Kap: "La sátira, por muy destructiva que pueda parecer, siempre fortalece la sociedad"

Es una semana complicada para cualquier humorista satírico. Jaume Capdevila (Berga, 1974) publica desde hace 20 años bajo la firma de Kap en La Vanguardia, Mundo Deportivo y distintas publicaciones internacionales, sobretodo francesas. En 2009 ganó el Premi Gat Perich, que incluye en su lista de galardonados gente como El Roto, Toni Balltori, Gila o Pepe Rubianes. Nos abre las puertas de su casa cuando hace menos de una semana del asalto a la redacción de Charlie Hebdo, revista satírica con sede en París, en el que murieron 8 trabajadores que fueron tiroteados a manos de yihadistas que pretendían vengar unas caricaturas de Mahoma publicadas en el semanario. Jaume habla sobre este suceso desgranando todos los factores que han intervenido en él, desde el poder de la sátira hasta la proximidad personal y profesional con las víctimas, pasando por la reacción hipócrita de las altas esferas. Va descalzo, protegido del frío por unos calcetines a rayas grises, blancas y negras. Su estudio es un rincón encajado dentro del comedor de su casa, con las paredes forradas de libros y una mesa de dibujo con sus herramientas correspondientes.

Inevitablemente, tengo que preguntarte por el atentado en la redacción de Charlie Hebdo. ¿Qué te pasa por la cabeza a ti que compartes profesión con las víctimas?

Se mezclan muchas cosas. En mi caso hay sensaciones personales, porque conocía personalmente algunos de los que se vieron implicados en el ataque, habíamos estado juntos hace menos de un mes. El choque es más fuerte que si sólo es gente de tu profesión, aunque también es un impacto fuerte y no entiendes cómo puede ser que ataquen a gente que lo único que hace es dibujar y expresar sus ideas a través del humor, por muy bestias que sean esas ideas. Es verdad que los de Charlie Hebdo son de lo más radical que hay, son unos extremistas del anti-extremismo, unos combatientes de una batalla sin armas, donde las armas son los lápices, los rotuladores y el ingenio. Luchan para que todo el mundo pueda pensar lo que quiera. Como viñetista te planteas en qué mundo vivimos cuando una persona que quiere hacer reír es más peligrosa que otros objetivos. Ninguna persona debería ser objetivo de esas cosas, ¡eh! Pero te plantea muchos interrogantes con todo lo que sucede después.

Les reacciones.

Las reacciones y la hipocresía general de toda aquella gente que dice Je suis Charlie y al mismo tiempo lleva a la Audiencia Nacional a personas que hacen humor, o periodistas que están represaliados... Aquí el humor desenmascara las actitudes en las que no se corresponde lo que se dice con lo que se hace, y el humor es una forma muy franca de descubrir esas cosas. Y juega un papel esencial en momentos como este.

En una entrada antigua en tu blog El último mono decías que el humor normalmente tiene el papel de hacer reír, pero que ante las grandes tragedias debe reconfortar. ¿Cómo se encuentra esa calma cuando lo sucedido te toca de cerca y con conocidos de por medio?

Es un proceso que te lleva ahí de forma natural. El humor no es mi trabajo, es mi forma de vida. Yo no hago dibujos, termino y paso de los dibujos. El humor es algo en lo que yo creo, yo vivo dentro del humor. En todos esos libros de aquí detrás caso no hay letras, hay dibujos. Si voy de viaje no miro playas paradisíacas, miro lugares en los que hay exposiciones de dibujos que me pueden interesar. Es todo una forma de vivir. Creo que los humoristas tenemos un papel social importante: corresponde a arrancar una sonrisa, picar, incordiar, ser la mosca cojonera... Pero a la vez realizar ese exorcismo de convertir las cosas feas, duras y desagradables en algo digerible, ayudar a que la sociedad las pueda asimilar. Y cuando la tragedia te toca de cerca, también funciona. Es como el payaso que por dentro llora pero que por fuera hace reír a todos. Nosotros podemos estar destrozados, o tocados, he estado en contacto con muchos colegas de aquí y de Francia, pero está claro cuál es nuestro compromiso. No hemos hablado, pero a través de nuestros dibujos todos hemos reconfortado y luego hemos seguido atacando con la risa, provocando este cambio de estado mental una vez ha pasado el miedo. Si puedes reírte de algo es que lo puedes procesar, interiorizar, significa que tiene una dimensión humana. Cuando puedes reír de algo ya has tomado una dimensión controlada por el ser humano, y superas el miedo y la angustia. Y en esas estamos.

