Marc Isern: "Existe una escuela Barcelona de crucigramistas"

Cuando nos encontramos con Marc Isern (Barcelona, 1974) ya es de noche. La entrevista se desarrolla en las oficinas de Vibracom, la empresa que gestiona la comunicación de los grandes grupos de la escena catalana de los últimos años, como Txarango, La Pegatina o Els Catarres, empresa que Marc capitanea. La oficina, situada entre polígonos del barrio de Poblenou de Barcelona, es compartida con la revista Mondo Sonoro y la distribuidora Tengo un Trato, y desprende un encanto que se construye a partir de los mil carteles, discos y recortes de prensa que salpican las paredes y las mesas que conforman el espacio. La música es el gran pilar profesional de Marc, pero desde hace 20 años se dedica a crear pasatiempos, desde las sopas de letras hasta los autodefinidos de El Periódico. Defiende la existencia de una Escola de Barcelona de crucigramistas, y en todo momento se nota que su trabajo consiste en comunicar y promocionar: se preocupa por todos los detalles del escenario de la conversación que puedan ser fotografiados, y anticipa en más de una ocasión las repercusiones que pueden tener sus palabras.

¿Qué es Vibracom y cómo nace?

A ver... Vibra Comunicación nace en el momento en el que yo decido dejar de hacer periodismo musical, que es a lo que yo me dedicaba y de lo que yo vivía hasta entonces, para pasar a la cocina de la industria musical. Es lo que yo intuía que existía pero desconocía, todo aquello que creía que había detrás de todas las promociones, todos los conciertos, todas las giras, todas las decisiones de cómo sacar un disco y si se regala o no, decisiones que forman parte de lo que ahora es la música. Yo intuía que detrás de todo eso había una estrategia. Me fascinaba, es la parte escondida, la parte underground y oculta que no conocía de la industria musical. Y a la que descubro la cocina de la industria me fascinan las estrategias, los relatos, cómo se buscan esos relatos y toda la vertiente mercantilista de cómo buscar y encontrar un público. Y aquí me agarré. Mi primer cliente lo tuve el 2004, creó que fue la Nubla, una artista que sacaba Macaco y que no tenía claro si quería trabajar o no conmigo, pero finalmente todos quedamos contentos con el trabajo.

¿Y después?

Después fui a México a trabajar la prensa de la parte musical de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en la que coincidí con gente como Màrius Serra o Arturo Suárez, que hacía una especie de greguerías que eran fascinantes. Ahí me encargué de toda la parte de la prensa de la Feria dedicada a Catalunya. El Institut Ramon Llull decidió que ya que se traían unos cuantos grupos de música había que aprovechar para hacer promoción. Me asocié con un periodista mexicano que era un buen amigo mío y hicimos en México promoción a Maria del Mar Bonet, a Lluís Llach... Fue fascinante. De este viaje a México y de la experiencia con Nubla nace Vibra.

Hablabas del momento del descubrimiento de la cocina de la industria musical. ¿Cuáles son los ingredientes clave de esa cocina?

Entender que todo esto es una industria. No es gente romántica que tiene un hobby y que quiere editar discos por editar discos, es una industria de gente que quiere vivir de esto, quiere profesionalizarse y eso requiere una serie de servicios, estrategias, inversiones, balances, beneficios.

¿A qué crees que se debe el auge de los últimos años de la música catalana? ¿Estos motivos son relevantes para hacer tu trabajo?

Esto, como Vibra, no nos afecta demasiado. En general, nosotros llevamos grupos de música que venden muchas entradas, seguramente los grupos que venden más entradas en Catalunya, pero que tienen una presencia muy limitada en la prensa. Poco a poco hemos ido abriendo puertas y hemos demostrado que los grupos que hacen bailar, que viven de la fiesta popular y de los festivales son grupos que tener en cuenta, una industria que tener en cuenta. ¡Pero nos ha costado! Nosotros no llevamos grupos muy mediáticos, aunque finalmente lo han sido. Txarango han acabado siendo mediáticos, La Pegatina también, Els Catarres también... Pero son grupos que ya tenían un público antes de empezar a salir en los medios. De alguna forma hemos tenido que enseñar a la prensa que son grupos que ya existen, que son profesionales y que tienen un público. En cambio (y ahora me meteré en un berenjenal, pero también me gusta decirlo) hay muchos grupos que no venden entradas y que tienen mucha presencia mediática. Creo que la música catalana vive un gran momento, pero no todos los grupos que salen en los medios de comunicación pueden vivir de la música, no es oro todo lo que reluce.

¿A qué se debe ese gran momento?

