Manel Piñero: "En cualquier situación de la vida se puede utilizar una frase del APM"

Es muy difícil mantener una conversación con Manel Piñero (Badalona, 1975) y no pensar en el Homo APM, ese ser raro que sólo habla con las frases míticas del programa Alguna Pregunta Més (APM), consolidado en la programación de TV3 desde hace una década. El programa es el paso siguiente al clásico formato de zapping televisivo, y Manel es el protagonista de una sección en la que él representa un personaje llamado Homo APM que sólo habla con frases del programa, creando situaciones embarazosas a los transeúntes de la calle. Periodista de formación y guionista del programa mucho antes de imitar a lo más freak de la televisión, Manel es tímido y reflexivo, y durante nuestro encuentro parece desprender tranquilidad, y no el desconcierto habitual que caracteriza su trabajo de Homo APM. Nos citamos en la plaza Virreina de Gràcia y bajamos hasta el bar donde casualmente los responsables del programa le propusieron ponerse el disfraz de ese personaje estrambótico que tanto cuesta sacarse de la cabeza cuando hablas con él.

¿La construcción del lenguaje APM ha sido casual o era una decisión meditada des del principio?

Construir un lenguaje es en parte uno de los objetivos del programa, crear una realidad a partir de cortes televisivos graciosos para el espectador. Yo creo que desde que estoy en el programa siempre ha sido así, y ese es uno de los objetivos de sus creadores. A partir de frases divertidas crear un discurso propio, porque el APM no deja de ser un programa editorial, hacemos humor pero con nuestro humor nos posicionamos sobre la actualidad. APM tiene un estilo muy peculiar pero es un programa que opina mucho, y todo el mundo sabe de qué pie cojeamos y cuáles son nuestras tendencias. Y las frases nos ayudan a reforzar el gag que queremos hacer y el mensaje que queremos transmitir.

¿Cuáles son los elementos clave para cocinar ese lenguaje e ir más allá de la anécdota?

Eso es algo complicado, porque a veces como guionistas hay cortes que a nosotros nos parecen muy graciosos y después, cuando los exponemos al público no tienen ninguna repercusión. Y a menudo pasa lo contrario, cosas que crees que no gustarán demasiado se convierten en un fenómeno. Pero hay perlas que sabes que funcionarán. A veces vemos cortes en Youtube que dan mucha risa pero no sabemos si son fakes, porque son tan divertidos que parece impensable que no haya un guión detrás. Pero claro, cuando conocimos el sa matao Paco supimos que aquello era un hit. También son un valor seguro los cortes de políticos trabándose, o cuando tiramos de hemeroteca con Zapatero y su “apoyaré”,  o Rajoy asegurando que no subiría el IVA.

Has defendido que el APM debe ser transgresor y que si no tocábais los cojones a nade es que algo hacíais mal. ¿El APM toca los cojones siempre a la misma gente?

No, yo creo que el APM toca los cojones en plural, sobretodo a nosotros mismos. Hacer gracias de uno mismo te hace ganar credibilidad, y nosotros hacemos muchos gags sobre nuestro propio programa, o sobre TV3. Evidentemente sabemos que con un gag de tertulianos españolistas o madridistas tenemos el éxito asegurado, todo el mundo nos reirá la gracia, pero eso tiene un mérito relativo porque es lo que todos esperan de nosotros. Pero claro, si nos reímos de nuestra propia cadena eso nos legitima mucho a la hora de repartir palos, porque si empezamos por nosotros mismos luego somos mucho más libres.

¿Cuál es la tarea esencial de un guionista del APM?

Antes que nada, analizar la actualidad. Un guionista debe ser una persona inquieta y con ganas de saber todo lo que pasa en el mundo. A partir de aquí escogemos tema, manoseamos todo nuestro material y nos lo montamos para sacar algo. Nuestra dificultad es que para decir lo que queremos decir no tenemos un material elaborado por nosotros, a veces queremos decir una cosa y no sabemos cuál es el formato adecuado. Por ejemplo: si queremos hablar de la crisis del Barça tenemos que encontrar un anuncio que hable de la crisis, o hacerlo a partir de una escena mítica de una serie… Es hacer un copy-paste que tenga sentido. Claro, si no tenemos escena para parodiar la crisis del Barça, pues nos la tenemos que inventar. Luego también están las piezas de acumulación, que son las de trompazos o gente que se atrabanca hablando, aquí no hay que elaborar el material porque por sí solo ya es gracioso. Y siempre todo con el estilo APM.

¿El Homo APM nace en esta mesa o ya había nacido antes?

El Homo APM nació más tarde, no aquí. Cuando yo era guionista y hablaba en la redacción con frases del programa no era nada raro, lo hacían todos los compañeros, porque en cualquier situación de la vida se puede utilizar una frase del APM. Yo respondía a las llamadas comerciales con frases del programa, y como todo el mundo se reía me propusieron hacerlo en el programa. Me reuní con los dos jefes en esta mesa en la que estamos ahora sentados y decidimos tirarlo adelante.

