Josep Pedrals: "Todo es susceptible de ser poesía"

Los primeros cordones de la camisa desabrochados, aire despistado y una disculpa: “hostia tío, quería afeitarme pero no he tenido tiempo”. Así nos recibió el poeta Josep Pedrals (Barcelona, 1979), uno de los mejores poetas de su generación reconocido en medio mundo en su biblioteca familiar del barrio del Clot de Barcelona. Dentro, 30.000 libros, versos de Unamuno y nombres ilustres grabados en las estanterías, des de Hannah Arendt hasta Lluís Millet, pasando por Mozart, Dalí o Verdaguer. Hablamos con el poeta Pedrals de su padre, el ex-cura Pedrals, y también de cómo la poesía puede hacerse tangible en todos los momentos del día. Desenfadado, descamisado y desacomplejado, rompe con todos los tópicos del poeta romántico, combinando sus versos con música, actuando en recitales por todo el mundo y divulgando la poesía a partir del juego. Cuando hablas con él se percibe que, indefectiblemente, su cabeza va mucho más deprisa que sus palabras.

Una vez te preguntaron por qué eras poeta y respondiste: “y qué quieres que haga, ¿arreglar coches? La poesía es lo único que sé hacer”. ¿Eres poeta porque no tienes más remedio?

No lo sé, ¡me gusta! Normalmente las cosas que se nos dan bien nos gustan, precisamente porque se nos dan bien. La vocación de la gente existe porque es el lugar en el que se siente cómoda. El tema de los coches, por ejemplo: yo tenía un primo que era un flipado de las motos y era capaz de montar motores de moto. ¡Motores, tío! Yo eso no sabría hacerlo en mi vida, me quedé flipado. Pero en cambio puedo escribir la historia del soneto porque me gusta, me encanta y me parece apasionante. Me lo paso en grande. Si algo te apasiona debes tirar hacia allí. Supongo, vaya.

Hace una semana hablábamos con Jep Ferret y nos decía que para él los versos son un sufrimiento, que le gustaría dejarlos pero no puede. Tú lo vives de forma muiy distinta, ¿verdad?

¡Sí, completamente al revés! Yo hago los versos porque me proporcionan un placer brutal. También me cuestan, no me resultan sencillos porque a menudo me exigo cosas muy complejas. Tienen una complicación, pero esa complicación es gozosa. Jep hace unos crucigramas que son la hostia. A mí los crucigramas me gustan mucho, he creado un par en mi vida y se me hacen muy pesados. Me cuesta darles sentido, y Jep lo consigue, es flipante.

¿Puedes sentir empatía hacia alguien que vive así la poesía?

¡Sí, sí! Porque en el fondo yo no estoy en el momento de su proceso. Yo de la poesía del resto veo, normalmente, el resultado. No estoy en el proceso creativo, ni veo cómo la gente saca su verso de dentro. Estás cuando está a medias y sólo hay que pulir cosas. Ahí ves y entiendes el sufrimiento del otro, puedes llegar. Ves que dependiendo del tipo de verso hay gente que le ha costado sangre, sudor  y lágrimas llegar hasta allí [canta Manel]. Ta-tan-tan! Claro que hay versos que cuestan, porque a veces los sacas de la tristeza. Pero yo me lo tomo como algo de oficio. Los pintores se levantan por la mañana y prueban colores y cosas en sus paletas, yo con la poesía hago lo mismo. Sí que extraigo una obra de arte, evidentemente, pero desde un enfoque técnico. A mí me gusta hacer virtuosismo, pero que no sea vacío. Pero claro, para llegar a un virtuosismo pleno no sabes cómo me tengo que vaciar!

También hablas a menudo de desdramatizar el proceso creativo. ¿Eso cómo se hace, convirtiéndolo en mecánica?

Pero no es mecánico, ¡eh! ¿Tú crees que un señor que hace cerámica tiene un trabajo mecánico? No, hay un placer brutal en crear el jarrón, siempre hay un toque técnico, la mecanicidad no tiene nada que ver con la técnica, ¿me explico? Existe la idea de que los científicos trabajan mecánicamente, pero los científicos no son para nada mecánicos, lo que es mecánico es un trabajo de fábrica. Mi mare era inmunóloga y pinchaba a conejos y ratones para buscar cuándo tenía que sacarles la sangre para encontrar anticuerpos... Y eso era un arte, hacían falta cálculos muy buenos, encontrar el momento justo para descongelar el virus, a veces se iba al curro los domingos. Hasta las cosas que parecen menos empáticas requieren una empatía. Es decir, una empatía con las palabras, una empatía con los virus.

¿Cómo es tu proceso creativo?

