Jenn Díaz: "Cuando creces ves que todo aquello que considerabas normal no tiene por qué serlo"

Si alguien sabe lo que es convivir con la eterna etiqueta de niña prodigio es Jenn Díaz (Barcelona, 1988). Con 22 años publicó su primera novela y desde entonces no baja de un libro por año, siempre elogiada por la crítica. Por bandera tiene a Ana María Matute en castellano y a Mercè Rodoreda en catalán, y sus obras giran alrededor de las intimidades cotidianas, la maternidad y los conflictos internos; temas que estarán presentes en todo momento de manera directa o indirecta durante la entrevista. Feminista convencida y propagadora de su discurso, colabora en medios clásicos como El Periódico y en alternativos ya consolidados como Jot Down. Leyendo las entrevistas que concede puede parecer dura o seca, pero en las distancias cortas y jugando en casa, sentada en la terraza de su casa en Sant Andreu de la Barca, crea un ambiente agradable (con la ayuda de Dani, su compañero, que nos sirve café y nos trata como si estuviéramos en casa) y no rehuye ningún tema. No solo eso, sino que se sumerge en ellos sin complejos, aunque eso implique desglosar la relación con sus padres o lo que ella considera déficits de su infancia. Tampoco sorprende teniendo en cuenta que está acostumbrada a hacerlo en sus novelas.

Preparándome la entrevista he ido leyendo cosas que me han intimidado un poco: alumna aventajada de Ana María Matute, la gran promesa de la literatura catalana contemporánea, todo el mundo habla de Jenn Díaz en los corrillos literarios ibéricos... Publicaste tu primera novela con 22 años, ¿cómo se vive ser una niña prodigio?

Cuando empecé tenía 22 años  podía ser la niña prodigio pero ahora tengo 27... Es una cosa que me ha ido acompañando independientemente del libro, de la edad, de si era mejor o peor, del momento... Me daba igual porque ya tengo esta etiqueta. El primer libro que publiqué salió en marzo y yo tenía 22 años, y cumplía los 23 en abril, pero durante todo aquel año tuve 22 años. Daba igual mi edad real, porque queda muy bien en los titulares tener solamente 22 años. Es una cosa que me van diciendo desde pequeña, el rollo ese de que si soy muy madura, que si he crecido rápido... Que pasen de decírmelo cuando era una niña de 15 años a que me lo digan como autora tampoco es tan raro. La presión  de la niña prodigio sé que es una cosa que los periodistas necesitan. Para alabar el libro de otro lo tienes que poner a un nivel brutal, todo el mundo intenta captar lectores. Pero si empiezas muy alto, seguramente conseguirás que la gente te escuche. No le doy más importancia que lo que es: trabajo de periodistas que necesitan captar la atención de la gente.

¿Y no te cansa esta etiqueta? Cuando se arrastra un encasillamiento desde la infancia y hay que responder siempre a las expectativas supongo que puede llegar a ser todo muy pesado.

¿Sabes qué pasa? El escritor, durante 4 meses de su vida, recibe muchas señales y estímulos, todos hablan de ti, todos te leen y todos te ponen etiquetas. Pero llega un momento en que caes en el silencio. Yo ahora he estado un año y medio sin libro y nadie habla de ti. Cuando eres genial para todos durante unos meses pues mira, golpecito en la espalda y adelante. Pero no, cuando te lo tomas con distancia no te cansas de eso.  Yo estoy en mi casa y desde que me levanto hasta que me voy a dormir tengo una vida muy normal. Al final eso no se traduce en ventas, ni en modus vivendi ni en dinero, así que el hecho que te digan de todo dos veces al año da igual. Cuando vuelves a querer crear un libro y te pones a trabajar todo eso queda muy lejos.

 

El último libro que publicaste fue el primero en catalán después de haber escrito siempre en castellano. Para alguien que es bilingüe por naturaleza, ¿escoger una lengua u otra es un proceso intuitivo e involuntario o es premeditado y fruto de una racionalización?

