Manel Lucas: "Ir con los que ganan es muy fácil"

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El aire aparentemente despistado de Manel Lucas (Barcelona, 1963) contrasta con sus respuestas, con discurso y llenas de coherencia, como si ya las trajera pensadas de su casa. Lleva 14 años haciendo de guionista, primero en el mítico Minoria Absoluta que invadió durante 9 años los mediodías de Rac1, y ahora en el Polònia y el Crackòvia, programas referencia de la sátira política y deportiva en la televisión. Fanático de los juegos, hablamos con él en un bar del gótico barcelonés en una mañana adormecida que intentamos superar a base de cafés. En la conversación hay juegos, humor, política y un pasado scout que nos sirve para hablar de la educación en el juego.

¿Qué queda en el Polònia actual de aquellos 9 años del Minoria Absoluta en la radio?

Hombre, yo creo que queda el espíritu, el estilo de hacer humor con la política. Se puede hacer humor político de muchas formas distintas. Yo creo que el estilo, la voluntad de transgredir respetando la política, es muy importante. No es un humor anti-político, sino que parte de un interés de Toni, Queco y mío por la política. Eso aún perdura. Y la voluntad de criticar en proporción al poder de cada uno: no machacar al débil sino hacer más parodia del que manda más. Y también ha quedado el nombre de la productora.

Polònia es el programa satírico de referencia en Catalunya desde hace tiempo. ¿Cuál ha sido el mensaje global que queda?

Me gustaría pensar que el mensaje que queda es que estamos a favor de la política riéndonos de la política. Hay veces, aunque tampoco muchas, que nos han dicho que banalizamos la política. A veces dicen: “oh, es que si el Polònia se ríe de los políticos la política queda mal situada…”. A ver, nosotros nunca nos hemos inventado la realidad, muchas veces han sido los políticos los que nos han dado razones para reír. Lo que queda es el mensaje que te decía y la idea de que si queremos ser un país normal, la mayoría de países normales tienen humor político, aceptan esa cara B de la actualidad y tienen fair play con los que lo hacen. Donde no hay sentido del humor suelen faltar otras cosas, suele faltar libertad. Se ejerce el humor igualmente, pero en clandestinidad.

Hablabas de hacer humor con normalidad. Tú haces la imitación de Franco, ¿es significativo que se pueda hacer burla de un dictador sin represalias?

Es, de algún modo, una venganza póstuma. En vida de Franco no me hubiera atrevido, no soy ningún héroe. Pero convertir el dictador en un payaso al cabo de unos años es una venganza deliciosa, hacer aquello que antes del 75 daba pánico ahora de risa. Es una forma de expiar esos fantasmas, esos miedos. Después también usamos la figura del general para ridiculizar tics franquistas de la política actual.

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¿En España estaría bien vista esta imitación?

¡La hemos hecho! Primero en Las Cerezas de Júlia Otero, y luego en el Mire Usté. Todo es más complejo en España, al menos desde nuestra óptica siempre nos lo ha parecido. No sé si por el mapa político español, su bipolarización… Nosotros venimos de Catalunya, empezamos en la radio, ya habíamos familiarizado el público catalán, cosa que en España no hemos conseguido. Con Franco no hemos tenido ningún problema, además ahora todo se puede ver por Youtube, así que… De hecho, cuando nos dieron el Premio Ondas, fuimos disfrazados y uno de los personajes era el general.

¿Siempre has sido más guionista que actor?

A mí me gusta mucho hacer teatro y salir. Pero creo que no es mi sitio, creo que mi sitio es el guión. Yo no soy actor profesional, sí que hice teatro en el cole, pero… Siempre hay algún actor que hace mejor que yo los personajes, me quedo con Franco y Lluís Llach, que son los que ya imitaba cuando era pequeño y me los siento como propios, pero soy mucho menos torpe haciendo guiones que actuando.

¿Cuándo terminas tus estudios de periodismo te veías al cabo de unos años siendo guionista?

No, ¡no me lo esperaba! Para mí fue un regalo. El día que Toni [Toni Soler, director del programa] me llamó para ir con él a la radio y luego cuando empezamos a ir a la tele con programas como 7 de Nit… Nos dijeron que debíamos dejar lo que estábamos haciendo hasta entonces. ¡Y para mí fue brutal! La posibilidad de hacer algo que yo ya hacía con los amigos que era hacer humor, reír de la política, se convirtiera en un trabajo. Tú no sé qué hobby tienes, pero es como si llega alguien y te dice: ¡te pagaremos por eso! Claro, es un chollo. Yo ahora ya digo que soy periodista y guionista, porque después de 14 años ya me siento como tal.

Eres muy aficionado a los juegos. ¿Qué parte de juego tiene el Polònia en ese sistema de espejo invertido de la realidad, de deformarla?

Yo creo que jugar es divertirse. Si juegas, tienes que divertirte. Y el Polònia, aunque sea un trabajo y te lo tengas que tomar seriamente, es un trabajo divertido. Ese es el punto de contacto, la diversión. Intentar imaginar un mundo a partir de la realidad, coger personajes y escenarios y deformarlos para crear humor. También hay muchos juegos que parten de la realidad y tienen un punto de imaginación importante.

