Roc Casagran: "Sabemos que hay que cambiar los de arriba pero todo empieza por una transformación desde de abajo"

Hay entrevistas que engañan o sorprenden. Ésta a Roc Casagran (Sabadell, 1980) es un buen ejemplo. La conversación fue distendida, tomando una clara en un bar junto al Museo de Historia donde dos horas después presentaba L’Amor Fora de Mapa, su última novela. El encuentro fue cercano, perfectamente digerible, de los que no te dejan la cabeza como un bombo cuando terminas. Una vez puestas sobre papel, sus palabras son densas, y los temas que salen, profundos y complejos, sin verdades absolutas y con un constante replanteamiento de algunos de los pilares que sostienen nuestras vidas. Incluso la transcripción es casi íntegra, sin tener que quitar frases que sobran, redundancias o discursos inacabados, algo inaudito. Quizá esta habilidad para hacer mundanos temas universales es lo que ha permitido a Roc publicar cuatro novelas y cuatro recopilaciones de poemas antes de cumplir los 40, o lo que permite acercar la literatura a sus alumnos del instituto.

Una de las cosas que has dicho en entrevistas recientes pre-Sant Jordi es que percibes la literatura como una herramienta de transformación social, pero que muchas veces esa transformación social comienza por una transformación íntima. ¿Qué idea de transformación íntima hay en L?Amor fora de mapa?

En el fondo, uno de los planteamientos vitales que se hace Llull, el protagonista de L’Amor fora de mapa, es cómo vivimos las relaciones personales. Esta es una de mis manías o una de mis dudas existenciales: muchas veces cuando hablamos de transformar la sociedad hablamos de los círculos de poder, de los lugares donde se toman las decisiones, sabemos que hay que cambiar los de arriba pero todo empieza por una transformación desde de abajo. Me parece que la primera transformación es con nosotros mismos, saber si aquellas cosas que sólo nos atañen a nosotros mismos las vivimos como queremos o como nos toca. O por inercia. Y Llull se plantea si las relaciones de pareja o de amistad son las que deseamos y nos hacen sentir bien con nosotros mismos o si no hacemos más que reproducir los esquemas y las maneras de hacer de generaciones anteriores.

En el caso de la vida en pareja todos podemos identificar estas inercias: la vida en pareja, el amor romántico, la monogamia... Pero en el caso de las relaciones entre amigos, ¿qué tics o esquemas crees que reproducimos sin pensar demasiado?

A veces los tics de los celos y el egoísmo también los reproducimos a las amistades. Creemos que un amigo nunca puede fallarnos y que debemos tenerlo a nuestro servicio, y en cambio no vemos con buenos ojos que sea amigo de otras personas que no tienen nada que ver con nosotros. En el fondo es despojarnos de esta voluntad de tener, de ser propietarios de una persona. Todos estamos de acuerdo en que la esclavitud es algo negativo, que sería la propiedad absoluta de una persona, pero no vemos tan extraño estas micropropiedades, que son nuestros amigos o las personas a las que amamos, y sentimos celos o nos sentimos abandonados cuando ellos viven cosas con los demás. Creo que es algo que tenemos que desaprender, lo hemos aprendido porque nos lo han ido enseñando, quizás no leyéndolo en libros pero sí viendo cómo actúan los demás. Y como el hombre es un ser que aprende por mímesis, hemos ido imitando lo que veíamos. Quizá se trataría de desaprender esto y volver a plantear como vivimos la amistad y las relaciones personales.

En algunas reseñas dicen que has hecho una novela generacional. El tema de las etiquetas siempre es complicado, pero plantearse el tema del amor de pareja sí que me parece bastante representativo a nivel generacional, de la gente nacida de los 80' en adelante. ¿Crees que es así?

Por una parte te lo compro y por otra no te lo compro tanto. Por una parte es cierto que hoy en día la gente de entre 20 y 30 años está estableciendo relaciones de pareja muy diferentes a las que tenían nuestros padres: difícilmente alguien se empareja con alguien para toda la vida, las personas que están emparejadas han tenido antes otras parejas, hay personas que deciden voluntariamente no tener una relación estable y disfrutar del sexo libremente... Eso creo que sí es generacional. Pero me gusta remarcar que esta preocupación por cómo vivimos las relaciones de pareja no es nada nuevo ni que nos hayamos inventado nuestra generación, sin ir más lejos, los hippies de los 60' ya se habían planteado esto cuando apostaban por vivir en comunas . Por lo tanto, me parece que es una preocupación que todos han tenido a lo largo de la historia. Lo que me estoy encontrando con la novela es que hay mucha gente de mi edad que me ha dicho que se ha sentido identificada en momentos como la ruptura, las dudas existenciales... Pero también me estoy encontrando personas de una edad mucho más avanzada que me dice que también se identifica. Yo ya sé que esto de las etiquetas va muy bien para vender el producto, pero por otra parte estoy viendo que hay mucha gente que lee fuera de etiquetas, y que gente que no forma parte del target potencial de la novela se la lee y le gusta. La novela no defiende un modelo en concreto, defiende el amor fuera de mapa.

