Sol Picó: “A veces pienso que se me cuestiona por el hecho de ser mujer”

Sol Picó (Alcoi, 1967) acaba de ser galardonada con el Premio Nacional de Danza 2016 en la modalidad de creación y coreografía. Era uno de los únicos premios que aún no tenía, y es que Sol Picó, bailarina y coreógrafa afincada en Barcelona, atesora un palmarés espectacular de reconocimientos entre los que destacan 10 premios Max, el Premi Nacional de Dansa de Catalunya (2004) y el Premi Ciutat de Barcelona de Dansa (2015). En esta ocasión, el jurado del Premio Nacional ha querido destacar “el talento creativo y la fuerte personalidad artística” de la bailarina valenciana. Picó, por su parte, se ha mostrado “muy emocionada” por haber recibido el premio y ha enfatizado que la danza española tiene “talento, creatividad, buenos bailarines y grandes obras”, a pesar de que le sigue sobrando “precariedad”. La entrevista que se presenta a continuación se hizo en La Piconera, la sede de la Compañía Contemporánea de Danza Sol Picó, una semana antes de que la artista alcoyana recibiera esta distinción tan especial.

El día 4 de noviembre presentaste tu último proyecto Dancing with frogs en el que pretendes reflexionar sobre la masculinidad. A lo largo de tu carrera has hecho muchos espectáculos en los que has hablado de la mujer. ¿Por qué ahora has decidido hacer este cambio de perspectiva?

Porque después de hacer el espectáculo We Woman el año pasado, en el que hablaba de la situación de la mujer en el siglo XXI, he creído que era absolutamente necesario para mí reflexionar sobre el hombre. Por lo tanto, Dancing with frogs, yo diría que es una reflexión sobre el hombre del siglo XXI y la masculinidad, que tiene una relación directa con la situación de la mujer. Necesito reflexionar y hacerlo a partir de los hombres. No hacerme preguntas, que tengo muchas, pero creo que no tienen respuesta, sino más bien reflexionar.

 ¿Cómo se puede tratar la situación actual de la mujer a partir de la masculinidad?

Estamos haciendo un ejercicio muy interesante porque son los mismos bailarines los que desarrollan muchas de las ideas y conceptos que yo les propongo. Son ellos los que ven las cosas de la forma como las representan. Yo los dirijo, pero realmente son ellos los que definen como se ve el hombre del siglo XXI. Son seis hombres completamente diferentes, todos de aquí, pero diferentes.

Antes hablabas de We Women, un espectáculo en el que te haces muchas preguntas sobre la mujer contemporánea. ¿Has encontrado respuestas a medida que has ido haciendo el espectáculo?

Tengo dos respuestas. La primera es que soy muy feliz de ser mujer, y estoy muy orgullosa de serlo porque es maravilloso. Y la segunda es que todavía nos queda un camino muy largo que recorrer. Si Hillary Clinton no fuera mujer ya tendría el poder en sus manos, y más, teniendo en cuenta que tiene aquel animal a su lado. Pero como es mujer intentan desacreditarla. Y es una cosa que vosotros, los hombres, no os dais cuenta. Ni mejor ni peor, pero es una cosa que es difícil de ver desde el hombre. El espectáculo Dancing with frogs es muy curioso porque a veces yo doy unas ideas que ellos no ven. Es muy interesante, es un trabajo prácticamente de investigación, muy experimental.

¿Qué respuesta estás teniendo, de momento, de este trabajo?

De momento el feedback es precioso porque cuando las cosas se teatralizan y se ponen sobre un escenario todo el mundo saca lo mejor de sí mismo. Y a pesar de que la escena sea violenta o fuerte, está colocada de una manera tan auténtica y con una entrega tan grande que resulta interesante. De hecho, cuando me puse a trabajar sobre las mujeres, en el ámbito de la compraventa, los programadores, los productores y a la hora de recoger dinero, a todo el mundo le hacía gracia, pero sin hacer grandes exclamaciones. En cambio, el interés que despierta hablar del hombre es mucho más grande, pero mucho.

Seguramente porque nunca se hace...

Seguramente porque nunca se encuentra la necesidad de reivindicar nada porque ya lo tenéis todo. Por lo tanto, no hace falta reivindicar nada ni hablar de ello. Pero, una vez encima de la mesa despierta interés porque está menos visto.

