Jaume Bach: "En Catalunya no ha habido un renacimiento de la sátira"

Ya hace años que Jaume Bach (Olot, 1957) se ha jubilado. Tiene una trayectoria de dibujante, humorista y diseñador gráfico que le ha hecho pasar por publicaciones como Por Favor (donde caricaturizó las figuras de la transición), El Jueves, La Vanguardia, El Periódico y un largo etcétera que todavía sigue hoy en día con Cataluña Plural. Quedamos con él ante el Born Centre Cultural y vamos al bar de un amigo suyo, donde nos sentimos como en casa. Habla con la tranquilidad de quien sabe que lo tiene todo hecho pero con el punto de irreverencia transgresora que siempre tiene el humor.

¿Para una persona que ha dedicado toda la vida a una profesión muy vocacional, existe realmente la jubilación?

Hay varias jubilaciones. En principio ya hay cosas de las que te has jubilado antes, o que te han jubilado los demás. En el tema del dibujo humorístico yo estuve colaborando unos 10 años en La Vanguardia, en el Burladero, con Jaume Collell. Y luego por mi cuenta, hice El Web Negre en El Periódico, con Ramon Miravitlles. Después ya me jubilé, y de eso hace ya 9 años. Esta fue mi primera jubilación, y de diseño y comunicación todavía hago cosas pero el volumen de demanda baja mucho, y la capacidad de respuesta también disminuye. Sobre todo en el tema de diseño han cambiado mucho las reglas del juego.

¿Por el aspecto tecnológico?

Por los temas tecnológicos y también por las necesidades de marketing de la gente y las empresas. Por mucho que yo quiera evolucionar nunca alcanzaré a las nuevas generaciones. En cambio, las caricaturas las sigo haciendo, he evolucionado pero no me he jubilado, publico en Cataluña Plural. Ya ves que hay diferentes jubilaciones aparte de la oficial, muchas jubilaciones en una.

Para remontarnos al principio: ¿siempre has tenido claro que te dedicarías al dibujo y al diseño? ¿Cómo lo decides?

Queda lejos... El nexo en todas las edades siempre ha sido la caricatura. Cuando iba a la escuela y tenía 10 años o 12 ya hacía caricaturas.

¿A los profesores?

¡Sí! Pero a todos, no solo a ellos. Hay una idea falsa de que la caricatura es cruel y yo creo que no lo es, yo hacía caricaturas de mis compañeros y amigos. En aquella época yo llegaba donde podía. De hecho estudié peritaje textil, lo que ahora se llama ingeniería técnica textil. Es mi carrera, no he trabajado nunca pero la terminé. Los veranos ya empezaba a colaborar en una empresa, en el departamento de publicidad. En la mili empecé a hacer cosas por correspondencia y después estudié publicidad. Nunca he dejado de hacer cosas de dibujo y humor, y en cierto momento ya me dediqué de lleno a la caricatura, el Mundo Diario. También estuve en sitios como Mataratos,  Por Favor... Siempre he tenido la sensación de no estar nunca integrado al 100% en el colectivo, en la profesión. Siempre me he sentido marginal por cuestiones técnicas, profesionales y de enfoque. He hecho cosas muy diversas y muy diferentes. También he tenido la suerte de estar en proyectos como El Burladero o El Web Negre, que ahora lo siguen gente como Jaume Capdevila, o el Néstor Macià... Pero es lo que te decía antes, la caricatura siempre ha sido el epicentro.

Antes te quejabas que se ve la caricatura como un género cruel. Si no lo es, ¿por qué siempre tenemos la idea de que la caricatura lo que quiere es machacar al otro?

