José María Íñigo: "Ante la posibilidad de perder, prefiero no jugar"

 Nos sentamos con José María Íñigo (Bilbao, 1942) justo después de comer, a la hora de la siesta. Al principio esa bestia de la comunicación se deja envolver por la atmosfera adormecida de las cuatro de la tarde, pero su persona va aflorando progresivamente después de algunas respuestas desganadas. Gran estrella de Televisión Española en los tiempos en que no había canales para escoger, pasados los 70 años sigue dando vuelcos por España como colaborador estrella de No es un día cualquiera, el programa liderado por Pepa Fernández en RNE. La caravana del programa está en Valencia, y nos desplazamos hasta allí para compartir media hora con él. Hablamos del miedo a perder y rememoramos su trayectoria, con sus picos altísimos de popularidad y poder televisivo. También de la nostalgia o no de aquellos años vividos, y de qué es exactamente Eurovisión, gala que presenta en televisión.

¿Cuánta parte hay de necesidad y cuánta de vocación en tu impulso de comunicar?

Vocación total. Yo desde muy temprano, des de los 10 años, quería ser periodista y empecé muy temprano a escribir. Naturalmente lo que escribía entonces no iba a ningún sitio, hasta que a los 14 o 15 años decidí ir al periódico de Bilbao, a La Gaceta del Norte, y dije: les traigo diez reportajes a ver si valen de algo. Me cogieron uno, luego dos, luego tres… Y así empecé. A los 16 años ya estaba en la Agencia EFE en servicios especiales, haciendo reportajes. Tenía una vocación enorme. En la radio fue más o menos lo mismo, fui a ofrecerme.

En la profesión…

De hecho, yo no he estudiado nunca, ni periodismo ni nada. Eran tiempos difíciles cuando yo empecé de pequeño y mi familia necesitaba el dinero que yo podía generar trabajando para poder vivir, así que no tuve tiempo para estudiar nada. He empezado de forma natural, aprendiendo del oficio y trabajando en él.

¿El Íñigo comunicador y el Íñigo persona es el mismo?

Sí, yo no soy ningún personaje ni ningún artista, yo soy un obrero de la comunicación.

Miremos para atrás. Tú viviste una televisión que ya no existe, ¿cómo has vivido ese cambio?

Ha cambiado muchísimo, no tiene nada que ver la televisión que se hacía entonces con la que se hace ahora. En líneas generales, ahora sale en la televisión cualquiera y antes salía la gente que había hecho algo, que podía servir de ejemplo en alguna cosa. Tenían un espacio para expresarse y ser vistos por los demás. Ahora salen los mismos siempre, los famosos, o los que nunca han hecho nada y son famosos por salir en televisión. Ahora la televisión es de usar y tirar, antes era otra cosa. Es algo que también se puede aplicar a las telenovelas, que antes estaban filmadas por autores de gran prestigio, americanos como Tennessee Williams o españoles como Buero Vallejo o Alfonso Paso. Ahora cualquier novelita sudamericana llena de faltas y errores puede servir. La televisión es mucho menos exigente.

¿Por qué?

Ahora la televisión es un asunto puramente comercial. Se dedican a ganar dinero, y lo ganan. Están en su derecho, lo hacen de la mejor manera que pueden.

Cuando se ha estado en la cima de la comunicación, ¿qué motiva a seguir?

Bueno, al final es tu oficio y tienes que seguir haciéndolo. Yo he estado arriba, abajo, en el medio, he jugado en primera división, en segunda y casi en tercera. Y unas veces estás arriba y otras abajo. Depende de cómo tengas la cabeza organizada, lo ves como algo normal o te desequilibra.

¿Dónde te sientes mejor, arriba o abajo?

Yo he estado en todos los lugares. Depende mucho de la edad, si tuviera 30 años me gustaría estar en primera línea de fuego peleando y luchando por la audiencia. Ahora valoro más la vida tranquila y estaría mucho mejor haciendo un programa en La 2. No descuidando el producto, pero sí despreocupado de la audiencia.

Entonces es ambición juvenil.

Yo creo que sí. Además, como ya sé lo que es, tampoco tengo mucho interés en tenerla.

Vamos al juego. Parece que no eres un gran resolvedor de Crucigramàrius, lo vemos en No es un día cualquiera

No, no. No tengo habilidad para ese tipo de crucigramas. Para ese tipo.

¿Y para qué tipo tienes habilidad?

