Valentí Díaz: “Para mí, jugar es una forma brutal de conocer gente”

Valentí Díaz (Barcelona, 1953) es el alma del Bar Queimada – Nivell Q. El Queimada es un bar lúdico situado en la esquina que forman las calles Independencia y Provenza de la ciudad de Barcelona. Hace ya más de 30 años que Valentí compró los primeros juegos de mesa para ambientar el Queimada, una idea innovadora y original, y que tenía como objetivo principal sacar adelante un negocio que pasaba por serias dificultades. La idea resultó ser un verdadero acierto, y en pocos meses Valentí vio como el bar se convertía en un auténtico punto de referencia y de reunión para mucha gente. Des de entonces, el Queimada ha vivido en constante evolución: la apertura de un segundo local, el cierre del primero, colas y más colas como si fuera el Bulli, celebraciones de campeonatos de Scrabble, partidas interminables de juegos de rol, y un montón de anécdotas sobre juegos que sólo Valentí puede explicar. A pesar de todo, pero, el entrañable Lord of Queimada, tiene muy claros sus orígenes.

Hace más de 30 años que el Queimada empezó a funcionar. ¿Cómo se te acudió mezclar hostelería y juegos de mesa?

A principios de los años 80 me asocié con el propietario de un bar de Barcelona. La idea era montar una especie de pub porque yo era disc-jockey. La cosa no acabó de funcionar y después de un año aproximadamente mi socio dejó el negocio, me quedé con su parte del bar y tuve que hacer frente a las dificultades yo solo. A mediados del año 83 me pasó la famosa historia que siempre explico. Un día, uno de los clientes habituales entró al bar con un juego de mesa, La Fuga de Colditz. En aquel momento se me abrió un mundo, me iluminé y pensé: “Si esto funciona, yo ya dejo de sufrir”.

¿Por lo tanto, fue totalmente por casualidad?

Fue inmediato. Ver el juego, el chico con el juego, toda la parafernalia montada, etc. Y ya estaba pensando cómo me lo montaría. Acababa de encontrar una idea para salir adelante. Y pensé: “Si hay bares musicales, bares donde la gente se toca, donde va a jugar al billar, etc. Por qué no puede haber un bar donde el medio sea un artículo que te permita hablar y comunicarte y, sin ofender a nadie, ser algo más inteligente”. Yo antes de esto, a pesar de que había jugado alguna vez a juegos de mesa a casa de algún amigo o por mi cuenta, nunca había pensado que podía haber una industria y que podía ligar con lo que yo me dedicaba en aquel momento que era la hostelería. Hasta aquel famoso día.

Una vez tuviste la idea, ¿cómo la pusiste en funcionamiento?

El día siguiente fui a la tienda que me había dicho el chico el día anterior y compré media docena de juegos de mesa con 19.500 pesetas que tenía ahorradas. De hecho, fui aconsejado. Al final me llevé La Fuga de Colditz, La Conquista del Oeste de la casa Nac, el Punto Límite también de la casa Nac, La Bolsa, y algún más. Al principio costó arrancar, pero poco a poco y gracias al boca-oreja la cosa acabó funcionando. Hasta que a finales del año 83 el bar ya estaba lleno cada día. El año 1986 cogí el segundo local, el que ahora es el Queimada, porque hubo un boom de éxito. Los sábados y los domingos teníamos gente haciendo cola desde las 4 de la tarde. Se pasaban horas. Incluso había gente que llevaba meses esperando para poder entrar. Sin embargo, del mismo modo que estuvimos arriba del todo, después de los Juegos Olímpicos hubo un bajón y tuve que cerrar el primer local en 1994. Desde el 94 hasta el 2000 la cosa no acabó de funcionar, y a partir del 2000 y pico vi que la gente volvía a animarse. Supongo que internet también ayudó. Yo creo que es un efecto dominó.

¿Qué público tenía el Queimada durante esos primeros años?

Desde principios de siglo hasta ahora está viniendo gente especializada. Mientras que antes, era gente que lo desconocía. Los que realmente sabían sobre juegos de mesa quizás estaban en clubes, o era gente que se movía por otros lugares. El nivel del Queimada era mucho más familiar. Juegos más sencillos, que fueran fáciles de explicar, etc. Sé que hay gente que sabe mucho y que le gusta echarle horas, pero a mí no me sirve. Ahora quizás sí que entre semana hay gente que viene a jugar a juegos más complejos, pero antes esto no existía. Lo que había era lo que yo tenía aquí y eran juegos más sencillos. No había una industria. Ahora sí, claro. Con internet, etc. Por lo tanto, antes la gente que venía no era experta.

