Marina Espasa: "No creo que no se pueda ser crítico y escritor a la vez"

Quedamos con Marina Espasa (Barcelona, 1973) en el Monopol, el bar de un antiguo club de fútbol en la Rambla del Poblenou, con incontables trofeos en las vitrinas y las paredes llenas de fotos antiguas. Marina ha publicado El dia del cérvol, su segunda novela. A pocas semanas de Sant Jordi ya empieza a engrasarse la maquinaria de promoción, las agendas de los escritores y escritoras que sacan libro se llenan, y ella hoy ya ha grabado una entrevista para el Canal 33. Conoce en primera persona las dos caras de la moneda literaria: la de escritora y la de crítica. Sabe qué es que te critiquen un libro, pero también sabe qué es criticar los de los demás, ejercicio que hace desde el periódico Ara, a menudo de autores catalanes. Gestualiza mucho con las manos cuando habla, crea una atmósfera de complicidad y observa mucho, o al menos eso me parece durante la conversación y cuando la veo desaparecer después subiendo por la Rambla del Poblenou. Hace pocos días la nombraron coordinadora técnica del Barcelona Ciudad de la Literatura, distinción otorgada por la UNESCO. La conversación tiene lugar antes del debate que Marina tuvo con Empar Moliner vía Twitter, en el que hablaban sobre si es lícito que alguien que tiene un libro en el mercado haga reseñas de otros autores en los periódicos.

¿Ser crítica literaria y escribir te condiciona porque te hace anticipar etiquetas o flaquezas?

Puede que me aprisione un poco. Me gusta mucho hacer críticas, pero siempre tengo la tentación de dejarlo. Dejaría de leer novedades, podría ir a los autores clásicos, estaría más tranquila... El hecho de leer novedades de autores de aquí - aunque también leo novedades de fuera - me provoca cierta angustia y te parece que todo el mundo te está robando los temas. Paranoia de los escritores. Si vas a la librería y ves un libro que habla de lo mismo que tú, sientes que haces tarde. Que luego tampoco es verdad, porque si vives en la misma ciudad, tienes una edad similar y te mueves en ambientes similares, los temas serán muy similares también. Que luego cada uno lo toca a su manera eh, y pone la voz y la mirada, pero siempre hay este miedo.

Sabiendo el proceso de escribir y el proceso de hacer la crítica de un libro, ¿empatizas con los dos bandos cuando haces las dos cosas?

¡De esta última novela aún no han salido las críticas! Yo hago como que no, pero sufro bastante. Tengo la suerte de que conozco a muchos de los periodistas que me criticarán, y esto lo hace más sencillo, aunque siempre hay alguno que no conoces y que infunde más respeto. Es muy emocionante leer algo sobre un trabajo al que le has dedicado mucho tiempo. Si te machacan no es tan emocionante, pero viendo que lo han leído y que han entendido los detalles... Siempre tienes dudas, y está muy bien. Y cuando hago crítica siempre intento no ser excesivamente cruel. Es una tentación muy fácil para el crítico, tú tienes poco espacio y el libro es larguísimo, y el autor ha dedicado años y tú dedicarás una mañana. Es cruel, sólo eso ya es cruel, pero es como es el trabajo.

¿Hay feedback entre autores y críticos?

No mucho. Y no debería existir nada, aquí existe mucho porque vivimos en un lugar pequeño y nos vemos mucho y los conocemos todos demasiado. Cuando conoces a todo el mundo es más complicado decir lo que piensas, no sabes si realmente te dicen la verdad... Por ejemplo, Ponç Puigdevall de El País no lo conoce demasiada gente y vive en parte del mundo literario, nadie lo conoce y yo confío totalmente en su criterio. Si conoces demasiado los escritores te sabe mal hacer una mala crítica. Y los grandes diarios presionan mucho a los críticos, y más si alguien ha sacado libro a la editorial que es propiedad del mismo grupo de comunicación que el diario.

¿Qué referentes tienes cuando te pones a escribir una crítica?

Yo siempre hablo a los alumnos de escritura de algunos referentes, como Armand Obiols, que fue amante de Rodoreda durante muchos años. Hay escritores que han sido muy buenos críticos, no creo que no se pueda ser escritor y crítico a la vez, no lo creo para nada. Hay muchos ejemplos de grandes autores que son escritores y críticos a la vez, como Martin Amis, Nabokov, Henry James... Todos, cuando hacen de críticos, dan consejos similares unos a otros, como no ser demasiado crueles, o no perder el tiempo haciendo críticas malas de libros malos. Recomiendan hablar con entusiasmo de grandes libros. No creo que no deba existir la mala crítica, porque también es necesaria, pero me parece un buen consejo.

