Mònica Terribas: "Tenemos una asignatura pendiente como sociedad que es mesurar la calidad"

Mònica Terribas (Barcelona, 1968) es un tótem del periodismo catalán de la última década. Fue directora de TV3 durante cuatro años, ahora presenta El Matí de Catalunya Ràdio y ha entrevistado a todos los presidentes de la Generalitat [Pujol, Maragall, Montilla y Mas] en horarios y medios de audiencia masiva. Se hizo un nombre como periodista y sobre todo como entrevistadora en La Nit al Dia. “La Terribas” hace honor a su fama de dominadora de situaciones: sabe endulzar o tensar la conversación según le conviene, dar el toque de ironía para facilitar la lectura entre líneas y tirar de academicismo si un argumento lo requiere. Pero su mejor arma (y si hacemos caso a sus palabras, también su mayor debilidad) es la intensidad desmesurada con la que lo vive todo. El encuentro duró lo mismo que la entrevista, con un saludo fugaz al principio y un rápido adiós (la pregunta final la respondió de pie mientras se iba del estudio de iCat FM en el que nos atendió), pero hizo gala de todas sus fuerzas para responder con la máxima exactitud, y se preocupó de medir sus palabras si algún tema delicado lo requería. Su dominio del lenguaje no verbal es quirúrgico, y sabe usarlo a su favor de forma arrolladora. La entrevista se celebró al día siguiente del ataque en el IES Joan Fuster, en el que un alumno de 13 años mató a un profesor e hirió a varias personas.

Me gustaría saber cómo, dentro de la cultura de la inmediatez en la que vivimos, habéis encontrado un momento para meditar el enfoque y los límites para informar sobre lo que sucedió ayer en el instituto Joan Fuster.

Ayer cuando sucedió todo nos pilló a medio programa. Automáticamente yo puse muchos filtros, sobre todo porque se trata de una cuestión que afecta a menores de edad. Pienso que ante hechos como éste hay que proteger a ese niño y a sus compañeros, aparte de contar algo que ya no tiene remedio, que es que ha muerto una persona. Es importante no comprometer a niños que lo han vivido de una forma lógicamente emocional, y no ponerles un micrófono delante. Y sobre todo no sacar conclusiones precipitadas y no hablar del tema de forma no documentada con personas sin conocimientos sobre la materia. Decidimos que hoy traeríamos a personas que tuvieran conocimientos sobre el tema.

¿Sustituyendo a los tertulianos habituales?

Sí, hoy en la tertulia hemos buscado a personas que hayan reflexionado mínimamente sobre la psicología infantil, le pedagogía, la sociología... La idea era no elegir a los analistas habituales, porque no tienen conocimientos sobre el tema. Y hemos invitado a la consellera Rigau, que es la máxima responsable de los centros educativos catalanes. A mí estos casos me sitúan con una mirada muy calidoscópica, tengo miedo de que la prisa para informar se convierta en un espectáculo emocional con distintas consecuencias. Es realmente peligroso. Nuestro oficio, y esto es una reflexión de fondo, hace que, como ahora mismo las redes sociales e Internet someten al ciudadano a un impacto permanente de estímulos (de todo tipo, a veces documentado y otras no, a veces con buenas intenciones y otras no) no hay suficiente información contrastada. Ayer corrían mil bulos por la red, que si ese chico había dicho tal cosa... Pasó lo mismo con el piloto de Germanwings, hay que tener mucho cuidado con estigmatizar personas con enfermedades mentales o patologías, es lo último que nos hace falta en un mundo en el que cada vez tenemos enfermedades más complejas a nivel psicológico.

Por un lado se piden respuestas inmediatas y por otro se quiere analizar desde la complejidad. ¿En noticias de ese tipo caen máscaras y se ve qué medios están dispuestos a hacer lo que sea por la audiencia y dar una respuesta emocional simplificada?

