Joma: "Me gustaría poder explicarlo todo con un punto"

Ya hace tiempo que Joma (Barcelona, ​​1954) es algo más que un dibujante. Después de años en revistas satíricas como El Jueves y clásicos catalanes como Cavall Fort, ahora se ha embarcado en un proyecto multisensorial de poesía visual basado en la Odisea. Hablamos de este proyecto y de muchos otros que aún tiene latentes. La entrevista se hace en el Hotel Alma de la calle Mallorca, sentados en su lujosa cafetería digna de las cinco estrellas del establecimiento. En el hall del hotel está expuesta su obra, y no pararemos de vivir situaciones estrambóticas en un entorno al que entrevistado, fotógrafo y redactor se nota que estamos poco habituados. La traca vendrá al final, cuando unas señoras que se habían reunido en la mesa de al lado para tomar algo y pasar la tarde se levantarán y harán una gran pregunta, seguramente la mejor de la tarde: “perdona, ¿esto cuándo sale en La Vanguardia?”

Ya que estamos en este escenario majestuoso, cuéntame cómo salió la idea de hacer una exposición aquí. ¿Cómo ha sido el proceso que culmina aquí?

Uy, aquí déjame protestar porque no ha culminado, ¡y espero que no culmine en absoluto!

Protesta, faltaría más. Adelante.

Esto es casi la primera estación. Todo empieza cuando una buena amiga me dice que tengo que leer la Odisea y los clásicos. Le hice caso. En ese momento hacía una serie de iluminación en el Magazine de La Vanguardia. Hacía años que allí hablaba del libro como objeto, como contenedor que es. Y de ahí me vino el deseo de hablar sobre un libro en concreto. Y vino la idea de escribir dibujando y dibujar escribiendo. No son exactamente caligramas porque hay dibujo, yo soy un dibujante, pero utilizo las líneas de la escritura de forma que puedan formar palabras y dibujos al mismo tiempo, todo ello coherente con la imagen que hay.

[En ese momento nos interrumpe el camarero. Lleva los cafés en una bandeja donde podrían caber dos comidas enteras, con unas pastas de decoración, azúcar blanco, moreno y sacarina a elegir. La imagen recuerda cómo sirven el té en las casas aristocráticas inglesas].

Eso es gloria, tú...

Tranquilo, aquí nos tratarán bien. Es lo que les toca. Yo aquí he trabajado con una comodidad bárbara y mucho confort. Bueno, a lo que íbamos... Empecé a hacer lo que sería una recreación visual de la Odisea, no una ilustración. El formato estaba pensado para el suplemento del diario. ¿Cuál era la pretensión? Incorporar la voz y colocar la palabra dentro del dibujo. La línea puede formar grises y texturas, y yo garantizo que todos los signos escritos corresponden a los versos de aquella imagen.

¿Consiste en hacer un cambio de lenguaje?

Sí, hacer un híbrido entre línea y acuarela  y poner la voz dentro del dibujo. Las palabras atribuidas a Homero son legibles, pero no limpiamente porque la exigencia del dibujo hace que no pueda ser así. Hice este trabajo con toda la Odisea y toda la Ilíada.

No son relatos breves precisamente...

Son relatos reiterativos. Esto es un punto a favor, porque hay escenas que se repiten, y en un periódico parecía que estaba siendo muy repetitivo y que no sabía qué hacer. Este ha sido el origen de mi entrega a la Odisea. Es un material que me brinda infinitas posibilidades. Hasta ahora ya llevo más de 500 dibujos, editados en diferentes periódicos.

¿Qué proyectos tienes en marcha ahora?

Tengo tres proyectos trenzados. Uno es el que podemos ver aquí hoy, que fue un encargo del hotel. He intentado eliminar cosas de mi dibujo con el paso del tiempo, eliminar todo lo superfluo e ir tirando a la simplicidad. Mi dibujo es de pocos elementos, de trazo simple y poca ornamentación. Me gusta decir las cosas con los mínimos elementos posibles, a mí me gustaría finalmente poder explicarlo todo con un punto. Aquí es donde, metafóricamente, me gustaría llegar a mí. Hace años que trabajo en esta dirección, creo que ya hay un estilo Joma. También quiero que el papel no sea un apoyo accidental e intercambiable, quiero que la imagen comience el papel.

