Juan Carlos Ortega: "Muchos humoristas se consideran poca cosa"

Es un poco complicado seguir el ritmo de conversación de Juan Carlos Ortega (Barcelona, 1968) porque su cabeza va muy deprisa. Humorista sin remedio, lleva haciendo reír en radio, televisión y dónde le dejen desde hace más de dos décadas. Hablamos con él del humor y la creación, pero también de ciencia, que es su otra gran pasión. La conversación se hace en una plaza de Valencia en un fin de semana de No es un día cualquiera, programa de RNE en el que Ortega colabora. Un árbol majestuoso custodia la conversación y nos llama la atención, tanto que nos sentamos en un banco a contemplarlo y al terminar nos hacemos unas fotos encajados en su extraño y maravilloso tronco.

Podríamos hablar del árbol, ¿no?

Yo una vez que quedé sorprendido cuando en un documental científico un presentador dijo: somos primo hermanos de los árboles. Todos somos primos de los árboles, en el fondo la vida tiene un origen único, todo viene a partir de ahí. No sólo somos primos de los monos, sino que todas las formas de vida están conectadas. Si tú vas a tus antecedentes y al antecedente de ese árbol, seguro que tendríais un origen común. Una célula, algo. Ese árbol es nuestro primo, así que estamos en familia.

Y también un escarabajo pelotero.

¡Claro, claro! Todo. Absolutamente todo, pero con los animales lo tenemos asumido, con los árboles no. Y ese es el súper primo de los árboles. ¡Es un árbol precioso, tío!

Va, vamos al tema. Eres un gran admirador de Gila. ¿Qué tiene Gila?

Como humorista Gila es el cánon, la base para muchos de nosotros. Hacía un surrealismo extraño. Siempre se dice que Gila hacía humor surrealista, pero yo creo que era un humorista realista. Contaba cosas improbables pero posibles, salvo algunas excepciones que nadie puede hacer si no está su madre en casa. Casi todo lo que contaba era muy poco probable que sucediese pero no era físicamente imposible. En cambio, el humor surrealista cuenta cosas que no pueden pasar, igual que en la pintura. A parte de su definición, a mí me ha marcado mucho. Yo escuchaba sus cintas de cassette cuando era pequeño. Para mí el humor es inteligencia, y Gila es la inteligencia. Es uno de los mejores humoristas que hemos tenido.

Entonces, ¿damos por hecho que como humorista que eres, tú eres inteligente?

No, no. No soy inteligente como humorista. Es más, no soy inteligente. Tampoco sabría definir la inteligencia, pero de verdad que no creo que sea especialmente inteligente. Si tuviera alguna habilidad es la de relacionar cosas que pertenecen a ámbitos distintos y de su fusión crear algo nuevo. Pero no tengo habilidad analítica.

¿Por qué escogiste el humor?

Yo al principio quería ser Luis del Olmo, un locutor serio. Hasta que compré una mesa de mezclas y un micrófono, empecé a grabar y me salían parodias de lo que a mí me gustaba. Cuando me grabé intentando ser Luis del Olmo me salió una parodia de Luis del Olmo, no me lo podía tomar en serio. Y cuando descubrí que no me podía tomar en serio aquello que me había gustado toda la vida dije: oye, a lo mejor tengo que hacer humor. No me planteé que quería ser humorista, simplemente me salió humor.

¿Cuándo trabajaste por primera vez como humorista en la radio?

Muy tarde. Yo empecé siendo guionista de un programa de RNE que se llamaba La Bisagra, que presentaba Javier Sardá cuando aún no le conocía nadie y no había hecho tele ni nada. y allí era guionista más o menos serio, hacía preguntas a los invitados. Lo primero que me pagaron fue en radios locales, en Ràdio Gràcia por ejemplo. Creo que el primero de todos fue un sobre de 25.000 pelas en una emisora que se llamaba Cadena Top Radio.

Hay gente que define tu humor como meta-humor.

Eso no es verdad.

¿Eso de las etiquetas en el humor cómo debemos encararlo? Porque es complicado.

