Salem Zenia: "La recuperación identitaria es una cuestión de conciencia"

"Es curioso, siempre pasa lo mismo. El exilio, el amazigh, la lucha... Nadie me pregunta nunca por mis libros ". Salem Zenia (Frèha, Tizi-Ouzou, 1968) habla un catalán preciso en la forma, con una pronuncia con sabor francés y un temple lento y meditado. Periodista, poeta, escritor; llegó a Cataluña en 2007 acogido por el PEN catalán y el Ayuntamiento de Barcelona en el marco del programa Escritor Acogido. Actualmente está a Faber, un proyecto de intercambio y trabajo cultural coordinado por el escritor Francesc Serés que se hace en el Hotel Río Fluvià de Olot. Varias personas del campo del arte y las humanidades se recluyen en un entorno idílico para trabajar y reservan unas horas al día para intercambiar conocimientos y experiencias, cada uno en su ámbito. Hablamos con el Salem en su habitación del hotel. La cama está deshecha - es primera hora de la mañana, las nueve -, sobre la mesa hay un libro de una autoescuela de Olot, la tele está encendida. Hablamos sobre Argelia, sobre la causa amazigh, sobre los movimientos migratorios. Sus dos últimos libros nos vigilan desde la mesita de noche.

Llegaste aquí el año 2007. ¿Qué recuerdos tienes de cuando llegaste aquí y cuando te fuiste de Argelia?

El único recuerdo, o el último, no lo sé muy bien, es el espanto. Yo en mi tierra estaba asustado, y cuando llegué aquí también estaba asustado. En cambio, por muchas cosas, no estaba preparado para dejarlo todo, pero llegó un momento donde era necesario marchar porque la situación era peligrosa. Lo dejé todo: el diario, la casa, los amigos... No era algo planeado, no escogí ni programé mi marcha, fue súbita. Cuando llegué aquí, la idea de reiniciar y volver a empezar de cero me asustó mucho. No tenía mucha idea sobre qué era España o Catalunya, nosotros fuimos colonizados por los franceses, y yo conocía más Francia que España, pero no quería ir hacia París a la antigua metrópoli, no me gusta la relación de Argelia con el régimen francés. Podía irme a muchos lugares, pero pensé que aquí tenemos un espacio común que es el Mediterráneo, y me siento cercano a esta cultura. Por eso también preferí venir aquí y no en un país nórdico.

Ahora ya hace ocho años de aquel momento. ¿Qué imagen te has construido de Catalunya y de este mundo en el que aterrizaste?

El norte de África y Catalunya compartimos espacios culturales, geográficos, económicos y sociales, pero no sabemos gestionar nuestra riqueza, es como una pelea de hermanos sobre una herencia.

¿También hay un hermano mayor que parte con ventaja?

Eso seguro, pero el hermano mayor no siempre tiene la culpa, tal vez el hermano menor no se cuidó suficientemente, o se soltó. Deberíamos trabajar más para gestionar el patrimonio compartido, estamos obligados a vivir juntos. Estas luchas de hegemonía y dominación hacen que todo se enrede en vez de avanzar.

La palabra "refugiado" está a la orden del día. A ti se te ha etiquetado como escritor refugiado, ¿te sientes cómodo con esta etiqueta?

Hay que puntualizar las cosas: yo no soy refugiado, yo soy exiliado. He venido aquí sin problemas, estoy acogido como escritor dentro de una red de ciudades-refugio. ¡No ciudades de refugiados! Es diferente, ser refugiado y fue exiliado es muy diferente. El conflicto de los refugiados y de la inmigración hace mucho que existe, toda la ruta que hacen los inmigrantes desde el Sahel hacia aquí o desde Asia hacia aquí se ha hecho fatal, la gestión es un desastre. Es una lástima que después de todo lo que pasó en la II Guerra Mundial nadie haya aprendido la lección, que nadie se haya mirado al espejo y haya visto lo que vivió su pueblo hace muy pocos años. Lo que pasa en las fronteras es terrible, y da pena. Son cosas que se pueden gestionar, pero nadie se atreve, nadie quiere. Lo que sufren ahora los refugiados, que es una mirada acusadora, el “vienen a robarnos trabajo”, es una gran injusticia. Todo el mundo sabe que nadie marcha de su casa por gusto, se va porque la situación es insostenible, porque no hay ninguna expectativa de futuro.