En ocasiones así hay que ser muy transparente con la audiencia, es lo que he intentado hacer hoy en la portada de las 8:00h. Hoy me he despertado pensando cómo enfocar esto, porque todos tenemos dudas como padres y madres de cómo hacemos las cosas, y del tiempo que pasamos con nuestros hijos, y con la cantidad de estímulos que tienen ellos que nosotros no hemos tenido, y los que tienes tú respecto a los que tuve yo, y los que tendrán tus hijos (si algún día los tienes, que espero que sí porque es una experiencia extraordinaria) en comparación a los que has tenido tú. Realmente, los hijos del audiovisual y de Internet tienen una capacidad de asimilación de contenidos muy rápida, y seguramente mucho menos tiempo de reflexión y de soledad que nosotros. Mi padre tenía más que yo, yo tengo más que tú y tú habrás tenido más que tus hijos. El tiempo es distinto, a pesar de que las agujas del reloj corran a la misma velocidad, el tiempo es distinto. La velocidad a la que la sociedad consume presunta información (porque muchas veces son datos, comentarios o especulaciones) sitúa un nivel de prioridades mentales que puede ser errónea. Esa reflexión, como periodistas, la vamos haciendo sobre la marcha, y hay cosas que no podemos contar porque no las sabemos, o porque son informaciones confidenciales de los terapeutas que están tratando a ese chico... Y no nos creemos más listos que nadie. Ahora no podemos decir que todo es porque juega a un videojuego... ¿Cuántos niños juegan a videojuegos todos los días? Y cada uno recibirá un impacto distinto condicionado por una infinidad de factores que muchas veces serán desconocidos por su entorno más cercano.

Y más en la adolescencia, que es la edad más vulnerable a nivel emocional.

Yo no soy la misma que hace 8 años, que hace 10 o que hace 15. No soy la misma. Y si tú alguna vez tienes tiempo para pensar en quién eres, verás que tuviste experiencias que te afectaron y te cambiaron. Hay que ser generoso con el oyente y no caer en un tipo de contenidos que pueden perjudicar a personas que están en un momento muy vulnerable.

Más allá de esos casos extremos, el concepto de modelo de programa sí que se va construyendo con el tiempo y responde a unos valores y unas convicciones periodísticas. Me gustaría saber qué sensación tienes cuando, viendo lo que cuesta trabajar con rigor y compromiso, hay otras formas de hacer periodismo que dan más beneficios y audiencia. ¿Tienes la sensación de pelear contra un enemigo imbatible?

Sí que se puede combatir. Nosotros estamos comprometidos con tener una sociedad lo más informada y cohesionada posible. Tú tienes que ir a dormir pensando que no has hecho nada que no esté al servicio de ese compromiso. Sabes positivamente que muchos de los contenidos que generan interés no tienen nada que ver con el servicio público. Tienen interés, porque si yo mañana abro el programa hablando de seis casos de seis niños que han tenido brotes psicóticos y han conseguido reinsertarse en la sociedad, yo sé que esto rendirá a nivel de audiencia. Incluso podría revestir todo eso con un buen discurso y hacer creer a la gente que estoy haciendo bien mi trabajo. Yo creo que mi trabajo ahora es contribuir a que la escuela de este país vuelva a la normalidad. Hay casos que no nos gusta contar, que un día son noticia pero que debemos circunscribir en un entorno de normalidad. Estamos en una sociedad que mide por los resultados cuantitativos y no por los cualitativos. Tenemos una asignatura pendiente como sociedad, que es medir la calidad, porque si solo medimos la cantidad priorizaremos todo aquello que vende (que eso forma parte del capitalismo) y no todo aquello que nos ayuda a avanzar como sociedad de forma colectiva. Igual que tenemos claro que debemos proteger las minorías (culturales, lingüísticas, sociales, políticas, territoriales, de género), tenemos que aplicar lo mismo con la información. No tenemos que ofrecer lo que vende, tenemos que poder escuchar un experto en Estado Islámico a las ocho y media de la mañana, no alguien que se lea los periódicos y tire millas.

Un tema muy icónico de la pugna entre cantidad (en ese caso, de audiencia) y la calidad son los tertulianos. Viendo lo que dices sobre el tema, tengo la sensación de que te resignas a sacrificar expertos para tener voces conocidas, porque admites que la tertulia como género triunfa en los magacines de la mañana. ¿Es real esa resignación hacia los tertulianos?