Te han nombrado coordinadora de Barcelona Ciudad Literaria. ¿Cuál será tu papel en esta designación que ha hecho la UNESCO?

En primer lugar, dejar claro que no es un certamen. Es un sello de la UNESCO, y Barcelona será Ciudad Literaria para siempre. Y ahora Barcelona ha entrado en una red de ciudades europeas, sobre todo Edimburgo, Dublín, Cracovia.... Y otras más pequeñas, como Heidelberg, en Alemania. Son ciudades que se dedican a promover la literatura en todas sus vertientes. Eso incluye que vengan los escritores vivos, hagan talleres, vengan a las escuelas a dar conferencias, que construyan rutas literarias de sus barrios favoritos... Y que los escritores muertos tengan sus homenajes, desde una placa, una escultura o una calle... O cosas más imaginativas, como, qué sé yo, crear una ruta Rodoreda por Gracia, por ejemplo.

¿Y cuál es tu papel?

Yo soy la coordinadora de esta oficinita que se abrirá y tenemos dos años para tirar las líneas maestras  para poner en marcha una serie de proyectos, que queremos que sigan solos y de forma autónoma. Todavía estoy pensando ideas, hablando con mucha gente que me hace propuestas. Hay mil temas: autores vivos, autores muertos, novelas en las que sale Barcelona, autores de Barcelona que no escriben sobre Barcelona, autores extranjeros que escriben sobre Barcelona... Intentar que la ciudad sea más literaria, que se entienda que es un escenario de novelas, de poesía y de teatro.

Hay un doble discurso sobre esto, hay gente que defiende que Barcelona tiene pocas novelas, que poca gente sitúa Barcelona como escenario.

Hombre, yo creo que lo es. ¡Sí lo es! Hay muchísimos autores, ¡en catalán y castellano! Los tres primeros que te vienen a la cabeza son Mendoza, Marsé y Vázquez Montalbán, pero si vas atrás te salen Sagarra, Pla, Rodoreda... Todos ellos hablan mucho de Barcelona y de sus calles. Y luego los hay menos conocidos, como Casavella. Yo creo que es un escenario literario de primer orden, ¡y ya no hablemos de la novela negra! Pero hay que intentar que se vea más.

¿Cómo te las apañarás para que la literatura llegue a los lugares donde no llega habitualmente?

Ya, ese es el gran reto, es terrible. Porque es complicado no hacer demagogia o no hacer algo ridículo para llegar a todos. Pero claro, tampoco ser endogámicos. Tú puedes decidir que en Barcelona hay muchos graffiteros y que debemos llenar Barcelona de graffitis de escritores, ¿pero esto ayudará a que la gente lea? Está muy bien el graffiti, pero hay que hacer un taller o una charla o una campaña que explique quién era aquel escritor. Y enseguida habrá urgencias, hace 400 años de la publicación de la segunda parte del Quijote, que es cuando llega a Barcelona. Es la novela más famosa del mundo, algo debes hacer. Y luego, en dos días es Sant Jordi.

¿Cómo te lo vas a hacer para mantenerte al margen del revuelo político? Porque todo está muy polarizado y es fácil que alguien diga: 'mira, lo primero que hace es hablar del Quijote, un emblema español', o que se te critique para hacer más caso a autores catalanes que castellanos. ¿Cómo convivirán catalán y castellano dentro de este proyecto?

Esto será complicado. Estoy acostumbrada, yo soy de Barcelona y escribo en catalán pero fui periodista muchos años y hacíamos muchos equilibrios. Aquí sin embargo, los equilibrios no son de 50%, porque hay una lengua más pequeña y otra que tiene una repercusión mundial y mediática descomunal. He dicho esto del Quijote porque es obvio, pero también hace 25 años de la muerte de Montserrat Roig, que es una autora muy Barcelonesa. Pero no me hagas hablar tanto de esto, ¡tío! Que todavía estoy aterrizando. [Risas]

Pues vamos a tu última novela, El dia del cérvol, donde Barcelona también tiene un papel relevante.

Me gusta hablar de la ciudad. Me gusta caminar y describirla, no tanto describir paisajes sino hacer relato sobre hacia donde creo que la ciudad desde un punto de vista social o político. Si veo muchas tiendas del mismo tipo, si veo que desaparecen comercios que me gustaban... Los barceloneses nos irritamos con estas cosas, nos gusta quejarnos.

