Xarim Aresté: "La música es la fuente de autoconocimiento más potente que conozco"

Un lunes por la mañana con Xarim Aresté (Flix, 1984) puede dar mucho de sí, aunque haga un día gris y mustio. Nos encontramos en el Born, y empezamos dando vueltas por los callejones que hay entre la calle Trafalgar y Sant Pere més Alt, buscando escenario para las fotos. "Me gusta el rollo underground que tienen". Al final nos sentamos en una cafetería y dejamos las fotos para más tarde. Allí sentados, tras las colaboraciones con Sopa de Cabra y Sanjosex, nos habla de La Rosada, su segundo disco en solitario, pero sobre todo lo que rodea su música a nivel íntimo, emocional y artístico. Habla dudando, se detiene, mira al infinito, repiensa, se desmiente. Es un conversador agradable porque nunca habla con verdades absolutas, siempre hay repreguntas, que es de donde suele salir la luz. Este es el resultado de media hora muy compacta y densa, llena de matices y que seguramente acaba suscitando más preguntas que que respuestas.

Después de haber sido ejecutor y complemento con Sopa de Cabra y Sanjosex, ¿cómo expicarías lo importante que es para ti crear por segunda vez en un disco como músico y letrista?

Para mí es una necesidad. No me lo planteo, igual que cuando tienes hambre comes y no te planteas por qué tienes hambre. Siempre he tenido esta inquietud, haciendo canciones, y las he hecho a pesar de todo. A pesar de todo... Tocar con gente es un lujo total. No es una necesidad. He tocado con esta gente y he aprendido una barbaridad, como más música se aprende es tocando y cuanto más música toques mejor. Encontrar ese equilibrio entre hacer cosas con gente y aprender de mis amigos y al mismo tiempo encontrar mi propia dirección es parte del mismo viaje.

En una entrevista en Mondo Sonoro decías que ser guitarrista y solista era una especie de frustración porque tú lo que querías era crear canciones, tener voz propia. ¿Discos como el que has sacado te han hecho superar esta frustración?

Igual exageré diciendo frustración... Yo no me siento guitarrista, me da vergüenza que consideren que lo soy. No lo soy, no he estudiado música y tengo mucho respeto por la gente que lo ha hecho, nunca podré considerarme un músico ni un guitarrista. Soy un curioso que hace canciones, no un músico. Hay gente que me ha llamado para hacer de músico y aún flipo ahora, porque no lo soy.

No has estudiado música sino filosofía. ¿Has podido aplicar algo de la filosofía a la música o al revés? Quizá tienen en común que pueden ordenar pensamientos.

Totalmente. Para mí es lo mismo, estudié filosofía por temor a fracasar en la música. Cuando estaba en el pueblo y tenía que hacer algo en la vida yo sabía que quería hacer música. Pero me daba mucho miedo, tío. En casa nada, soy de una familia muy humilde y ellos decían: ¿artista de qué? Ya tuvo tela estudiar filosofía, pero pensé que si no estudiaba música al menos la filosofía me aportaría cosas que podría aprovechar después. Al final me he dado cuenta de que es la misma cosa, el mismo misterio. La música es el mismo misterio que el amor y que la humanidad en sí. A pesar de ser muy abstracta, la música me ha enseñado a vivir, y las leyes de la música son las leyes de la vida. Cuanto más escuches, cuanto más pienses y cuanto más respetes mejor, en la música y en la vida. Podríamos estar horas hablando de eso, para mí es como la sustancia de dios, como el amor universal. La música... no sé cómo explicarlo tío, es una experiencia. Las religiones se sostienen sobre las experiencias, sobre los misterios, pero sobre todo sobre las experiencias. Y la música es pura experiencia.

¿La necesidad de respuestas también es un elemento común entre religión y música? ¿También en la música buscas respuestas?

