Juanra Bonet: "Cuando trabajo soy un niño jugando"

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Es lunes, y Juanra Bonet (Barcelona, 1974) se va de fiesta a la Sala Apolo, a la sesión de Nasty Mondays. Se le ve acostumbrado a la tele: es rápido, breve y va al grano, que el tiempo es oro. Ha trabajado en Caiga Quien Caiga, ha presentado El Intermedio, ha hecho monólogos en el teatro, pequeños papeles en series de TV3 y unas cuantas cosas más. La última, presentar el concurso Lo Sabe No Lo Sabe en Cuatro. La conversación va desde sus orígenes como actor hasta una teorización sobre la transición española hacia la democracia. En medio tienen cabida temas como los juegos de rol, la lengua catalana y algún titular más que va soltando como si nada. Enciendo la grabadora mientras hablamos de algo relacionado con salir de fiesta. Se para: “¡eh, espera que cambio el tono!”.

Igualmente empezaremos con lo que hablábamos ahora. Decías que cuando eras joven salías menos de fiesta que ahora, ¿por qué este proceso inverso?

Yo de joven salía mucho, cuando estudiaba teatro y tal. Después se me pasó y me daba mucha pereza salir. Yo nunca me drogo y nunca me emborracho. ¿Sabes esa última copa que te la tomas y piensas: no tendría que habérmela tomado?

Sí.

Yo sé cuál es. Entonces nunca la tomo. Puedo perder la vergüenza, puedo estar desinhibido y bailar mucho, pero nunca he llegado al punto de no saber qué hice ayer por la noche, ni de que me tengan que llevar a casa. Y claro tampoco me drogo, nada. Sólo consumo marihuana de vez en cuando. Me era más difícil aislarme de todo esto antes que ahora. Ahora he aprendido a salir solo, y es muy divertido porque me da igual lo que haga la gente. Además, si voy por Madrid siempre me encuentro amigos, y si voy por Barcelona… Al final también. Claro que también está el riesgo de encontrarte gente que da pereza.

Y entonces, ¿cómo te escapas de esa gente?

Dices que has venido solo y luego te vas. Queda excéntrico, pero está bien.

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Vamos al juego, que es por lo que estamos aquí. Leí en una entrevista en El Periódico que jugabas a rol en el Turó de la Peira. Cuéntame.

Jugábamos a La Lamada de Cthulhu, el juego de rol basado en el universo de Howard Phillips Lovecraft, el escritor de novela de horror de los años 20’. Tenía una mitología de monstruos y alienígenas que estaba muy bien. Igual que se hizo el juego de El Señor de los Anillos , pues hicieron el juego con Lovecraft. Íbamos al Turo de la Peira porque al principio jugábamos en casa de uno y otro, pero al final quedar en los domicilios daba palo.

¿Aún juegas ahora?

No. Porque una partida de rol son muchas horas y da pereza. También es complicado encontrar gente, si encontrara gente igual sí que me volvería a meter. Creo que es injusta la percepción de que el jugador de rol es un excéntrico y un freak, simplemente es un juego, como el fútbol. El juego de rol tiene un guión, una trama, unas localizaciones, unos personajes. Montar un juego de rol es hacer un relato, un relato corto.

Has trabajado en mil cosas: presentador, reportero del Caiga Quien Caiga [CQC], actor en el teatro, cameos en El Cor de la Ciutat [ serie de TV3]… Con qué te quedas, cuál es la vocación firme?

A menudo se habla de dónde trabajas para definir qué te gusta hacer. Yo me defino más por el qué y por el cómo. A mí me gusta hacer comedia, me da igual dónde. A ver, donde mejor me paguen y menos trabaje, como todo el mundo supongo. En el teatro tengo un punto más de libertad, porque si hago el monólogo lo hago solo. Pero estoy más expuesto, tengo ansiedad, lo paso peor.

¿Lo pasas muy mal?

Sí: nervios, autoexigencia, exceso de perfeccionismo… Eso lo estoy tratando, hay un señor que me lo trata. Es que no se puede ir por la vida siendo tan autoexigente, y si te va bien aún es peor, te vas poniendo el listón más alto y te generas más ansiedad.

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¿Cuándo descubres que quieres dedicarte al humor?

Cuando hacía teatro en el barrio. Me gustaba mucho, no sé cuál fue el clic. Yo quería hacer biología para estudiar bioquímica y hacer estudios de células madre, eso con 18 años. Esto o periodismo, porque me gustaba mucho el periodismo de investigación, estas eran mis dos vertientes. Mientras, hacía teatro en el barrio, como juego. Y no sé ni cómo ni dónde, me podría inventar o deducir si fue por ver Monty Python, porque yo era un fanático. Les vi i debí pensar: ¿y por qué yo no? Y le dije a mi madre que quería hacer eso.

¿Y qué te dijo?

Que no. Que ella me pagaba una carrera pero no un hobby. Y decidí que me lo pagaría yo, y la pobre aún se acuerda y me dice que le sabe mal. Pero yo se lo agradezco, porque me espabiló mucho. Todo el mundo de la reforma laboral en el que te echan sin indemnización lo vivimos desde siempre en nuestro universo. Hay poco trabajo para mucha gente, te contratan cuando quieren, como quieren, las horas que quieren, te echan enseguida… Yo porque tengo mucha suerte, pero hay mucha gente que trabaja actuando muchas horas muy mal pagadas. Y con mucha exposición… Con el tiempo, agradezco que mi madre no me respaldara.