Para otro tipo, de los de siempre, los crucigramas que siempre he hecho. Aquellos que te decían: río de la India. Montaña de la Sierra de los Alpes. Aquellos crucigramas implicaban un conocimiento concreto de algo. Me cuesta mucho resolver este tipo de crucigramas ideológicos, no sé por dónde tengo que empezar a pensar. No entiendo por donde tengo que tirar. Yo resolvía los crucigramas de los periódicos. Te decían: sombrero militar, de tres letras. Era ros. Se ponían a prueba los conocimientos de palabras pero también de otro tipo: geográficos, técnicos… Había necesidad de una cierta preparación. Más que la ideología, que es como los que hace Màrius. Te dice: saludo marino. Como tal, no hay ningún saludo marino. Y claro, ¡es ola! Y este es fácil, pero hay otros tremendamente complicados. Igual que los crucigramas de Fortuny en La Vanguardia, son ideogramas, muy difíciles de resolver.

Vamos a hablar del juego. Jugar es un concepto que tiene…

A mí lo que me molesta es perder. Me molesta mucho perder, y ante esa posibilidad prefiero no jugar. La alegría que me puede dar ganar no me compensa la desgracia que puede suponer perder.

¿Es cuestión de orgullo?

No lo sé, es posible que sea eso. O que no estás acostumbrado a perder. Yo, generalmente, no estoy acostumbrado a perder.

¿Arriesgas poco entonces?

Arriesgo lo suficiente, arriesgo cuando tengo que arriesgar. Mira, yo al casino he ido una sola vez, con tanta fortuna que acerté. Me dieron todo, y dije: muchas gracias y adiós. Gané poco, porque si pones poco ganas poco. El rollo ese de estar en racha y quedarse no me funciona.

¿Has perdido cosas por el miedo a perder?

Es posible. Aunque en algunas otras cosas soy más arriesgado, pero no en el juego. No me llama mucho la atención el juego.

Hablemos de los viajes. Como empieza ganasdeviajar.com?

Sale de una revista que se llama Viajes y Vacaciones que he editado en papel durante 35 años. Me ha permitido viajar por todo el mundo. Me gustan los viajes porque me gustan los lugares diferentes, las personas diferentes, los ambientes diferentes. Por eso empecé a editar la revista, que era mía. Luego han venido otras como Vinos y Restauración o Tengo Ganas de Viajar.

¿Al periodismo le cuesta solapar los viajes y el periodismo en sí? Muchas veces no se enseña la realidad del país.

Eso está en todos los sitios, en todos los países pasa eso, depende del tipo de publicación que tú quieras hacer. Depende de si es una revista puramente turística, si es así no viene a cuento ni les interesa a los lectores los problemas sociales que pueda haber, o las favelas tristes que existan en Brasil. Si trabajas para un periódico o revista que emita ese tipo de cosas sí que hay que enseñar la realidad política, social y económica del país. Todo depende de para quién trabajes, es fundamental.

¿Tienes alguna anécdota que se te haya quedado en especial de los viajes?

Hombre, hay lugares que desde luego merece la pena ver. Para nosotros, sobretodo, las islas del Pacífico y el sudeste asiático son paradisíacas. Vietnam, Camboya, el Tíbet… Aunque hay turismo ahí, es un sitio precioso, parece otro mundo. Ahora ya no se puede escapar del turismo, aunque vayas al sitio más recóndito del mundo te encuentras un cartel de Coca-Cola. No puedes escaparte de eso, pero todo depende de cómo sepas mirar. Es como la fotografía, hay que tener la mirada fotográfica, si te pones a hacer fotos al lado de un fotógrafo en el mismo sitio y con la misma cámara, ya verás como el fotógrafo captará algo que tú ni habrás visto. Con esto es igual: depende de la mirada que tengas durante el viaje podrás ver cosas que los demás no ven.

¿Cuál es tu mirada?

Pues yo ahora veo más las personas que las piedras. Antes me gustaban más las piedras que las personas y ahora es al revés. Creo que la verdad de la verdad está en el ser humano, en las gentes. El motor del cambio supongo que es mi edad, llega un punto en el que te importan más los sentimientos que otras cosas. Y además las personas dan mejor el perfil de un país, mucho más que los monumentos, los edificios y todo eso.

¿Cuando viajas te mezclas con el entorno, con la gente del lugar?

Siempre. Siempre hay que hablar con la gente del lugar, por eso siempre prefiero conocer los idiomas de los sitios a los que voy. A mí los idiomas me gustan, es un tema que llevo bien. Si ahora me dicen que el mes que viene me voy a Zambia o Tanzania, pues coño, yo el mes siguiente hablaré suficiente swahili como para relacionarme con la gente de ahí.