Sí, el ser humano siempre necesita respuestas y cada uno necesita buscar su sentido. Cuando he visto que la vida tenía más sentido y que, de repente todo me cuadraba - ah, vale, estamos aquí por eso, ahora lo entiendo - ha sido con la música, en momentos colectivos y de soledad. Sentir que te chocas con verdades de ti mismo y de repente se sintetizan cosas y entiendes algo muy profundo de ti. Con la música, si tú vas buscando y poniendo matices de ti mismo, llegas a este punto. Supongo que a todo el mundo le pasa con su profesión o con las cosas que ama. Es autoconocimiento. Para mí la música es la fuente de autoconocimiento más potente que conozco.

Tengo la sensación de que, aparte de la experiencia, la música también es una manera de tomar partido...

[Interrumpe] ¿Qué quieres decir con tomar partido?

Quiero decir mojarse sobre temas concretos del mundo que te rodea, una forma de entender la música y la cultura, posicionarse como sujeto artístico.

Hacer cultura en este país es un acto político. Ahora mismo cualquier tipo de expresión artística parece subversiva, que es algo que me parece increíble que pase ahora mismo. ¿Recuerdas aquella escultura con la cara de Juan Carlos I que estaba a cuatro patas? Pensé que era muy fuerte que una escultura, algo tan sencillo, pueda ser tan molesta todavía. La cultura tiene mucho poder, por eso siempre se la ha castigado. Nos hemos quedado sólo con la fachada de las cosas y el contenido ha desaparecido. Los anuncios son un buen ejemplo, llenos de guitarras eléctricas, las modelos vestidas de rockeras... La masa ha asimilado las últimas subversiones de los 90 ', pero la cultura sigue siendo subversiva. Yo siento que hago algo casi ilegal.

Has dicho alguna vez que hay ciertos sectores del panorama cultural que son como un ghetto y se miran la masa como un grupo de incultos. Ponías el ejemplo del reggaeton, que es una música de masas y que todos los expertos desprecian, y decías que hace décadas ocurrió lo mismo con el rock'n'roll. ¿Hay algún mecanismo de reconciliación entre el consumo de las masas y el círculo cultural que cree que se consume es indecente? ¿Se pueden aportar algo los unos a los otros?

Es el quid de la cuestión ahora mismo. Yo siempre me pregunto qué rol debe jugar el artista, cuál es el papel del artista en esta sociedad. ¿Para qué sirve un artista? Antes no había ni que definirlo, estaba claro, pero ahora ya no. Yo muchas veces he sentido que estaba poniendo energía en un lugar que era sólo para mí, algo muy íntimo y muy desconectado del mundo. Tal vez el papel del artista sea hacer de pedagogo. No sé si los artistas tienen que acercarse a la masa, lo que siempre ha molado los artistas es que iban por delante de la masa. Beethoven decía que para hacer arte de vanguardia tienes que dar un paso adelante, no dos, porque si no nadie te seguirá. Ahora no se están haciendo muy pasos y tampoco se siguen.

¿Cómo se puede hacer esta pedagogía de la que hablabas?

Igual se podría... No, claro. Joder, yo me niego a hacer un disco pensando en la gente. Necesito hacer el disco que me salga. Igual se podrían hacer en paralelo. Yo qué sé, algo para enseñar qué es la música, enseñar lo que tenemos. Porque no se conoce, sólo se conoce el cliché, no hay ni un background. ¡Ni yo, eh! ¿Los grandes compositores catalanes? ¡Yo qué sé! Y en la televisión todo el mundo hace lo que quiere... Igual hemos perdido la guerra, tío, como la fotografía con el carrete analógico, igual los que hacemos canciones acabaremos en un museo. No lo sé, tío.

¿Es una perspectiva muy derrotista, no?

Sí, igual sí, pero las salas de conciertos están vacías. ¿Qué importa lo que pueda pensar un músico? Tú pones El Hormiguero, ves un músico y piensas: a ver, ¿ese qué me está vendiendo ahora? Sabes que está de promoción, das por supuesto que te está vendiendo la moto. Eso ha calado y no hay marcha atrás. Cuando yo era adolescente, veía un músico en la tele y pensaba que era libre, que decía lo que pensaba, que tenía una verdad que contar. Los videojuegos son mucho más subversivos que la música.