Que no sea apoyo sino que sea un elemento en sí mismo.

Exacto, que no sea neutro. Me gusta elegir la textura y el color, fabricarme el papel sabiendo qué imagen quiero buscar. Al final no tienes un dibujo sobre papel, sino que tienes un dibujo en el papel. Esto es lo que busco, que el propio papel ya hable.

[Nos interrumpen de nuevo. Es el director del hotel, y Joma ya nos ha comentado antes que tenía ganas de conocernos. Joaquín es muy amable y se interesa por nuestro trabajo, quiere asegurarse de que no faltará de nada y nos remarca que si necesitamos cualquier cosa se lo hagamos saber a Manolo, el camarero de la cafetería.]

La marca de fábrica de estos sitios es así. Yo he trabajado aquí con mucho confort, me han puesto lo que he pedido, me han puesto la música y los altavoces adaptados a la obra expuesta... A mí este entorno no me es nada familiar, pero para trabajar es genial.

Volviendo al tema, por lo que veo estás huyendo en cierto modo de las dos dimensiones para dar una imagen que...

Bueno, más que huyendo, compaginando o alternando. Haciendo en paralelo. Este proyecto tiene dibujo, es acuarela, y me vino cuando aún estaba trabajando en la Odisea, y es la doble visión que puede haber: la de los humanos, que es la obviedad, y la de los dioses, que es otro nivel de lectura. Entonces, la marca de agua... ¿Sabes de qué te hablo? El papel tiene una marca propia, que se ve a contraluz y sirve para identificar el fabricante o propietario. Jugar con la marca de agua sirve para que el papel ya tenga parte de imagen. El tercer proyecto que tengo en marcha es de performance. Son unas comidas sobre la Odisea. La obra de hecho es un gran flashback, comienza cuando Ulises vuelve a un lugar civilizado. En la Grecia clásica cuando alguien llegaba todo el mundo se bañaba, le daban una túnica y le invitaban a cenar. Estamos hablando de la aristocracia helénica…

Como los huéspedes del hotel donde estamos.

Exacto. En aquellas cenas había un cantador, que cantaba las canciones de moda, y en ese momento está de moda la desventura de un tal Ulises que fue a Troya hace 10 años y todavía no ha vuelto. Ulises se delata llorando, le preguntan por qué llora ya partir de ahí se explica toda la historia. Yo me he inventado un proyecto que son unos banquetes donde a partir de unas sugerencias gastronómicos se hace una acción poética plasticonarrativa. Hago dibujo en directo y una pequeña explicación con pasajes de la Odisea.

¿La idea es estimular todos los sentidos? Gusto, olfato, tacto, oído y vista.

Sí, es la idea. Un acto de poesía visual. Esto es un encargo del hotel, me llega pero es un tema que me gusta mucho, y busco dar un paso más en mi trayectoria de dibujante. Es un tipo de problema de I + D, de saber que podría seguir haciendo lo que sé hacer e intentar que me den algún premio o innovar en mi carrera. En este proyecto de banquete hago de narrador, de rapsoda. Narro, y narrar cada vez está más presente en mi historia, y aparte hago dibujo en directo y un plato principal. Como todos los buenos rituales comienza por un sacrificio... En fin, es un paso más adelante.

Otro de tus proyectos de los que me gustaría hablar es el del Viaje Incesante, un recorrido por el Mediterráneo para abrir un debate sobre los movimientos migratorios. Estuviste en ciudades como Alepo o Damasco que ahora han quedado prácticamente reducidas a escombros. ¿Cómo ves ahora este proyecto que empezaste en 2003 con la perspectiva que da el tiempo?

Al ser un viaje incesante es algo eterno, no tiene origen ni final. Estuve mirando mucho la definición del diccionario, y no es lo mismo que infinito. Es un proyecto en maceración, le destiné mucha energía durante 10 años. Fue un viaje fragmentado, viajaba  2 o 3 meses de viaje al año y tenía la voluntad de ir a conocer qué pasa, qué hay al otro lado. Como decías, es un fenómeno que ahora está más vivo que nunca. El proyecto ha sufrido varios pecados y varios males: el primero es un pecado que quizás es de soberbia mía, o al menos de atrevimiento. Cuando dije que quería dar la vuelta en el Mediterráneo con unos cascos todos mis amigos se reían de mí. Pero yo soy un personaje terco, y pensé que por qué no.