¿Ves alguna esperanza de cambio? Hace dos días ganó Trump en Estados Unidos con la promesa estrella de levantar un muro en la frontera con México, Marine Le Pen que ha culpado a los inmigrantes de los atentados yihadistas parece que puede ganar en Francia, en Austria y Polonia están en auge los partidos de ultraderecha con un mensaje claramente racista...

Mira, ahora mismo todo el mundo se fija en Donald Trump. Yo no lo votaría, pero si se busca la realidad de los Estados Unidos y a partir de allí, del mundo, podemos entender por qué la gente lo ha votado. Estamos juzgando a Trump antes de que empiece, es cierto que ha dicho muchas tonterías, pero sabemos que pueden ser eslóganes electorales para ganar las elecciones. Seguramente no cumplirá sus promesas, Obama ha estado 8 años en la Casa Blanca y no ha cerrado Guantánamo, que era su promesa electoral. Trump no creo que sea peor que George Bush, que mató a un millón de personas. Perdona, ¿cuál era la pregunta?

Si crees que el mundo occidental puede cambiar su actitud y su mirada hacia las personas que llegan a su país huyendo de conflictos.

No lo creo. Al menos por parte de las instituciones y los gobiernos. Pero la sociedad civil sí. Toda la ayuda que reciben los refugiados, y lo digo por experiencia, viene de amigos o de asociaciones y entidades. No ONG que a veces son parte del problema, pero la solidaridad humana existe, eso está clarísimo, el problema es que los regímenes son rígidos y no quieren cambios. Con la ciudadanía no hay problema, la gente sencilla es acogedora, tiene esta actitud positiva hacia el otro. Pero la administración es una máquina apisonadora, si te toca dejar el país en dos días, deberás dejarlo. Tu vecino es lo que no te dejará marchar, pero al estado le da igual. Deben cambiar las miradas los gobiernos, no los ciudadanos. Además, las refugiados siempre han existido y siempre existirán. ¡Siempre! España tuvo muchas olas migratorias hacia Norteamérica o Francia, y migraciones internas en masa hacia las ciudades... Siempre existirá, ahora estamos en otro periodo donde hay que sumar el cambio climático a la ecuación, porque la gran guerra que vendrá será por el agua, ya hay países en el mundo que no tienen agua. Ignorar este problema es mentirse a uno mismo.

Hablamos del mundo amazigh. ¿Esta cultura y tu activismo podría ser un eje para explicar tu vida?

Nuestra cultura es norteafricana autóctona, y la presencia amazigh en el norte de África es muy antigua, puedes hablar de miles de años sin problema. El amazigh ha compartido espacio con el latín y el púnico durante siglos, ha sobrevivido a todas las dominaciones imperiales hasta la fecha. Ha conseguido ser una lengua viva, y no es fácil mantenerlo pero las nuevas tecnologías ayudan a reactivar. La lengua se quedó estancada en un ámbito doméstico o regional, ahora puedes aprender amazigh con vídeos del Youtube en los que sale un profesor que te lo cuenta. Es una suerte tener estos medios, las lenguas minoritarias deben aprovechar las redes para coger el tren de la modernidad y la recuperación. Ahora estamos en un momento crítico donde el amazigh puede desaparecer o reaparecer. Intentamos dar vida a esta lengua y compartirla. Cuando llegué aquí tenía información sobre Catalunya y las luchas por su identidad; ya sabíamos las luchas de los corsos, los vascos, los occitanos... La información llegaba con cuentagotas y muy filtrada, Argelia es un país jacobino: quiere una lengua, una religión y una mentalidad, nada más. Nosotros, como activistas de la supervivencia identitaria nos interesábamos por países como Catalunya. Ahora se sigue mucho el proceso independentista, y esto nos refuerza y nos da vitalidad, nos recuerda que tenemos esperanza: si Cataluña está cerca de tener un estado propio, significa que nosotros también podemos.

