíamos puesto lo mismo! Un examen tenía un 4 y otro un 9. Los dos pusimos de seudónimo supercalifragilisticoespialidoso. Yo estaba convencido de que mi examen era el de 9, ¡y resultó que era el del 4!

 

Text: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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