Pilarín Bayés: "Mil hijos no podré parir, y mil árboles no podré plantar, pero mil libros..."

Robamos unos minutos a Pilarín Bayés (Vic, 1941) antes de la presentación de ABCDARIO para adultos, un libro lleno de obscenidades varias - "el flamenco Federico, falto de falo, finge hacerse una felación "- y también de notable ingenio verbal. Pilarín ha desgarrado con sus dibujos su fama de ilustradora infantil, que descansa sobre más de 900 libros publicados y sobre varias generaciones que han crecido siguiendo el trazo de su lápiz. La separamos sin traumas del 'comando llonganisa’ [comando salchichón], que es como se llama el grupo de personas que la acompañará en la presentación, donde evidentemente está Òscar Dalmau, coautor de libro, pero también gente de su familia y de la editorial. "¿Quieres que te acompañemos? – No. Tranquilos, ¡me fío de estos chicos! ". Se sienta en un sillón del bar Cachitos apoyando cada mano en una mesa distinta, y habla en ese tono de abuela entrañable que entiende más de lo que parece pero que está maravillosamente a gusto con su papel.

¿Qué ha pasado, Pilarín? ¿Cómo has acabado ilustrando este libro?

Un descalabro. Ha sido un descalabro muy grande. Yo soy de los libros de niños, me gusta mucho este público y su entorno. Pero este, Òscar Dalmau, ¡es como un encantador de serpientes! Me tentó sobre todo por el juego intelectual que se llevaba entre los animales, las palabras... A mí me pareció que era un reto de algo que nunca había hecho, era un reto incluso peligroso. Era meterme en un terreno un poco pantanoso, pero al final ya ves que he caído en su trampa.

¿Este juego del que hablabas tiene que ver con las palabras en ABCDARIO? En cada letra hay una frase donde todas las palabras empiezan por esta letra...

¡Me encantan las palabras! Con mis hijas, que trabajamos juntas, intentamos adivinar los enigmas esos que hace Màrius Serra en la radio. Tampoco te voy a mentir, la mayoría de veces no lo adivinamos porque es un poco difícil, pero nos gusta este reto. Palabras que son nuestras, te las piden con cierto sentido y te cuesta encontrarlo, hay ingenio. Y yo creo que todas las cosas que requieren ingenio son buenas.

ABCDARIO para adultos es una buena muestra de ingenio.

¡Muuuy de ingenio! Y además he visto como lo hacía, no era decir las cosas por decirlas, todo estaba pensado, medido y calculado. La gente cree que todo es espontáneo, en el arte pasa muchísimo, la gente cree que hay muchas obras que son espontáneas cuando en el fondo son elaboradísimas. Pues es eso, y yo no quería dejar escapar este texto.

¿Qué fue lo primero que te pasó por la cabeza cuando Òscar te pasó el primer borrador del texto, la primera propuesta?

Lo primero que pensé fue: ¿por qué me lo pide a mí? Porque él se ríe de todo, pero a mí Òscar me parece un arquetipo de la modernidad. Tiene esta imagen retro, pero todos los niños le consideran la pera de la modernidad. Y no entendía por qué me lo pedía, porque yo soy más tradicional y hago cosas tradicionales. Y he entendido que él tiene la virtud de ir a cosas que choquen un poco, de crear una mezcla insólita. Poner una clásica de la literatura infantil en este terreno pantanoso es algo que no se le habría ocurrido a mucha gente, y él sí.

¿Jugar a desconcertar y contribuir, es esto?

¡Totalmente! Y también hay que decir que Iolanda Batallé, la editora, ha puesto su parte también. Es una gran editora y me ha hecho mucha ilusión, porque yo había trabajado mucho con el señor Doria, y recuerdo que de jovencitas, cuando éramos estudiantes de Bellas Artes, admirábamos aquel hombre que sabía tanto de libros. Y pensar que ahora colaboro con firmas de la empresa y en sellos nuevos me ha hecho mucha ilusión.

El libro toca una serie de temas (drogas, sexo, violencia) que generacionalmente se viven de manera muy distinta. Tú y Òscar os debéis llevar...

Podría ser mi hijo. Mis hijos tienen su edad.

Evidentemente, estos temas no los vive de la misma manera. ¿Qué diálogo se ha establecido entre vosotros dos y, al por mayor, entre las dos generaciones?

Yo, por representar cosas no he tenido mucho miedo. En última instancia, todo es humano y de todo se puede hablar. Y tengo confianza ciega en él, porque nunca hará algo grosero o desagradable, nunca se burlará de alguien por su condición sexual, nunca será irreverente por un tema religioso... Por lo tanto, yo iba con total confianza. ¡He descubierto palabras nuevas! Ahora no te las podría decir, pero vaya... Él ha buscado estas palabras, un poco como el juego que hacen en El Gran Dictat. Ayer mi marido estaba enfermo e íbamos poniendo canales de televisión para pasar el rato, ¡y recuerdo un concurso donde lo adivinamos todo! Y en cambio en el programa de Òscar eran muy complicadas. Él es al revés, elige palabras y animales extraños, que son un reto y que no conoces. La gracia está en esto, y los adultos aprenderán cosas. Yo no soy una mujer muy experimentada, pero a mi edad historias he oído muchas, y he acabado aprendiendo cosas con este libro.

Tu aún publicas en Catalunya Cristiana, una vez a la semana. ¿Alguien te ha hecho algún comentario del estilo "Pilarín, estas cosas..."?

