Rafael Vallbona: "Es básico entender el riesgo en tu vida"

Estimulante, descorazonadora y esperanzadora podría ser una forma de definir una conversación con Rafael Vallbona (Barcelona, ​​1960). Periodista, escritor con decenas de publicaciones a sus espaldas y profesor de la Blanquerna, tiene un discurso crítico con picos de lucidez y cierto pesimismo sobre el mundo que nos rodea, y es ácido y complicado de digerir en sus respuestas. Reivindica a los grandes periodistas catalanes y de fuera, de Huertas a Talese, y cree en un periodismo que no se arrodille ante el poder. Quedamos con él en la Plaza del Ayuntamiento de Premià de Mar, que está de fiesta mayor, tal como lo delatan las caras resacosas de la gente de la calle.

Empecemos por el proyecto Bicibiblios. ¿En qué consiste?

Esta es una idea prestada. Hay un proyecto europeo que se llama Cycling for Library que reúne cada año a unos 60 bibliotecarios, y hacen una ruta de bibliotecas. Esto me lo contó un día Carme Fenoll y propuso hacer algo parecido. Lo dejamos correr porque vimos que costaba unos 12.000 euros, pero ahora de cara al Año del Libro y las Bibliotecas pensé mucho que viajar es una herramienta de conocimiento, aunque yo nunca iré a un lugar donde no tenga nada que hacer.

Lugares con estímulos.

Sí, exacto. Por eso me gusta ir sobre todo a ciudades, porque te quedas embobado, pasan cosas, coges flyers, arrancas papelitos de las paredes... El viaje es una herramienta de transformación, cuando sales eres uno y cuando vuelves eres otro. ¡Y si no has notado este cambio, quédate en casa! Porque es una pérdida de tiempo y de dinero. El viaje en bicicleta todavía tiene una connotación más. Hay una canción de un cantante uruguayo maravillosa que dice "las ciudades son los libros que se leen con los pies". Es de Quintín Cabrera, y me parece una frase genial. Yo lo cambié por un "pedaleando leo el país".

La idea que alguna vez has dicho de cartografiar el país.

Sí, eso fue una idea gloriosa que tuve en un día de lucidez. Cartografiar es ir al detalle, y a mí los mapas me gustan, aunque ya están muertos por culpa de los GPS. Yo creo que yendo en bicicleta se entiende el país. Y la idea del Bicibiblios era transmitir conocimiento a partir de los viajes, yo explicaría lo que he visto del territorio y lo que he entendido y que ellos digan luego lo que les parezca. El día más redondo que hemos tenido fue uno en que un hombre del público terminó hablando en el atril sobre un viaje de esquí de fondo que había hecho por Laponia y yo estaba en la última fila del público. ¡Esa era la idea! Yo no quiero tener ningún tipo de protagonismo, quiero ser el factor.

 

¿Dinamizador?

Dinamizador es un poco de funcionario contratado, me gusta más factor. A ver, las bibliotecas no estaban llenas, pero con que haya una docena de personas ya vale la pena. Con Carme hemos dicho que el próximo año, si estamos vivos, estaría bien volver a repetir la experiencia pero de otro modo: quedar en una biblioteca y hacer una ruta desde allí con gente del propio territorio e intercambiar experiencias. Creo que viajar en bicicleta es una forma de conocimiento bastante razonable. La bicicleta te permite cartografiar, y más que yendo a pie, porque a pie no te acercas a las medias distancias  y pierdes casi todo el día. Y con la bicicleta haces rodeos, que significa salir del camino principal y no tiene nada que ver con domar toros. Aparte, la bicicleta es el medio de transporte mecánico más democrático: no hay carnet, no hay que estar sometido a la industria del petróleo, ni a la del automóvil. Es una máquina democrática que nos iguala a todos.

El ciclismo tiene un imán con la literatura. ¿Por qué confluyen tan bien?

El ciclismo tiene todos los componentes literarios perfectos para construir un relato: épica, mitos, enfrentamientos, traiciones... Hay de todo, de todo. Si miras cualquier etapa del Tour, es lo más cercano a la tragedia griega: enfrentamiento del hombre con la naturaleza, el hombre contra otro hombre y el hombre contra la divinidad. El ciclismo lo tiene todo, y es agónico: gana el que llega más cerca del umbral de la muerte.

Aquella frase de Induráin que decía "he llegado muy lejos en el dolor".

