Xavi Sarrià: "A mí me atraía más el mundo de las letras que el de la música"

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En Mayo, Xavi Sarrià (Barcelona, 1977) va a cerrar una etapa. Cantante, guitarrista y compositor de Obrint pas, con 7 discos, mil giras y conciertos en Estados Unidos, Japón Suramérica y todos los rincones de los Països Catalans, representa el grupo que ha sido banda sonora de una generación entera. Ahora, con 37 años y empezada su aventura musical a los 15, le quedan los últimos conciertos de despedida en su casa antes de una parada indefinida de la banda, que podría ser la definitiva. Con la música arrinconada, Xavi se ha visto inmerso en la literatura con Totes les cançons parlen de tu, su segunda novela. Los cambios, las sensaciones de la despedida y los nervios placenteros de los nuevos horizontes se abre paso, mientras el discurso combativo que siempre le ha acompañado a él y Obrint Pas se va destilando durante la conversación, que se produce en una plaza del casco viejo de Valencia.

Termina una etapa con Obrint Pas. ¿Cómo lo vives después de tantos años, tantas giras y tanta dedicación?

Es un cambio de etapa vital. Un cambio en muchos sentidos, porque estar con el grupo durante tanto tiempo condiciona tu vida. Llevamos des de los 15 años con el grupo, y siempre hemos seguido el ritmo que marcaba el grupo. Tocar, grabar, tocar, ir de gira, grabar. Y claro, ahora es un momento de descompresión, un ¿y ahora, qué hacemos? ¡Hay vida más allá del grupo! Y también es lo que queríamos. Por un lado hay ganas de hacer otras cosas en la vida y vivir nuevas experiencias, y por otro pensar que lo echaremos mucho de menos. Ahora estamos en ese cruce. Pero dijimos que era un parón indefinido con las puertas abiertas a volver, y si al cabo de unos años tenemos ganas, pues volveremos. Ahora estamos en esa etapa de tomar conciencia de que el grupo se termina. Pero hay muchos caminos por recorrer.

¿Costará renunciar a la adrenalina del directo, por ejemplo?

Evidentemente. Lo que menos va a costar será renunciar a los quilómetros, los momentos de cansancio que te van quemando poco a poco. Por otro lado, toda la adrenalina del concierto, estar en un escenario cantando tus canciones y haciendo lo que te apasiona… Ese momento es mágico, y lo vamos a añorar. Viajar, ver sitios. Es algo que tiene su parte buena y su mala, pero claro, ir a Suramérica, EEUU, Japón, Francia, País Vasco. Es un movimiento que te aporta mucho, pero que cansa. Llevamos una tirada de conciertos muy bestias cada año. Y a nivel creativo no nos veíamos haciendo otro disco, y eso también representa el fin de una etapa. Todo indicaba que ahora debíamos parar.

En el último disco muchas canciones evocaban la nostalgia, como Si tanque els ulls. ¿Otro indicador?

Es que claro, vitalmente digamos que también hemos pasado una etapa. En la adolescencia aprendes un poco a vivir, empiezas cosas muy emocionantes (en nuestro caso el grupo) y nosotros hemos pasado toda nuestra adolescencia y juventud con el grupo. De los 15 a los 37, los años más intensos de nuestras vidas, en los que más aprendes. Y ahora llega esa etapa vitan en la que quieres cambiar un poco y tener experiencias que pueden ser igual o más importantes. Estamos abiertos a vivir otras cosas.

Uno de esos cambios es que has potenciado tu vertiente literaria. ¿Cuál ha sido tu proceso?