El espectáculo Sólo son mujeres, de Carme Portaceli, en el que tú participas haciendo la coreografía y bailando, tratáis la desigualdad de género durante la Guerra Civil y el franquismo. ¿Por qué cuesta tanto hablar de estos dos temas, y juntos todavía más, en este país?

Esta obra es un espectáculo precioso sobre todo porque todas las palabras que salen en escena son verídicas. Son testigos auténticas. Señoras que sufrieron todo lo que Míriam Iscla explica en el escenario. Es difícil porque es tan duro y tan real que realmente a veces cuesta incluso de ver. La gente que ve el espectáculo se compromete con el tema. La gente sale llorando, triste, etc. Yo, al principio, cuando leía los textos e intentaba improvisar algo, pensaba “¡Hostia, qué difícil es esto!”. Porque es tan auténtico. Carme ha sido muy inteligente y ha hecho una obra muy buena que nos permite escuchar todo lo que pasó. Además, le ha añadido una música y una imagen, la mía, que de vez en cuando nos ayuda a digerir el texto, porque la palabra por sí sola es durísima.

¿Las artes facilitan el tratamiento de temas tan complejos como estos?

Claro. Yo no conocía estas testigos. Leo mucho y me encantan los libros, pero esto no lo conocía. Y de repente, hacer una obra de teatro que habla de esto me abre un conocimiento brutal. Es una cosa absolutamente especial, y a mí me parece realmente importantísimo y necesario. Y Claro, si lo rodeas de una música y de una imagen, pues, todavía es más fácil poderlo explicar. Te abre un imaginario muy chulo, que hace que no sólo las palabras se te quedan atragantadas. Y, por lo tanto, creo que es muy importante que se pueda recoger de este modo.

¿Uno de los grandes valores de la obra es que se tratan temas de las mujeres durante el franquismo que nunca antes se habían explicado?

Siempre hemos visto a la mujer ocupándose de los niños, escondiendo a gente o cuidando al soldado, pero no a la mujer reivindicativa, la que recibía palizas o la que se suicidaba porque no podía soportar las torturas. Aquí se pone el foco en las mujeres como protagonistas de la historia, también, porque había muchas. Es que, por ejemplo, ¿de la historia del arte cuántas mujeres protagonistas conocemos? Diez. Siempre son hombres. El otro día leí una cosa brutal: “El reconocimiento artístico de una mujer se empieza a dar cuando deja de ser un posible objeto sexual”. Y es cierto. Hay unas cuántas mujeres, bastantes, que empezaron a tener reconocimiento cuando empezaron a cumplir 60 y 70 años. Hay algo muy fuerte escondido en esta frase. Es muy bestia, y yo ya lo he empezado a notar. Hay un tapón que no sale.

 ¿Cómo puede ser que todavía pase esto hoy en día?

Ya te lo diré cuando acabe Dancing with frogs. Pero no es que pase esto, pasan muchas cosas. No os dais cuenta. Es muy fuerte. Yo a veces estoy conversando y pienso “Si hubiera sido un tío...”. Con toda la experiencia que tengo, con los 25 años de profesión que llevo... Ni se me hubiera cuestionado, pero como soy mujer se me cuestiona.

El año 2012 firmaste un documento dirigido a Ferran Mascarell reclamando más esfuerzo para combatir la desigualdad de género, y en 2014 suscribiste una carta para pedir la retirada de la ley del aborto. Siempre has estado muy implicada en la defensa de la igualdad de género...

Mira los políticos que tenemos. Si de repente un político pone otra vez la ley del aborto después de años de lucha brutal... Ha habido mucha gente, diez o veinte años mayor que yo que ha luchado contra el aborto para conseguir que la mujer pueda decidir sobre su cuerpo. ¡Por favor! Y llega un tío, que han votado muchos españoles, y decide que... Bien, que te tengo que explicar... Pues mira, yo soy mujer y quiero abortar. Porque lo necesito. Nadie quiere abortar, por favor, nadie quiere. No hay cosa más maravillosa en este mundo que traer un niño en tu vientre. Pero, si no puede ser, no puede ser. Es una cosa tan bestia, me pone enferma. Seguro que, si pudierais abortar vosotros, ya tendríais todas las leyes hechas y no habría ningún problema. Es el vagón de segunda clase, esto lo dice Natza Farré, y tiene toda la razón. Siempre, primera clase y segunda clase.