Yo no tiro la toalla, yo creo que los tertulianos que vienen a El Matí son gente respetuosa, que mantiene buenas conversaciones. Hoy mismo yo he sustituido a los tertulianos habituales...

Pero eso habría que hacerlo con todos los temas, ¿no?

Sí, está claro. ¿Pero qué pasa? Ahora mismo la política pesa más que la economía (hace tres años las tertulias estaban plagadas de economistas) así que vamos haciendo equilibrios. Los tertulianos saben que algunos de los temas que están encima de la mesa no son su especialidad, y yo les pido que sean lo suficientemente transparentes para admitir los terrenos en los que no son expertos. Eso te evita que digan según qué cosas a medio programa, y que no digan cosas que después generarán polémica y funcionarán en las redes, que también pasa, pero que no aporta nada.

Generar ruido de fondo.

Sí, pero también es vidilla. Decimos aquello de “lo está petando en la red”. Hoy, por ejemplo, había un tuit indignado con la consellera Rigau porque no habíamos hablado de los EAVS. Criticaban a la consellera, pero el error era mío por no plantearlo, no de la persona invitada. Criticaban a la invitada cuando era cosa mía, y por eso he pedido disculpas. En un momento en el que el feedback es inmediato y la red es un poco trinchera, poner orden es muy complicado. Yo le pido a David Bassa que haga una lectura inteligente de las redes, porque no siempre se corresponde con la realidad.

Me gustaría mirar hacia atrás. Hace poco y hablamos con tu predecesor en la dirección de TV3, Paco Escribano, que decía que habían sido para él 5 años terribles, desagradecidos y que no volvería por nada del mundo. ¿Tú tienes un recuerdo parecido de tu etapa en la dirección?

No. Seguramente es la etapa profesionalmente más dura que he tenido, fueron 4 años muy duros. Seguro. Pero a medida que pasa el tiempo y veo las cosas que se hicieron (las pocas cosas que pudimos hacer) las valoro mucho más que en el momento en que las hacía. Siempre sucede algo parecido cuando coges perspectiva. Pienso que tenemos una buena televisión pública, que ha tenido todo tipo de etapas, que tiene los principios y valores de una gran televisión: los valores que defiende la gente que trabaja en ella. TV3 tiene mucha vocación de servicio público, con algunos baches por exigencias debido a la audiencia, como nos sucede a todos. Un director intenta representar eso, enriquecerlo con sus criterios y tirarlo hacia adelante. Fue una etapa dura porque había muchas implicaciones económicas, políticas y culturales que intervinieron. Pero si miro atrás no reniego de ello, ni mucho menos. Recuperamos el liderazgo, pillamos la crisis de pleno, hicimos reajustes, se pidieron esfuerzos a la plantilla, levantamos el canal deportivo y el Canal Súper3. Yo estoy muy orgullosa, con sus sombras porque también hice muchas cosas mal. En general, es la época Polseres Amunt [pulseras arriba, expresión popularizada por la serie escrita por Albert Espinosa que se emitió en TV3], en el sentido de la lucha por sobrevivir. En aquella época había un dominio oligopolístico de los servicios privados españoles muy potente.

¿Es indispensable que al frente de los medios de comunicación haya gente de perfil periodístico que haya pisado redacciones antes de dedicarse a la gestión?

No necesariamente. Lo que seguro que hay que tener, seguro, es alguien comprometido con el servicio público de la comunicación. Que sea una prioridad fundamental.

¿Alguien como Eugeni Sallent (actual director) que ha dirigido durante años Rac1, la emisora del Grupo Godó, y que no tiene formación periodística es el perfil adecuado?

Perfectamente. Es decir, para mí la prioridad del perfil de una persona que lidere un servicio público es el compromiso con la sociedad. También el conocimiento de la gestión, pero si alguien entiende qué es el servicio público a nivel comunicativo y audiovisual, el perfil es acertado. No es determinante que sea o no periodista.