Cuando tienes el corazón a 207 pulsaciones te aseguro que sientes una bocanada de sangre en la garganta y que es muy complicado pensar sólo en ser el primero. Es agonía pura. Cuando se inventa la bicicleta, en la segunda mitad del XIX, enseguida se crearon clubes, porque antes del Facebook los humanos se agrupaban para hacer cosas. Cuando se juntaban para hacer rutas turísticas, la bicicleta era cosa de ricos y burgueses, en la primera edición de la Volta a Catalunya, cuando pasaban por pueblos de la Catalunya profunda la gente los apedreaba. Es como si hubiera un desfile de Ferraris en Nou Barris, con toda la gente desahuciada. Después, la bici se produjo industrialmente y se democratizó mucho. El ciclismo es adolescente, cuando subes a la bicicleta vuelves a ser un niño. Y aprender a ir en bicicleta es el segundo momento de independencia respecto del vientre materno, el primero es caminar y el segundo es la bicicleta, que te ensancha las posibilidades de libertad en el mundo.

Has hecho libros de crónica generacional. ¿Qué crónica harías de los hijos de la crisis?

En cierto modo ya he hecho un poco, en un libro que se llama De contentos a engañados. Pàmies dijo que era una crónica de los desengaños culturales, sociales y políticos de la democracia burguesa salida de la transición. Los hijos de la crisis, o nativos digitales, creo que son hijos de un desengaño, el desengaño democrático. Cuando murió el dictador, la mayoría de los jóvenes de aquella época (los padres de la generación de la crisis) queríamos la ruptura. No queríamos la revolución socialista y la independencia de los países catalanes, sabíamos que eso no pasaría, pero sí queríamos un juicio político al franquismo. Países como Chile, con menos tradición democrática lo han hecho. Pero alguien dijo "esto no toca" y nos dijo que teníamos que convivir hermanados. Un rollo muy de misa.

El origen católico de la derecha catalana.

Vienen de aquí. Mira, recuerdo que en 1977 estaba en una parada del PSAN en encuentro de la sardana de Calella. De repente apareció el Pujol, y todos empezamos a gritar independencia. Cuando callamos nos dijo: así me gusta, que seáis jóvenes, firmes y radicales. ¡Así, cuando seáis mayores todos seréis de Convergencia! Y tres de la parada han acabado votando CiU. Claro, todos nosotros hemos acumulado una derrota tras otra. Yo heredé una guerra de mi padre, que fue un gran derrotado, ¡no podía exigirle nada! Creo que las expectativas de la generación de la crisis han sido excesivas. ¿Quién es responsable? Todos juntos. Todos. Os hemos dicho que sois la generación mejor preparada de la historia, lo que es cierto, y automáticamente os dijimos que seríais los más ricos, guapos y famosos de la historia. Y os lo creísteis. Aquí la cagamos: unos por decirlo y otros por creerse el pastel.

Cuando te hacen este discurso y acabas con una carrera trabajando de camarero por cuatro euros la hora es normal estar desengañado.

Es el discurso del poder. Os quieren dormir, volveros dóciles. La Universidad está arrodillada a los intereses del mercado, por eso están desapareciendo las carreras de humanidades, no quieren gente que piense. Yo en clase flipo, veo que soy el más gamberro de todos, y tengo 40 años más que ellos. A veces digo: insultadme, ¡haced algo! Esto no es normal. ¿Sois culpables? No, sois víctimas. Este sistema os ha comido, y la aportación de la derecha española ha sido definitivo, el gran mérito de la derecha, como dice el Ramoneda, es arrastrar la socialdemocracia hasta su neoliberalismo.

El historiador Xavier Domènech dice que de los 80 en adelante la socialdemocracia de masas europea es neoliberalismo disfrazado de progresismo, una izquierda de atrezzo donde sólo cambia el color de la corbata.

Sí, son los que aplaudieron la transición con las orejas. A mí me hace gracia, ahora todo el mundo es crítico con la situación. Le dije una vez a Francesc Homs: ¿lo que tú defendiste encarnizadamente ahora me dices que fue un engaño? ¡Eres tú el que engaña! ¿Y ahora te quieres erigir como salvador? Algo no cuadra aquí, no me lo creo. Con la edad, no te crees nada. Creo que no soy un cínico, más bien soy un romántico sentimental, pero ya sé por dónde van los tiros. Por eso soy muy crítico con el procés, que antes era un libro de Kafka. Lamento decirlo, pero el otro día Duran la clavó definiéndolo como El Sainete. Es eso. Y a David Fernández de la CUP le dije que vigile a quien abraza, porque tal vez le dan la mano al diablo.

