Paco Camarasa: "Las librerías están pensadas para los ciudadanos, no para los consumidores"

Ya hace unas semanas que Paco Camarasa vive en una especie de funeral latente. Dentro de pocas semanas cerrará Negra y Criminal, la librería que regenta desde hace 13 años con Montse Clavé y que ha sido espacio de referencia para lectores, editores y escritores de novela negra a nivel europeo. Libros, crímenes, asesinatos, mejillones, vino... A pesar de su aura de librería de culto, los números no cuadran y los propietarios deben bajar la persiana. Paco seguirá con el comisariado de BCNegra, el festival de novela negra barcelonés que ha traído grandes autores como Camilleri, Saviano o Mankell. Quedamos en la librería a las 10, la hora de abrir, y la conversación se interrumpirá en varias ocasiones por la entrada de clientes que vienen a hacer una última compra y a mostrar su indignación por el cierre. El local tiene un encanto propio reforzado por el jazz de fondo que escoge Paco para amenizar la conversación, que fluirá de manera apacible a pesar de los saltos constantes en el tiempo y el espacio.

Todo el mundo elogia la Negra y Criminal, la ponen como referente pero no vende los libros que debería vender para seguir levantando la persiana cada mañana. ¿La gente habla mucho y compra poco? ¿Es una forma de hipocresía cultural?

No, yo creo que la gente sí compra pero compra en otro lugar. No es una hipocresía cultural, sino una falta de coherencia cultural. Nosotros hemos sido referencia, pero ahora que la novela negra está de moda no hemos sabido romper la comodidad de la gente. Oferta tenemos, ahora mismo en Europa no hay ninguna librería con nuestra oferta de libros de novela negra en catalán y castellano. Tenemos mucho fondo y tenemos una librera, Montse Clavé, que es expera en recomendaciones, y yo no sé demasiado pero tengo muchos años acumulados. Supongo que la ubicación es mala, en el centro venderíamos más pero los gastos serían insoportables, y nos gusta estar aquí en una calle peatonal que nos ha permitido hacer lo que nos ha dado la gana.

La idea es que la novela negra se vende mucho pero no aquí.

Ahora la novela negra está de moda, se vende en otros lugares y la gente necesita dosis mínimas que se pueden encontrar fácilmente en cualquier lugar. Ferran Torrent o La chica del tren se pueden comprar en cualquier supermercado.

Pero nadie se llenará la boca elogiando FNAC o La Casa del Libro y en cambio ahora que tenéis que cerrar la red está llena de artículos de blogs, webs y similares que lamentan su cierre y os reivindican como una gran librería. ¿Recibir elogios y tener que cerrar en qué posición te sitúa hacia tus lectores y clientes potenciales?

Me pone en una cierta contradicción. Hemos recibido muchos mensajes de muchos lugares y muy diversos. Estamos un poco decepcionados, el problema de ventas hace que no llegues bien a fin de mes pero vaya, como tanta gente, nosotros nunca hemos sido mileuristas. Nadie abre una librería para hacerse rico, a menos que pongas una cadena. La Casa del Libro es de Planeta, luego está El Corte Inglés, FNAC y Abacus, que ya no es una cooperativa sino una multinacional. Siempre hay dos maneras de verlo, por otro lado también estamos contentos. Nosotros hemos procurado ser los mejores libreros posibles, hemos cumplido nuestra parte, y hemos intentado tratar bien al cliente y hacer que se sienta a gusto. El futuro de las librerías pasa por convencer a la gente que no se vota sólo el día 27 de septiembre. Con los actos de consumo votamos cada día, siempre. En Barcelona cada vez hay menos afluencia a los mercados porque todos compramos en el súper. Y el mercado es un lugar de intercambio, no sólo un lugar de consumo. En el supermercado no hay ningún tipo de interacción. Las librerías están pensadas para los ciudadanos, no para los consumidores.

 

Haces a menudo esta distinción. ¿Qué diferencia hay entre el ciudadano y el consumidor y por qué es tan importante?

¡La palabra ciudadano es jodida porque ahora está pervertida! [se ríe] No sé qué leerá el señor Albert Rivera, ni si lee demasiado. Por aquí no ha pasado nunca, eso ya te lo puedo decir. Yo hablo de consumidores conscientes o consumidores impulsivos. Henning Mankell decía que una ciudad sin teatros y librerías era una urbanización.

