Ramon Solsona: "Me enamoro de las palabras fácilmente"

Las palabras son la herramienta básica de trabajo de Ramon Solsona (Barcelona, 1950) ya sea para combinarlas y darles sentido o para adentrarse en las mismas y su propia naturaleza. Desde hace 10 años hace una sección en la radio en la que una única palabra es la protagonista absoluta, y ha trabajado con los grandes nombres de la radio catalana de los últimos años. Además ha publicado distintas novelas y versos satíricos. La entrevista se realiza en su casa, y nos sentamos en su estudio rodeados de libros, con los diccionarios dominando el espacio. Ramon tiene más de 200, algunos especialmente interesantes como el diccionario del vino. Las palabras son las protagonistas absolutas de la conversación, y su versatilidad juguetona toma el papel protagonista, así como la irremediable adicción a la que se someten los que trabajan con ellas.

¿Cuántas lenguas dominas?

A ver, dominar dominar… Siempre que hago algo de lenguas comparadas, que es algo que hago a menudo en la radio, son las mismas: del ámbito románico catalán, castellano, francés, italiano y portugués. El portugués es más complicado, porque tengo pocas herramientas y me cuesta encontrar buen material. Y luego el inglés y el alemán, que son lenguas muy interesantes, y no son románicas. Sobretodo el alemán, que es una lengua germánica y es muy interesante, porque es un puente entre las lenguas eslavas y las lenguas escandinavas respecto a nuestras lenguas y el inglés.

Llevas años con la sección de palabras en la radio. ¿Qué aporta esa sección?

La pregunta no deberías hacérmela a mí, sino a las personas para las cuales hago esa sección. Pero básicamente se trata de explotar la curiosidad de las palabras, eso es universal: esa palabra qué significa, de dónde viene, cómo ha cambiado, cómo ha llegado hasta aquí… Si eso lo haces de una forma no estrictamente científica sino con rigor y amenidad, entra mejor. A ver, siempre hay que ser científico y no se pueden contar leyendas etimológicas, no te puedes inventar nada, eso lo combato enérgicamente, pero se puede combinar rigor y amenidad. Se puede limpiar el lenguaje específico de la lingüística y hacerlo llevadero. Yo empecé a hacer la sección con Antoni Bassas, en la que yo pedía un tema y la gente llamaba. No sé cómo me atreví a hacer eso, porque hay que prepararlo muy bien, nunca sabes qué salidas tendrá la gente ni qué va a decir, algunos decían tonterías. Y hace ahora unos 10 años empecé con Xavier Bosch en Rac1 haciendo la palabra del día. Y tengo la sensación de que es una sección infinita. La gente a menudo me pregunta si nunca me quedo sin saber de qué hablar, o si se me terminan las palabras. Nunca. El lenguaje nunca termina.

¿Cómo te preparas una sección así? ¿Cómo escoges la palabra? Hoy era suspendre [suspender]…

Sí, hoy era suspender debido a la suspensión cautelar del Tribunal Constitucional. Intento trabajar sobre la actualidad, creo que es muy importante, y un 99% de las veces me baso en eso. Lo que pasa es que pierdo mucho tiempo. Literalmente. Pienso: vale, cojo esa palabra, ¡voy a sacarle jugo! Y a veces me paso una o dos horas y veo que no, que sólo tengo obviedades, y si no tengo nada con gancho, pues a otra cosa. Mi trabajo no consiste sólo en escoger cosas que puedan interesar, también y con mucha firmeza, consiste en descartar las cosas que no van a ningún lado y son pobres. Me ha pasado muchas veces, consultar multitud de diccionarios, aquí, allí… Y desestimarlo, pensar que es demasiado espeso, o que no tiene gracia, o que es demasiado erudito.

¿Has descartado más palabras de las que has utilizado?

No, no tanto. ¿Sabes qué pasa? Con los años tienes muchas cosas en el ordenador. Tengo un archivo que se llama notas, recortes y pequeñas cosas. Son 50 páginas con pequeñas cosillas, curiosidades, fragmentos… Cosas que apunto porque me parecen interesantes. ¡Y luego no las uso! Pero ahí están. Yo busco mucho dentro de mi ordenador, la búsqueda interna es algo habitual. Más un montón de herramientas en Internet. Por ejemplo, el Corpus Textual Informatizado de la Lengua Catalana. ¿Eso te suena?