Depende. A mí me van saliendo ideas en cada momento, le estoy dando vueltas al coco todo el día. Y hago algo que es extraño, que es dedicarme a escuchar cómo suena el mensaje, y me quedo las ideas por cómo suenan. Eso te sitúa en otra forma de trabajo, cualquier cosa que leo, oigo o veo (o las preguntas que me hace gente como tú) pueden ser material de poema. Cuando me levanto por la mañana cojo los apuntes del día anterior. Mira, por ejemplo los del móvil. [saca la BlackBerry y lee las notas] Bar – Restaurant. También puede ser “barres t’hauran” (barras te tendrán). Y este uso del verbo haber es poco usado. En las canciones populares sale mucho, este sentido del haber, del “et tindran uns bandarres” (unos sinvergüenzas te tendrán). Y hoy, ¿quién manda? Los “barres” y los “bandarres”, es decir los sinvergüenzas. Por lo tanto, los “barres t’hauran” es algo chungo [ríe]. Tengo que implicarlos los dos y combinarlos en versos. Como los “contenidors” (contenedores), homófono de “contenir dos” (contener dos). Y así.

Por lo que veo, básicamente te dedicas a poner orden en tu propio caos.

¡Sí! Precisamente aquí tengo apuntes de un poema de felinos que quiero hacer: el guepardo, el leopardo, el puma y la pantera, que es algo muy guapo. Y el otro día descubrí algo muy divertido: antes, la gente no sabía escribir y existía la figura del amanuense, que era el señor que redactaba la carta. Y en muchas cartas antiguas, al final de todo pone: “recuerdos del amanuense”. Claro, el tío se había impregnado de la redacción, se implicaba en el tema y mandaba recuerdos. Ahora me he inventado un juego nuevo, el de la proa y la popa, que consiste en encontrar palabras que se parezcan a proa y popa, como prole (que en catalán se pronuncia prola) y polpa (pulpa). Tengo mucha tendencia a inventarme ese tipo de juegos. Así, cada día unos cuantos. Mira, el suís suós (suizo sudado)! [reímos un buen rato] El otro día en las Ramblas vi a unos tíos con la camiseta de Suiza y sudaban como cabrones. Y pensé, ¡hostia un suís suós! También está el peritable poema, que no es un poema verdadero sino un poema que se pueda peritar. La clave es darle vueltas a las cosas, si lo vas haciendo te llegan ideas. Si mezclas la idea del peritable poema y después mi poema tiene su fuerza, ¡pum! Ya tengo un doble juego y todo coge más fuerza.

Te imagino como la típica persona que tiene más ideas de las que puede recordar.

Sí, me pasa mucho. De hecho, estudié Relaciones Públicas y Publicidad. Bueno, empecé pero no terminé. Era un mal estudiante. Cómo te lo diría... A mí si me interesa algo me pongo a ello, pero nunca me interesa aquello que alguien dice que tiene que interesarme, sino lo que yo quiero que me interese. Soy autodidacta, pero con esta biblioteca [señala el entorno que nos rodea] también es fácil. Total, que cuando estudiaba quería hacer de copy de publicidad, de los que hacen lemas. Y hago mil lemas todos los días, quizá me hubiera forrado. Pero después, con los años, encontré un nombre pare explicar lo que me pasó: el logo feroz. El tema de los logos me daba miedo, me disgusta la mercantilización total, prefiero trabajar artísticamente antes que hacerlo como un vendedor. Puede parecer una tontería, pero no sé...

¿Crees que rompes los estereotipos de lo que es un poeta?

No. Yo estoy muy en la línea de los poetas clásicos, lo que pasa es que la idea del poeta romántico del s XIX es la que perdura hoy en día. Creemos que el poeta es un tío qie sufre mucho y tal, y extrae de sí mismo unas esencias que tal y cual... Y miras lo que hacían los poetas en los siglos XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII y XVIII y eran gente mucho más práctica, más rápida y menos torturada.

¿Y por qué nos hemos quedado con la imagen del poeta romántico?

Porque la supieron vender muy bien. Aún somos muy románticos, estamos en una época sumamente romántica, y eso a la gente le encanta. Hay una necesidad de tortura y toda esa historia. Quizá, no lo sé. No me desvinculo de eso porque también soy seguidor de lo que se hace, pero me parece menos interesante que otras cosas. Las penas del corazón están muy bien, pero también están muy bien las alegrías, ¡joder! Que las penas parezcan más transcendentes... No sé. [se pone a cantar]

Sóc pobre i no envejo la vida del ric, [soy pobre y no envidio la vida del rico]

perquè me la passo molt més divertit, [porque me lo paso más divertido]

si hem de ser pobres siguem-ho de grat, [si tenemos que ser pobres, seámoslo contentos]

jo canto i m’alegro quan Jesús és nat! [yo canto y me alegro cuando Jesús ha nacido]

Además es algo que a veces hay que tener en cuenta, y todos los profesionales del arte lo saben, es que cuando la gente va al teatro o a una exposición va a disfrutar, no a comerse el coco en exceso. Sí que hay que colar un algo, pero el sentido del espectáculo que tiene la expresión artística también es importante.