Donde se te ve muy a gusto es en la calle. ¿Por qué crees que se te da bien?

No lo sé. Desde siempre la gente me habla, me cuenta cosas. No sé si es La Salle, si tengo cara de boy scout o qué pasa, pero siempre me hablan. Pero me encuentro a gusto hablando con la gente, me encanta. Des del CQC, nunca me han gustado los reporteros que quedan por encima de la persona a la que hablan, a no ser que la persona en cuestión tenga un estatus por encima del reportero. ¿Lo entiendes?

Sí, que si le hablas a un político le puedes ir de listo, pero a la pescadera del barrio no.

Exacto. Televisivamente funciona, es tema de gustos, pero a mí no me gusta. Por suerte, en el programa todo el mundo pensaba como yo: editores, redactores, productores… Porque, como sabes, puedes editarlo todo como quieras y dejarlo muy bien o muy mal. Y si respetas a la gente, la gente se abre más, y tienes una cadena.

¿Te quedan ganas de chinchar al poder como en la época del Caiga Quien Caiga?

Sufrí y disfruté mucho. Yo soy sufridor. Sufres porque en el CQC sólo había una oportunidad, cada reportaje era minuto 89 de partido, final de la Champions, pelota en el punto de penalti y tiene que entrar. Cada semana. Era mucha responsabilidad, y además yo normalmente hacía política, así que aún más responsabilidad. Pero para mí era un gusto, un placer. Por la mañana me levantaba, leía los periódicos, miraba las tertulias e iba caliente. Iba a decir lo que pensaba, cosas que encontraba indignantes.

¿Lo echas de menos?

Sí, pero deberíamos empezar a poner un espejo. No es tan culpa suya, es más culpa mía, están ahí porque les hemos puesto nosotros. Sabemos que han hecho cosa mal, pero como son de los nuestros, les ponemos allí. Es un corrupto, pero de los míos. Como pasa con los Boixos Nois o los Ultra Sur. La lían, pero son de los míos.

Falta autocrítica, ¿no?

Sí, es cuestión de lo que votamos. Votamos a los que salen por la tele y ya está, a los nuestros. También a nivel pedagógico… La transición se hizo como se pudo, no se podía hacer de otra forma. Casi, y subrayo casi, fue una negociación con banda armada. Objetivamente había unos malos. Hay una Guerra Civil con muchos asesinatos en los dos bandos, como es lógico. Pero el otro queda justificado. Los malos creen que fueron los buenos… Escucha, ¿qué hacemos hablando de esto?

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Hemos llegado por el CQC, la autocrítica con la clase política…

Eso, que es un país que necesita un lavado de cara. Va, vamos a jugar.

Hablemos de El Mundo Today. Escribes en la web, haces también la sección de radio. ¿Cómo entraste?

Grupie. Yo era fan suyo. Y me dejaron colaborar, somos amigos, hacemos cosas juntos… El Mundo Today quiere hacer reír, nada más.

¿Es el sitio en el que juegas ahora, sin la presión de presentar concursos ni nada parecido?

Sí, pero en el concurso era igual. De hecho, si no jugaba no funcionaba. Después de 8 meses de programa me llamó el productor jefe y me dijo: “Juanra, ¿has madurado?”. Y yo le dije que en principio no. Y me dijo: “es que ya no veo un niño jugando, veo un presentador de concursos. Vuelve a jugar, ¡por favor!”. Supongo que la presión de los números, el tiempo… Hice un clic y me pidieron que volviera a jugar.

O sea, que tú eres un niño jugando cuando trabajas.

¡Claro! Es que si no no funciona. Y en el CQC igual. Funciona cuando juegas, como en el teatro, en el cine… Como en la música. Si tú ves un músico tocando como si fuera su primer concierto en el gimnasio del instituto de enganchas, ves que está jugando y te gusta, es la clave.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

En catalán me gusta incorrecte [incorrecto]. Porque, por los años que he trabajado en TV3, creo que al catalán no se le permite ser incorrecto. La lengua debe hablarse incorrectamente. Hay mucha presión porque el catalán se hable bien, muy bien, con el acento adecuado. Y el catalán también debe hablarse mal. Creo que el catalán está sometido a mucha presión institucional para que se hable correctamente, y creo que necesita incorrecciones urgentemente, ensuciarse. Una lengua es un niño que tiene que enfermar, tiene que hacerse rasguños en las rodillas, ensuciarse y comer tierra. No puedes tener un ejército de lingüistas presionando grupos de gente que hablan catalán en la tele y la radio. Quizá hay que hablar mal para que salgan palabras nuevas, no se pueden tutelar las palabras nuevas. Yo entiendo que el catalán es una lengua poco hablada, muy ahogada y que necesita ser bien hablada. Pero de aquí a no dejarla respirar… A veces se la quiere tanto que acabaremos como los Borbones, con una lengua endogámica y cruzada. Debe ensuciarse, tiene que entrar inglés, francés, árabe y también castellano. Claro que toda esa argumentación quizá es fruto de la pereza que me da perfeccionar mi catalán...

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Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes

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