Isabel Sucunza y Abel Cutillas: "Hay que satisfacer a quien se le despierta el interés por la lectura "

Abrir una librería parece una temeridad hoy en día. Isabel Sucunza (Pamplona, ​​1973) y Abel Cutillas (Vinaixa, 1976) se lanzaron a ello hace poco más de un año y parece que les va bien: han adaptado una antigua fábrica de botones para convertirla en librería pero también en un espacio de coworking y una cafetería de las de cápsulas Nespresso. El espacio está decorado con muy buen gusto y los cánones estéticos que marcan cierta modernidad: botellas de vino decorando la pared, un piano sobre la pequeña tarima que sirve de cafetería y obras de arte vistosas sobre las paredes de piedra. El día de la entrevista inauguran la semana de la literatura checa con Eduardo Mendoza - suena extraño pero tiene su lógica, ya que el escritor acaba de recibir el premio Kafka - y están nerviosos, al menos así lo confirma Isabel. La conversación dura poco y no acaba de carburar, y redactor y fotógrafo tenemos la sensación de que quieren acabar cuanto antes mejor. Isabel con ganas pero sin florituras, y Abel como si estuviera de vuelta de todo lo que hablamos.

Hace una semana estuvimos con Paco Camarasa de Negra y Criminal, que tiene que cerrar por falta de ventas. Vosotros abristeis hace poco más de un año. ¿Qué debe hacer una librería para sobrevivir en el contexto actual?

Isabel Sucunza: Por la poca experiencia que tenemos, yo creo que el éxito de ventas se construye a partir de actividades: presentaciones, mesas redondas... Mucha gente se ha dado cuenta y en Barcelona hay una oferta grande de presentaciones, y nosotros intentamos inventarnos cosas, juntarnos con gente muy diferente para hablar de libros e ir más allá de las propuestas de las editoriales. También creemos que es importante mover el fondo, no siempre vamos a las novedades. Lo que sí tenemos es cierta exigencia y oferta, y somos eficientes. Pero supongo que esto es básico para cualquier tienda... Ser exigentes, vaya, que la gente no lo es, sobre todo con las actividades.

¿No es suficiente tener libros para vender, hay que ir más allá?

Abel Cutillas: Tienes que ser activo y tener la capacidad de atraer a la gente, no sólo esperar a que vengan. Uno de los motivos puede ser la selección de libros, pero el otro son las actividades y la gente que llevas. Es la idea básica.

Supongo que también es lo que más os llena.

Abel: Es lo más interesante, porque forma parte de nuestra vocación activa, no sólo de la pasiva.

Isabel: La mayoría de veces planeamos cosas que nos gusten. Ya que tendremos que estar aquí y tragárnoslo todo, al menos disfrutarlo. Y hay una contrapartida satisfactoria, que es juntar gente que no se conocía entre sí. Juntamos Josep Pedrals con Unai Velasco, y han acabado trabajando juntos, por ejemplo.

Abel: Y aprender cosas,  hacer cosas interesantes para descubrir nuevos libros y nuevos autores. Actividades culturales, fomentar la cultura. Ser un agente cultural más de la ciudad, que es el trabajo de una librería.

Paco decía que la tendencia es que los lectores dejan de ser ciudadanos y pasan a ser consumidores, que compran libros como quien compra en cualquier supermercado. ¿Suscribís esta idea?

Abel: Yo no sé qué opinión tiene él, pero cada tipo de público va a un tipo de librería. Nosotros tenemos un público básicamente interesado en los libros, el lector clásico de librería, que se pasea y busca libros, con interés real por la lectura. Yo nunca haría esta lectura nihilista, en ningún caso.

Isabel: Sí. Además, encuentras de todo. En un súper nadie quiere que le aconsejen, todavía hay gente que lo hace en las librerías, pero no sé...

Abel: Yo no tengo nada esta idea, por nada del mundo lo pensaría. No es verdad que haya desaparecido el público interesado por los libros.

Isabel: ¡De hecho se ha mantenido!

Abel: El otro día hablábamos con el ilustrador Juanjo Sáez y nos decía que fue a la FNAC y no encontró casi ningún libro. Ya no se venden libros en lugares como la FNAC. ¡Y él vendía sobre todo allí! Las librerías clásicas siguen teniendo el mismo público desde hace 10 años, y se ha mantenido, es el público real y auténtico. Se ha perdido un boom de público que estuvo en el mundo del libro sin tener interés real por el libro.

Habéis dicho a menudo que el emplazamiento de la librería es básico para implicar escritores del barrio y estar en un barrio popular como Sants...

Abel: ¡Sant Antoni!

Isabel: Sí, además esta parte es muy Sant Antoni.

Abel: Aquí hay gran tradición de escritores. Llevamos el nombre de un escritor del barrio, Pere Calders, y también hay muchos escritores vivos que habitan aquí. También está la tradición del mercado de segunda mano de Sant Antoni, y nosotros queremos formar parte de todo esto.

Isabel: Y no había ninguna librería. Bueno, sí que había alguna pequeña, de barrio... Pero no cabe librería con gran oferta. En Sants ahora hay una, pero en Poblesec no había ninguna.

