José Ramón Pardo: "Para crear crucigramas hay que ser retorcido"

Si se le hacen algunas preguntas a José Ramón Pardo existe el riesgo de que el entrevistado haga, sin querer, una biografía exprés en 35 minutos de conversación. Periodista de larga trayectoria en múltiples tareas (redactor jefe en ABC y Blanco y Negro, jefe de programas musicales de varias cadenas, creador de M80 y Radio Olé entre otras) ahora se viste de doctor en No es un día cualquiera de Pepa Fernández. Le entrevistamos un sábado de programa, en Valencia. El Hall de un hotel es el sitio en el que Pardo habla de su pasión por los crucigramas, de la industria musical y de su propia carrera profesional. La nostalgia, encarnada en su sello Ramalama, y todo lo que ha hecho Pardo, encarnado en su propio discurso, están presentes de principio a fin.

Viendo todos los sitios en los que has trabajado, ¿cuál es la relación que hay entre los medios de comunicación y la industria musical?

Son complementarios. Los medios de comunicación son complementarios de casi todo, por eso se hacen tantos departamentos de comunicación y relaciones públicas, son fundamentales. Con la música hubo una época en que las radios musicales y las empresas tenían una colaboración muy estrecha. Eso les ha llevado a una doble ruina, porque la crisis de ventas de las discográficas, y por la tanto la falta de capacidades económicas de las empresas, también ha afectado a la publicidad de las emisoras musicales, que también se han hundido con ellas.

¿Por qué siempre se escucha la misma música en las radios?

Ese es un tema complicado y complejo. Cada tipo de emisora de radio musical utiliza un tipo de música específica. No es lo mismo 40 Principales que M80. O Kiss FM, o Radio Olé. Cada una tiene su territorio. Las que se dedican a la novedad van de acorde con los gustos de la época, y los gustos de la época tardan en producirse, es una evolución lenta. Las otras emisoras no cambian tanto, si quieres hacer una radio de música nostálgica te apañas con 3.000 canciones y vas dando vueltas sobre ellas. Pero en España hay emisoras como Radio 3 que son la salvación de la música más avanzada, que son el único trampolín que tienen.

Con José María Íñigo recuperáis antiguas canciones del pop español. ¿Es necesaria la memoria musical?

Vamos a ver. Yo tengo un sello discográfico que se llama Ramalama en el cuál edito los discos con Íñigo pero también muchas otras cosas. Ese es un sello que nació hace casi 20 años. Lo hicimos unos amigos que nos gusta esa música y veíamos que faltaba en los comercios. Las compañías de discos, al pasar del vinilo al CD, se calcula que sólo pasaron un 40% de las canciones. Si sacaban un disco de Mari Trini sacaban 20 canciones de sus grandes éxitos, pero ella había grabado 300 canciones. Lo nuestro consistió en recuperar todo ese material perdido, devolver al público su memoria musical. Y además hacer recopilaciones, que suelen tener gran recibimiento por parte del público.

¿El motor de Ramalama es la nostalgia?

El motor de Ramalama es la nostalgia y la memoria. Ambas cosas. Todos los que tenemos cierta edad hemos tenido discos de vinilo, y los hemos oído por una cara, por la otra, y de canto. Siempre que se edita Rita Pavone la gente reedita Cuore, pero no todas las otras canciones. Ramalama devuelve todas esas canciones al margen de los éxitos. Nos gusta recuperar la memoria y las canciones.

Tienes un pasado como periodista serio. Cuéntame.

Yo soy culo de mal asiento. Vengo de una familia de 10 hermanos que era de ciencias. Mi padre era ingeniero naval, tengo tres hermanos que son ingenieros navales, una hermana y un hermano ingenieros de telecomunicaciones. Mi destino era ser ingeniero, y con esa idea me lancé al mundo. Lo que pasa es que me empezaron a gustar las asignaturas de letras, y me pasé.

¿Cómo se lo tomó tu familia de ciencias?