Tú combinas los poemas con la música, haces poesía desenfadada, la divulgas.

Claro, estar desenfadado no tiene por qué ser banal. Asociamos mucho la risa con la tontería, y a veces sí que es sólo tontería y ya va bien, no hace falta vivir en una nube de transcendencia. Va bien ir a la nube de transcendencia, pero si tienes un espectáculo de una hora no te la puedes pasar entera arriba del todo. Si quieres conducir a la gente a un sitio debes saber hacerlo, es muy importante la conducción de las almas. Hay un nombre griego para eso que hace referencia a ese sistema persuasivo de llevar el público hacia donde desees.

Has dicho alguna vez que la poesía no puede llegar a todo el mundo pero que está bien que sea así. ¿Eso qué significa?

Es como cualquier cosa muy guay. La parte más interesante de la ciencia física no la comprenderé jamás a no ser que alguien me la explique de forma muy comprensible, o ni así. Y nadie se preocupa de que la física llegue a todo el mundo. ¿Cómo quieres que lleguen algunas cosas de la física a todo el mundo? Pues con la poesía igual. Hay muchos poemas, des del Don Juan de la Picha Corta hasta la poesía hermética que es imposible que sea popular, ni lo pretende, ni tiene por qué serlo. Hay muchas formas de poesía, si quieres una poesía muy popular igual pierdes en calidad o profundidad del mensaje. Por lo tanto, si quieres una poesía de nivel mínimo no puedes exigir que sea popular. Es como los conciertos. En los conciertos multitudinarios a los que he ido de espectador no he disfrutado tanto como en los íntimos. En los megaconciertos el artista forma parte del marco de tu historia, pero tú realmente te lo pasas bien con tus amigos, no conectas con el emisor del concierto. Es más fácil una catarsis colectiva en un colectivo pequeño.

Muchas veces utilizas el poema como un juego, para cuadrar métricas. ¿No te vacías en esos versos?

Muchas veces sólo juego. A veces me pongo juegos para practicar. Es como la diferencia entre entrenar y competir, cuando entrenas sabes que te pondrás en forma para la competición. Pues es eso, yo entreno porque un día me salga un poemazo que sea la hostia y me encante. Y para hacerlo necesito hacer poemas que me den igual, que me lo hagan pasar bien a mí o al público. A veces los juegos lingüísticos dan mucha risa, tirar del ingenio. Y hay ejercicios que son para mantenerte y pasar el rato. A mí la poesía me parece algo que lo engloba todo, también necesito poesía que no me exija estar siempre arriba del todo. Necesito poesía de cosas estúpidas. ¡Y esa poesía no menosprecia la otra! Yo propongo que la poesía acoja todos los momentos del día.

Ahora quería hablar de tu padre. Fue cura, conoció a tu madre y dejó de serlo. Era religioso pero eligió su camino. ¿Te ha influenciado esa forma de ser?

Mucho, mucho. Piensa que mi padre era un predicador reconocido, en un momento dado la gente iba a la iglesia de Sant Ildefons porque en medio de los últimos coletazos del franquismo és hacía unos discursos encendidos que tenían tela. El tema de hablar en público siempre lo ha tenido por la mano. Hacía discursos muy elaborados, y de oír a mi padre hablando en público supongo que me ligué a los recitales. También por la gente que conocí de pequeño como Dolors Miquel o Enric Casasses. Son los grandes renovadores de la recitación en Catalunya durante los 80’ y los 90’.

Tu padre fue pionero en llevar los scouts a Catalunya. ¿Has vivido ese mundo?

Sí, yo iba al cau de pequeño. Había Batista i Roca, mossèn Batlle y mossèn Pedrals, que era mi padre. Era el momento del gran auge de los scouts, era el único lugar en el que se podían hacer ciertas cosas en catalán rodeados de naturaleza. En ese sentido la pedagogía de mi padre tiene mucho que ver con eso, yo iba al cau de pequeño y me lo pasé en grande allí, aunque no eran los mismos scouts que en la época de mi padre. Se basaba en la educación en el juego, el juego es lo más serio que hay, realmente. Toda la sociedad, nuestra forma de convivir, es una forma de jugar. Yo soy muy fan de Johan Huizinga y de Oriol Comas. La vida es un juego, un juego muy serio, pero un juego, ¡cojones! Precisamente las cosas más serias son juegos.