Yo empecé a escribir desde muy pequeñito. Para mí escribir va antes que hacer canciones. A los 12 o 13 años ya escribía, y a los 14 hice mi primera canción. Tuve una época en la que escribía mucho, muy para mí, para liberar todo lo que llevaba dentro y refugiarme de mis problemas con la escritura. Y en el instituto empecé a hacer las canciones con ese aprendizaje que ya había hecho previamente. Y a partir de ahí estuve muchos años con la música, pero yo he estudiado filología, no he estudiado música como muchos del grupo. A mí me atraía más el mundo de las letras que el de la música. Yo quería tocar la guitarra para componer canciones, para contar historias. Eso es lo que he hecho durante todos estos años. Ahora hace seis años publiqué Històries del Paradís, que fue un primer paso, y el segundo paso ha sido Totes les cançons parlen de tu. Tenía ganas de ponerme con la novela, y ha sido un proceso que ha durado seis años. Pero sin prisa, intentando hacer las cosas cuando estoy convencido, de forma reposada, haciendo pequeños pasos y aprendiendo durante el proceso.

¿El mensaje que transmites con la literatura es parecido al que has querido transmitir con la música?

Al final todo tiene que ver, sí. Como dice el libro, todas las canciones hablan de ti. Todo aquello que haces, un poco, habla de lo que has vivido, lo que has hecho, lo que piensas, los que te han influenciado. Por lo tanto, esa forma de entender la vida y el mundo, evidentemente, se refleja en los libros. a pesar de que la música tiene otro lenguaje, y yo escribí canciones de adolescente. De hecho, durante nuestra discografía se puede ver nuestra evolución como personas. En los libros se refleja todo eso de forma más reflexiva y pausada, te permite adentrarte más en la psicología de los personajes, profundizar en la historia, entrar de forma más compleja dentro de aquello que quieres abordar. Una canción debe ser más directa, más como un puñetazo.

El concepto que tenéis de la música es de herramienta reivindicativa y combativa. ¿La literatura también lo es?

Son cosas un poco distintas. En la música hay canciones más directas, pero si te fijas en nuestras letras, tienen un significado muy abierto, y se pueden interpretar de muchas formas. Pero por ejemplo La Flama, que es una canción significativa, habla sobre vivir relevando, de generación en generación, de ir contra el viento. Es una canción que puede hablar de lo que habla, pero también de otras cosas. A mí lo que me gusta es provocar que la gente deba completar el significado de las canciones. El libro no tiene una estructura tan clara, es una ficción entera. En las canciones hablas en primera persona, en los libros ese mensaje está más ligado a las historias, a los personajes, al trasfondo. Las historias hablan de sentimientos, y las canciones también. Es una mezcla de lo que ha sido nuestra vida, la parte exterior con el interior que nos envuelve. La voluntad de cambiar las cosas hablando des del corazón.

Vamos a los juegos. ¿En las giras del grupo jugabais para pasar ratos muertos?

Que va, los del grupo no juegas. Yo sólo sí… Yo quedo con unos cuantos amigos y hacemos juegos de estrategia de eso largos. A mí me gusta el Shogun. Es un juego de estrategia, como el Risk, pero un poco cambiado, es de samuráis y cosas así. Y otros también me gustan, como por ejemplo el Dixit, que está muy bien. Me gusta jugar y es un buen momento para estar con los amigos.

¿Los juegos son también una herramienta cultural para propagar mensajes y cambiar las cosas, para hacer pedagogía?

A mí me gustan los juegos de mesa, soy bastante aficionado. Me gustan los de estrategia de cualquier tipo, cuando quedamos con los amigos es una forma de socializarse y escaparse a la vez. Aplicar estrategias en un juego de mesa sirve también para las estrategias de la vida. Y mi familia es muy aficionada a los juegos de mesa. Mi abuelo era fanático de los juegos verbales, de los crucigramas, cada día hacía uno, siempre le llevábamos el periódico. Mi compañera también es aficionada. La cultura, juegos incluidos, es una herramienta para transmitir una visión del mundo y unos valores. A partir de aquí, cada uno lo hace como puede. Nosotros lo hemos hecho en Obrint Pas como hemos sabido. Éramos jóvenes que hablábamos en catalán, cosa que no era habitual, y nos enfrentábamos a una realidad que no era la que nosotros vivíamos. Nosotros queríamos convencer, transformar, revitalizar. La música ha sido muy importante para nosotros, es lo que llega más a la gente, sobretodo a la gente joven.

