Perico Pastor: "Me gustaría morir lo más tarde posible con los pinceles en la mano"

Ir de excursión al estudio de Perico Pastor (La Seu d’Urgell, 1953) es una experiencia de doble atracción: visual y mental. Su oficina es una especie de nave en el barrio del Poblenou donde conviven cuadros, telas secándose en las paredes, ordenadores, libros, vinilos, discos (parece que lo último en sonar es Desire de Bob Dylan) y un ejército de pinceles, botecitos de pintura y otras herramientas diversas. La carrera de Perico es de las que quedan bien en el currículum: ilustraciones en el New York Times y la Harper 's Magazine, pero también en La Vanguardia - donde ha conseguido el estatus de columnista en la sección de cultura - y El País. Exposiciones en medio mundo y encargos grandes, como la ilustración de la Biblia Interconfesional editada por Enciclopedia Catalana. Oírle hablar es jugoso por su mezcla de argumentación, clarividencia y gamberrismo, pero el mejor momento del encuentro es cuando la conversación termina y nos deja fotografiarlo pintando. Fotógrafo y redactor guardamos silencio y admiramos durante unos minutos magnéticos cómo trabaja, cómo se enfrenta a la tela en blanco y cómo, en menos de seis minutos, termina dos cuadros que formarán parte de una exposición.

¿Qué tienes que hacer hoy?

El martes es un día especial, porque en vez de empezar el día llevando a los niños a la escuela me voy a remar al puerto. Yo practico remo olímpico, es mi deporte, y tengo un grupo de amigos (aún mayores que yo) que reman más que yo, pero me junto con ellos dos días por semana. Así que hoy he hecho un bocadillo a los niños y a remar. Después había quedado con vosotros, y más tarde me pondré a hacer el sprint de la exposición en la Sala Parés de diciembre. Y eso siempre combinándolo con las columnas de La Vanguardia, las ilustraciones, la contabilidad de todo... Me lo hago todo yo, siempre hay trabajo. Comeré con uno de mis dos hijos mayores (tengo dos hijos mayores de un matrimonio anterior y dos hijos pequeños) y luego recogeré los pequeños al fútbol.

Te lo preguntaba porque desde fuera siempre parece que tengas mil cosas abiertas a la vez. Después de tantos años dedicándote a dibujar, pintar e ilustrar, ¿sigues porque no te ves haciendo otra cosa? ¿Te ves envejeciendo haciendo lo que siempre has hecho?

A mí me gustaría envejecer pintando. Yo pinto y dibujo desde que tengo memoria, me recuerdo a mí mismo con un lápiz o una estilográfica en la mano contando historias. No dibujando cosas que había pensado antes, sino cosas que me iban saliendo mientras dibujaba o pintaba, que es algo que todavía me pasa hoy en día. Me gustaría envejecer pintando y me gustaría morir lo más tarde posible con los pinceles en la mano. No sé si sabes que Renoir, que murió muy tarde (lo situamos todos en el siglo XIX pero murió en 1919, cuando Picasso aún era un chaval y no lo conocía ni dios) tenía una artritis brutal, y los últimos años de su vida le ataban los pinceles en la mano para que pudiera pintar. Gente que no se imagina sin un pincel en la mano. A mí me gusta mucho pintar, me gusta mucho estar solo aquí en el estudio. Me gusta mucho. Durante años he tenido una gran amiga como ayudante, pero no es lo mismo estar aquí solo que tener testigos.

¿Esta necesidad de soledad es sólo para trabajar o ya tiene que ver con tu forma de ser?

Me gusta estar solo. Vitalmente, mi idea desde hace muchos años es tener una gatera, un agujero de aquellos que tienen los gatos para entrar y salir sin quedarse maullando en la puerta. Este es bastante mi talante. He reincidido en la vida de matrimonio y en tener hijos, y eso es un valor añadido que me encanta. Mi fantasía sería comprarme tierras, ir a la Seu D’Urgell, mi tierra, montar un viñedo y hacer vino. Pero es una utopía, yo tengo 62 años y si lo hiciera ahora apenas llegaría a ver los primero vinos, y es currar mucho. Además no tengo dinero para hacer algo así... No me veo no pintando, yo pinto desde que recuerdo, pero hasta los 20 años no admití que podría hacer carrera. Para mí pintar era un juego, pero también jugaba en guerras con los soldados y nadie me preguntaba si quería ser soldado. El juego se ha alargado.

¿Qué pasó porque justo a los 20 años decidieras que te podrías dedicar a eso?