Todos los que hemos estudiado periodismo tenemos una idea sobre cómo el poder presiona a los medios de comunicación. Tú que has vivido esa presión, ¿cómo ha cambiado la idea que tenías desde que saliste de la facultad hasta ahora?

Mira, hay una cuestión que en la vida sirve para la tarea de dirección y para la que ejerzo ahora (un tanque con el 60% del peso de Catalunya Ràdio), y es que la cuestión no es quién presiona, la cuestión es cómo asumes la presión. Cómo respondes a la presión. De presiones hay de todo tipo. Ahora puede pasar un señor que se queje de que su grupo social nunca tiene espacio en los medios, después tendrás a los de la Cruz Roja o los de Cáritas, pero también los del barrio más pequeño de Barcelona que se van a quejar de que les haces más caso a los de Collblanc que a ellos. Otro tipo de presión es la sociedad civil organizada, en la que entran todas las instituciones imaginables. Y después está el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial.

¡Y el económico!

Y el económico, sí. La cuestión no es quién hace presión, porque todos presionan. Hay que saber cuando tienen razón y cuando no. La idea de que sólo presiona el aparato político es falsa, ¡aquí presiona todo el mundo! Todos quieren existir mediáticamente, entonces la presión también te puede venir a partir de las redes: te pueden decir que eres un vendido al poder, que eres casta... La presión no sólo llega con llamadas telefónicas.

¿Entonces, el mito del conseller de turno levantando el teléfono es mentira? ¿Nunca lo has vivido?

Es un mito. Esa experiencia, que es el clásico, no existe. Los jefes de comunicación se comunican con tus productores, es lo más habitual y te notifican actos futuros, o se interesan por algunos temas. Otro mito es que nos llama el presidente porque hoy toca que le entrevistemos. Eso no lo he vivido, he entrevistado a les cuatro Presidentes de la Generalitat y ninguno de ellos me ha pedido las preguntas. Tampoco lo han hecho ni Zapatero ni Rajoy cuando estaba de jefe de la oposición. Hay muchas ganas de construir ese imaginario. En las entrevistas de prensa, como están escritas y hay un tiempo de translación entre el discurso oral y el escrito, quizá sea distinto. Pero en una entrevista en directo... No se puede.

Por eso es tan complicado que según quién se ponga delante de un micrófono.

Exacto. Tú no te pones ante nadie y le pides si le parecen bien las preguntas. Lo que se hace es lo que has hecho tú, me he sentado y has empezado a preguntar, y punto. Claro que hay momentos puntuales en los que te llegan cosas, y sabes que hay historias que no han gustado porque te llega a partir de personas del entorno del sujeto concreto. Pero si tú crees que estás haciendo bien tu trabajo, tiras. Siempre se enfadarán unos o otros, los de Guanyem o los de la CUP, los de CiU o el conseller de turno que hace muchos meses que no viene. I quizá tenga competencias importantes, pero no hay que reiterar contenidos. Yo tengo mis criterios, pero también es verdad que no me expongo, no voy a actos públicos ni a tertulias. Mi vida profesional no me permite los salones, y los salones están indirectamente cargados de presiones. Cuando tú te expones siempre hay alguien que te dirá algo. A mí, como no me ven, no pueden decirme nada. Si alguien me convoca para hablar conmigo yo voy, como si es el Síndic de Greuges, el conseller X o el alcalde Z. Pero vida social, poca. Y eso te blinda a nivel de aislamiento.

¿Crees que eres una periodista incómoda para el poder?

Yo creo que no. Mi intención nunca ha sido incomodar, ha sido hacer en cada momento lo más adecuado. La gente cree que siempre tienes que ser agresiva e incisiva. Por ejemplo, la entrevista de hoy a la consellera Rigau: no era el día para cuestionar el sistema educativo catalán. Ella estaba tocada, hoy no era el día de hablar de las becas comedor, cada entrevista tiene su momento y habría sido injusto por mi parte. Ya lo haré de aquí dos meses, cada entrevista tiene su momento. No es lo mismo entrevistar a Carme Forcadell hoy que entrevistarla el día que deje la ANC. O entrevistar a Rato hoy que el día en que dejó la gerencia del FMI. La imagen de estar siempre de mal humor no es acertada, no haría bien mi trabajo. Yo jerarquizo alarmas a mis oyentes, coloco alarmas psicológicas hacia la persona que entrevisto. Y eso se hace con el tono, la actitud y las preguntas.