No sé a qué se debe, pero sí que sé a qué no se debe. No se debe a las ayudas públicas, no se debe a la piratería... Se debe a que ya no hay un monopolio de prescriptores, ahora mismo ya no existe un prescriptor fiable que te diga qué tienes que escuchar, la gente hace caso del boca a boca, los grupos que tienen público enseguida son los que se venden bien por las universidades, por las redes sociales... Y finalmente los medios de comunicación se han acercado a ellos. Y después hay propuestas maravillosas, como Sanjosex, como Txarango, como Very Pomelo... Hay un producto muy bueno. ¡Sílvia Pérez Cruz! Lo que ha hecho Sílvia Pérez Cruz con Refree es de los mejores bolos que he visto en muchos años, es espectacular. Y te estoy hablando de grupos que no son míos. Manel, incluso Els Amics de les Arts, algunas canciones de Blaumut... Creo que hemos conseguido hacer sostenible una industria que repercute en la calidad. Y después también está el fin de toda esa tontería de que si cantas en catalán te encasillan en un lugar determinado de la música.

Como en la época del Rock Català.

Sí, pero buf... Me da pereza hablar de eso, ya hace muchos años, tío. Es un tópico, no es necesario hablar, es como hablar de la Movida Madrileña: un estereotipo. Ahora mismo tenemos una industria musical que, a su modo, está funcionando. Y eso es un tesoro, porque vamos a la contra de todo: del IVA al 21%, de las radiofórmulas que no apuestan por el catalán... Mira, hoy discutía con los de Mondo Sonoro si las listas de mejor grupo del año deberían ser únicas o debería haber una nacional y una internacional. En sitios como Francia o Inglaterra se hace una lista conjunta, pero aquí, si se hiciera, ¿saldría algún grupo español? Si saliera, sería muy abajo. En cambio, en Francia tienen un proteccionismo enorme por su industria, y eso crea una energía que se retroalimenta. Si la industria es fuerte los medios de comunicación pueden vivir porque les ponen publicidad, si les ponen publicidad los medios hacen caso a los grupos, si los medios hacen caso a los grupos éstos tienen público, y el público atrae a los sponsors. Claro, eso en España es imposible, aquí hay una lista de artistas nacionales y otra de artistas internacionales.

El modelo parece que son los festivales. ¿Es la mejor forma de propagar la música?

Yo no soy promotor, no organizo festivales, pero te puedo hablar de lo que he visto. Todo el mundo que tenga cuatro grupos te dirá que tiene un festival, porque eso llama la atención de los sponsors y los sponsors pueden solucionarte la vida. Pero no debería ser así, los grupos se ganan la vida en las salas, en los conciertos que hay en invierno mientras se aguarda la llegada de la temporada de verano. Igual luego vas a festivales y triunfas, no lo sé... Ya te digo, ese no es mi terreno. Pero esa evolución de la cocina musical, a mi entender, se traduce en que el epicentro siempre es el grupo. El grupo es la empresa, es quien contracta la empresa de promoción (que soy yo), el que contrata la discográfica, el que elige los festivales a los que quiere ir... Algunos incluso gestionan sus redes sociales. Ese es el cambio más fascinante, ahora mismo el poder lo tiene el grupo. Yo entré en un momento en el que las discográficas ya iban de capa caída, sólo he trabajado para tres discográficas, el resto de clientes son el grupo o su mánager. Muchas veces he tenido grupos de música sin manager que han contratado a uno porque forma parte de mis condiciones. Ese es el triunvirato: grupo, mánager y comunicación.

Vamos al otro lado, a crucigramas. ¿Dónde los publicas y cuánto hace que lo haces?

El autodefinido de El Periódico. Des de que tengo 22 años sale mi nombre publicado en El Periódico, y ahora tengo 40. Primero empecé con las sopas de letras, mi primera moto comprada de primera mano me la pagué a base de hacer sopas de letras, hice muchísimas sopas y me volví loco buscando temas. Buscar un tema cada vez me volvió loco, encontrar 10 palabras de un solo tema fue un infierno. Eso lo hice en Olissip, como Jep Ferret. El proceso fue que yo jugaba al Scrabble, porque a mi padre le fascinaban los crucigramas y conocía a Màrius, y yo desde los 16 años jugaba a Scrabble en el bar Queimada. Màrius dejó Olissip para dedicarse a la literatura y buscaron a alguien que hiciera un poco de todo, sobretodo maquetaciones, pero que al menos supiera qué es un crucigrama. Y me cogieron. Yo era muy joven, como mucho tenía 20 años. A parte de maquetar, hacer el archivo y hacer un poco de todo, empecé con las sopas de letras. Más tarde empecé a interesarme por el periodismo musical, me hicieron director del Enderrock y dejé Olissip, aunque seguí como colaborador externo. Y mi tarea es el autodefinido de El Periódico, empecé cuando el diario pasó a color con grapas... Pagaban muy bien, era una gran época.

¿Esa pasión por los juegos y las palabras viene de familia?