Ahora estáis preparando el APM en formato obra de teatro, en la que tú evidentemente actuarás como Homo APM. ¿Eso era imaginable para ti hace unos años?

Es un reto muy grande, porque cuesta visualizar el APM en el teatro. De momento estamos muy contentos, el director es Josep Maria Mestres y nos está aportando muchas cosas. Me permite visualizar un Homo APM bastante distinto al que yo tenía construido, con distintas imágenes. Y tenemos una buena compenetración, pero el peligro es que los dos somos muy de la broma y nos reímos mucho en los ensayos, a veces tenemos que parar, que es algo que espero que no pase en la función. Pero hacer una obra de teatro es un reto enorme e ilusionante.

Realmente, ¿cómo es el Homo APM? ¿Un loco, un ser surrealista, una especie de Don Quijote...?

Yo te diría que es surrealista total. A él le han educado para hablar sólo con frases del programa, y no entiende por qué la gente no le entiende a él. Es decir, para él lo normal es hablar con frases del APM y no entiende por qué la gente no le responde del mismo modo. Yo creo que en su cabeza él se cree una persona completamente normal, no tiene la percepción que tiene el resto de la gente.

¿Qué se aprende de la gente cuando tu trabajo consiste en desconcertarla y crear situaciones esperpénticas?

He aprendido, sobretodo, a concentrarme mucho. Yo soy de risa fácil, y en según qué situaciones la gente te mira con una cara muy graciosa. Y claro, tengo que concentrarme, porque si me río no podemos usar la toma que hemos rodado. Otra cosa que he visto es que la gente es más buena de lo que creemos. Yo tenía la sensación de que todos íbamos a nuestra bola cuando nos preguntaban algo por la calle, y he visto que la gente se para y te intenta ayudar. Sobre todo la gente mayor, que en general tiene paciencia y quiere solucionar las dudas de ese chico raro que es el Homo APM. Yo pensaba que todo sería mucho más problemático, que la gente creería que estaba vacilando, pero no sé si es porque lo hago bien o porque realmente tengo pinta de loco, pero la gente se detiene e intenta ayudarme, trata de meterse en mi cabeza.

¿Pesa la etiqueta de ser el Homo APM les 24 horas del día?

No, la gente lo respeta bastante. Sí que es cierto que por la calle me siento bastante observado, sobretodo por los sitios en los que no me muevo tanto. Aquí en Gràcia estoy tranquilo porque todo el mundo me tiene visto y sabe quién soy; pero yo que soy de Badalona y he vivido allí toda mi vida, ahora cuando ando por ahí la gente se sorprende de verme caminando por la calle. No ven a Manel, ven al tío que sale por la tele y que es el Homo APM. Y eso me ha parecido extraño, porque o bien ha cambiado mucho la población de Badalona o no lo entiendo. Pero vaya, cuando eso sucede y me paran por la calle la gente tampoco es tan pesada, no me dicen frases ni nada de eso, me piden fotos y ya está, lo hago y tampoco me molesta. Si no parasen de decirme frases sí que acabaría harto, algunas veces me pasa pero es un porcentaje muy pequeño.

Claro, además mucha gente que te para lo hace por el personaje, no por quién eres. ¡Supongo que muchos no sabrán tu nombre!

Ahora, afortunadamente, hay gente que ya me llama por el nombre. ¡Y me hace ilusión! Nunca me dicen: “eh, Homo APM”, sino que o no dicen nada o me llaman Manel. Y cuando me llaman por mi nombre me hago una foto y las que haga falta.

Este trabajo empezó como un juego. ¿Ahora aún lo es?

No tengo que hacer ningún esfuerzo, me lo paso muy bien y disfruto haciéndolo. Quizá sí que pierde un punto de diversión porque lo disfrutas pero te juegas la pasta, es mi trabajo. La clave es que yo me lo paso bien, y eso es lo más importante para que todo salga bien, evidentemente con la tarea extraordinaria que llevan a cabo mis compañeros. Pero es importante, porque es lo que me da de comer ahora mismo. Y cuando hago el papel voy a todas, pero en mi vida privada desconecto totalmente, no hablo con frases del APM ni estoy enganchado a ese lenguaje. La misma vida te lleva a desconectar, si voy a pasear o al cine no iré diciendo frases por la calle.

Aparte de tu trabajo, ¿juegas habitualmente?

A juegos de mesa no demasiado. Durante años sí que jugué al Quién es Quién, al parchís, la Oca, el ajedrez... Pero ahora de mayor no juego tanto. Con los amigos hago alguna timba de póker, pero no demasiadas. Haciendo viajes largos sí que he jugado a cartas para pasar el rato con los amigos.

¿Crees que en algún momento se te dejará de ver como el Homo APM?