El nuevo mapa ya veremos cómo es, o si tiene que haber mapa.

No defendemos un nuevo mapa, defendemos unas relaciones personales sin mapa. Y si ha de haber mapa, que cada uno tenga el suyo propio, no un GPS comunitario con la misma ruta para todos sino que cada uno encuentra lo que le haga sentir bien. Y es igual de respetable una persona que quiera tener una sola pareja para toda la vida y crea en la monogamia, como alguien que elija no tener pareja, como alguien que quiera una relación abierta... Cada uno tiene que encontrar su manera, está claro que la manera más sencilla es seguir la ruta ya marcada, la de la monogamia con la pareja estable para toda la vida.

De hecho esta manera de entender la pareja condiciona las estructuras sociales, porque implica tener o no una vida en familia, la necesidad de un trabajo estable de ocho horas al día para pagar la hipoteca y los estudios de los niños, la forma de habitar las ciudades...

De hecho, el estado defiende esto. Si te casas, y no eres autónomo, tienes unos días de vacaciones. No lo he entendido jamás, es una actitud discriminatoria del estado que nunca reivindicamos. No estoy pidiendo que se supriman estos 15 días, sólo pido que estén a disposición de todo el mundo cuando quiera usarlos. El estado premia quien se casa, y eso es una estructura arriba. Quien quiere ir contra esta estructura debe renunciar a estos 15 días, pero lo que está claro es que el estado, en este sentido, nos marca el camino.

Aquí hay un matrimonio entre el estado y la Iglesia como poder fáctico.

Seguramente llevamos todo esto arraigado, y el estado, por mucho que sea laico, sigue defendiendo un modelo de organización social y de estructura familiar muy parecido a lo que dicta la iglesia católica. Y aquí es donde está la reivindicación, porque quien va contra eso rema contracorriente y sin red porque no hay un camino marcado, y deberás tener tus fuerzas y convicciones para construirte tu propia red.

Hablamos de la idea de la literatura como transformación social. Con Marina Espasa hablábamos de si los escritores han sabido captar la transformación de la ciudad en los últimos años. ¿Crees que culturalmente hay expresiones en todos los ámbitos que captan el momento de transformación que vivimos?

Creo que es inevitable. Los autores que vivimos en el año 2016 y enel mundo contemporáneo, retratamos lo que hay en la calle cuando hablamos de la realidad. Cuando terminé mi novela vi que Manuel de Pedrolo había escrito una que se llamaba Un amor fuera ciudad que retrataba la vida de los homosexuales en Barcelona los años 60' y él está haciendo un retrato de aquella época. Ahora no nos sirve como retrato contemporáneo, pero sí como retrato histórico. Y los que nos dedicamos al mundo de la cultura creo que nos toca retratar lo que tenemos a nuestro alrededor para dejar constancia. Es normal que los autores que no vivimos encerrados en una torre de marfil y nos socializamos de manera normal retratemos lo que vemos.

Pero las expresiones culturales de masas no se caracterizan por ofrecer una visión crítica de lo que sucede a nuestro alrededor.

Creo que depende de la posición de cada autor, o pintor, o músico... Si los autores no son críticos socialmente, no creo que lo vuelquen en sus obras. Yo me siento vinculado a los movimientos sociales y las demandas de transformación social, me parece natural acabar retratándolo porque es el mundo que yo conozco. Conozco el mundo de los poetas contestatarios, me es cercano el mundo de las asociaciones que defienden a los que se han quedado sin casa, conozco a la gente que se implica en entidades para ayudar a los que son discriminados por pertenecer a otras zonas del mundo... Al final es plasmar lo que vives, yo no invento nada sino que retrato el que vivo: una sociedad en ebullición donde la gente se empieza a plantear cosas, cambios de organización y formas de entender la política. Y por eso me interesa saber y pensar en cómo se relaciona la gente de los movimientos sociales, y creo que en la novela  sale más o menos reflejado.

La novela ha acabado siendo también un disco y un espectáculo musical, con Mireia Vives y Borja Penalba. Aprovecháis los poemas que escribe Llull, el protagonista, para hacer un espectáculo que combina música y poesía. ¿Cómo ha sido el proceso?

