Iban Zaldua: "Creo que el estado agónico se ha superado y que el euskera no está en peligro de extinción inmediato"

Iban Zaldua (Donostia, 1966) está en Barcelona para presentar el primero de sus libros que se ha traducido en catalán, Enlloc, mai [En ningún sitio, nunca] de la mano de Godall Edicions. Ha publicado decenas de libros de relatos en euskera y castellano, y es profesor de historia económica. De habla pausada pero lengua afilada y discurso firme, Iban hace un recorrido por el estado del euskera como lengua y del peso de la literatura en el conflicto vasco. La conversación se realiza en la entrada del Espai Contrabandos una hora antes de la presentación del libro, en unos butacones que, bromeando, comentamos que parecen pensados para un programa de televisión del estilo ‘Iban Zaldua con Ana Rosa Quintana’.

¿Cómo explicarías a la gente que no es de Euskal Herria la salud de la que goza, o no, el euskera?

Empezando por la literatura, el apartado de la oferta está muy sano. El nivel es muy bueno, se publican todos los años unos pocos libros muy buenos, bastante libros bastante buenos y muchos mediocres y de mala calidad. Pero vaya, como en cualquier otra literatura. Creo que eso es remarcable, porque cuando yo iba al instituto hace 40 años o así [se ríe], la literatura a la que podíamos tener acceso era bastante pobre, con una literatura clásica clerical y muy poco adecuada a los tiempos. A partir de los 80’, que es cuando yo estudié, ha habido una explosión en ese sentido. Ahora, con sus peculiaridades, es una literatura que des del punto de vista de la oferta está a un nivel homologable.

¿Se puede decir lo mismo de la demanda?

No, aquí es donde viene el problema. Uno hace muchas veces la broma de que hay más escritores que lectores. La realidad diglósica pesa bastante, incluso entre la gente lectora o que es muy lectora, aunque sepa euskera consume más en castellano. Luego, el número de vascohablantes ha crecido mucho gracias a la enseñanza en los últimos años a las capas jóvenes de la sociedad, pero el castellano sigue pesando más. Luego, la literatura vasca ha explosionado en un momento en que la lectura en general, también en castellano, está en cierta crisis, que también es mala suerte. La gente está dejando de leer, o lee otras cosas que no son libros.

¿Cómo es tu relación con el euskera?

Mis padres decidieron llevarme a una ikastola [colegios que utilizan el euskera como lengua vehicular], mi familia es castellanoparlante y en aquél momento se vivía en las postrimerías del franquismo, y la lengua se vivía como algo muy agónico, todo el mundo decía que iba a desaparecer. Yo creo que ahora ese estado agónico se ha superado y que el euskera no está en peligro de extinción inmediato. En la comunidad autónoma vasca se ha hecho una política lingüística muy firme (sobretodo comparado con Navarra, y ya ni hablemos de las provincias del País Vasco francés), y se ha detenido el deterioro del número de hablantes. El conocimiento de la lengua sube pero el uso no arranca, el saber no ha hecho que la gente la utilice más. Ahí es donde están las alarmas, en que el conocimiento devenga en uso. Para mis alumnos – yo doy clase en la universidad – el euskera es una lengua meramente académica, para clase, no la hablan en los pasillos. No soy muy optimista, pero tampoco lo soy mucho en la vida, así que no hay que tenerme muy en cuenta.

¿Cuáles serían las posibles soluciones para transgredir el uso académico?

Si lo supiera no estaría escribiendo cuentos sino sesudos informes y ensayos para el gobierno vasco y postulándome para Lehendakari… [reímos los dos]

Alguna intuición ni que sea…

Yo creo que, evidentemente, hay que gastar más dinero en el asunto. Seguramente tampoco eso bastaría… No hay cultura de masas en euskera. Productos literarios, cinematográficos y literarios hay, pero para niños. Cuando rebasas la frontera de la infancia y pasas a la adolescencia, en todos los ámbitos (hasta las novelas de consumo e Internet) el euskera representa una parte mínima de la oferta. Aquí se podrían hacer esfuerzos, pero no siempre es cuestión de voluntad. Disney no permite doblajes al euskera.

¿Por qué?

No dejan. No hay suficientes ganancias. Pero no sólo Disney, ¡tampoco se traduce a Stephen King! La banalización de la cultura de masas tampoco me satisface, pero hay que crear espacios. Siempre se da el ejemplo del bertsolarismo, la poesía oral improvisada que pasó de ser algo rural y ligado a la tradicionalidad a urbanizarse, y sigue congregando público, incluso joven. Pero es un fenómeno particular, no sé si es exportable a otros ámbitos. Por otra parte, antes la gente vivía en euskera por militancia política, y eso también se ha diluido. Por una parte es buena porque rompes el techo político y puedes llegar a más gente, pero por otra parte esos mismos nacionalistas se han relajado. Antes nos imponíamos hablar en euskera, aunque los chistes suenen mejor en castellano, hacíamos un esfuerzo. No pido autoflagelación pero por otra parte eso mantenía el uso.

Hoy presentas tu primer libro traducido al catalán. ¿La alianza y sinergia entre las lenguas minoritarias del estado podría ser una opción para crecer?