¿Se está perdiendo ese trasfondo cultural con un mensaje detrás? ¿Ya es sólo entretenimiento?

Yo creo que no, eso nunca se va a perder. Es uno de los fundamentos de la cultura. La cultura no es de una forma u otra, hay muchas formas de entenderla, y está directamente relacionada con las inquietudes de la gente. Nuestra realidad más inmediata es un drama social que hace que la cultura tenga que verse como una herramienta para cambiar la sociedad, y cada día debe tener más fuerza. Conviven muchas visiones distintas, y yo tengo respeto para todas, cada uno vive la cultura como la siente. Hay mucha gente que ve que es una herramienta para cambiar su entorno.

Los de Valencia vivís en un entorno donde lo que habéis defendido siempre es lo minoritario. Parece que tenéis más inculcado ese espíritu de luchar y transformar.

Aquí en Valencia hay de todo, no toda la cultura catalana en Valencia es de batalla. Hay cultura de muy alta calidad, pero el hecho de pertenecer a una cultura minorizada con el agravio de que aquí la hostilidad no viene desde fuera, sino desde dentro… Al final todo eso te obliga a tomar partido. Cuando se te discrimina por hablar valenciano, cuando se te boicotea en la televisión pública por cantar en valenciano… En el campo de la música hay un panorama muy diverso y plural, pero al fin y al cabo lo que nos une es que nos marginan y se nos quiere invisibilizar porque cantamos en nuestro idioma. A nosotros nunca nos ha contratado el ayuntamiento de Valencia. Y es nuestra ciudad. En Canal 9, la televisión pública, no salimos hasta hace tres años. Es que es como una gran locura. Te ves obligado a tomar partido, y nos hemos acostumbrado a la cultura de la resistencia, de no tener ayudas pero tenernos a nosotros mismos. Si no nos ceden el espacio, lo buscaremos nosotros.

¿Hay perspectiva de un cambio en Valencia a corto plazo?

Espero que sí. Cada vez está más claro, y dentro de poco hay elecciones. Yo siempre digo que aunque cambien las cosas nos tocará seguir batallando, tejiendo entramado social y educativo desde abajo, que nos permita avanzar en momentos difíciles. Hay que estar permanentemente movilizados. En tiempos de crisis hemos resistido, porque estamos acostumbrados a no tener subvenciones, nunca las hemos tenido. La movilización des de abajo es positiva, no debe perderse. La sociedad civil siempre ha hecho avanzar al país.

¿Qué esperas de esos dos últimos conciertos de despedida?

Tengo ganas, evidentemente, de cerrar ya esa etapa. Se ha alargado porque no nos dejaban el espacio que queríamos, y también tengo ganas de disfrutarlo. En Valencia haremos tres días seguidos en el teatro más importante de la ciudad, aquí en el centro, en un espacio que no querían dejarnos. Queremos hacer un concierto especial, es como una sobredosis de emociones. Para nosotros quedará el recuerdo de estar aquí, en Valencia. Cuando empezamos éramos pocos. Y ahora tocaremos aquí, y encontrarte a la gente del principio sumada a la masa de gente joven que crea consciencias y toma partido… Hemos tenido muchas derrotas pero hemos ganado mucho más, hemos plantado batalla y hemos tirado para adelante a pesar de todo. Y de dentro hacia fuera, queda un grupo de amigos de barrio de Valencia que gracias a mucha gente que creyó en ellos empezaron a pasar cintas, les permitieron crecer y llegar a sitios impensables. Estar en un escenario en Tokio o Caracas, girarte y ver la gente del principio, con tus ideas, tu música i tu lengua intacta, sin renunciar a todo en lo que creíamos… Eso quedará.

Para terminar, te pido que escojas una palabra.

Crear. Es la que resume todo lo que hemos dicho. No sólo crear canciones, también historias, mundos paralelos, referentes propios. Crear todo aquello que nos hace falta. Crear redes, alternativas, estructuras. Es lo que hemos vivido desde chicos aquí en Valencia y que intentamos seguir haciendo.

Text: Oriol Soler

Fotografies: Adrià Calvo

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