Hay una pasión detrás por el juego de los dobles sentidos, el juego entre significado y significante de las palabras. Eso me fascina. Recuerdo que mi padre, en casa de la abuela, nos leía las definiciones de Màrius de La Vanguardia. A mí resolver me fastidia, encontrar la solución me libera. Me encanta. No me gusta tanto el enigma como encontrar la solución, yo preferiría leer directamente las soluciones. Hay un ingenio increíble. Para mí el ejemplo de definición fantástica de Márius es la de “Només treballen quan volen, sis lletres” [Sólo trabajan cuando quieren, seis letras. La clave del enigma es que “volen”, en catalán, puede referirse al verbo volar o al verbo querer. La respuesta es “pilotos”. Porque solo trabajan cuando vuelan (aunque no sólo cuando quieren)]. Es la definición perfecta, hay la síntesis de lo que yo creo que es el juego de palabras.

¿Como creador te satisface impedir la resolución del enigma?

Lo que más me satisface es hacer las definiciones que me gustan. Me las apunto, las que me gustan las tengo todas apuntadas. Yo creo que en Barcelona hay una escuela de crucigramistas. Cuando tenemos que definir una vocal no decimos vocal. Si es una A vemos una escala de pintor abierta, si hay una Y vemos una copa de cava. Esa es la escuela de Barcelona, almenos de los medios de Barcelona. Y entre todos nos hemos retroalimentado. Mi favorita es Anna Genís, para mí es espectacular. Fortuny y Màrius son clásicos, pero el premio de regularidad es para Anna seguro, de ella he aprendido un montón. Hacer crucigramas son mis domingos desde hace 10 o 15 años, todos los domingos de mi vida los dedico a los pasatiempos. Todas las parejas que he tenido han convivido con un freaky que cada domingo a las seis de la tarde se iba a crear pasatiempos.

¿Ahora que llevas mucho tiempo en el bando creador sigues resolviendo?

No. Te vuelvo de hablar de mi padre, Joan Josep Isern, que en su blog hace una síntesis de las definiciones más guapas de Màrius y Fortuny. Estoy suscrito a periódicos digitales, eso lo complica un poco. Y nuestra empresa va bien, pero la música es una industria con poco dinero, y eso nos obliga a trabajar mucho. ¡Además tengo una cría! La vida te va llevando a pasar el tiempo con otras cosas. Una son los conciertos, hay que estar al loro de qué grupos funcionan, de cuáles son las salas chulas, de los clientes, de ir a cenar... Y después la cría. Claro, tengo poco tiempo libre.

Por lo que veo, tu trabajo tiene mucho de hacer pasillos, como se dice en argot político.

Totalmente. Vuelvo a tu primera pregunta, Vibra ya no es un gabinete de prensa, somos relaciones públicas para grupos de música y festivales. Movemos información de muchas cosas distintas: periodistas, márketing, productores... Y terminas juntando clientes con futuros clientes, futuros clientes con marcas... Somos links de agentes interesados en la cultura, por lo tanto somos más una oficina de relaciones públicas que un gabinete de prensa. Prensa es una de las ramas. Una campaña de publicidad, un festival, cerrar la canción del verano con TV3... Son muchas cosas que tienen que ver con las intervenciones públicas.

¿Hay algún punto de unión entre los domingos por la tarde de crear autodefinidos y el trabajo relacionado con la música?

No creo que tenga nada que ver. No, no tienen nada que ver. He estado pensando en ello porque sabía que me lo preguntarías, pero no lo sé. A ver: por ejemplo, me encargo de la prensa del DAU Barcelona (la Feria del Juego de Barcelona). Fantástico. Me interesa mucho lo que es y lo que puede llegar a ser el DAU por todo lo que implica, por la importancia que da al creador en el mundo del juego. Pero no tienen mucho que ver. Quizá algunas definiciones: “Centenares de discos de Jazz de Davis, cinco letras: Miles. Y calienta a la del rey, de cuatro letras: Lana. No le llames Dolores, de cuatro letras: Lola. El pescado favorito de Eminem, de tres letras: rap”.

Pare terminar, te pido que escojas una palabra.

En filología hispánica tenía una profesora que decía que su palabra preferida era sífilis, decía que sonaba extraordinariamente. Es complicado escoger sólo una palabra... Mira, te digo vibra, por todo lo que implica. Hay una parte de alegría, una parte de contagiar esa alegría, una parte sexual (siempre que tengo que dar mi email digo que es parecido a vibrador), y por México. Mi relación con México es muy importante en mi vida. La vibra, en México, es la alegría, o más que la alegría es el ambiente. “¡Qué vibra, güey!”. Y la música, claro. La música es la gran vibración ordenada de las ondas del aire.

 

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Alexandra Fernàndez

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