 

Antes de empezar hablabas de la figura de Josep Maria Huertas. Has trabajado en muchos medios y en diferentes medios, y compartiste redacción con él. Para los que no sepan quién es o que no la hayan podido leer por edad, ¿por qué crees que es importante reivindicar su manera de hacer periodismo?

Creo que reivindicar la figura de Josep Maria Huertas Clavería es reivindicar el buen periodismo, que desgraciadamente es una praxis en vías de extinción. Quien decide lo que dicen los medios ya no son ni las redacciones ni las direcciones, es aquel entramado de notas de prensa, Dircom y patrocinadores. Los periódicos tienen las secciones cerradas antes de saber qué ha pasado, es muy complicado que entren noticias fuera del establishment. Huertas tenía sus defectos como todo el mundo, pero creo que era un excelente periodista porque era una persona honesta. Nunca engañaba ni vendía motos sin ruedas. Podías estar de acuerdo o no con su interpretación del mundo, pero era aquello. Nunca quiso que bajo su firma saliera algo que él no creía. Esto es razonable y loable, y debería ser lógico en un momento en que la cultura digital permite la creación de un medio. Estoy un poco harto de leer periódicos porque sólo ves la vara de mando del pensamiento único. Y Huertas en eso no creía.

Pisaba la calle.

Él explicaba lo que veía con una gran honestidad. Él había pisado el lugar, había hablado con la gente y luego lo explicaba. Esto es la calidad de la experiencia, es lo que hacía él. Hoy nadie sale de la redacción, nadie mueve el culo, todo se mira por una pantalla del ordenador. Los meteorólogos en vez de sacar la mano por la ventana miran un satélite. Y luego está la agenda mediática. Siempre ha existido, pero se pueden encontrar carreteras secundarias. No tengo intención de pasar a la posteridad, pero quiero hacer cosas que me apetezcan. Siempre pongo de ejemplo a Gay Talese. Un tío que entra en el New York Times y al cabo de diez años los envía a cagar. Él ha colaborado a Esquire, New Yorker y ha construido una de las obras más sólidas del periodismo. Bueno, es que es un enorme escritor. El texto de Frank Sinatra está resfriado es una pieza magistral, ¡y lo hace sin hablar con él!

La recopilación de Retratos y encuentros es genial, las crónicas deportivas son espectaculares.

Sí, ¡pero eso aquí se ha hecho! Pedro Barthe, de TVE, durante un tiempo hizo crónicas en El País. Recuerdo una cuando el entrenador del Barça de baloncesto era Manel Serra, donde explicó todo el partido a partir de los gestos del Serra en el banquillo. La desesperación, los gritos, la rabia... Era magistral. Aunque el baloncesto te interese una puta mierda, lo quieres leer. Pues como la crónica del Talese del Joe DiMaggio, aunque el béisbol te la sude, disfrutas como una vaca leyendo. Y aquella crónica del boxeador...

Floyd Patterson.

Es increíble. Una novela sobre la derrota y la soledad espectacular.

¿El juego es importante en tu manera de escribir?

Por supuesto. La vida es un juego. Yo nunca juego al azar, sólo la lotería de Navidad de la universidad, por no ser el pringao si toca. Yo creo que la vida es un gran tablero de juego de azar donde yo soy una pieza pequeña que se va moviendo. Sí es cierto que el azar y el juego son conceptos que tengo asumidos, porque si no, no habría hecho muchas cosas de las que he hecho. El juego es riesgo, y si no te arriesgas…. Es básico entender el riesgo en tu vida, y el concepto filosófico de juego y azar es muy importante en nuestras vidas, siempre tienes unas probabilidades de que pasen unas cosas u otras. Esta ley forma parte de la vida, y debes tener presente. Después puedes ser más conservador o más temerario, pero a veces por muy temeraria que sea la actitud, el azar te puede desbaratar. Es uno de los grandes atractivos de la vida. A ver, la vida no tiene ningún sentido, ¿vale? Es lo que hay, nadie te preguntó si querías nacer. Has ido a parar donde has ido a parar es azar. Pues mira, aprovéchalo a tu favor.

Por último, te pido que elijas una palabra.

Casa. La casa es tu lugar en el mundo, es lo que te define pero que tú también has definido. Una casa no son cuatro paredes, es sobre todo un espacio mental y sentimental. Es el lugar donde crecemos, y cuanto más a gusto estamos en nuestra casa mayores nos hacemos y más crecemos. También es salvación, como cuando jugabas al pica-paret de pequeño, que decías: ¡casa! Es simple: cuatro letras y dos vocales. Casa.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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