Jordi Ventura: "Nunca había hecho un mismo trabajo 1.300 veces"

Una de las cosas que distingue a Jordi Ventura (Badalona, 1976) del resto de entrevistados hasta el momento es que dedica tiempo a meditar las respuestas antes de responder. Guionista del Polònia desde los inicios y autor, entre otros, del texto del musical La família irreal, desde hace tres años hace el crucigrama del periódico Ara. Hablamos con él del juego verbal, del proceso creativo del guionista y de si éste tiene alguna relación con crear definiciones de los crucigramas. La entrevista se hace en la terraza de su casa. Decoran el escenario unos pantalones de su hijo y un sol de tarde estival en el barrio de Gràcia de Barcelona.

¿Cómo se llega a hacer el crucigrama de un periódico?

¿Cómo se llega? Se empieza resolviendo yo creo. Desde que era joven, hacia los 13 o 14 años, ya me peleaba con mi madre para ver quien cogía antes el periódico para resolverlos. Yo veía como los hacía mi madre y también quería hacerlos. Durante muchos años hicimos diariamente los de La Vanguardia: Fortuny y Màrius Serra. Hay pocas cosas en la vida con las que puedo ser inmodesto, pero la verdad es que me salía muy bien. Los terminaba cada día y bien.

¿Encima en poco rato?

Esto va a quedar un poco freak, pero una vez los resuelves cada día ya buscas alicientes, debes motivarte. Algunas veces me calculaba el tiempo, y había llegado a bajar de los cuatro minutos haciendo los de Màrius.

¿Cuatro minutos?

Sí, sí. Me gustaban mucho, y ya le tenía pillado el estilo. Eso es la primera etapa: resolver. La segunda etapa viene luego. Yo trabajaba en Rac1 de guionista, y en el programa que hacíamos, hacia el 2003, entrevistamos a Màrius. Se me encendió una lucecita y al terminar la entrevista fui a buscarlo y le dije: oye, ¿eso cómo se hace? ¿Cómo se llega hacerlo? Entonces él me dijo dos cosas, primero que había programas para el ordenador que me podían ayudar mucho y me dio unas cuantas referencias. Lo que me dijo es que lo más complicado era encontrar un sitio donde publicarlos. Claro, en el año 2003 los periódicos catalanes eran los que eran, y cada uno tenía su crucigramista, y todos eran jóvenes, 10 años más jóvenes que ahora, y no iban a dejarlo. Ni Màrius, ni Pau Vidal, ni Anna Genís… Claro, eso quedó aquí, me compré los programas de ordenador y de vez en cuando hacía alguno para mí, pero nada más. Hasta que el 2010 me enteré de que saldría un nuevo periódico, el Ara, y fui a Carles Capdevila y me ofrecí a hacer los crucigramas. De hecho, ¡Carles Capdevila había hecho crucigramas! Él me dijo que sí y mira, hasta ahora ya llevo tres años.

¿Cuál es el goce de resolver crucigramas y cuál es el de crearlos?

No lo sé, no lo he pensado nunca y ahora te improvisaré la respuesta. De hecho, desde que he empezado a crearlos nunca he dejado de resolverlos. Si voy fuera de casa y pillo un periódico siempre los resuelvo, y continúa gustándome. Y ahora que los creo me fijo en más cosas que antes no veía, y disfruto muchísimo. Lo que más disfruto no sé qué es. Cuando empecé a crearlos no disfruté demasiado. Me lancé a la piscina, nunca había hecho crucigramas y los crucigramas requieren inercia, se van haciendo poco a poco día tras día, y te creas una base de definiciones y un universo que te va ayudando. Los empecé a hacer con una semana de antelación y justo fue la semana que nació mi primer hijo… El primer año fue estresante, muy duro. No lo disfruté nada. pero ahora hay una cosa de recompensa a gran escala, más que el propio ejercicio de hacer las definiciones. Una afición extraña que tenía yo a los 14 años y que era algo muy propio y muy íntimo ahora la creo, y quizá motivo al lector y le hago sentir de la misma forma que me sentía yo cuando resolvía crucigramas. Y eso es muy gratificante.

¿Cómo se encuentra el estilo? ¿Es una decisión previa?

La diferencia con la mayoría de crucigramistas es que yo no soy filólogo. La mayoría tienen mucha técnica con los juegos teóricos, de palabras y lingüísticas. Yo eso no lo tengo, vengo de otra formación y me sale lo que me sale. A veces utilizo técnicas que no sé ni cómo se laman. No lo sé, te lo vas encontrando. A veces, al principio, mucha gente me decía que me empezaba a pillar el estilo. Y yo les decía: cuéntamelo, ¡porque no lo sé! Tú vas tirando, improvisas y tienes tus referentes. Al principio supongo que imitaba mucho a Màrius y Fortuny, que son los que yo resolvía. Ahora llevo 3 años creando, unos 1.300 crucigramas, y me gustaría pensar que ya hay cosas de creación propia. Es una batalla diaria, nunca se para, y yo jamás en mi vida había hecho una misma cosa 1.300 veces.

¿Hay una relación simbiótica entre crear crucigramas y crear guiones?

[Duda] No. Creo que no. Son materiales distintos. En una rejilla todo te viene muy condicionado, buscas que todo cuadre y a partir de aquí defines. El guion es una hoja en blanco, puedes crear. Hay libertad. Lo que tienen en común es que el guión del Polònia, como es de una periodicidad semanal, haces uno y te olvidas, y ya piensas en el siguiente. Con el crucigrama pasa lo mismo, vas pasando página constantemente y vas sumando. También en ambos sitios creas un universo. Seguramente ése es el gran parecido.