¿De dónde viene la afición por los juegos?

No lo sé, de siempre. De pequeño ya jugaba en casa con mis hermanos, mis amigos… Yo siempre he jugado. En familia cuando era pequeño, y en familia ahora que ya soy mayor. No te sabría decir por qué, la verdad, pero siempre me ha gustado.

¿Qué tipo de juegos te gustan más?

Los que tienen temática histórica me encantan. El Britania, que es algo parecido al Risk ambientado en la historia de Inglaterra me encanta, es muy divertido. Me interesan menos los juegos de fantasía y ciencia ficción. A mí me gustan el Catán, el Alhambra… Y también algunos más mecánicos, como el Blokus. Los que menos, ya te digo, los de dragones y cosas así.

¿Alguien que se dedica a crear ficción es normal que disfrute en un mundo paralelo?

A ver, yo también distingo entre el trabajo y el ocio. Por suerte mi trabajo también me divierte. Igual un psicólogo lo podría analizar, y decir que me gusta jugar porque en el trabajo también creo mundos. Hay algo que sí que es evidente: a mí me gusta mucho la historia y la estudié por gusto (porque para encontrar trabajo casi que no) y en el Polònia hemos utilizado muchos recursos históricos, han salido Macià y Companys, Guifré el Pilós… Todo lo que tenga que ver con la historia nos gusta.

¿Eres competitivo?

No. Cuando juego me gusta ganar, pero no demasiado. ¡A ver, soy del Espanyol! Si me gustara mucho ganar cambiaría rápidamente. No, no soy muy competitivo, cosa que en la sociedad actual es un problema, porque siempre habrá alguien más competitivo que te pasará por delante.

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Eso de ser perico… ¿Ir con los que ganan es fácil?

¡Ir con lo que ganan es muy fácil! Eso sí que inconscientemente… Mira, yo no soy del Espanyol por lo que te voy a decir ahora, lo he sido porque mi padre y mi abuelo lo fueron… Pero igual eso de sentirse distinto al resto a veces es agradable, y te genera posibilidades de empatía con el resto de gente que cuando eres curioso resulta interesante. Creo que ser un ser distinto y tirar por la cara B de las cosas me gusta.

En el Crackòvia aprovecháis para lanzar críticas al poco caso que le hace TV3 al Espanyol, y del exceso de Barça que hay. ¿Aquí también vas a contracorriente?

No, yo creo que en eso los barcelonistas también coinciden. Muchas veces, la mayoría, no sale de mí la idea de ridiculizar el fanatismo de los periodistas de TV3 por el Barça. Yo me siento a gusto en el Crackòvia, aunque sea un programa mucho más culé que el Polònia, que es más neutral.

¿Alguien de derechas estaría de acuerdo con que el Polònia es neutral?

¿Qué significa “de derechas”?

La audiencia más conservadora de TV3.

Hombre, el Polònia en proporción al poder hace sátira del gobierno liberal-conservador que tenemos (nacionalista, soberanista, pero liberal-conservador) y también de ERC, ICV, la CUP, Ciutadans, el PP… De todos.

Cambiando de tema, he visto que fuiste durante años a un grupo scout. ¿Crees que se tiene una concepción veraz sobre lo que son?

Yo fui niño de un grupo scout y luego ya pasé a ser monitor. De hecho me convalidaron la prestación social de la objeción de consciencia con toda la actividad que había hecho como monitor scout. Estamos hablando de unos seis años. Yo creo que hay un poco de tópico de que los scouts son unos kumbayás estancados en el pasado con el tema del montañismo, que no están preparados para afrontar los retos de la juventud actual. Hay mucho tópico. Seguramente hay mucho tópico externo e interno. Cuando yo estaba, había una serie de símbolos externos que al final eran lo único que enseñabas al resto de gente: el tema del uniforme, por ejemplo. Eso puede aislarte como movimiento, cosa que no es verdad, porque los scouts hacen muchos servicios para la sociedad. Creo mucho en la educación en el juego, sea con scouts, jugando a baloncesto o a vóley. Es muy importante tener alguna actividad lejos de la escuela. Hay una parte de tópico, pero en parte son los scouts los que tienen que esforzarse en demostrar que el tópico no es cierto.

¿El juego es un buen recurso para llegar donde no llega la enseñanza tradicional?

¡Claro! Es más, mis hijos han hecho cosas en el colegio que yo hacía con los scouts hace muchos años. Y creo que está bien que lo hagan. Lo que es mentira es lo de que la letra con sangre entra. Porque para que la letra entre, cuanto menos sangre mejor. El juego educa enseñando reglas, cooperación, contenidos que entran de forma fácil.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Hay una palabra que me encanta y que se está perdiendo: ganàpia [palabra en catalán equivalente a grandullón]. Tiene mucho que ver con el juego, se refiere a que alguien hace cosas propias de una edad inferior a la que tiene. Es una palabra que se decía mucho en mi casa y que se ha perdido, y a mí me gusta.

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Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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