Esa es la gran pregunta... No lo sé. Yo supongo que cuando termine todo esto va a ser un reto, porque depende de hacia dónde tire mi carrera profesional sí que puede ser una carga. Claro, si voy a descargar cajas en un supermercado no me va a condicionar, pero si quiero seguir siendo actor sí que va a influir. Mucha gente que ha vivido situaciones similares ha tenido que pasar por un período de transición. Tendré que buscarme oportunidades y poder demostrar que puedo hacer bien otros papeles. ¡Vamos a salir de esta!

Dices que eres vergonzoso y que tu papel no encaja con tu personalidad. ¿Cómo encuentras el encaje contigo mismo?

Sí, realmente es algo contradictorio dentro de mi vida. Yo a veces me lo cuestiono y nunca he encontrado una respuesta concreta. Sí que es verdad que soy muy vergonzoso, pero también me gusta mucho lo que hago. Es una contradicción permanente. No sé, yo por ejemplo en mi casa nunca me miro, me da mucha vergüenza. Cuando haces el personaje estás en caliente y concentrado, dentro del personaje sin vergüenzas, pero cuando desconecto me cuesta mucho mirarme. Sólo me miro cuando acaba el montaje de los rodajes, pero luego en casa cuando sale el Homo APM intento cambiar de canal. Es que si estoy en casa tranquilamente y llega la sección pienso bff... No lo sé, me da cosa verme, creo que es algo recurrente, muchos periodistas no quieren ver sus emisiones.

¿Cómo reaccionaría Manel ante el Homo APM?

No lo sé, depende. Supongo que intentaría ayudarlo, si veo que es una persona que tiene que resolver una duda vital intentaría ayudarlo. Si me pidiese que bailara con él seguro que no lo haría, pero ayudarlo seguro que sí. Si pudiera, claro, si me pide 2.000 euros, pues...

¿No habrá un momento en el que no quedarán inocentes para asaltar en la calle?

Ése es un debate que tuvimos en la redacción el segundo año, teníamos miedo de que nos conociera todo el mundo. Pero es un proceso lento, el APM tiene una media aproximada de 500.000 espectadores, y Catalunya tiene 7 millones de habitantes. Claro, hay un margen muy amplio para currar. Lo que sí es evidente es que la gente joven de perfil universitario es difícil estafarla, es el target del APM. Pero de los 50 años para arriba tenemos mucho margen.

Hablando del tema, ¿Muriel Casals te reconoció hace una semana? No quedaba claro si era vergüenza o si flipó como cualquiera que nunca ha visto el programa.

Ya, yo tampoco lo veo muy claro. Hemos hecho tres cosas con ella y siempre tengo la misma duda [ríe]. Yo no sé si esta mujer nunca ha visto el APM o si no sabe quién soy. Tengo esa duda, si la entrevistáis tenéis que preguntarle. Es que hay muchas situaciones en las que te entra la risa. Recuerdo un señor que se llamaba Blas, un día que rodamos en la Sagrada Família. Aquél día yo estaba con un mapa de Mallorca, iba preguntando a la gente cómo llegar a Palma de Mallorca en medio de Barcelona. Y el hombre: “pero chico, si estás en Barcelona”. Estaba muy sorprendido y preocupado, como si yo fuera su hijo, era un tío muy implicado, muy sorprendido y muy preocupado. Después se lo contamos todo, ¡pero si no se lo llegamos a contar no habría dormido en una semana! Claro es que es buenísimo, me reí mucho. Pero pensé que ojalá todo el mundo fuera como ese hombre. Y después está la situación: si vas a Gràcia y terminas en la Sagrada Família no es algo grave, pero si ibas a Mallorca es que estás muy pero que muy perdido.

¿Cómo reacciona la gente cuando le decís que es todo mentira, que es broma?

La mayoría de veces se quedan aliviados, piensan que menos mal porque creían que estaba chalado. No lo sé, de cada 10 personas solo una dice que no quiere salir en el programa.

Para terminar, te pido que escojas una palabra y un corte del APM.

¿Un corte? Un corte es muy difícil, es como escoger entre el padre o la madre. Es que la frase del Homo APM depende del contexto. Dime un contexto y yo te digo la frase.

El contexto es ahora mismo, haciendo la entrevista.

De moment, tot va malament. [de momento, todo va mal]

[risas] Perfecto. ¿Y la palabra?

No voy a descubrir nada, pero te digo amor. Estamos en un momento de la existencia humana en el que todos como sociedad necesitamos amor, entre nosotros y de nosotros hacia la naturaleza, y también hacia nosotros mismos. Yo creo que saldremos de la crisis, pero sobretodo será por las implicaciones que hemos tenido entre todos por los más desfavorecidos. Si no fuera por el amor, la sociedad sería más injusta y salvaje de lo que ya es ahora. Es una palabra que las grandes marcas, los grandes bancos y sobretodo los que legislan deberían tener muy presente cuando hacen su trabajo.  Dan hecho mucho daño y si no le ponemos un poco de amor no conseguiremos hacer una sociedad justa.

 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes

 

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