En este caso, como que era la primera, sí que había  un punto de premeditación. Una vez he traspasado esta barrera (yo he publicado novelas en castellano porque en mi casa se habla castellano, i en catalán porqué en la escuela hablaba en catalán), todo fluye de manera más natural. Todo viene un poco de conocer a Dani [su pareja], que habla en catalán y todas las cosas cotidianas, que siempre las he expresado en castellano, como los sentimientos o las peleas, pasaron a ser en catalán. A partir de ese momento hice  una transformación que no necesariamente parte de tener mucho conocimiento de las dos lenguas, sino que es una manera de relacionarme en las cosas del día a día. Hay una parte  intuitiva, que es que he empezado a vivir en catalán, y otra premeditada, que es que si he empezado a vivir en catalán, puedo escribir en catalán. A partir de aquí, mi próxima  novela está ambientada en el Camino de Santiago y será en castellano, pero tengo otra pensada que me salió en un pueblo que se llama La Cirera, y será en catalán. Todo depende de los referentes personales y de los escenarios de la historia.

He leído en una entrevista en Esquire que decías que antes la gente podía escribir sobre lo que vivía, ya que la generación de nuestros abuelos vivieron guerra, postguerra, hambre etc, y la de nuestros padres se crio en una dictadura. Comentabas que ahora la gente entiende vivir como viajar, tener aventuras y conocer gente, y que a ti no te parece nada excepcional. Si la propia vida no puede ser material literario, ¿qué puede serlo?

En mi caso, ni he vivido guerras, ni soy huérfana ni tengo grandes dramas. Tampoco he viajado, porqué  escribir significa tirar adelante con poco dinero. O sea, que no he vivido nada que parezca muy apasionante para ser novela, ni de la chunga de antes ni de la buena de ahora. Pero a mí me interesa la cotidianidad, los conflictos familiares y el día a día. En situaciones dramáticas esto se acentúa, pero el simple hecho de ver crecer a un niño ya me parece muy interesante. Y para eso es necesario viajar ni vivir guerras. A mí me interesa la psicología de los personajes, y para esto sólo es necesario estar atento. Da igual el contexto porque la mente humana es tan compleja que no es necesario añadirle muchas cosas más.

Cuando los temas son la cotidianidad, los momentos íntimos y los conflictos internos ¿es inevitable que te desnudes en tus novelas? ¿Te acabas autoretratando mucho?

Yo creo que aunque  no hables de estos temas siempre te acabas retratando. El escritor, por muchos estímulos que tenga, bebe de todo lo que ha vivido, y eso pasa por delante del resto de inputs que pueda tener. Cuando lees las biografías de los grandes escritores empiezas a ver conexiones más o menos evidentes, pero ves claro que hay una parte de todo aquello que está en sus libros. Si además hablas de sentimientos los tienes que utilizar, y es bastante  imposible no caer en hablar de ti mismo, pero hay una mezcla y no todo el rato eres tú.

Uno de los temas más recurrentes en tus libros es la maternidad. ¿La relación entre madres e hijos, padres e hijos (entendidos como figura) es la relación más compleja que tenemos como personas a lo largo de nuestras vidas? Más que las de pareja, amistad, trabajo...

Yo creo que sí. Durante muchos años los padres son como Dios, lo deciden todo: el nombre, la casa, la ropa que llevas, si les gustan tus amigos o no, si dedicas tu tiempo libre a hacer deporte, o a mirar la tele, o a formarte musicalmente... Lo deciden todo sobre ti, y esta responsabilidad y dependencia del hijo hace que sea muy compleja. Es una relación más incondicional que el resto. Las relaciones de pareja generan más problemas que no se resuelven incondicionalmente, por mucho que hayas convivido con una persona siempre estás a tiempo de dejarla.

 

Los padres no se escogen.

En el caso de los hijos, creo que a pesar de que te pelees mucho o no te hables con ellos siempre hay la posibilidad de perdonar. A pesar de que haya sangre y ataduras, no dejan de ser dos personas que están obligadas a convivir y que no tienen por qué llevarse bien. Siempre nos dicen que tenemos que querer a nuestros padres, es un consenso social, pero  yo creo que no tiene que ser así necesariamente. Puedes llevarte mal, puede haber incompatibilidad y peleas, y como mínimo estarás 18 años conviviendo forzosamente con estas personas que no tienes por qué querer en tu vida. También creo que traen  muchas cosas positivas, como el amor incondicional, y creo que el momento en que los padres recogen todos los esfuerzos que han hecho por sus hijos es un momento muy grande. Hay mucha carga emocional.