Los atentados contra revistas satíricas no son nada nuevo, en el 1977 en Barcelona un grupo de ultraderecha introdujo una bomba en la redacción de El Papus. ¿Eso ratifica la importancia y la influencia de vuestro trabajo?

La verdad es que los que nos dedicamos a esto no somos demasiado conscientes. Lo hacemos todos los días como algo natural, tenemos nuestro espacio, cada uno tiene su medio, des de los del Polònia hasta payasos como Tortell Poltrona. Nosotros sabemos que el humor es bueno para la sociedad, y nos gusta vivirlo, no sabemos hacer otra cosa y tampoco nos lo planteamos. Pero si reflexionas, el humor es una cuestión importante siempre, a lo largo de la historia. El atentado de Charlie Hebdo, los problemas con la justicia de los humoristas turcos, la censura de los humoristas rusos, la bomba de El Papus, el asalto hace 100 años a la redacción del ¡Cu-Cut!... La última persona que quemó la Inquisición fue en Brasil, a finales del 1800, ¡y era un cómico! Un actor cómico. El poder del humor transforma la sociedad, y por lo tanto es algo muy peligroso que no se puede controlar de ninguna forma. El humor no tiene fronteras, ni nosotros mismos podemos controlarlo porque el humor no es nuestro. Igual que los electricistas no han inventado la electricidad, nosotros ejercemos el papel de canalizadores, no es patrimonio nuestro.

Defiendes que el humor es un código para interpretar la realidad. ¿Cómo se construye ese código?

Ese código va dentro de la propia realidad, en el sentido que la realidad es muy compleja y los seres humanos no hemos descubierto que pasa exactamente aquí. El humor te hace el mundo asequible, es una forma de decir: no lo entiendo, así que me río y ya estoy más tranquilo. Ante cualquier ideología, el hecho de introducir el humor te permite ver otras vertientes. Sí, el humor es un código que te ayuda a vivir, pero a la vez es muy peligroso porque requiere contexto. No se manifiesta solo y porque sí, siempre está vinculado a una experiencia humana. Hace falta que se rompa alguna parte de la realidad, una sorpresa o una transgresión para ayudar a que el humor aparezca. En la ludolingüística es algo muy claro: una letra se mueve y hace transgredir la realidad. Siempre debe haber una relación con el entorno. Un buen ejemplo es Pepe Rubianes. Dentro de su espectáculo se creaba un ambiente en el que cuando decía que los del PP hacían peste, que eran unos hijos de su madre, y unos cabrones... Tú pensabas: ¡este tío se pasa! Pero dentro de aquél contexto de meabas de la risa, sacado de contexto sólo serían barbaridades. Es el gran peligro de sacar de contexto manifestaciones humorísticas.

¿Concibes una separación de dibujo y humor?

Lo que no concibo es vida y humor por separado. Pero dibujo y humor claro que sí, por descontado. El humor tiene muchas manifestaciones: gráficas, teatrales, musicales, radiofónicas, televisivas... El humor satírico busca acceder a la mayor masa de audiencia posible. Primero fue el teatro, luego en los medios escritos, más tarde en la televisión... Siempre se busca la ranura. Humor y vida van de la mano, sin humor no hay vida. Hay risas muy tristes, pero van con la vida. Está claro que si el dibujo aporta humor para mí tiene un valor añadido, pero como todas las otras cosas de la vida.

El dibujo remite a la infancia, al juego. ¿También para un profesional?