El estigma lo tiene el receptor. Tenemos muchos prejuicios y solemos pensar que hay un modelo canónico de todo, y todo lo que se escapa del canon es un defecto. Llevado al extremo, es como las señoras o las niñas que se operan los labios o estiran la piel. La caricatura está fuera del canon y por eso se ve como una crueldad. Simplemente, la caricatura pone en evidencia todo lo que hay en el canon. Yo creo que cada uno tiene que aceptar como es, no es ninguna crueldad, mucha gente dice que lo es y no estoy de acuerdo. La caricatura resalta lo que eres, y te lo pone de manifiesto, es una deconstrucción de las facciones del personaje que, una vez deconstruido, se monta de otra manera. Existe el personaje real, la fotografía, el retrato al óleo y la caricatura. A menudo creo que me quedo demasiado cerca del retrato, y cuando hago una caricatura que veo que se aleja de ese retrato estoy feliz, independientemente de si después gusta o no. Cuando hago una caricatura y me dicen "se parece mucho" yo digo que no es esa la idea. Se trata de que sea la persona. La caricatura no debe parecerse, debe ser. Es el contrapunto de la subjetividad, debe sugerir y representar.

¿Es lo mismo hacer caricaturas en los 70 'en Por Favor que ahora en Cataluña Plural?

No hay ninguna publicación comparable a lo que era el Por Favor. Montalbán, Marsé, Perich... Las circunstancias eran muy diferentes, aquello era una respuesta al franquismo. No digo que ahora no exista ¿eh?, porque el franquismo sociológico todavía existe y está muy presente, sólo hay que ver lo que está haciendo el PP con la Ley Mordaza. El franquismo en aquella época era más sangriento, y fíjate que cuando murió Franco, la revista Por Favor dejó de tener razón de ser. Hubo muchos intentos de hacer revistas con el mismo tono, recuerdo Las Barricadas en Madrid, por ejemplo. Ahora la única que aguanta el estilo es el Mongolia.

Que también hacen algo de periodismo al final, sin sátira.

Sí, básicamente contra el Público y de Jaume Roures, porque todos han sufrido a Roures allí. O los de PRISA. Hay una sección fija que se llama "Fe de Roures". En fin, creo que el Mongolia coge un poco el testigo.

¿La evolución de la sátira y la caricatura también ha cambiado mucho con el contexto? ¿O es lo mismo?

Igual en los 70 'era más transgresor, tenía más sentido de transgresión porque había más miedo y sumisión. Ahora la sátira puede ser más descarnada y evidente, no tiene aquello sigiloso y especial. Lo que pasa es que la sátira siempre necesita que el chiste sea bueno, eso es lo que importa. Ahora hay gente mucha gente buena. Pero al Chumy Chúmez no la ha superado nadie. Nunca. Hay cosas que se hacen ahora que antes no se podían hacer.

¿La tolerancia del poder hacia la sátira ha mejorado o ha empeorado con los años?

Depende del punto de vista que tomamos. Todo lo que ha pasado a Charlie Hebdo es sintomático. Yo pienso que el poder represor sobre el humorista ha cambiado de manos. El tema del islam quizá genera más miedo por sus represalias, porque son muy directos y matan gente. En cambio, por otro lado, tú alguna vez has visto un chiste sobre La Caixa?

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Existe el temor al que manda, el que dice si esto se puede hacer o no, a los poderes económicos y poder fácticos.

¿Hay mucha autocensura?

No lo sé, depende del autor. En El Jueves dibuja Azagra, que es un tío muy anarco, muy viva la virgen. Lo que pasa es que ahora hay más campos libres para hacer cosas. El Roto en su momento era muy bestia, ahora ya no hace pupa, sigue haciendo cosas muy buenas pero es muy diferente.

¿En el contexto actual es más importante que nunca la sátira? ¿Si hay conflicto social es más necesaria?