En una entrevista a dos en Jot Down con Milena Busquets hablabas del momento en que eres adulto y puedes rendir cuentas de tu infancia con tus padres. En tu caso me pareció que tenías cierto resentimiento o contrariedad a una serie de cosas que tu decías que no habrías hecho igual como madre. ¿Es así?

Es una cosa que te marca de por vida. Todo lo que vives en tu infancia te construye la personalidad y los criterios, decidir qué está bien y qué está mal. Te hace tener unas bases en la vida que, cuando llegas a la edad adulta, puedes continuarlas o romper y rebelarte contra ellas. En mi caso siempre he querido romper con todo lo que habia vivido en mi casa. Una vez sales y ves la casa de los otros te das cuenta que todo aquello que tú dabas por normal no tiene por qué serlo. Puede serlo en muchas familias, pero en algunas no.

Es un gran momento de click mental.

Si totalmente. Entonces ves la fortaleza que tienes o no a la hora de encarar ciertas cosas, y ves que podrás ser muy diferente si tus padres hubiesen actuado diferente. Que tú seas una serie de cosas gracias o por culpa de tus padres, y algunas no te gusten, crea una situación tensa con ellos. Yo ahora vivo con Dani y su hija, y cuando hay alguien más pequeño en tu casa que espera de forma indirecta que le orientes y que te tiene como a referente en las cosas que le enseñas, prohíbes o remarcas, ves que tienes una gran responsabilidad. Con la hija del Dani, mi feminismo me hace tener responsabilidad para ayudar a que haya mujeres fuertes y valientes, ya no es solo que sea feliz, sino que sea justa, luchadora y que se rebele contra esta sociedad pensada para hombres y para los hombres. Cuando tú haces este papel, piensas en si contigo hicieron lo mismo y en si tu podrías haber sido mejor. Cuando ves que no te han preparado para ser tan valiente y empoderada, y ves que siendo adulta tienes mucho trabajo que hacer porque tienes que borrar lo que traes de casa, te crea mucha inestabilidad.

De este discurso feminista del que me hablabas ahora: ¿cuánto camino crees que queda por recorrer en el tema del género? Está claro que las escritoras habéis partido y partís de un punto de desventaja, ¿pero en qué punto crees que estamos ahora?

Es muy curioso, porqué cuando hablas de esto la primera reacción es que me digan que yo ya no estoy viviendo la desigualdad. En la entrevista con Milena ella decía esto, que no percibía este desequilibrio de género. Esto a mi me hace sentir un poco tonta al estar todo el día pendiente de esto, hasta que llega el día en que el editor de Adyso Chus Visor dice que la poesía de mujeres es inferior a la de hombres. Y te alegras de que alguien lo diga directamente, para que la gente lo vea y no crea que somos unas gilipollas y vemos fantasmas donde no los hay. Va bien que la gente diga cosas bestias, porqué normalmente es muy sutil. Ahora hay mujeres con premios importantes, ganan el Nobel, hay escritoras jóvenes como yo que han tirado adelante... Parece que todo esté bien.

 

Y no lo está.

Yo no he tenido problemas para llegar donde estoy ahora, pero si hubiera sido un hombre todavía hubiera tenido menos. Que yo no haya sufrido no quiere decir que nadie lo sufra, yo lo he tenido fácil porqué caí en manos de un editor muy pronto, pero las mujeres siguen luchando, los jurados de los premios son todos hombres, todos los premios son para hombres... Que dos mujeres ganen el Nobel no significa que haya igualdad. Es necesario concienciar hombres y mujeres en todo esto. Para que haya mujeres de éxito como la Terribas, la Marta Rovira o la Sònia Gelmà no significa que en política, periodismo o deporte exista esta igualdad. Es muy gracioso porque en el día a día de escritora trabajas con muchas mujeres: correctoras, maquetadoras, editoras de mesa... Pero cuando vas a una fiesta de Sant Jordi de La Vanguardia todo son corbatas. El día a día es femenino, pero los altos cargos no, y este discurso oficial de que las mujeres lo tenemos todo hecho no es verdad.

Tú has dicho muchas veces que has crecido en una casa poco intelectualizada, sin libros. En los años 50 y 60 llegaba a la universidad menos de un 10% de la población, y la gente con recursos económicos era la que podía formarse intelectualmente. De la misma forma que tienes un discurso de género muy elaborado, ¿también tienes interiorizado un discurso de clase sobre tus orígenes?