¡Y yo qué sé! Yo a veces, cuando me ponen comentarios en Facebook me quedo frito. Después de haber escuchado algo mío en la radio ven muchas más cosas de las que yo decía. Yo sólo quiero hacer risa y la gente ve análisis sociales, crítica social. Yo quiero que la gente se parta el pecho, ¡de verdad! La mayoría de los humoristas están acomplejados, el hecho de hacer reír les parece poca cosa, como les han dicho durante mucho tiempo que el humor por el humor es una tontería, lo revisten todo diciendo que quieren cambiar el mundo. Dicen que el humor es la principal arma contra el poder, que nos tenemos que reír de los poderosos… Oye, para eso que hagan un partido político, yo soy humorista.

O que se metan a tertulianos.

¡Exacto! Que se metan a tertulianos, hombre. Es muy bestia cuando hago un gag y me dicen: tú querías decir esto y esto… Coño, y yo les digo que no, que para decir algo así a secas lo digo y ya está, y me ahorro el trabajo de hacer un gag. Me dicen: tú has querido decir que la sociedad nos aprisiona y que Rajoy es malo. ¡No tío, yo diría que la sociedad nos arrincona, que Rajoy es malo y me ahorro el trabajo! Tenemos aún en mente la cosa esta de que en la dictadura no se podían decir cosas. Mucha gente aún cree eso, y que hay un mensaje oculto… Nada, yo a reír.

¿Por qué parece que el humor no se sustenta por sí mismo?

Mucha gente cree que falta algo, que el humor por el humor es poca cosa. No hace mucho Jordi Évole emitió aquel falso documental sobre el 23F.  Me pareció correcto, era divertido (sobretodo lo de Garci), era chulo. ¿Cuál fue el error a mi parecer? La explicación a posteriori, con Gabilondo y la gente seria hablando de lo fácil que es manipular y de que eso es lo que se pretendía demostrar… Eso me sobra. Eso ejemplifica perfectamente el complejo del humorista. Tío, si hacer una cosa que hace risa tiene mucho más mérito que cualquier otra cosa. Lo otro, el análisis, es fácil, se dice hablando. Es el complejo del humorista, que se consideran poca cosa. Aunque también te digo que algunos se consideran demasiado.

Vamos a juegos. ¿Qué parte de juego hay en tu trabajo?

Total. El trabajo de todos los que crean juegos es exactamente igual que el mío. Cuando estoy haciendo voces en mi casa estoy jugando de verdad, absolutamente. Disfruto como cuando era pequeño, me invento personajes y voces que hablan entre sí. Como cuando somos niños y jugamos con los Airgamboy. Yo imagino que los que hacen crucigramas y cosas parecidas están intentando poner a prueba al lector para sorprenderle, que es lo mismo que hago yo. Yo creo que hay dos tipos de personas: los que nos dedicamos a inventar juegos para que otros jueguen y todo el resto. Aunque luego hay muchos más departamentos.

¿Cómo se crea un mundo aparte, cuál es el proceso?

En el fondo cada persona que inventa algo tiene su método que él mismo desconoce. Yo te diría que me pongo delante del ordenador, pienso una historia… Pero en el fondo es imposible de explicar. Yo siempre empiezo imaginándome una cosa abstracta. Una forma abstracta. Es dificilísimo, pero claro, el cerebro de cada uno es muy raro. Y cada parte de la forma abstracta voy llenándola de voces y diálogo. Pienso: el gag de mañana quiero que sea alargado y amarillo. Es raro, pero para mí significa que no quiero que sea denso, que sea diluido… Quizá es un atajo de mi cerebro para inventar cosas de forma más rápida. ¡Vete a saber! En resumidas cuentas, no tengo ni idea de cómo se crea eso.

Tú te inventas reglas a riesgo de que no se perciba des de fuera. ¿Te frustra que no te entiendan, en relación a lo que decías antes?

El consuelo de todo esto es que la mayoría de gente simplemente se ríe. Hay gente que hace comentarios y busca un trasfondo a las cosas. Eso los que lo entienden. Hay otros que no, y no les haré gracia en la vida. Y me parece correcto, es lo que hay, yo tengo un registro en la vida. Hablando de árboles, yo soy un manzano. ¡Y hago manzanas! Si a otro le gustan las peras, pues es lo que hay.