Es decir, ¿el bar ha tenido una evolución hacia la tecnificación del juego?

Pues sí. Incluso hubo un momento, cuando salieron las consolas, que me hicieron una entrevista en que me preguntaban si los videojuegos habían hecho daño a los juegos de mesa. Yo me quedé planchado. Yo pienso que no. Es como el que tiene un coche y una moto, una cosa no tiene que ver con la otra. El pragmatismo de una cosa te hace usarla y cuando necesitas la otra, la usas.

Aun así, actualmente, la gente, y los jóvenes en especial, no jugamos tanto a juegos de mesa como antes. Y seguramente es porque tenemos otros tipos de ocio: consolas, ordenadores, series, etc. Por lo tanto, sí que es posible que las tecnologías hayan hecho daño a los juegos de mesa.

Yo creo que hubo una especie de stand by. Hubo una época de unos 10 años en que la cosa se paró. Fue como un virus, sí que estaba, pero no se manifestaba. Pero allí estaba, la gente sí que quería hacer cosas. Hasta que de golpe ha habido otro boom. Y yo pienso que lo ha dado internet. Y esto ha hecho que la gente joven vuelva a jugar con juegos de mesa, sin dejar de banda la tecnología. Supongo que la gente quiere tenerlo todo.

Es evidente que la fórmula del bar Queimada funciona. ¿Crees que es un modelo inagotable o que si no se controla puede acabar muriendo de éxito?

Yo estuve a punto de morir de éxito. Cómo te he dicho antes, hubo un momento en que venía tanta gente que muchas veces tenían que esperar meses para coger mesa. Entonces, la gente empezó a cansarse. Veía que la gente venía y tenía que hacer cola, pero es que era un bar muy pequeño, de 67 metros cuadrados. Y claro supongo que por la novedad la gente quería venir. Sobre todo, los fines de semana, que es cuando la mayoría de gente sale a disfrutar de la ciudad. Y yo creo que hubo personas que dejaron de venir por eso. Entonces sí que pensé que podía pasar. Pero ahora mismo no te lo sabría decir.

También tenemos que tener en cuenta, que, al fin y al cabo, el Queimada es un negocio y es lo que te da de comer. ¿Cómo es el equilibrio entre el bar y el espacio lúdico?

Claro, yo no cobro entrada ni cobro por los juegos. Yo tengo una lista de precios de productos (comidas, bebidas, etc.) y lo que cobro lo saco de aquí. Hay un porcentaje mínimo de gente insatisfecha que no lo entiende, pero la mayoría sí que entienden este valor añadido del bar. Al final, se trata de hacer un puñado muy grande de horas al día. Cerrar sólo 3 días al año. Cerrar sólo los mediodías para descansar y comer, y trabajar muchísimas horas.

¿Cuántos juegos tienes?

551 con la última entrada.

¿Tienes alguno de repetido?

Muy pocos. Si contamos los que vinieron del otro bar, algunos más: 3 Risk, 2 Monopolys, etc. Porque al tener los dos bares yo compraba los juegos por duplicado. Actualmente con las novedades de hace 5 o 6 años creo que sólo tengo 5 o 6 juegos repetidos: Catan, etc.

¿La gente te pide consejo para elegir juegos?

Esto es habitual, y a veces me enfado conmigo mismo porque cómo juego bastante a rol, por una serie de circunstancias, quizás he delegado poder estar practicante. Y yo necesitaría estar practicando más y jugando menos. Pero sí que es cierto que la gente me lo pide, y a veces pienso que me gustaría poder ser más preciso. Tener en la cabeza la estructura y la mecánica que tengo, por ejemplo, con el Splendor, con todo el resto de juegos, porque lo puedes explicar en un momento, la gente se puede poner a jugar rápidamente, y si tienen cualquier problema, lo puedes solucionar en un santiamén.

¿Me gustaría que me definieras, desde tu punto de vista y teniendo en cuenta tu bagaje, qué es jugar?