¿Por dónde empezaste?

Por Siria. Con unos cuantos cascos y una cámara. Allí la arbitrariedad de una dictadura me fue favorable, me hicieron una carta que me abrió las puertas de todos los museos y yacimientos arqueológicos. Todo el proyecto fue creciendo. Yo trabajé durante 10 años, con unos resultados que me daban fuerzas para seguir. ¡Estuve a punto de montar una sucursal en Damasco! Es un espejo, los demás te hacen de espejo de muchas cosas que nos identifican pero que hemos perdido, cosas sociales y de valores. De medir el valor de las cosas sobre todo. Fui haciendo sin implicar comisariados ni galerías, fui tirando y conseguí una ayuda económica, pero las ayudas a la producción de un proyecto artístico son complicadas con un proyecto abierto sin plazos. Pedir dinero para decir "iré allí a ver qué puedo hacer" no tiene demasiado salida. Pero durante 10 años lo pude hacer crecer. Ahora no hay nadie que tire de él, pero si estuviera recogido por una instancia oficial y fuera más modesto, podría estar en un centro cívico. Explicar de qué huyen esta gente, y aprovechar el material que tenía. Pero este proyecto tiene un resultado que está por encima de mis posibilidades de moverlo. A mí me escuece ahora este proyecto, porque nos ayudaría a ver cómo vivían estas personas que ahora se arrastran por Austria y parecen espíritus.

Ver de dónde vienen.

¡Claro! Y todos los tabúes que hay ahora... Yo he hecho muchos trabajos en mezquitas y nunca he tenido problemas, me he encontrado mucha empatía humana. Yo soy apóstata, no creo en eso y no quiero jugar a este juego, quiero que me borren de todas las religiones. Cuando me acerqué a la religión a pie de calle vi que no tiene nada que ver con la curia y los predicadores. Un humano rezando en la intimidad, la expresión individual de la fe, es algo que a mí me conmueve. Me he movido por templos religiosos de todo tipo, y si no fuera por el decorado todos hacen lo mismo. Incluso la posición del cuerpo cuando rezan.

Hace poco hablamos con Perico Pastor, y nos decía que el dibujo era para él una regresión constante a la infancia. ¿Tú tienes la misma percepción que él? ¿Cómo has vivido el hecho de convertir un juego en tu profesión?

Hombre, yo nunca he tenido un bloqueo como el que él te contó. A ver, yo parto de la base de que todo el mundo dibuja bien, al igual que todo el mundo habla bien (menos quien tiene algún problema físico) hasta que entra el tema de la imitación. El referente. En mi época eran Tintín o Zipi Zape, ahora podrían ser los manga. Cuando dibujamos por imitación siempre lo hacemos por inducción del entorno, y cuando te quieres parecer a alguien que no eres tú... Por aquí hemos pasado todos, Perico Pastor incluido, supongo. Algunos hemos acabado siendo artistas y lo hemos sabido remodelar, hemos buscado unos modelos sin el bloqueo o la parálisis, sino con la ambición de igualarlos, de acercarnos a ellos. Yo era lector de Cavall Fort, ahora colaboro, pero para mí Sergi Grapes era un gran referente. Ahora seguro que vería esa influencia como torpe. Yo he encontrado ahora mi manera de asociar palabra y dibujo, y nunca con parálisis pero sí con algunas decepciones. También me pasa que ahora me doy cuenta que tengo influencias que creía no tener. Supongo que hay una línea de buscar la síntesis y la simplicidad que a menudo es intuitiva.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Sonido. Al principio hablábamos de dos cosas que son pasión para mí, y una es el sonido. La música es una herencia que he tenido de mi padre en vida, todo viene de una realidad musical permanente en mi entorno. Después me ha acompañado siempre. Yo siempre he trabajado desde la autonomía, y siempre me ha acompañado la música. Como oyente he ido entrando en algo que hace años me habría parecido excesivamente disonante hacia mí mismo o mi herencia musical para, que es poder disfrutar de músicas atonales, no melódicas, de improvisación en directo, con una estructura complicada de entender... Por eso te digo sonido y no música.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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