Sí, clarísimo. El dibujo es una forma de expresión directamente relacionada con el ser humano. Es la forma de dejar tu huella como humano en el mundo que nos rodea, igual que la escritura. Pero el dibujo es una experiencia previa a la escritura, te permite dejar anclada tu forma de transmitir en un lugar, transgrediendo la tradición oral. Siempre se ha dibujado, siempre. Los pequeños dibujan igual que hablan: sin miedos ni limitaciones. Pero hay una edad en la que aparece un conflicto entre la expresividad y la realidad. Tú puedes expresar lo que quieras de muchas formas, pero si lo haces en forma de dibujo te dicen que las casas son de tal forma, que los gatos son así, que las vacas son asá... Y claro, al final tienes la sensación de que no sabes dibujar, porque para saber dibujar te obligan a hacerlo de una forma concreta.

¿Con la obligación de remitirse a la realidad?

¡Claro! Y te hacen quedarte estancado en que las cosas son de esa forma, y que si quieres hacer una casa debe tener no sé cuantas cosas. Y aquí existe una ruptura, y creo que es muy importante, deberíamos evitar esa ruptura. Hay dos sistemas muy distintos de dibujo: el de representación (como la fotografía) y el de expresión. Todo el mundo es capaz de expresarse dibujando, pero la mayoría no lo saben. Y son analfabetos visuales. Tú vas al baño y sabes a qué puerta tienes que ir porque ves unos monigotes ahí, pero la educación no da herramientas para que la gente exprese lo que sabe, lo que quiere o lo que siente con el dibujo. Y eso remite a la infancia. Los que hacemos humor gráfico sabemos que la estética no es importante, muchos dibujan mal, y seguimos siendo, en cierta medida, los niños. Seguimos mirando el mundo curioseando, no tenemos vergüenza de enseñas trazos que no representan la realidad, seguimos con ese punto de inocencia, inconsciencia y perplejidad que tienen los niños hacia el mundo de los mayores. Estamos enormemente vinculados con la infancia en ese sentido. Y creo que despertamos esa sensación a los que ven esos dibujos, porque hay una conexión inmediata. Un dibujo bien hecho impresiona, y pone barreras de por medio. Un mal dibujo con contenido ayuda a conectar, y cauda más efecto y más impacto. 

El dibujo tiene también una carga generacional, suele ser una práctica que pasa de padres a hijos. ¿Es tu caso también?

Bueno, sí y no. Mi padre era maestro e ingeniero técnico, y el dibujo que había en casa era técnico. De hecho, la mesa de dibujo de mi estudio era su mesa de dibujo técnico. Es un dibujo que no tiene nada que ver con el mío, pero el hecho de que te animen cuando dibujas siempre es bueno. Siempre seguí dibujando más y mejor, y eso ayuda a desarrollar lo que llevas dentro.

Quería hablar del ejercicio que haces de recuperar antiguos humoristas gráficos, en especial Tísner. ¿Por qué es tan desconocida su faceta satírica?

El humor me apasiona, es mi forma de relacionarme con el mundo (si no fuera por el humor sería un retrasado social, estaría encerrado en mi casa, tímido y medio loco), y claro, desconoces lo que hay a tu alrededor y siempre quieres más. Y vas atrás y descubres joyas, maravillas, prensa catalana con revistas de una calidad técnica impresionante y de una brutalidad extraordinaria. Algunos son finos, otros bestias, de todo tipo de trazos... Cuando les descubro alucino, y lo quiero compartir. Y después vas encontrando gente que te interesa, te llama y te engancha. Y uno de esos es Tísner. Es uno de aquellos humoristas que por el hecho de serlo le gusta mucho hacer cosas. A los humoristas nos gusta vivir la vida, y eso implica vincularse con cincuenta mil cosas. A los humoristas nos gusta cantar, tocar, la literatura, el cine...

Tocar muchos palos.