No, porqué es una cosa que no me suelen preguntar. Dan por hecho que si eres escritor debes tener algún contacto con la lectura. Hace poco, Eva Piquer me preguntó de dónde venía y a qué se dedicaban mis padres, pero nadie antes me lo había preguntado, sólo querían saber si era muy lectora de pequeña. Mi madre era cocinera y antes había limpiado cosas, y mi padre es albañil. Tengo la sensación que la mayoría de escritores han tenido infancias llenas de libros.

Por eso te decía, que la culturización termina siendo un tema de clase social.

No, porque sobre feminismo y mujeres siempre me preguntan, pero nunca me preguntan sobre el tema de clase social. En mi casa nunca hablamos de libros, hablamos de si salgo en la tele, la radio o el periódico, pero no valoran mis libros como tal. Yo lo vivo de una forma muy natural, pero no tengo un discurso sobre esto. Ayer releí sobre la vida de Sylvia Plath y decía que sus padres no tenían mucho dinero pero que ella tenía un tipo de paga cultural, que tenía que dedicar al cine, libros, música... Había esta intención, en mi casa no. Lo más importante para mí fueron los libros del colegio y de la biblioteca, y luego empecé a ser una gran lectora. Yo quería ser profesora de educación física porqué era nadadora, después quería ser psicóloga... Pero como en la selectividad me fue muy bien el catalán tiré hacia filología. A la gente le extrañó bastante, pero claro, ahora a todo el mundo le parece un camino natural. Por eso no tengo discurso sobre esto, porqué es un caso muy extraño y creo que soy la excepción.

Partiendo de la desigualdad también.

Es un punto de partida de desigualdad, hay muchos clásicos que yo he leído tarde. Cuando leí Mujercitas todo el mundo había leído el libro con 14 años, y entonces era la hostia. Yo lo leí con 26 y me desesperó este libro, pero en su momento ¡fue un libro revolucionario! Había muchas mujeres que querían ser Jo, que de todas era la más revolucionaria, ¡pero yo no quería ser ninguna! Hay cosas que se disfrutan de pequeño y siento que algunas de estas cosas me las he perdido un poco.

Las colaboraciones en los medios (Jot Down, El Periódico) ¿son ejercicio mental para escribir o lo haces para que te salgan los números?

Básicamente para que me salgan los números. Hay momentos en que lo hago porque me gusta, y momentos en que pienso que suerte que me pagan. Escribir en Jot Down es un placer porqué es con la extensión que yo quiera y el tema que yo quiera, además sin tener nada que ver con la actualidad. Luego, hacer columnas es muy divertido, puedes opinar y tienes un espacio reducido. Si pudiera colaborar con tres Jot Downs y hacer una columna a la semana, lo haría. Me gustaría que me lo propusieran. De Jot Down y de El Periódico no puedo vivir, y ahora hago clases de escritura creativa en la Laie. Son dos horas a la semana pero me quedo con un porcentaje ridículo, tengo 15 alumnos y poco dinero. Creo que no llego a los 400 euros, y es mucho trabajo, a lo mejor de pocas  horas pero sólo me llevo un 38%,  yo voy, me invento los ejercicios, corrijo... Pero vaya, en la literatura igual, me quedo un 10%. Que dices: ¡“ey, hola, sin mí no existen los libros!”. Pero sucede con todas les materias primas, con la fruta igual, el que más trabaja es el que menos pasta rasca.

Así que nada de ejercicio de escritura.

No, nada de eso. Soy una escritora compulsiva, no necesito fechas de entrega ni obligaciones. Sin obligación también escribiría. Pero claro, es cojonudo cuando te pagan. Y si te pagan bien ya es la hostia.

Para terminar, te pido que elijas una palabra.

Buguenvíl·lia, en castellano buganvilla. Es una planta. Sale en la portada de Mare i filla. Es la flor enredadera, yo quiero que las que tengo aquí en el patio florezcan y trepen por la pared. La pedí por mi cumpleaños cuando empecé a vivir aquí y la puse en el libro. ¡Vi cómo se escribía en catalán gracias al Gran Dictat de Òscar Dalmau! Es muy difícil de escribir, flipé y me pregunté si alguna vez sería capaz de escribirla bien a la primera.

 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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