¿Es la idea de que la política no se hace votante sino que está presente en cada pequeño acto cotidiano?

Exactamente. Hay que cuidar el paisaje urbano, las pequeñas tiendas, los servicios especiales y específicos... Nosotros a veces vamos al centro, pero sólo cuando nos falta algo que no podemos conseguir en la Barceloneta. Esto es lo que nos ha pasado, todo el mundo dice que somos una librería de culto y todo el mundo se ha marchado de aquí sin una mala palabra - y eso que a veces tienes ganas - y por otra parte hemos intentado recomendar muy individualmente.

Reivindicar el trabajo del librero en su sentido más artesanal, de oficio.

¡Claro! El mejor librero no es el que más ha leído, sino el que tiene mejores lectores. Los lectores son una esponja, y si un lector concreto le ha gustado un autor, sabes que a una serie de gente le gustará también. Entonces vas recopilando gustos. Y si te gusta Bernard Smith nunca te ofreceré una historia de Agatha Christie.

Hemos diseccionado los motivos del cierre. Ahora me gustaría girar la vista atrás y saber con cuál de las particularidades (los mejillones, el vino, las presentaciones, los saraos) de la librería te quedas. ¿Qué recuerdas con más cariño de todo lo que habéis hecho estos años?

Hay muchas cosas, porque realmente lo hemos pasado muy bien y este espacio nos ha permitido contactar con los autores. La primera presentación que hicimos fue de González Ledesma, y ​​cuando abrimos él acababa de reeditar El pecado o algo parecido y yo sabía que quería presentarlo. A partir de ahí tuvimos gran relación, de hecho hemos salido en sus memorias y hemos colaborado mucho juntos, seguimos teniendo relación con su familia. Otro momento que recuerdo con mucho cariño es cuando vino el Petros Markaris, que presentó Pan, educación y libertad justo en la peor época de la crisis griega. Le montamos una manifestación para recibirlo, con una pancarta en griego con el nombre de la novela. ¡Y nos aprendimos el título en griego! También recuerdo James Ellroy, que vino y dijo que nos compraba la librería. ¡De coña, eh! Pero quizá le deberíamos haber hecho caso...

Aparte de llevar autores reconocidos también ha sido el trampolín de promesas que en su momento no tenían nombre...

¡Sí! Esto nos encanta. Carlos Zanón presentó su primera novela aquí, y ahora es muy conocido. Al igual que Domingo Villar... Es un gran placer jugar este papel. Han pasado muchas cosas aquí dentro, y hemos disfrutado mucho vendiendo libros y hablando de libros.

Hay una gran batalla en el género para ponerle nombre: novela policíaca, novela enigma, novela criminal... Al final te has acogido al paraguas de negrocriminal que lo engloba todo. ¿Por qué es tan importante definir bien el género?

La cuestión más importante de la librería es el nombre, se le ocurrió a Montse Clavé. Yo quería hacer combinaciones de nombre con autores, pero negra y criminal es un gran acierto. A veces decían que Agatha Christie era la gran dama de la novela negra, y seguro que doña Agatha cada vez que sentía esto se removía en su tumba. La terminología siempre se quedaba corta. ¿Dónde pones la Highsmith? Entonces negrocriminal lo engloba todo, y funciona. La Highsmith no es novela negra ni policial, pero seguro que hay crimen. Al igual que en cualquier historia de espías. En cambio todos se pueden definir como negrocriminal. ¡El otro día vimos la palabra a un diario de Buenos Aires! Imagínate.

 

Hablamos con Andreu Martín y él nos decía que el juego era muy importante en la novela negrocriminal, y establecía un paralelismo entre una buena trama y un buen juego. ¿Un lector de esta esencia también está vinculado al juego?

[sonríe] Andreu es muy juguetón, le encanta. Si un día quieres engatusarle y que caiga en una trampa, que sea con un juego. Aunque no lo diga, él es un niño grande y le encanta jugar, nunca dice que no. Efectivamente, el lector siempre se lo plantea como un juego. La novela negrocriminal está de moda por dos cuestiones: la primera porque la realidad supera la ficción. La pega de la realidad es que sea verosímil, las novelas sobre narcotráfico completan lo que has visto en las noticias y en los periódicos. Los periodistas deben explicar la realidad, tú sabes que hay algo claro, pero si no lo puedes demostrar no lo publicas. Tú puedes decir que Eduardo Inda hace periodismo de imaginación y no de investigación. Pero si no lo puedes demostrar, él te demanda. Pero si haces una novela puedes hacer ficción con un tío igual que él pero que se diga Alberto Pinga.