Me decían que era demasiado fácil, que al menos debía estudiar derecho para ser abogado del estado, o notario, o registrador de la propiedad. Cosas con las que pudiera vivir bien. En tercero de derecho me matriculé en filosofía y letras. Entonces fui a la escuela de periodismo a preguntar cómo entrar. Nos dijeron que sólo teníamos que apuntarnos, yo aprobé e ingresé. En general tengo buena memoria, pero había un test sobre 50 noticias de actualidad del último mes en el que lo pasé un poco mal. Total, que me encontré estudiando primero de periodismo, cuarto de derecho y segundo de filosofía y letras. A los tres meses de estudiar periodismo me dieron trabajo en el Periódico de Madrid. Y al año siguiente me contrató ABC. Con trabajo fijo, nómina y todo eso. Aquél periodismo no tenía nada que ver con la música.

¿En tu casa había tradición musical?

La música era una pasión. Había montado un grupo musical con mi hermano, yo era el bajo y hacía la tercera voz. Cambiamos el cantante por un primo hermano mío, que con el tiempo se convirtió en Juan Pardo, y ha hecho una carrera musical de más de 40 años. A veces aún toco el bajo y la guitarra. Pero yo me decidí por el periodismo. Entonces me hicieron redactor jefe de Blanco y Negro, y aparte también hacía fotos porque me gustaba mucho, era muy aficionado. Entonces empezaron a enviarme a trabajos que no correspondían a cultura y sociedad. Yo fui a cubrir los últimos fusilamientos del franquismo. Viajé por muchos sitios de España y del resto del mundo como enviado especial: Arabia Saudita, Venezuela, toda Europa. Cubrí la coronación del Rey, la Marcha Verde y la muerte de Franco. Al final pasé de ser redactor en jefe de Blanco y Negro a ser redactor jefe de ABC. Como ahí me encargaba del dominical y tenía un buen horario, me dio tiempo de estar en Radio España como jefe de programas musicales. A la vez me llamaron de TVE para encargarme de la parte musical de Informe Semanal. Ahí tuve la suerte de entrevistar a Mick Jagger. Por las mañanas era ABC, por las tardes Radio Nacional y  cuando podía TVE.

A la vez, el grupo Salvat me pidió que hiciera una enciclopedia de 5 tomos, que hice yo solito. Hasta ahora habré hecho 15 o 20 colecciones de libros de todo tipo de música. Ya ves que esta respuesta es larga. Yo estaba en Informe Semanal, que pertenecía a informativos, pero me llamaron y me dijeron que harían un programa musical de tres meses, en verano, y que me querían de guionista. Era un espacio de dos horas, Aplauso, Tocata y a Tope. Estuvimos 11 años seguidos. En esos años sí que entré en una crisis personal porque no me daba tiempo a hacerlo todo.

No me extraña.

Cuando fui a la Marcha Verde estuve un mes en el Sáhara sin hacer radio ni televisión, y me reclamaban. Nunca pensé que los marroquíes iban a tardar tanto en entrar. La radio dejó de emitir mi programa. En el año 1983 me despedí de ABC y de RNE, todo a la vez. Desde entonces trabajo por mi cuenta y me dediqué solo a la música. Fue cuando creé Ramalama y cuando me empezaron a llamar para crear formatos, emisoras. La primera fue Radio 80 Serie Oro. Fue la primera emisora musical dedicada a la nostalgia. También me contrató, sin horario, Antena 3 Radio como director de programas musicales. También fue la época en que se creó Radio Olé, una radio de copla. Lo hicimos todo en pocos meses, y la pusimos en marcha a una velocidad enorme. Luego el Grupo PRISA me pidió que creara M80, y la creé, la dirigí un año y me despedí. No me gustan los despachos y me aburro mucho en las reuniones. He seguido con Carlos Herrera en Onda Cero, y luego vino la colaboración en 2006 en el programa de Pepa. Y aquí estamos, llevo 9 años. Pregunta terminada.

¿Con tanto trabajo te ha dado tiempo para vivir?

Sí, porque además de escribir de música, escribo de viajes. He conocido más de 40 países gracias al periodismo y la música. Nueva York, Londres, Miami, México, Hawái… Yo era barato porque escribía y hacía fotos. Además de eso me casé, tuve una hija y soy feliz. Siempre he escrito libros, son pesados pero me encanta escribir. Confieso que es mi vida.