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Tú buscas una palabra, y a partir del siglo XIX y especialmente el XX te dice una serie de palabras que salen en un registro de textos publicados, ya sean en prensa o literarios. Yo miro si una palabra está admitida o no, y luego miro quién la usaba. Vaya, ¡Santiago Rusiñol usaba tal palabra! Y así voy tirando. Y también en castellano hay el Corpus del Español Contemporáneo y el Corpus Diacrónico del Español. Y lo mismo en inglés, en francés…Mira, ayer encontré algo que no encontraba en ningún sitio. A mansalva. Es algo que parece que venga del castellano. ¡Pues no! Es italiano, ya se usaba en el siglo XIV. A mans salva, con las manos libres, de esa forma se pueden cometer delitos. En fin, me voy por las ramas, pero tirando de algunos hilos puedes encontrar cosas que nadie haya contado antes.

Has hecho sección con Bassas, Bosch, Basté y Terribas. ¿Alguno de ellos ha tenido un especial interés por la sección o un conocimiento que te haya sorprendido?

Yo creo que con todos los que he trabajado ha habido mucha sintonía. Ahora, por ejemplo estoy con Mònica Terribas y seguramente es la persona que sigue con más interés lo que cuento, para entendernos: le saca partido y lo sigue mucho. Pero vaya, con todos ellos me he sentido dentro de un juego de complicidades, que en la radio es algo muy importante.

Te has declarado como una persona fascinada por la magia del lenguaje. ¿Cuál es esa magia?

El lenguaje seduce, engancha. No sé si usé las palabras magia y fascinación, puede que sí, pero son dos palabras tan gastadas que hoy día ya no las pronunciaría. Pero el lenguaje atrapa. Una de las cosas que tiene el lenguaje, y más ahora que hay diccionarios digitales y en papel es que tú buscas, pero a veces encuentras el placer sin buscar. A veces buscas y no encuentras. Pero cuando buscas, encuentras otras cosas que no buscas y te enganchas a ellas, te pierdes, derivas hacia un lado y otro. Mira. [Se levanta de la mesa y coge un libro]. Mira, el jueves se presenta éste libro en la universidad. Nombres de plantas, 35.000 nombres en catalán, una tarea científica impresionante, realizada por botánicos y por lingüistas.

No sabía que existían tantas plantas.

No es que no hay tantas, sino que muchas tienen nombres diversos. Y mira, si ahora lo abrimos… ¡Galinsoga! Galinsoga era un director de La Vanguardia que dijo “los catalanes son una mierda”. ¿Ves? Abres por donde sea, buscas algo y encuentras otra cosa. Esa es la gracia del lenguaje que está cargado de historia, de vida, de cultura popular, de ingenio popular, de metáforas, cambios de sentido, de historia colectiva, de adaptaciones fonéticas curiosas… Claro, es un mundo con tantas vertientes que es muy atractivo. Yo me enamoro fácilmente de las palabras. Como escritor tienes la obligación de estar enganchado al idioma, y no entiendo a los escritores que no se enamoran de las palabras. Como escritor tienes la obligación de engancharte a ellas, de ser un culo inquieto del idioma de trabajarlo. Y no entiendo que haya gente a la que no le importe, y es algo que me consta que existe. El único peligro de todo eso es que cuando escribes se te note que usas palabras que te gustan especialmente.

Vamos al juego verbal. ¿Jugar con la lengua cuando ésta te apasiona es más complicado o te ves inmerso en ello?

Una cosa lleva a la otra. El interés por la lengua por la patología lingüística, tiene síntomas distintos. Yo no soy un gran ludolingüista porque siempre me cansa, al final no encuentro más aliciente que el porque sí. Que no está mal, ¡eh! En cambio hay otra parte de la lengua, que es la rima, la poesía y las cancioncillas infantiles que me atrae mucho, son lengua juguetona pero práctica. Son juegos lingüísticos que sirven para iniciarse en las posibilidades de desarrollo de le lengua. Yo he hecho poesía satírica y ahí sí que me he sentido jugando con la lengua porque te obliga a contar sílabas. O a buscar palabras de tres sílabas que tengan el acento en la tercera i, por ejemplo. Eso es más funcional y me siento completamente atrapado. La parte de jugar porque sí también, pero no me entretengo demasiado con eso. Pero vaya también he vivido los trabalenguas, los anagramas…

La poesía satírica es un género descuidado. ¿Por qué? En Catalunya había una gran tradición.