¿En este caso Catalunya hace de espejo?

¡Sí! Y África necesita fijarse en estas cosas, el colonialismo inglés y francés partió África en líneas rectas rompiendo pueblos, lógicas geográficas, separando familias... Hoy todo el mundo intenta recuperar esa identidad perdida, pero desgraciadamente siempre hay violencia de por medio por falta de educación y formación. O por la intrusión del antiguo colonizador, que no quiere que cambien las cosas. Todos estos países están mirando a Cataluña, vivimos en un mundo global, un accidente en una esquina de Olot puede llegar a Australia. Esto nos motiva a seguir nuestra lucha.

¿Cómo articulas ahora tu activismo amazigh?

La tarea es gigantesca. Recuperar una identidad y una lengua es un trabajo titánico, rehacer un tejido deshecho y recuperarlo es un reto enorme. Es tarea de todos, no se trata sólo de escribir en amazigh, o cantar. Es necesario que cada uno encuentre su papel en este reto, explotar sus potencialidades. La gente debe ser consciente de ello, al final la recuperación identitaria es un tema de conciencia. No se deben mezclar papeles: un escritor no puede cantar, y un herrero es un herrero, no un escritor. ¡Y a la inversa! Pero estas cosas pasan mucho cuando pequeños pueblos intentan recuperarse, se mezcla todo y entonces no se avanza. Y luego la democracia: si no hay un funcionamiento democrático y libre dentro del pueblo es difícil avanzar.

¿Hasta qué punto tu activismo tiene que ver con tu exilio?

Nosotros tenemos un régimen dictatorial desde que logró la independencia. La Guerra de Argelia contra el colonialismo ha sido un fracaso. Hubo un golpe de estado y un régimen que ha impuesto un modelo jacobino que no quiere culturas minoritarias, que quiere marginalizar religiones como el cristianismo o el judaísmo. Tuvimos un país casi a la rusa, estalinista. Nosotros luchamos para que el país se abra y respete las minorías, pero no es fácil luchar contra una dictadura que tiene medios. La lucha es por la cultura o la identidad amazigh, pero básicamente es por la democracia. No quiero un pueblo amazigh dictatorial, no tiene sentido, no me interesa como proyecto. En un marco dictatorial no me interesa nada. La cuestión amazigh es una lucha por la democracia, una lucha global para todas las libertades individuales y colectivas. Al igual que tampoco quiero vivir en un país donde no se respetan las mujeres.

El amazigh es una lucha concreta dentro de una lucha global.

Es así. Yo no quiero que me reconozcan lengua e identidad y que luego me cierren las puertas de todo el resto de libertades. ¿De qué me servirá?

¿Hay alguna posibilidad de que esto cambie? Supongo que los que estáis en el exilio piensáis en volver a casa.

No. No creo que vuelva. ¿Los escritores exiliados catalanes del franquismo volvieron? O los exiliados de Argelia de antes de la guerra, ¿han vuelto? No. Es una lucha de generaciones. Ojalá pasado mañana las cosas cambiaran y yo pudiera volver. Pero no. La vida es muy corta, tienes 25 años y luchas mucho pero a los 50 estás cansado de todo. Y es necesario que los próximos cojan el relevo. Yo intento hacer mi tramo lo mejor que puedo, sé que estoy en una lucha de larga duración. Después las cosas se pueden acelerar: cogiendo el ejemplo de Catalunya, cuando llegué en 2009 había un 12% de independentistas, ahora están por el 45% más o menos. Hay estímulos aceleradores como la crisis, los errores políticos, los contextos socioeconómicos... Nunca se sabe.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Paz y libertad. Son palabras gemelas, sin paz no hay libertad y sin libertad no hay paz.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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