Sí, porque eso te ata a la vida. Si te gusta el humor te gusta todo de la vida. Y Tísner era uno de esos. Se le ha reivindicado mucho como escritor y como lugolingüista, como padre de los crucigramas en catalán... Pero su faceta de humorista gráfico fue muy importante durante una época para nuestro país. Fue el puente entre dos generaciones de dibujantes que se habían separado debido a la Guerra Civil. Encontrar un editor que me permitiera trabajar en él fue la bomba, tiene muchas cosas que merecen ser explicadas, es un personaje fascinante que ha hecho muchas cosas para nosotros sin que nosotros lo sepamos.

Antes hablabas de las múltiples facetas del humor. ¿El juego es una de esas facetas?

El fin y al cabo el humor es un juego, tomarse la vida jugando. El humor es decir: ¿qué pasa? Es un reto, es el ingenio del juego, su toma y daca. El humor es invitar a la gente a jugar y dar y recibir, tiene mucho que ver. Y los juegos con la lengua son muy importantes dentro de nuestro trabajo. Yo todo lo que veo me hace gracia, me resulta atractivo y me parece mucho. Como un niño, al poco tiempo me olvido de ello, y encuentro otra cosa que me distrae, con un punto de asombro por la vida, de turista de la vida. Cada día paso por las calles de Barcelona que me sé de memoria y encuentro cosas nuevas. Y eso también es juego, el no ser adulto del todo y no aceptar que la vida es tan aburrida como quieren hacernos creer.

Otra de las reflexiones de tu blog era la tesis de Freud según la cual el humor es un mecanismo de descarga. ¿Qué descargas tú?

Hay muchas teorías, básicamente tres: de superioridad, de descarga y de incongruencia. La de descarga es de Platón, que dice que siempre que te ríes es porque te sientes superior, te ríes del que cae, del enfermo, del débil... Tiene mucho que ver con la teoría de Hume, que coge la risa como un factor cohesionador de grupo. Después hay la teoría de descarga, que es la de Freud, que dice que cuando ríes te liberas, ríes de cosas que no están socialmente aceptadas. Todo lo que permite hacer cosas que la sociedad no te deja hacer, y liberas tensiones y angustias, usas el humor para hacer sátira agresiva, con una violencia ficticia que ayuda a descargar. Y la otra es la teoría de la incongruencia, que es la de la sorpresa, la del elemento inesperado. Al final, lo más interesante es que cualquiera de esas manifestaciones o estudios, por muy agresivo que sea el humor, o por mucho que parezca que es un destructor de la sociedad o que se ríe de aquello que no está permitido, fortalece la sociedad. Da más base, permite que la sociedad sea más libre porque derribas límites impuestos.

Supongo que has visto la portada del primer número de Charlie Hebdo después del atentado. ¿Qué tipo de portada habrías hecho tú?

Una de las magias de la sátira es que si hay 100 humoristas, o 1.000, o 10.000 que hacen broma sobre un mismo tema cada uno hará un chiste distinto y tendrá visiones distintas. Algunos serán matices y otros kilómetros de distancia, pero seguro que ninguno es calcado. No sé que habría hecho yo, pero seguro que habría hecho algo distinto, porque cada uno tiene sus mecanismos. Además, si hay 3 millones de lectores que compran la revista, cada uno interpretará y entenderá el chiste de una forma distinta. No es propiedad del emisor ni del receptor. Está ahí, cada uno lo interpreta de una forma distinta. Una viñeta es la suma del esfuerzo de un humorista y la interpretación del lector. Y eso es fantástico. Cada uno llega al humor por caminos distintos. El humor es más íntimo que el sexo, nos reímos de cosas que jamás nos atreveríamos a enseñar o compartir.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

El problema de los humoristas gráficos es que parece que hacemos un monigote y no cuesta nada, pero nos pasamos horas pensando en cómo lo haremos, en qué vamos a decir... Ahora escoger una palabra rápido es complicado, a mí me gustaría escoger una buena palabra, pero claro... Mira, rialla [risa]. Té voy a decir rialla. Tiene que ver con lo nuestro, es un acción física y muy catalana. Y se puede dibujar. 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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