Ahora tendríamos que hablar de juegos.

Uy, yo el tema juegos lo llevo mal. Como mucho el Scrabble, y no demasiado.

¿Por qué decidiste mantener espacios de juego como el Enigmàrius cuando llegaste a El Matí? ¿Qué aporta?

El Enigmàrius aporta inteligencia, hace que las neuronas del cerebro se conecten por la mañana a partir del juego. Nosotros pedimos a la gente que conecte las neuronas con la información, y de las 6 a las 10h de la mañana, y es un nivel de exigencia muy duro. Desde el punto de vista emocional, sometes a la audiencia a un impacto que generalmente es negativo. En cambio, el Enigmàrius conecta las neuronas con un discurso positivo. El juego es un mecanismo de reto positivo, poder jugar mentalmente es algo que la gente valora. El otro día me quedé sin coche, alquilé uno y el chico que me lo alquiló me dijo: ¡dile a Màrius que lo ponga más fácil! Era un chico castellanohablante que conectaba con nosotros a partir del juego. El Entre Paraules de Ramon Solsona igual, ayuda a que la gente conecte. 

Con una vida tan agitada, ¿tienes tiempo para el ocio?

Me dedico sobretodo a leer, pero leo mucho por trabajo, sobre todo ensayo.

¡Pero leer el libro de José Bono no es ocio!

No, no lo es. Es ocio cuando lees a Xavier Bosch para entrevistarlo, o el libro de poemas de Francesc Garriga. Y el ensayo me encanta, pero siempre estoy subrayando y escribiendo notas. Mi ocio es estar más tiempo en casa con mi hijo, ver series... Puedo ver Homeland en tres semanas, o Juego de Tronos en diez días en verano. Pero debo tener el blindaje temporal para hacerlo sin angustiarme porque no estoy haciendo otra cosa. Soy una persona con una alta capacidad de autotortura, soy capaz de culpabilizarme mucho si no hago lo que tengo que hacer.

En algún momento consigues no sentirte esclava de tu trabajo?

¡No! No, no.

¿Nunca?

 [se lo piensa] Hay ratos que sí. En vacaciones consigo desconectar del todo, estar en casa y no hablar de trabajo, porque afortunadamente en casa el trabajo no existe. Cuando trabajo en casa trabajo, porque siempre estoy trabajando, pero a los míos no les hablo de trabajo. Ni a mi hijo, ni a mis sobrinos. Pero es inevitable, y es complicado cenar o pasar tiempo con un amigo sólo para eso. Pero eso para mí no es un mal trago, porque no separo la vida del trabajo. Para mí la experiencia de trabajar y comunicar es la vida. Forma parte de mi vida y lo disfruto mucho a pesar de ser muy exigente. Cuando la gente dice aquello de “no te olvides de vivir” yo pienso que cuando trabajo con mis compañeros vivo. Disfruto conociéndolos, viendo sus relaciones humanas, viendo cómo trabajan en equipo. Eso forma parte de mi experiencia humana, la vida y el trabajo forman parte de una experiencia global. Y no es una tortura, yo soy una privilegiada: tengo medios, un equipo, experiencia, audiencia y he vivido muchas cosas. He hecho una carrera a un ritmo suficientemente racional, he pasado muchos años detrás y no me he pasado la vida preocupada por lo que dirán. Lo ha podido asumir todo, por lo tanto he vivido. Los cuatros años en la dirección de la tele los sufrí más que el resto, sufría mucho por si mis decisiones eran erróneas.

Per terminar, te pido que escojas una palabra.

¿Sólo una? ¡Trifulca! Es lo que tenemos todas las mañanas.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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