Háblame de tu obra escrita, de El universo para Ulises.

Cuando escribo nunca hago humor. Hay humor porque es mi lenguaje, pero el humor ya lo hago en la radio y ya estoy cansado. El universo para Ulises es mi último libro. Es de divulgación científica, intento explicar el universo de cero, desde la nada hasta las últimas teorías. Y se lo cuento ficticiamente a mi niño de cinco años, es el referente para la trama. Es un libro de ciencia, que es mi principal pasión. A mí me hubiera gustado ser físico. Que por cierto, a los físicos y los científicos les encantan los juegos de palabras. En la ciencia hay mucho juego, he leído divulgación científica toda la vida, y libros como la biografía de Einstein están llenas de juegos de palabras. Disfrutarían con Verbalia, porque se ríen mucho con ese tipo de bromas. En el fondo son fórmulas.

¿Hay relación entre ciencia y humor?

Para mí sí, radicalmente. Es la sorpresa. Algo te hace reír porque te sorprende, el giro es lo que te provoca la carcajada. Otro giro o sorpresa es la emoción ante los descubrimientos. Yo a la ciencia le perdono que no haya humor porque no lo necesita, ya tiene la sorpresa en sí misma. Por eso un libro de ciencia lo puedo aguantar sin humor, pero una novela sin humor o ensayo filosófico sin humor no los leo. Tiene hasta el absurdo, pero se traduce en misterio, estupor o estupefacción… Cuando estás leyendo una teoría y de repente la entiendes es bestial. Y es más, ¡cuando no la entiendes! La frase más bestia del mundo que es el mayor ejemplo de estupor dice “tal vez sólo él lo sabe (refiriéndose a un hipotético dios). O tal vez, ni siquiera él lo sabe”. Me parece el mayor giro del mundo, es brutal. Existe la posibilidad de que aunque exista un dios, ni él mismo entienda qué cojones es todo esto.  Y eso tiene que ver con el humor, el no saber nada, estar perdido en el mundo, reírse como recurso. Todo es muy raro. Éste árbol es muy raro tío, va a su bola, está creciendo… Y este chico que hace fotos [se refiere a Marc, el fotógrafo] es muy raro. Como ser humano.

He visto que has dicho alguna vez que tu propia muerte ha dejado de preocuparte. ¿Qué significa esto?

Sí. Antes era mi obsesión total. Pensar: llegará un momento en el que no estaré. No lo puedo concebir, es muy raro imaginarte no existiendo. ¡Si yo ocupo el mundo entero! Todo va a desaparecer. No lo entendía, me daba rabia morirme y me gustaba mucho la vida. Todo cambió con mi hijo. Aunque es un tópico, cuando quieres a alguien más que a ti, te cambia la preocupación, solo te preocupa que muera él. Yo me moriré, pero él no. Cuando dejas de quererte tanto a ti mismo tus problemas son menos importantes y te comes menos el coco. La mayoría de problemas que tenemos vienen de tomarnos nuestra vida como si fuera muy importante. Que si tal novia me deja a mí, que si el problema laboral me pasa a mí… Pero cuando quieres más a alguna otra persona, te preocupas menos. Supongo que conforme te haces mayor te vas inventando mecanismos para evitar el horror de la muerte.

Estamos a gusto en el absurdo.

La gente que se deprime lo pasa fatal porque nadie tiene sentido. El humorista coge esa falta de sentido para hacer humor absurdo. Decimos: qué guay, ¡todo es absurdo! Es la actitud.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Gravitón. Es la partícula asociada a la gravitación. Me parece brutal y me gusta porque es muy infantil, es como de niño. Un científico serio se inventó eso y le puso gravitón, que suena muy infantil y muy poligonero también. Es una palabra muy bonita, es la partícula responsable de que los cuerpos se atraigan entre sí según dice la mecánica cuántica, que ya se que es algo que suena fatal. La mecánica cuántica es lo mejor. La física que estudiamos en el cole es la que nos dice la velocidad a la que caen los objetos al suelo, la mecánica cuántica es lo mismo pero en pequeño, aplicado al mundo subatómico. Es la física de lo pequeñajo. Ocurren unas cosas ahí abajo… 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes

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