Admití que quizás tenía que dedicarme a pintar y dibujar profesionalmente, pero me pasé seis meses sin pintar nada. Pensar "ahora soy artista" me dejó tieso y me sentí incapacitado del todo, completamente bloqueado. Hasta que pensé que me estaba comportando como un imbécil y que debía seguir dibujando como había hecho toda la vida.

Entonces, ¿dibujar y pintar es una constante regresión a la infancia?

Lo difícil es, cuando eres profesional y te ganas el pan, mantener este interés y esta receptividad para dejarte sorprender. Para no ponerte una corbata y decir "ahora soy el famoso pintor Perico Pastor y os haré una de mis obras maestras". Eso es horrible. Y yo creo que todos hemos pasado por aquí, a mí creo que ahora ya se me ha pasado, pero es normal. Se te sube todo a la cabeza cuando la gente empieza a comprarte y sales en los periódicos, y te adulan. A mí se me ha pasado, pero tampoco he sido tan famoso como para que se me suba todo a la cabeza.

No te ha ido nada mal…

No, ¡claro que no! No me quejo en absoluto, pero gente como Barceló ha tenido más prestigio internacional y han sido más reconocidos. Me gano la vida con lo que me gusta y estoy contento. Lo complicado es dejarte sorprender por tu papel y tus pinceles, ver la pintura como un instrumento para que se te ocurran cosas. Hoy hablaba con los amigos de remo (ninguno de ellos tiene que ver con el arte) y me decía que eso de crear debía ser cansado. Yo les decía que a la inversa, que cuando enganchas el empuje de crear te van saliendo aún más cosas, y una cosa lleva a la otra, y el propio proceso te ayuda a crear aún más. Yo creo que es así en cualquier disciplina artística, cuando estás en forma todo parece que fluya. Cuando llega el momento de enmarcar y montar la exposición, retomarlo luego cuesta. Yo creo que la creatividad genera más creatividad. Para mí crear es una suma entre inventar y copiar.

Entiendo copiar como dejarte influenciar por otros autores y disciplinas artísticas.

Claro, nadie está en medio de la jungla con un machete abriendo camino entre plantas salvajes en lugares por donde no ha pasado nadie. Tú vas haciendo caminos y arrecifes y te vas hacia lo más divertido. Así he encontrado mi estilo a lo largo de los años.

El hecho de concebir la pintura como una prolongación de una actividad de la infancia te hace reivindicar lo que haces sólo como un acto de disfrute? Siempre has reivindicado que la cultura no es nada serio, que debe ser divertida y entretenida, que debe hacer disfrutar.

Es que cuando dices "sólo disfrutar" yo creo que hay un prejuicio. Aquí, en España, tenemos una idea puritana de lo que es el gozo o disfrute. Por un lado está el trabajo intelectual, el progreso y todas esas historias, y cuando terminamos nos bajamos la bragueta y a disfrutar. Yo tengo una cultura muy francesa, tengo una madre suiza y estudié en el Liceo Francés. Mi mujer es francesa, y como todos sabemos, a veces los franceses pueden ser un poco repelentes, pero en el tema del placer saben lo que se hacen. Lo trabajan, lo cultivan y saben disfrutar. Hace unos años, cuando inscribí a los pequeños en la escuela de esquí francesa, su lema explicaba perfectamente mi filosofía: le plaisir s’apprendre. El placer se aprende. Aquí tengo la sensación de que separamos lo que es aprender y lo que es el placer, y el placer consiste en beber demasiado, comer mucho y bajarse la bragueta... En cambio hay otra escuela que dice que tienes que aprender a beber, a comer , a leer, a follar. Y que el propio aprendizaje es un placer, y que el placer se aprende. Este círculo virtuoso los franceses lo tienen muy claro, nosotros no. Por este motivo defiendo que la cultura es divertida. No leeré maestros de la literatura universal si me caen de las manos. En cambio hay situaciones que no son cultos pero son culturitzantes.

¿Con la pintura pasa lo mismo? ¿Hay genios indiscutibles y pintores que deben ponerse a en la cola?

Sí, es esta idea de la pintura heavy y la pintura light.... Yo recuerdo hace muchos años, que fui a un congreso internacional de derechos de autor y el tema inaugural era "arte o producto". Evidentemente el tema lo había puesto un francés para lucirse. Uno de los que hablaron fue el Sydney Pollack, el director de cine, y dijo que no entendía la pregunta. Dijo: "está hablando como si todos tuviéramos un interruptor que vamos pulsando según nos conviene hacer arte en mayúsculas o vender nuestro trabajo. Yo me aplico con todo lo que hago e intento darlo todo con mis por películas". Yo me sentí completamente identificado.

¿Pones el mismo empeño en tus exposiciones que a las ilustraciones de La Vanguardia?