Entonces, ¿estamos dando por supuesto que alguien que llena el Sant Jordi con 15.000 personas es antes un producto mediático que un artista con cosas que contar? ¿Es esto?

Sí, sí. Perdona, estoy muy difuso por la mañana, y las preguntas son complicadas. Pero sí, sí. Como el Bowie, que en el fondo es un producto mediático, y la mitología de los grandes nombres hace que no valoramos lo que tenemos más cerca. Está muy fabricado, evidentemente es un artista potente, pero nos lo han fabricado. Quizá el chaval que toca en la plaza del pueblo tiene un nivel similar pero no están las luces allí, no iremos.

También te quería hablar del estilo. Dijiste en El Periódico: "tendremos que ir superando los Beatles y Bob Dylan, este será mi último disco así". ¿Hacia dónde irás?

Esto que dije me lo tendré que comer con patatas, ya lo veo venir. Estaré toda la vida haciendo esto, tío, sale de dentro. Cuando hago el trabajo intelectual de ver donde la vanguardia y ver qué tengo que hacer si quiero que vengan chinos, mexicanos y americanos a mis conciertos... La música siempre es mezcla, y el pop lo aglutinará, no creo que sea un ghetto constante, y pienso que el folclore mundial debe explotar aún más, y quedan mil fusiones por ver. Pero a mí ahora no me sale hacer reggaeton con aires hindúes y cantando en catalán con trompetas de fondo.

Podría ser un éxito mundial.

Y sería muy divertido, seguro. Pero no tiene nada que ver con lo que hago cuando tengo un momento íntimo con la guitarra y conecto conmigo mismo. Ir a buscar lo que funciona es un ejercicio intelectual, yo no sé hacer este ejercicio cuando hago música, me dejo llevar. Pero sí veo por dónde irán los tiros.

Al final, el estilo acaba siendo algo de lenguajes, hay artistas con mensajes muy parecidos y lenguajes muy diferentes.

Exacto. Yo me he planteado hacer conciertos con loops y electrónica a saco, pero al final siempre habrá un tipo tocando la guitarra. Es algo muy nuclear de una canción que siempre será moderno. Es lo que dices tú, lo importante del arte no es el bodegón o el pan. Es la visión del pan, no el pan en sí mismo, lo que tú ves en este pan. Aquí está la cosa, porque es infinito, el pan siempre es el mismo pero todo el mundo lo ha dibujado de manera diferente.

A la hora de crear y componer, cuando tienes una suma de elementos, ¿la idea de jugar y experimentar está presente?

A saco. Mucho. Las canciones son sensaciones, y entonces las sintetizas y las haces visibles. Con las palabras. Aquí es donde está el juego, porque en una canción que suena triste le puedes poner una letra alegre. Es un juego porque nunca sabes qué pasará, intento no decidir mucho en este momento del proceso, me gusta dejarme llevar. Aquí es donde está la magia, que sabemos más de lo que pensamos y llegamos más lejos de lo que pensamos que podemos llegar. Cuando el inconsciente aparece, dices más de lo que pensabas.

De hecho, el juego es perfecto para ello, Josep Maria Fonalleras nos dijo que el juego es un laboratorio perfecto para experimentar lo que no eres, y por lo tanto ir más allá y sorprenderte a ti mismo de lo que puedes hacer.

¡Exacto! Es eso, sí. Por dentro somos mucho más listos de lo que creemos, y cuando dejas fluir esa sabiduría que tenemos los humanos es cuando traspasas límites. Y para mí hacer canciones es eso, ir a buscar los límites de lo que no puedes expresar.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Azar. Estábamos hablando de eso, nos da miedo perder el control de las cosas, y hasta que no dejemos de quererlas controlar y los fundamos con el azar no vamos más allá. Queremos ir más allá de nosotros pero tenemos un instinto controlador, y el azar te permite llegar a lugares donde, con el control, no llegarías nunca.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Adrià Calvo

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