La idea inicial muy inicial fueron unos días que nos cerramos con Borja en una masía en Les Borges Blanques para convertir algunos poemas en canciones. Aparcamos la idea porque los dos teníamos mucho trabajo. Yo empecé a escribir la novela y tenía muchas ganas de que el protagonista fuera un poeta, y podía hacer aparecer o no los poemas que él escribía. Una vez tuve los poemas decididos y colocados dentro del libro, le pedí al Borja que musicara los poemas. Él estaba empezando un proyecto musical con Mireia Vives y dijeron que sí, que adelante. El proyecto lo hemos vestido de esta manera y nos hemos sentido cómodos, porque los tres creemos que la poesía está presente en nuestra sociedad: los enterramientos, en las fiestas... En las redes colgamos cosas que son poesía, o que se le parece en según qué casos. En cambio nadie compra libros de poesía en las librerías. Y la idea era musicarlos para acercarlos a la gente no es nada nuevo, Lluís Llach, Raimon o Ovidi Montllor también han musicado poemas, y la idea es que la gente llegue al disco para la novela y al revés . Crear una cooperativa de afectos, lo decimos así, y hacerlo de manera colectiva, implicando la discográfica, la editorial y Borja, Mireia y yo.

Siempre pones énfasis en acercar la poesía a la gente. ¿Es la fusión de estilos la manera de hacerlo? ¿Encontrando también este punto de directo y de hacer un show?

La poesía sigue siendo poesía, pero quizá hay que sacarle los demonios que la rodean, y que hacen que la rumorología popular diga que no interesa. Si la gente cuelga en Facebook fragmentos de poemas, los lee los entierros... Si nos la encontramos, nos gusta y nos interpela, lo único que nos falta es un vehículo para que llegue. Evidentemente habrá poetas que te defenderán que ya está bien que la poesía pertenezca a la pura intimidad, y que sea el arte de la inmensa minoría, como decía Juan Ramón Jiménez. Yo pienso que si la poesía es necesaria para una sociedad mejor, lo que hace falta es cambiar el vehículo. Si los libros no sirven o llegan a poca gente igual debemos reconvertirlos, ponerlos en las redes, mezclarlos con la música, pintar la fachada. La poesía oral está muy viva en Barcelona, hay un cierto público. No es un arte para hacer dinero. ¡Tampoco lo es la novela! En general, y más los autores que escriben en catalán, que tienen posibilidades ínfimas de vivir sólo de escribir libros. Y yo creo que la apuesta es poner la poesía en medio de la plaza, y hoy en día significa que debe sonar en la radio, que se ha de ver en Facebook y que tiene que hablar de ella cuanta más gente mejor.

Vivir de escribir es casi imposible. Tú has publicado cuatro novelas y cuatro recopilaciones de poemas, eres joven por haber publicado tanto. Pero a la vez eres profesor, te has pateado toda Catalunya haciendo recitales... Hay escritores que creen que es indigno tener que hacer otros trabajos para ganarse la vida, ¿tú lo ves desde una perspectiva diferente?

Lo veo de una manera muy diferente, porque a mí me gusta mi trabajo. Me gusta mucho la docencia, estar en contacto con adolescentes y explicar literatura y lengua catalana. No lo veo como un sacrificio, lo veo como un trabajo que a mí me aporta, no detesto este trabajo ni mucho menos. Lo que me parece triste es que no sea una opción. Me gustaría estar en situación de poder decidir dedicarme sólo a escribir. Lo podría hacer si estuviera dispuesto a hacer artículos de prensa, a asistir a tertulias... Cosas que hago en cuentagotas. Entiendo que el mercado está montado de esta manera, y que quien escribe en catalán dirige a 10 millones de personas.

Y los lectores potenciales son muchos menos, seguramente...

Ahora, tampoco está mal decir que las ganancias de los libros se los lleva todos menos el autor, que sólo recibe un 10%. Me quejaría de eso, pero vamos, los que hacen tomates tienen las mismas quejas y el problema es mucho mayor, de organización social. La pretensión de cualquier autor es que lo lea tanta gente como sea posible. Mi pretensión original, mi sueño, era que me leyera alguien que yo no conociera. Afortunadamente me encuentro mucha gente que no conozco, me siento un afortunado y no tengo ganas de quejarme porque en el fondo es un privilegio poderte expresar y hacer un trabajo que para mí es una afición, aunque la hago tan profesionalmente como puedo. Supongo que también es cosa del ego de los autores, que si no tuviéramos ego guardaríamos todo lo que escribimos en un cajón.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Xaix. Es un localismo de Sabadell, quiere decir algo sin limpieza, sucia, dejada. Me gusta cómo suena, es propia de mi ciudad y la incluyó Pere IV en uno de sus poemas más famosos, "La tirallonga de monosíl·labs".

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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