Vamos al juego. ¿Eres un experto en resolver crucigramas?

En mi casa estábamos suscritos al ABC, era el único periódico que te llevaban hasta la puerta de casa. Mi madre era una gran crucigramista, siempre los hacía, y el día que se le olvidaba los hacíamos nosotros. Luego descubrí los de Fortuny, de La Vanguardia. Al principio no entendía nada, pero luego viendo la solución le cogí el truco. Es el que hago con más pasión, si paso por un kiosko lo compro. Un verano fui de autoestop por Europa e intenté hacer los crucigramas en francés. A veces intento hacer los de Màrius Serra en catalán en La Vanguardia, pero es complicadísimo, el catalán lo leo bien, pero las definiciones son complicadísimas. Esa pasión está ahí. Soy de los que saca el Crucigramàrius, y el Fortuny me lo saco en 15 minutos más o menos.

¿Sólo 15 minutos?

Sí, te pones en su cabeza. Te dice: nave de Noé, de 3 letras. Zoo. Le vas cogiendo el truco, vas viendo lo que coincide y para adelante.

Aparte de Fortuny, ¿de la época del ABC que resolvía tu madre recuerdas algún autor concreto?

En el ABC siempre los hizo un señor llamado Coba, que sigue firmando Coba y que era el Conde de Gondomar. Ahora es su hijo, y lo averigüé cuando era redactor jefe de ABC, ya que me tenía que comunicar con Coba porque los cierres de los periódicos se hacían por pliegos. Y hay pliegos que se deben cerrar antes, y la moda y el crucigrama solía ir al primero o el segundo pliego. Le empecé a conocer y sé que murió y que ahora lo hace su hijo. Todo el mundo recuerda a Pedro Ocón de Oro, que es el hombre que los hacía en el Diario Ya. Pero hoy día solo me apetece Fortuny, aunque hago también el de El País, que hay gente que dice que es complicado, pero…

La gente que hace crucigramas es enigmática.

Yo tengo una familia muy amplia. Mi novena hermana se gana la vida haciendo crucigramas. Mi hermana Paloma hace pasatiempos y crucigramas de algunas revistas. Creo que ahora las del 10 minutos. También hace dameros, sudokus y pasatiempos. Así que es algo habitual para mí conocer gente que hace crucigramas. A menudo hablo con ella y nos retamos.

¿Cuál es el goce de resolver un crucigrama?

Hay tres tipos de posibilidad. Uno, demostrar y poner en práctica la cultura adquirida. Si te dice la definición algo del vellocino de oro y tú no sabes nada, no lo puedes poner. Igual que si te pone capitales de países raros. Yo, como tengo memoria, ahí me defiendo. Luego hay una segunda parte que tiene que ver con la comprensión hacia las posibilidades. Y la tercera, la parte de adivinanza de las definiciones. Por ejemplo, de Fortuny. Dice: dos palabras, continente espiritual. Y era Mueble-Bar. Hay que ser muy retorcido. Y el más difícil de todos, que me salió por las verticales, era una de tres palabras horizontal: retraso. La solución era ‘ore. Al día siguiente miré la solución y era correcto, pero no sabía por qué. Luego vi que retraso eran tres palabras, re-tras-o. Re detrás de la o. Ore. Re tras o. Re detrás de o.  Cuando entiendo esas soluciones me encanta. Esa forma distinta de pensar te hace alejarte y acercarte a la lógica.

Fortuny decía que las palabras tienen significados ocultos.

Sí. Fortuny y Màrius son muy parecidos en eso, juegan mucho con eso y tienen trucos espectaculares. Fortuny utilizaba mucho la palabra asfalto. Asfalto es que no tiene la letra A, que va falto de as. Claro, esos trucos los vas pillando y te ayudan a confirmar.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Ahora se dice que la gente joven habla solo con 1.500 palabras y que Cervantes utilizó 23.000 para escribir el Quijote. Empúria. Es mi palabra. Es el nombre de una colonia griega, Empuriabrava. Por sonoridad me encanta y está muy bien. Me gusta más que decir amor o amistad. La gente no le da valor a la palabra sino a su significado. A mí me importa si la palabra es bonita. 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes

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