En una revista que no diré el nombre, el otro día me llamaron. Es una revista confesional, digámoslo así. ¡Me llamaron los compañeros y todos reían! Si todos lo ven bien, ¡ya está! La malicia está en los ojos de la gente, ¡esto es bíblico! Y a estos les parece divertido, debe ser que lo es. Entre la gente adulta se hacen bromas de adultos, y con los niños hacemos bromas de niños.

Repasando todo lo que has hecho durante estos años, esos centenares de libros publicados...

¡Tenemos la ilusión de llegar a 1.000! Faltan pocos más de 50.

¿Cuántos proyectos tienes entre manos?

Muchos. Ahora mismo estamos haciendo un libro con Eduald Carbonell que explica los orígenes de la humanidad. Yo he trabajado mucho con los temas de la Biblia, y eso es mirar desde la otra vertiente. Las dos partes son interesantes y complementarias, porque la Biblia es un relato, un relato fantástico. Y para los que somos cristianos tiene mucho significado, pero para alguien que no crea también creo que puede ser muy interesante. Yo no quiero renunciar a ninguna de las dos vertientes, las dos me parecen muy interesantes. También estoy haciendo un libro sobre las costumbres catalanas, que es una colección y me gusta mucho. No sé cuándo tardaré en llegar a los 1.000. Me tiene que durar la energía, me tiene que durar la vista (porque tengo cataratas)... Mientras dure, durará. Pienso que seguramente puedo llegar, y si no, mala suerte. Me haría mucha ilusión. Hacer 1.000 libros...

Recuerdo que Perico Pastor, que también es ilustrador, nos dijo que le gustaría morir lo más tarde posible y con los pinceles en la mano. ¿Lo ves de la misma manera?

Yo te digo la verdad, con el lápiz en la mano sí me gustaría mucho. Y, ¡eh! También hay que pensar en la decadencia artística, que pierdas seguridad en el trazo... Esto hay que aceptarlo. Si esto viniera, a mí me gustaría retirarme antes de que llegue la decaída. Igual es un poco de orgullo, o creerte mejor de lo que eres, pero terminar dibujando con toda la ilusión del mundo sería formidable, muy bonito sería. Ahora, también te digo que yo no tengo la ambición de llegar a ser muy vieja.

¿No?

¿Sabes qué pasa? Mi marido está enfermo, ha estado muy enfermo, y hemos visto la muerte como algo muy cercano. Y cuando sufres mucho, casi la ves como una amiga. Tenemos que verla como una amiga. Al final, cuando las fuerzas te dejan, te haces muy mayor y eres un estorbo para la gente que te rodea, pues te marchas. Tan contenta. Te vas contenta, por lo que has hecho, por lo que has sido, y yo si me voy haciendo casi mil libros, ¡encantada! Mil hijos no podré parir y mil árboles no podré plantar, pero mil libros... No sé, me iría contenta de haber tenido una vida bastante interesante, que ha estado bastante bien. Tarde o temprano todos nos iremos. A medida que nos hacemos mayores lo tenemos que aceptar mucho más. Si no vas en un tren que se despeña por un barranco te morirás de una enfermedad, de algo nos moriremos.

Ahora, por la edad en la que estás, eres referente para muchas personas. Me gustaría saber si tú ahora te fijas en ilustradores o dibujantes más jóvenes que tú. ¿Qué te interesa de lo que se hace actualmente?

Creo que la ilustración ha sido un arte que ha ido a más. Sale gente muy buena y muy esteticista, yo no lo soy mucho y me gustan mucho los dibujantes esteticistas. Por eso me gusta mucho Rébecca Dautremer, es todo equilibrio, tratamiento del color... A mí me gusta representar la acción y dejo la estética en plano secundario, pero lo admiro mucho. Y ahora en Catalunya está subiendo mucho una chica que se llama Cristina Losantos. Es una chica ya consagrada, y va a ser muy importante. Tiene cierto esteticismo y explica muy bien las historias. Yo pienso que la ilustración es la educación estética de los niños. Un niño va a un museo, ve la Mona Lisa y no ve más que una señora. No le importa si Da Vinci innovó mucho con la técnica. Pero con la ilustración los niños pueden jugar, les interesa la historia y se va filtrando su gusto estético. Pedagogía de la imagen. Cuando un niño dice que un dibujante le gusta más que otro tiene por la mano conceptos artísticos.

¿Es esto lo que te hace sentir más orgullosa de tu obra? ¿Saber que has filtrado a muchas generaciones este gusto estético mientras contabas historias?

Me hace sentir más agradecida que orgullosa. Yo fui de la generación de los Beatles, que siempre decíamos que las cosas se pasaban de moda. Siempre se pasaban de moda. Y yo, cuando empecé a dibujar y me iba bien, pensaba que pasaría de moda. Pasaron cinco años y todavía tenía encargos. Pasaron diez y pensaba "qué suerte!". Y hace mucha ilusión cuando una persona adulta me dice que ha trabajado con mis libros. Pero me hace más ilusión, o tengo más agradecimiento que no orgullo. Vivimos en un mundo donde los niños llevan unas alpargatas deportivas y pasan de moda en menos de un año. Y pienso, ¿cómo es esto? ¿Cómo es que sigo aquó? Y lo veo como un regalo, es un regalo, sólo puedo asumirlo así.

[Pilarín se da cuenta que nos han regalado unas golosinas con el cortado y el Vichy que hemos pedido. "¡Ah mira! Yo soy muy de chuches pero no puedo comer demasiadas porque soy diabética. En casa siempre tengo! "]

Por último, te pido que escojas una palabra.

¡Txebuiro! Es estornudo. Una palabra que sólo decimos en Vic y que a mí me parece guapísima. Lo de que sea onomatopéyica hace gracia. Yo creo que las palabras en general dan risa, su origen, su sonoridad.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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