Y en este relato sobre hacia dónde va la ciudad, ¿cuál es tu teoría?

Cada vez se parece más a todas las ciudades europeas. Los centros de las ciudades parecen los Duty Free de los aeropuertos, aquí, en Praga o en París las tiendas y la apariencia del centro de la ciudad es muy parecida. Puedes cerrar los ojos y decir: aquí habrá un Zara, aquí un Massimo Dutti... Esto es fuerte, antes una ciudad tenía un carácter espacial. Por suerte Barcelona tiene el mar, que no se puede tapar, y esto le da un carácter especial, pero incluso la primera línea litoral parece algo Miami. El Hotel Vela no me parece una construcción típica, de medidas mediterráneas. Las casetas de la Barceloneta tenían otra medida...

¿Crees que la literatura barcelonesa está sabiendo captar la transformación de la ciudad de los últimos años?

La literatura es lenta. Claro, escribir es un proceso largo y lento. Los escritores todavía pueden pensar cosas que saldrán dentro de dos o tres años. Pero tomando perspectiva, la crisis llegó en 2008... Hay algunas novelas del principio de la crisis un poco apocalípticas, recuerdo una que se llamaba La Peixera, por ejemplo, que retrataba una ciudad perdida, apocalíptica. Y hubo más. El dia del cérvol, cuando la empecé a escribir, era muy apocalíptica. Una ciudad con dos trozos divididos por una muralla, unos habitantes que no podían pasar al centro que era donde vivían los ricos... Lo suprimí porque me parecía ya tópico de la época. Pero que tengan discurso sobre la turistización de Barcelona igual no hay tantas novelas. Si Quim Monzó escribiera cuentos aún, seguro que lo retrataría, pero sólo hace columnas. Quizás Empar Moliner ya hace un poco eso, se ríe mucho de las modas del running, la comida sana, la gente que opera... Tiene mucho oído para estas cosas.

Esta semana fue 8 de marzo. ¿Cuánto camino le queda por recorrer a la mujer en el mundo literario catalán?

¡Ah! Aquí cada vez somos más, pero somos muchas menos. Yo soy profesora en el Ateneu Barcelonès y el 90% de mis alumnos son mujeres. Pero en el mundo literario hay muchos más hombres que mujeres. Nos vamos incorporando pero aún falta, es como si viajáramos 20 años atrás, vamos tirando pero cuesta. No es un mundo con impedimentos de ningún tipo para discriminar. Pero el novelista, que necesita muchas horas para macerar una novela, tiene un trabajo que cuesta más de compaginar con la maternidad. Por eso creo que hay menos mujeres novelistas. Es muy interesante ver los libros escritos por mujeres, porque hablan de cosas muy diferentes que los libros escritos por hombres. Hay muchos lectores que todavía se sorprenden de que nuestros libros los protagonicen mujeres. Tienes que poder crear grandes personajes de ambos sexos, hay que compaginarlo, como Flaubert con Madame Bovary. No creo que se sepa automáticamente si un texto lo escribe un hombre o una mujer, me parece una idea absurda porque todo el mundo debe ser camaleónico. El mundo literario es antiguo, e impregnado de tópicos que vienen de muy atrás.

Todavía hay muchos estereotipos que romper.

Sí, todavía hay quien se imagina al escritor como un señor muy respetable que está sentado en el sofá del Ateneu y fuma en pipa. Lo veo con los alumnos de escritura del Ateneu, que quieren ser escritores de una manera antigua, idealizada y romántica. ¡Y quieren ser famosos! Un escritor no es famoso, nadie le reconoce por la calle. Hay escritores como Pere Gimferrer que sí que perpetúan esta imagen de prohombre.

Al final, en las casas de clases acomodadas siempre ha habido más libros que en las casas obreras.

No sé si todavía se da esta diferencia. Desde hace 40 años, ya hay gente de los barrios y de clases diferentes. Pienso en Kiko Amat, en Javier Pérez Andújar, Albert Forns... No son gente de las familias de Barcelona, ni mucho menos. Hoy en día todo el mundo escribe, todo el mundo tiene un blog, pero persiste la imagen del escritor respetable y acomodada, algo al estilo Joan Maragall. ¡Pero esto debe desaparecer! Diré a mis alumnos del Ateneu que guarden la pipa.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Tòtil! Y tòtila [bobo, tonto]. Es una palabra que me encanta, y me peleé con la editora para que estuviera en la novela.

Texto: Oriol Soler

Fotografies: Albert Gomis

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