Hablando de juego, querría preguntarte por el libro en el que propones juegos para acercar la poesía a los jóvenes. ¿Cómo se te ocurrió?

Fue una propuesta de Liliana Pedro, que es editora de Estrella Polar, y de Inés. Dijeron que querían hacer un libro de poesía para jóvenes (para niños hay poesía, para adultos también, pero para jóvenes no) y hacerlo sin que fuera un tostón. Hicimos distintos planteamientos y creí que lo mejor era ese Exploradors al Poema!, que consiste en crear un relato extraño y abstracto que conduzca hacia los distintos elementos del poema. Desmembrar en poema pero no en cuestiones técnicas sino en cuestiones de foco, de por dónde te lo miras y por dónde le puedes entrar. Teníamos que poner ejemplos para que se entendiera, y por eso el libro tiene tres patas: relato, poemas y laboratorio. En el laboratorio se trabaja a partir de los juegos del lenguaje, del goce lingüístico. Algunos son clásicos, como el Oulipo y otros son ejercicios míos.

Ponme algún ejemplo rápido de explicar.

Hay uno que es muy sencillo: yo, para estudiar, me hacía las cosas en verso porque con la rima me era más fácil aprenderme las cosas. De hecho la rima es algo mnemotécnico de toda la vida. Entonces uno de los ejercicios es coger un teorema matemático y pasarlo a verso. Yo lo había hecho algunas veces. Es gracioso pasar a verso las cosas de la vida, todo es susceptible de ser poesía. Y eso te obliga a ser sincero con el poema, mandar tú a la rima y no que la rima te mande a ti.

Yendo hacia otro lado, se han definido a los cantautores o a los cantantes de hip-hop como los nuevos poetas. ¿Qué opinas de eso?

Sí, conozco a los de At Versaris y siempre he escuchado cosas de rap el otro día conocí a unos tíos en Valencia que se llamaban Los Chikos del Maíz que hacían rap en castellano. Hostia, ¡qué personajes! Me escuché algunas de sus canciones y hay que son muy buenas, reparten que no veas. Vi que tenían un pequeño desprecio hacia la poesía. Cuando les dijimos que nosotros éramos poetas reaccionaron un poco como diciendo “nosotros somos los que molamos”. Ellos hacen algo parecido a lo mío, quizá abusando un poco de algunas figuras, pero abusando bien. Hacen poesía, claro que hacen poesía, pero no son los únicos. Después del siglo XX la poesía se ha abierto por doquier, la poesía recitada no es la real, ni la escrita, ni la visual, ni la fonética. Todo es poesía y nada es LA POESÍA, la buena poesía. Yo creo que todo debe mezclarse, la gente que clasifica entre alta cultura y baja cultura… Yo creo que debe haber interacción entre todos. Sin menosprecios, pero la cuestión es el conocimiento. Si tú sabes qué estás haciendo, dentro de qué y cómo lo estás haciendo, seguro que va bien.

¿Los que hacen clasificaciones dónde te sitúan, en la alta o la baja cultura?

Depende del día… [ríe] Hago algunas cosas muy complejas y otras que no lo son. Mira, con El Romanço d’Anna Tirant hice una gira de presentaciones, y pensé que quería hacerlo de forma amena y simpática, que entrara fácil. Y funcionaba, la gente lo compraba y yo era un vendedor ambulante. Era funcional, vendíamos el libro, pero la gente un vez comprado el libro veía que era más espeso que el recital, que era la parte guay y sencilla, que te dejaba un poco con la miel en los labios. Me he encontrado gente que me ha dicho que el libro se le ha hecho pesado.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Cataglotismo. ¡Toma ya! Escribiendo la historia del soneto encontré un capítulo sobre Rémy Belleau, un poeta que hizo aportaciones a la historia del soneto. Y en ese caso me hace gracia la cosa pastoral que recoge, porque Belleau es un gran imitador de Ronsard, hasta el punto que cuando Belleau comenta los sonetos de Ronsard habla del cataglotismo, y dice que es la poesía que habla sobre los besos con lengua, los besos sensuales y húmedos. Igual que hay poemas de miedo y de entierros, también hay poemas de los besos con lengua. Y ahora mismo he descubierto que cataglotismo también significa complicar el lenguaje, ir más allá de la glotis. Y también quiere decir hacer una acción un poco afeminada. ¡Triple significado!

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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