Sí, yo creo que sí. Es muy interesante, sobre todo porque lo vemos todo desde el filtro del estado español y perdemos de vista las cosas interesantes que se hacen en otras lenguas. Claro, ¿yo qué visión tengo de la literatura catalana? Pues la que me llega por el filtro del mercado literario español: conozco a Quim Monzó o a Sergi Pàmies, ahora se traduce a Francesc Serés… Pero no se traduce mucho más, y alrededor hay muchísimas cosas. A partir de editoriales pequeñas como Godall se pueden intercambiar autores, y es algo que estaría muy bien, básicamente por el conocimiento que eso genera. Y aquí el Instituto Llull o el Instituto Etxepare deberían tener algo que decir. Eso redundaría en autores menos conocidos y les daría difusión.

Has comentado alguna vez que existe el peligro que el alto al fuego de ETA banalice toda la literatura relacionada con el conflicto vasco. ¿A qué se debe ese peligro?

Yo no digo que esté ocurriendo a escala absoluta. Me preguntan a veces, ahora que se ha terminado la parte violenta del conflicto (no el conflicto en sí), si eso anima más a escribir. Ante ciertos temas algunos escritores pueden echarse atrás porque es un terreno pantanoso porque eso puede implicar sanción social o consecuencias de mayor calado. Pero es curioso como algunos autores que no se habían metido mucho en el tema ahora se animan. ¡Y me parece muy bien! Pero hay una especulación sobre si ahora eclosionará una literatura sobre el conflicto vasco de mayor calidad que la que se ha hecho hasta ahora.

Un símil que se ha hecho también con la literatura de la Guerra Civil.

Eso mismo. De alguna manera, en el caso de la Guerra Civil según algunos autores como Trapiello, sostienen que la literatura inmediatamente posterior a la Guerra Civil estaba marcada por los partidismos y era literatura de combate, de menos calidad; y que la buena literatura de la Guerra Civil se ha hecho una vez el tema se ha cerrado. Algo que, por cierto, yo tampoco tengo tan claro.  Entonces, es posible que sea así, pero también puede ocurrir que salgan novelas de género negro o policíaco que no usaban para nada el tema, y mira que era propicio. El género lo había excluido, y ahora en algunas novelas se trata el tema pero de forma muy superficial. Que es una opción, pero que el fin del conflicto armado no garantiza una literatura de calidad superior.

¿Reivindicas lo que se ha hecho hasta ahora?

Sí, pero en ningún caso lo que he hecho yo, ¡eh! Eso ya lo dirá el lector, hablo de otros autores, hay una buena literatura sobre el conflicto, además escrita en caliente y con cierto riesgo literario y personal. Gente como Ramon Saizarbitoria, Bernardo Atxaga,  Apaolaza, Muñoz… Merecerían ser conocidos, y excepto Atxaga, se han quedado en un rango más minoritario.

¿Cuál ha sido el impacto de esa literatura dentro del conflicto? ¿Ha sido literatura de combate? ¿Ha creado un imaginario colectivo?

Es difícil evaluarlo, porque el impacto de la literatura en euskera es pequeño. Ha habido una evolución en la literatura vasca sobre el conflicto. Al principio el militante de ETA era un héroe y después era un terrorista. Siempre ha habido de todo, pero el camino de la literatura ha sido ese. Las víctimas, o las que se llaman víctimas del terrorismo (realmente son víctimas de ETA, porque a veces el terrorismo de Estado como el GAL o de la extrema derecha no se les considera como tal), se dice que han estado descuidadas por el euskera. Que todo se centraba en el etarra o el militante de la izquierda abertzale. La sociología del lector vasco es nacionalista, indudablemente. En ese devenir, cada vez ha habido más interés en el testigo de la violencia, la sociedad vasca, y se ha virado hacia el negro la visión que había sobre ETA. ¿Con esto qué quiero decir? Creo que a un nivel microscópico u homeopático, hay que preguntarse si la literatura ha ido por delante o por detrás de la sociedad en el conflicto. Y yo creo que ha ido bastante a la par. Pero quiero pensar que lo que se ha escrito ha tenido algún impacto en la sociedad, aunque es incomparable a un impacto de violencia como matar a Carrero Blanco o el atentado en el Hipercor, por desgracia. Pero me gusta pensar que la literatura ha ayudado a deslegitimar la violencia.

Más allá del contenido, quería hablar contigo de tu formato literario. ¿Qué tiene el cuento que hace que te sientas a gusto con él?

Hay muchas cosas que me interesan del relato. Estoy cómodo en él por una cuestión mental o genética, yo creo que los narradores o son buenos en novela o son buenos en relato, difícilmente son buenos en las dos cosas. Me parecen dos estados mentales de la literatura narrativa. Como lector he consumido muchos libros de relatos, y eso es importante porque da entrenamiento. Por otro lado, el cuento te permite economizar, explicar mucho en pocas palabras, y eso es algo que me satisface como escritor y como lector. A veces leo novelas en las que me sobran páginas y páginas. Y con los libros de cuentos eso no me pasa, evidentemente, y me gusta el género por eso. Y luego, teniendo en cuenta que el vehículo del género es el libro de cuentos, no el cuento solo (los cuentos ganan rodeados de otros cuentos), eso te da visiones distintas. Una novela sigue una senda única aunque sea muy poliédrica, el cuento no para de abrirte ventanas. ¡A veces contradictorias! Me gusta esa virtud del libro de cuentos.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Veo más a las palabras como herramientas que como fin en sí mismo, soy poco poético y muy prosaico… Te diré humor. En euskera es umore, así sin hache. Me quedo con las dos, por lo que contienen.

 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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