El papel social del género.

Claro. El segundo motivo es el entretenimiento. El juego. Los lectores siempre quieren saber, yo siempre digo a los lectores que no intenten saber qué pasará, ¡porque el autor siempre sabe más que tú! Lo que es necesario es que juegue limpio. Hay una historia brutal con dos lectoras nuestras, que yo sí les digo quién es el asesino porque si no leían las novelas rapidísimo y no podían disfrutar de la lectura. Y sabiendo el final podían disfrutar del libro y no leer frenéticamente. Es una paradoja brutal. Pero no pasa a ningún otro género, ya me dirás quien mira el fútbol si ya sabes el resultado final... Puede ser un gran partido, pero no lo mirarás, ya sabes cómo termina. Aquí está el valor añadido de saber que estás jugando y que están jugando contigo y dejarte llevar, a pesar de saber cuál es el final.

Vamos a la parte buena de la explosión del género, la BCNegra. Ya lleváis 10 años, ¿cómo has vivido la evolución del certamen?

Hemos ido viendo poco a poco como avanzaba la cosa. Al principio costaba que vinieran autores y ahora tenemos overbooking. Esto va en paralelo al mundo de la novela negra, por ejemplo la cuestión de los clubes de lectura, que cada vez están más y más consolidados. Ha venido gente como Henning Mankell o Camilleri... Claro, eso ya le da valor al asunto.

Mientras hablábamos han ido saliendo nombres propios. ¿Qué tiene Barcelona para ser escenario del género y tener multitud de autores de referencia?

Es complejo. Durante la dictadura no había nada de novela negra porque la policía era la hostia, no había nada mejor que la policía. La policía torturaba y ya está, no podía haber un detective como Pepe Carvalho que era más listo que la policía. De hecho, los primeros grandes personajes son detectives, un policía no era creíble. ¡La primera policía es de 1995! Veinte años después de la muerte de Franco. No existían policías honestos, por eso las novelas de Silver Kane se situaban en Nueva York o Arizona, porque si era en Madrid no colaba.

Así que era un tema del contexto del momento.

Sí, pero también de la ciudad en sí. Barcelona está a 100 km de la frontera, tiene puerto... Aquí venían los marineros e iban al chino. En Madrid no hay barrio chino, como mucho Torrejón de Ardoz. Aquí había contrabando de tabaco, de nylon, lo que fuera... y aquí llegó novela negra francesa, en la Librería Francesa de Paseo de Gracia. Manolo Vázquez Montalbán leyó todos los grandes franceses. Esto es importante porque crea escuela, y hay que recordar que esta generación estudiaba francés. A partir de ahí vinieron las editoriales, los autores... Esto ha creado un caldo de cultivo, y entonces te aparecen Manuel de Pedrolo, González Ledesma, Vázquez Montalbán, Andreu Martín ... Barcelona es la capital europea de la novela negra, hay más historias en Barcelona que en París.

[Una clienta nos interrumpe. Se despide de Paco y le da el pésame por el cierre de la librería. "No entiendo cómo la gente va a otro lugar. Al final todos hacen como el de Inditex, todos se forran y se cargan el pequeño comercio. Pero ellos me estafan y vosotros no. En fin, es lo que hay".]

Has sido compañero de batallitas de muchos de los autores que has citado: Vázquez Montalbán, González Ledesma, Andreu Martín...

¡Cuando abrimos yo ya llevaba años allí eh! Yo era presidente del Gremio de Libreros de Valencia. Ser viejo te hace haber vivido muchas cosas diferentes que no habías imaginado. A ver, tengo fotos con Manolo, ¡pero también con Sofía Loren! También alguna con Montserrat Roig de las buenas épocas, que venía mucho por Valencia... batallitas hay muchas, sí. John Connolly nos lleva discos que hace él para acompañar sus libros, cuando viene Donna Leon le preparamos discos de ópera que le encantan... Ella a menudo viene de incógnita al Liceo y a la Boquería, le fascina la ópera y la Boqueria. Manolo siempre me engañaba y me colaba botellas de vino blanco, que a él no le gustaba.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Ahora, porque que los detesto, te diré ciudadanos. Es una palabra bonita que alguien ha pervertido, y hay que reivindicarla.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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