Abel: No había ninguna librería importante.

¿Cómo decidisteis dejar lo que estabais haciendo para empezar este proyecto?

Abel: ¡Yo no estaba haciendo nada!

Isabel: Yo lo que estaba haciendo lo dejé hace sólo dos semanas...

Abel: Yo no estaba haciendo nada, había trabajado en librería y era una idea que me gustaba, ya había tenido la idea de tener un negocio propio.

Isabel: Yo he descubierto ahora la vocación por los libros, llevo 15 años trabajando en el mundo del libro, ¡y ahora me he dado cuenta!

Abel: Simplemente vimos que aparecía la posibilidad.

¿Estáis tranquilos? ¿Las cosas funcionan?

Abel: No, nada tranquilos. Pero hacemos un balance positivo.

Isabel: Nunca estaremos tranquilos, la economía de una librería es complicada, pero ya contábamos con ello.

Abel: No abrimos esto para estar tranquilos.

Isabel: No estar tranquilo es lo que te da la positividad del balance, si viniéramos aquí a sentarnos y ver cómo pasa el día acabaríamos odiando lo que hacemos, y eso sí que no puede ser.

¿En las actividades extraliterarias hay algo que tenga que ver con el juego? ¿Las oportunidades de cambiar la lengua y dar y vueltas a partir del ingenio tienen protagonismo?

Isabel: La lengua, evidentemente, tiene protagonismo. Trabajamos con editores, y escritores. El juego... No lo sé.

Abel: No

Isabel: No hacemos concursos de anagramas ni nada que se le parezca.

Abel: Supongo que somos serios y aburridos.

Hoy estaba con un amigo de círculo no lector y no cercano a los libros que me decía que la lectura la sentía lejos, que todos los estímulos que venían de los medios lo hacían sentir estúpido, como si no pudiera formar parte de esto porque hablaban con unos referentes y un lenguaje que no sentía como propios. ¿Creéis que hay una fórmula para acercar la lectura al público que está menos habituado?

Isabel: Pero... Por ejemplo, yo no tengo ni idea de fútbol. Cuando alguien habla no entiendo nada, o entiendo cosas básicas. Pero no pido que me acerquen, no tengo esa necesidad. Si no te atrae la lectura... No lo hagas. No es necesario. Además, tal y como han cambiado las cosas, igual que te decía que nuestro cliente es el amante de los libros, si tienes eso está bien, y si no lo tienes...

Abel: Peor para ti.

Isabel: No pasa nada. Yo no siento la emoción del Barça ganando. La lectura es básica, como son básicas las matemáticas, y llega un momento en que te quedas en un nivel que supongo que ya te parece bien. Pero ya está claro que hay, pero también se necesitan campañas de educación vial. Sólo en cómo se enriquecen las conversaciones con la gente que lee, ya vale la pena. ¡Incluso en la manera de hablar y ver el mundo! Pero se puede vivir tranquilo sin cuestionarte cosas que van más allá. No haremos campaña. En esto tuve un gran maestro, Emili Manzano, que decía "que lea el que quiera, a mí que me dejen en paz".

Abel: El proselitismo cultural no es una estrategia.

Dais por hecho que hay gente que nunca llegará a la lectura.

Isabel: ¡No, no!

Abel: No, claro que no. Hay etapas de la vida de la gente, hay etapas donde lees más o menos. O te obsesionas con ciertos temas. Es como el proselitismo científico, yo no leo libros de ciencia ni me interesan. Forzar el interés es equivocado, cada uno hace lo que quiere.

¿Entiendo que creéis que leer o no debe ser una decisión individual entonces? ¿Nadie debería incitar a la lectura a toda aquella gente que no llega por inercia familiar?

Abel: Es una cuestión de relaciones personales, formación escolar, entorno familiar... Todo son casos particulares.

Isabel: ¿Quién se apunta a la universidad para estudiar literatura comparada o temas de filología? Muy poca gente, menos que en las carreras de ciencias. Quién va, va directo, y quien no, llega a un nivel de lectura y conocimiento de manera intuitiva.

Abel: [mientras bosteza] Es un tema personal. Hay que responder a quien se le despierta el interés, esto sí que es una responsabilidad. Y esto es compartido: el escritor, el editor, el librero, el crítico cultural... Y satisfacer el interés de quien tiene el interés por la lectura. O lo tienes o no lo tienes, y ya está. Es la misión de la gente del mundo del libro, antes de que crear el interés de la nada. El proselitismo es un engaño, un autoengaño cultural.

Para terminar, que veo que tenéis trabajo, os pido que elijáis una palabra.

Abel: [dirigiéndose a Isabel] Elige tú, porque yo voy a decir no... Yo escojo no, mi palabra es no. Tú escoge tú, Isabel.

Isabel: ¡Estás haciendo política ahora! [se ríe] Yo escojo... escoger. Escojo escoger. Quiero estar siempre en posición de poder elegir. ¿Ves Abel? Tú has hecho política y yo filosofía.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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