No lo sé, yo echo de menos a La Trinca, o cantautores que en momentos como los que estamos viviendo hubieran sacado canciones con garra y pillería. Y eso lo echo de menos, venimos de una tradición satírica que se manifestaba mucho en el teatro. Y ahora tenemos el Polònia [programa de TV3 de sátira política]. La televisión y la radio han absorbido todo eso y el verso satírico ha quedado arrinconado. Y yo lo echo de menos.

He visto que coincidiste con Tísner en un encuentro de literatura y humor en Tàrrega. ¿Qué significó Tísner?

A ver, yo no sé qué representaba para los otros, pero sí que te puedo decir qué valor tiene para mí. Él tenía un perfil muy concreto, es el padre espiritual de Màrius Serra, introdujo con mucha persistencia la tradición británica de hacer crucigramas de una forma humorística, ingeniosa, apelando a la inteligencia y al conocimiento lingüístico de la gente para potenciarlo. Eso lo hacía de forma excelente, porque era una persona bienhumorada, con un gran sentido del humor y con una concepción de la lengua como diversión. Eso contrastaba con la idea de los 60 o 70, cuando la lengua era sufrimiento, estaba amenazada, todo eran barbarismos y corrección editorial. Había un miedo terrible a dejar pasar una falta porque parecía que toda la lengua catalana se tambaleaba. Y es curioso, porque Tísner y su amigo Pere Calders (que también era un cachondo) hacían un tipo de lengua muy falso. Usaban un lenguaje novecentista, más fabriano, pero lo hacían muy bien y con gracia. Por eso Tísner tiene el valor de coger un modelo de lengua que no iba a ningún sitio que después se acercó a un modelo real con el cambio del sistema escolar y la democracia.

Siempre dices que para inspirarte literariamente usas la cotidianidad. ¿Es más sencillo crear con escenas corrientes o con acciones épicas?

No te lo sé decir. Lo que pasa es que la cotidianidad y la lengua literaria tienden a unos modelos alejados de la vida real. Excepto la novela, que se acerca más a la realidad y a la forma de hablar de la gente. Y eso es un problema importante que tenemos en la lengua catalana. Pero yendo a lo que preguntabas, pues no sé qué decirte. Creo que la vida de cada día está llena de maravillas, de sorpresas, de decepciones, de amor, de desengaños, de traición… Y eso es tema literario. ¿Eso se puede situar en una esfera más elevada? Sí, supongo. La vida diaria da material literario continuamente.

Me llamó la atención Línia Blava, donde todo ocurre en la Línea 5 del metro de Barcelona.

Ahí hay una reflexión de fondo, es decir, la ciudad tiene una vida subterránea que no se nota tanto. El metro va por debajo, y en el metro va gente anónima (por eso los personajes de la novela no tienen nombre). Y las vidas anónimas se van tejiendo y cruzando entre ellas de forma anónima. Tenía ganas de decir que una ciudad es un conjunto de vidas anónimas cruzadas de forma anónima, i que cualquier persona, la que sea, hasta la más aburrida y monótona, tiene una novela encima. Como mínimo. Y era una forma de decir que Barcelona es una ciudad de historias, por lo tanto de personas, por lo tanto de novelas cruzadas.

Para terminar, te pido que escojas una palabra

Lliri sisirinqui, también conocida como iris sisirinqui. La he encontrado en el libro Noms de plantes. Corpus de fitonímia catalana, que contiene más de 35.000 nombres de plantas de todo el dominio catalán i que presento en breves en la Universitat de Barcelona. Hay dos nombres que son variantes de una misma planta (Gynadiris sisyrinchium) que provienen de un libro muy importante en catalán el Masclans, y que son un bombón para los ludolingüístas.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Marc Saludes

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