Para mí es un compromiso esta pregunta. Claro, para mí es un trabajo. Tú piensa que yo no tenía absolutamente nada. Yo cuando cogí el primer bar lo que quería era salir adelante. Tuve una gran idea y la saqué adelante. Si digo que no es una forma de ganarse la vida también mentiría. ¿Qué me lo paso bien? Sí. Para mí es como una granada. Todos los gajos son importantes. Te los tienes que comer todos.

Te lo pregunto porque normalmente se asocia el juego con una actividad lúdica, con la niñez, con pasarlo bien, reír, etc. Y estoy prácticamente seguro que aquí tú has presenciado escenas muy alejadas de todo esto.

Jugar para mí es tener una relación con la gente, sin utilizar la tecnología, e interactuando y jugando con los compañeros como cuando éramos niños. Es una forma brutal de conocer gente sin saber nada antes. Romper, prácticamente con todas las barreras. Yo antes de tener el bar la gente que conocía era la de la calle, etc. Pero, aquí, en el momento en que te sientas en la mesa para jugar con gente y empiezas a hablar hay una interrelación tan grande que cuando se acaba el juego acabas conociendo su vida, de donde viene, que hace, etc. Y esto habitualmente no se hace. En cambio, aquí todo es mucho más real, mucho más sincero, mucho más directo. Y para mí, jugar, es interactuar con la experiencia y con las ganas de hacer algo diferente con la gente que te encuentras, sea conocida o no. Y si son conocidos ya ni te lo explico. Porque salen bromas, etc. Y aquí nos lo encontramos cada dos por tres.

¿Te has encontrado situaciones totalmente opuestas a estas? En que el juego pueda derivar en una pelea.

Una vez. En el otro bar. El choque lo provocó un juego de preguntas, que yo creo que eran de carácter muy personal. Supongo que las personas que se discutieron debían de tener una situación personal complicada y las preguntas del juego debieron afectar lo que estaba pasando entre ellas. Su voz ahogó la de los otros y entonces todo el mundo calló y se evidenció lo que estaba pasando. Yo me quedé helado. Por otro lado, situaciones de tensión o de competitividad sí que me las encuentro más a menudo. Son situaciones que no se asocian tanto al juego, pero desde mi punto de vista lo han existido siempre. Esto es normal.

¿Hay que saber jugar? ¿O se tiene que ser consciente de que se va a jugar para que no pasen situaciones como estas?

A mí me gustaría que fuera así. Pero hay gente que no lo acepta. Aquí, pero, ya entraríamos en temas psicológicos: quién sabe perder, quien no sabe perder, quien sabe ganar, quien no, quien sabe participar, quien sabe estar en la mesa sin por narices necesitar saberlo todo, etc. En mi caso me considero bastante neutro. Me es exactamente igual si gano o no. Pero esto supongo que es la condición humana de cada cual.

Para ir acabando, ¿tú que has visto tantos juegos y has jugado tanto, nunca has querido o has tenido las ganas de crear juegos?

Pasarme por la cabeza sí. La gente siempre me dice que en este aspecto me infravaloro. Creo que no tengo suficientes recursos ni académicos ni de pensamiento para tirarlo adelante. Ideas tengo muchas, pero sin materia básica, ingeniería, etc. Creo que no es viable tirarlo adelante. Tengo algún croquis hecho, pero después de un año te lo miras y piensas “esto es una barbaridad” o “esto es inviable”. Pienso que estoy disfrutando de las excelencias de lo que tengo montado, porque ya lo tengo por la mano. Pero ya está. Quizás me he acomodado, o quizás estoy tan cansado de bregar desde hace tantos años, tantas horas al día, que ya tengo bastante. La famosa frase de: “En casa del herrero cuchillo de palo”. Yo cuando salgo de aquí no juego a nada, lo que quiero es leer, pasear, tirar piedrecitas a las palomas...

Ahora sí, ya para acabar, te pido que me digas una palabra.

Amistad. El concepto amigo, a mí, personalmente me ha demostrado que realmente sí que existe. Pero evidentemente, con cuentagotas. Yo puedo contar que tengo 5 o 6 amigos. Para mí la amistad es importantísima.

Texto: Pau Franch

Fotografías: Marc Saludes

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