¿Cuántos idiomas hablas?

Una cosa es hablar y otra es entenderse, pero entre los que hablo y entiendo, unos diez. Quizá el más raro que hablo es el japonés, aunque la escritura no la domino. El japonés, igual que el chino, es una lengua de diez años, y no tengo tanto tiempo.

¿Cómo se pide una cerveza en japonés?

Pues depende, es muy sencillo… Miruo kuta sai [aproximación fonética interpretada por el entrevistador]. Me lo he inventado… ¡No, es broma! Pero ese tipo de cosas son muy sencillas. Yo no hablo como para dar una conferencia sobre economía, puedo ir a los sitios, pedir lo que quiera, no tener necesidad de otras gentes, salir de los apuros… Es algo que está al alcance de cualquiera, pero ya sabemos que el español es alguien que lleva toda la vida aprendiendo inglés. ¿Y por qué? Porque aprende inglés lunes y miércoles, y los idiomas se deben aprender en un tiempo determinado.

¿Viajas solo?

Algunas veces sí y otras no. Viajo mucho por trabajo con el equipo de la radio, y otras veces voy solo. Ya lo dicen: si quieres conocer un país viaja solo, si quieres pasarlo bien, viaja acompañado. Cuando vas solo hay momentos de duda, y a veces no se pasa nada bien. Sobretodo cuando te sientes observado, seguido. Uno debe saber dónde va, y hay que vigilar con no llamar la atención. Hay que saber dónde vas, y por eso un buen viaje empieza en una librería comprando una guía. Hay que saberlo todo del país donde vas, que nada te sorprenda. Y luego disfrutar de la vuelta, seguir interesándote por el país, pero sobretodo leer antes de ir.

Salimos de viajes y vamos a la música. ¿Qué es exactamente Eurovisión?

Ahora es un gran espectáculo musical, el mayor espectáculo musical de televisión que existe en el mundo. No es mi opinión, lo dan las cifras de audiencia. En el último un 43%, en el anterior un 48%. Es un gran espectáculo visual, y como todo concurso está expuesto a críticas constantes. Pero a mí me parece un gran programa musical, hay que verlo así y ya está, no es otra cosa.

¿Hay los mejores talentos musicales de Europa?

No, ni mucho menos. No se trata de eso, hay mucho mejores cantantes de los que van. ¿Pero qué es mejor o qué es peor? Tú puedes creer que Sting o Bono son los mejores cantantes de Europa, pero ¿y si a mí me gusta Malú? Es como al que le gusta la cerveza… Pues a mí me gusta la Coca-Cola. Los grandes no van porque no necesitan ir a concursar, igual que Cristiano Ronaldo no necesita demostrar nada a nadie y no iría a concursar a un certamen de fútbol.

Con José Ramón Pardo recuperáis grandes éxitos de décadas pasadas. ¿Hace falta memoria musical?

Nosotros jugamos mucho con el recuerdo, con la nostalgia. Nuestras canciones tiene el factor recuerdo, y eso es lo que compra la gente: canciones que formaron parte de la banda sonora de su vida. Eso y su bajo precio, es la clave del éxito. Esa generación no tiene la tradición de bajarse música de internet.

¿Cuando una persona se hace mayor es fácil que se refugie en la nostalgia?

No, no. No confundamos: una cosa es que te haga gracia escuchar una canción de cuando fuiste a un guateque y conociste una novia, o te dejó una novia… Y otra cosa es vivir pensando en un pasado mejor o peor. Eso es un error tremendo, no se puede vivir del pasado. La nostalgia un minuto, y ya. Un minutito y no más. Es un error vivir de la nostalgia. Vivimos en el ahora mismo, y el ahora es todo lo que hay, y o te montas en ese tranvía o estás perdido.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Últimamente vienen ya pocas cosas a la cabeza, porque estoy perdiendo la memoria de una forma que no te puedes ni imaginar. Olvido los nombres de la gente, y aunque les tengo situados, a veces esas situaciones me hacen quedar mal. A ver, que me acuerde… ¡Cancamusa! Hacer la cancamusa. Es hacer una cosa tratando de distraerte para engañarte y hacer otra. Y todo eso tiene una palabra. Cuando un mago te despista para hacer su truco te está haciendo la cancamusa, igual que un trilero o un político.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes 

Si quieres ver más fotografías, pincha aquí.

Volver