No sé, aquí en Cataluña tampoco ha habido un renacimiento del género, lo he visto más fuera. El Mongolia mismo, como ya hemos hablado. Aquí hubo una gran efervescencia de revistas satíricas pero no sé... El Jueves también ha aguantado, pero no hay un volumen bestia de manifestaciones satíricas como antes. Entre otras cosas porque ahora todo el mundo en las redes puede hacer el humor que quiera. Todo es muy inmediato, todo lo que puedes pensar en una reunión semanal ya lo han publicado mil personas. En la red hay mucha mierda, pero también hay cosas cojonudas. Pienso que no estamos en un momento álgido del humor satírico. Hay humor blanco, humor políticamente correcto... Muchos tipos de humor, pero no como lo que yo siempre he hecho o al que me he dedicado toda la vida. No estamos en el mejor momento.

Me gustaría hablar ahora del punto de partida del dibujo, que es un juego de infancia. ¿Para ti comienza así?

El dibujo sí, siempre. De pequeño siempre iba con un papel y un lápiz, y a mí los reyes me llevaban los lápices de colores Alpino. Mis padres tenían un café y yo siempre tenía gente a mi alrededor, y miraba cosas, me decían cosas, pasaban cosas. Siempre estaba rodeado de personas con el papel y el lápiz. Siempre en todas partes he ido haciendo cosas de coña, cachondeo escrito y cachondeo dibujado.

Viniendo hacia aquí me decías que el juego nunca ha sido algo que te ha atraído, pero criándose en un café supongo que sí tenías contacto con ese mundo aunque fuera a la fuerza.

¡Sí, estos sí! Y he jugado a todos y los he disfrutado: billar, cartas, dominó, ajedrez, parchís... Sí que he jugado. ¡Incluso al ping-pong! Pero que supongo que ya cuenta como deporte. Pero siempre he jugado a estos juegos y los tengo por la mano, como un momento de café y sociabilización pero en casa. Porque el café era mi casa, todo de forma muy natural y sencilla. Cuando hacía los deberes en medio de la mesa venían los clientes a ayudarme...

Hace tiempo hiciste una protesta de cómo se banalizaba el uso de la palabra esquizofrenia en los medios. ¿Me lo puedes explicar?

Nosotros tenemos un hijo que tiene esquizofrenia, y hemos hecho todo un proceso con terapias, psicólogos y grupos de ayuda mutua con otros padres. Una de las facetas que tocábamos era controlar el lenguaje de los medios, que es muy incorrecto. Un periodista escribe esquizofrenia cuando quiere definir a alguien que le da igual jugar con tres defensas o con cuatro. O para decir que un tío ayer no era independentista y hoy sí lo es. Es una aplicación bastarda, que no toca. Además hay mil sinónimos y adjetivos para definir situaciones como esta. La esquizofrenia, que es un trastorno mental, entonces es percibida como una percepción de la realidad que no es correcta, pero vaya, la realidad en sí misma es una percepción... Vamos, que se le concibe como que no tiene noción de la realidad. Y eso se sufre, y levantarte con un titular de "La esquizofrenia de Convergencia..." duele. Duele mucho.

Entiendo que cuando te tocan temas de manera tan cercana se despierta una sensibilidad que nos cuesta tener.

Sí, es cierto, esta sensibilidad seguro que no la tenía hace 20 años y ahora sí que la tengo. Lo que es cierto es que muchas palabras las usamos a la ligera, yo cuando hicimos revuelo con este tema no quería pasar por el típico colectivo que se siente ofendido. Yo he estado en redacciones de periódico y sé que hay manía, fobia y menosprecio a los colectivos que siempre se quejan y tienen la piel demasiado fina. Cuando he hablado con periodistas sobre el tema me dan la razón, e incluso piden perdón. Hablo del mismo Puyal, ¿eh? Es un tema de conocimiento de la lengua, de profesionalidad. Si usas una palabra que realmente quiere decir otra cosa, estás haciendo mal tu trabajo.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Remembrança [remembranza]. Es una de esas palabras musicales que no usamos nunca. Tiene que ver con rememorar, y me gusta porque la palabra en sí ya te lleva a recordar.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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