¿Cómo se descubre el ansia de ser guionista?

El guión tiene que ver con la creación. A mí siempre me ha gustado la escritura creativa. A pesar de eso, en Polònia no hacemos creaciones en mayúsculas, no es algo personal. Es un universo que quizá como guionista he contribuido a crear durante estos años, pero es un universo existente y con sus propias reglas. Yo trabajo a favor de ese universo. No me planteo qué quiero decir ni cómo quiero reflejar el mundo. Tampoco tiene que ver con el estado de ánimo. Sí que hay un punto de vista claro, no es personal, la personalidad de los guionistas siempre queda diluida y está bien que sea así.

¿No te gustaría hacer algo más trascendente para ti?

Sí, claro, y hacer una película también. Pero las limitaciones son las que son. Lo que distingue a los guionistas de los escritores en mayúsculas o los genios del guion cinematográfico es que nosotros trabajamos para quien trabajamos. Ese mito del creador que vierte su personalidad se difumina.

¿Es muy mecánico?

No, mecánico tampoco porque hay que sorprender, sobretodo en un programa de sátira política como el Polònia. También hay cosas personales de cada uno que intentamos colar ahí, pero básicamente es un juego de equipo, y siempre tienes que ir a favor del programa y de su universo.

¿Querías ser guionista o te topaste con ello?

Yo quería ser guionista por un lado, y por el otro sabía que me gustaba mucho la radio. Pero por un cálculo de probabilidades creí que encontraría trabajo antes en la radio que en el cine o la tele. En el Polònia acabé por casualidad, pasé de un sitio a otro, un hilo te lleva al siguiente y vas tirando.

¿Te sientes especialmente orgulloso de algún gag?

Mira, hay uno que refleja aquello que te decía del juego de equipo. Yo me siento orgulloso de cosas concretas, no de gags. Una de las que más gracia me hace es el de ‘campamentos’ del Rey. Fue idea mía, la desarrollamos entre todos y lo escribió alguna otra persona, no lo escribí yo. Y el ‘campamentos’ aún dura. Fue la primera temporada de Polònia, y me siento orgulloso de haber participado en la gestación del gag. No es una reivindicación del ego, sino del trabajo en equipo.

Tú eres corresponsable del texto de La família irreal. ¿Cómo se puede hacer humor de la familia real sin caer en los tópicos de siempre?

¿Quién dice que no caemos en los tópicos de siempre?

La gente ríe, y supongo que para hacer reír hay que sorprender.

Sí… A ver, la obra consistió en trasladar el universo Polònia al teatro, las relaciones entre personajes estaban creadas y no tuvimos que construir un mundo nuevo. Escribir para una obra de dos horas es muy diferente que escribir un gag de tres minutos. Por suerte nos ayudó un hombre curtido, Joan Lluís Bozzo, que domina el teatro perfectamente. Este fue el éxito, el universo contrastado de los personajes del Polònia y la experiencia de la gente de Dagoll Dagom en el teatro. De hecho la familia real del Polònia funcionaría perfectamente en la televisión como una sitcom de 20 minutos. Es muy fácil de adaptar: el padre, la madre, los hijos, los frikis… Y yo supongo que funcionó porque estaba bien hecha, pero sobretodo porque la gente tenía ganas de verlo. Con cierto punto de venganza, de decir: ahora tengo ganas de reírme de esta gente. No es algo habitual, era la primera vez que se hacía algo de ese calibre.

De hecho, los de Minoria Absoluta fuisteis los primeros en encarnizaros con la familia real.

Es un proceso que empezó hace 8 años. El día que sacamos el gag del ‘campamentos’ teníamos miedo de que nos dijeran alguna cosa. Y no pasó nada, entonces supimos que podíamos hacer un paso. Y luego otro más adelante. Y así vamos tirando, cambiando el límite de las líneas rojas. A nosotros nos han dejado hacer cosas que a los de El Jueves no les han dejado hacer. No sé por qué, quizá no miren TV3 o quizá odian a los de El Jueves, es bastante irracional. La clave es ir avanzando poco a poco la línea roja, hasta que puedes hacer una obra de teatro de dos horas y nadie se sorprende, podemos decir que el Rey tiene una amante encerrada en casa y nadie se escandaliza.

Quizá la obra confirma muchos tabúes.

En la familia real hubo un cambio muy grande que no vino por los programas de humor. Vino de los programas del corazón. Puede ser casualidad o no, pero coincide con la entrada de Leticia. Los programas del corazón se pasaron mil pueblos y entraron a la inglesa. Antes el Hola y esas revistas veneraban mucho a la familia real, y después empezaron a cruzar líneas rojas con la familia de Leticia, entonces supongo que todo avanza en paralelo. Claro, si los programas del corazón pueden insinuar cosas, ¿por qué no podemos hacerlo los programas de humor? Y mi hipótesis es que la familia real no tenía miedo de los programas de humor, sino de los programas del corazón. Eso hace 10 o 15 años era inimaginable.

Vivimos en una época de muchos retrocesos pero se hace sátira de todo. ¿Qué un país se ría de sí mismo es un progreso?

Quizá vamos 10 años tarde. En muchos países se hace desde hace años y aquí hemos tenido que esperar a que acabe la transición, o todo ese entramado institucional. No lo sé, la verdad. 

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

No. Mi palabra es no. Hay que decirla más a menudo. En esta época en la que estamos, en la que creemos que la independencia colectiva y nacional se obtiene a través de un doble sí, yo creo que la independencia personal se obtiene a partir del no. Y la independencia personal debe reivindicarse.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes

Volver