¡Sí! En 1992 El País me encargó ilustrar un diccionario de las olimpiadas. Eran unas 20 páginas del periódico, y querían sólo dos o tres, pero yo propuse treinta. A mí me gusta mucho jugar con las palabras, y me gusta ilustrar porque me gusta leer. Cuando estaba en el New York Times ilustraba una sección donde colaboraban los lectores, y había un lector que proponía explicaciones falsas de palabras que existían. Eran definiciones falsas que daban imágenes preciosas. Recuerdo la de impetus, que era la imagen de una persona que no tiene pet, que no tiene animal de compañía. Y recuerdo que me sugirió la imagen de una mujer paseando un perro, pero sin el perro. Total, los de El País pagaban bien y me pasé horas, pero el resultado me gustó. Recuerdo que al día siguiente fui a la presentación de la colección de La Caixa de arte moderno. Había cosas muy pomposas, de 2x3 metros, muy pretenciosas. Y me sentí muy orgulloso de lo que había hecho por el diario el día antes y de no tener esta pretensión desmesurada.

Los temas de las obras artísticas y sus finalidades también son una especie de debate eterno sobre qué se busca. ¿Va relacionado con esta tendencia a la pomposidad?

No creo que el tema del arte sea la perfección ni la belleza. Las obras de arte son como las máquinas que ves en un gimnasio, tú te paseas por un museo y cada obra te estimula una parte diferente de tu mente. Y esto ocurre con libros, con música, con películas...

Llevas muchos años y ilustrando prensa. ¿El proceso es leer y después emitir un mensaje con un lenguaje diferente? ¿Cómo estableces la conexión con el texto?

Yo empecé a hacer ilustración porque me gusta leer de todo, y siempre me salen imágenes cuando leo. Lo hago con la gorra. Sé que no está bien que lo diga y espero que Godó no me baje el sueldo, pero no me cuesta coger ideas de un texto en forma de imágenes. La ilustración ayuda a dejar respirar un libro o un artículo en la prensa. Estoy especialmente orgulloso de la ilustración de la Biblia... Pedí hacer un prólogo y dije que la función de las ilustraciones era como la función de los lectores del convento, que leían mientras los frailes sorbían la sopa. Creo que esta es la idea. En términos generales, a un periódico por ejemplo, la ilustración es como un slalom paralelo: debe tener relación con el texto pero no tiene que buscar representar gráficamente lo que dice el texto. Debe tener una tensión con el titular que despierte el interés del lector, un diario solo es mucha competencia, nadie lee el periódico entero.

¿Buscar imágenes a partir de las palabras acaba teniendo mucha parte de juego entonces?

Yo me tomo muy en serio mi oficio, pero intento no ser nunca pedante y estar siempre jugando, siempre al nivel de la gente. En eso me siento muy identificado con Màrius Serra, y creo que vemos nuestro oficio de una manera muy similar. Sabemos que no somos más que nadie, y yo doy la misma importancia a la ilustración que a los cuadros que expongo, y para él no es más importante la novela que el crucigrama. Por esta idea, hace cinco años hice 30 obras y todas las que no me compraron las quemé. Al final quemé 9. Mucha gente lo entendió, y otra gente se escandalizó, perdí un par de clientes... Gente que no entendía que quemara los mismos dibujos que les vendía por 4.000 euros. Para mí era un recuerdo de infancia, cuando yo era pequeño las mandarinas y las naranjas venían envueltas con un papel muy plano. Mi padre la allanaba, lo ponía como un cilindro, le calaba fuego y salía volando hacia arriba. Esto a los cinco años es mágico.

Quería recordar tu etapa en Nueva York. ¿Ir tan joven en el New York Times y en la Harper's Magazine cómo se vive?

En la Harper's fue la primera de todas, es la revista más antigua de Estados Unidos. Yo tenía un amigo portugués que me pasó la dirección de la art director y la tía me encargó dos ilustraciones allí mismo, in situ. Fue bestial, salí de allí saltando. En el Times me costó mucho entrar, cada sección tiene un art director y tienen mucha autonomía, pero nunca tienes la sensación de estar arriba de todo. Hay gente muy buena, mejor que tú y mucho más conocida. El Times colaboran Steinberg, David Levine, Andy Warhol... Claro, imagínate. Se calcula que hay 60.000 ilustradores en Nueva York. Recuerdo que cuando volví a Barcelona intenté colaborar en Interviú, y me dijeron que ya tenían alguien que ilustraba en blanco y negro. ¡Un solo tío! Y era cuando Interviú vendía un millón de revistas y era la hostia.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Mar.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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