La cultura, como la desigualdad de género, también es un tema crítico en este país. ¿Crees que el maltrato que recibe la cultura es para evitar la crítica social que muchas veces hacéis los artistas?

Yo creo que la cultura está maltratada porque no les apetece. Directamente les da igual. Incluso, el entretenimiento tampoco les apetece. La cultura es un aspecto menor en este país, y ya está. Y Esto tampoco sé cuándo cambiará. Y yo, además, dentro de la cultura estoy en el mundo de la danza que ya es... Sobreviviré. Es complicado.

¿Qué crees que debe pasar para que cambie la situación?

Qué preguntas más difíciles me haces... Yo qué sé (ríe). Es que tendrían que pasar muchas cosas. De momento, tiene que haber gente sensible a la cultura. Se debe enseñar y educar al ciudadano, que vaya a ver danza, teatro, música, ópera, etc. Se debe abrir un poco la mente de las personas. Yo pienso que la cultura tiene que abrir el espíritu y la mente. Cuando ves gente sensible a la cultura es otra cosa. Ves que hay más apertura mental, después cada cual es cómo es, pero esto es fundamental. La cultura es importantísima, porque el espíritu también necesita alimentarse. A banda, también tenemos que abrir camino a los talentos nuevos, y tampoco dejar de lado a los talentos antiguos. Estamos en un país en que enseguida apartamos lo que ya no es moda.

Anna Manso nos dijo que los generadores de cultura tienen que ser muy autoexigentes y hacer muy bien su trabajo para enganchar a la gente. ¿Estás de acuerdo?

Siempre intentas trabajar lo mejor que sabes. Esto pienso que lo hace todo el mundo. Una cosa importante es resistir. Resistir, y estar. Hasta que no puedas más. Yo, las cosas que he hecho han sido porque he tenido la capacidad de resistir, personalmente y con todo lo que me ha rodeado, todo el equipo de gente que he tenido cerca. Hemos estado, hemos confiado en el proyecto, y seguiremos estando hasta que no aguantemos más. La cultura en este país es resistir. Y estar. Y que un día suene la flauta.

Antes comentabas que la danza es una de las artes más maltratadas y que tiene que subsistir con muy poco. ¿Por qué se considera un arte de segunda?

Porque este país no tiene demasiada tradición. También existe una coyuntura un poco política de todo lo que ha pasado en este país. Primero se hizo el ballet clásico, después apareció la cultura folclórica, y el flamenco, que lo mancha todo. Yo soy fan absoluta del flamenco, creo que es maravilloso vivir en un país donde se ha desarrollado el flamenco como parte de nuestra cultura y de la danza. Pero esto ha hecho que todas las otras cosas hayan quedado un poco al margen. Por ejemplo, en Francia tienen una cultura de danza contemporánea bestial. Bailar es un trabajo más o menos normal. Aquí para regularizar todo esto todavía queda mucho.

¿Qué aporta la danza en la escenografía que otras artes no tienen?

A mí la danza siempre me ha parecido muy interesante. Creo que muchas veces sobran las palabras. Entre tanta palabra se pierden las ideas y los conceptos, y acabas que ya no sabes dónde estás. Claro, la danza y el movimiento permiten expresarte con tu cuerpo, y esto es una cosa mágica. Yo a veces acabo el espectáculo y pienso “¿Hostia, cómo ha podido pasar todo esto?”. Los bailarines han expresado toda una idea sólo con sus cuerpos, sus acciones y sus movimientos. La danza aporta la posibilidad de abrir muchísimo la imaginación. Ahora, tú y yo nos entendemos muy bien porque estamos hablando, pero si me pudiera mover y quisiera explicarte algo con el cuerpo, independientemente de si me entendieras o no, seguramente te marcharías de aquí con una sensación curiosísima, y lo que más recordarías de este día es que me moví delante tuyo. A veces el movimiento, el cuerpo, y lo que expresas con él coge una dimensión diferente, y si tú sabes leerlo y eres capaz de asimilarlo creo que consigues un no sé qué muy poderoso.

¿Te permite explotar la creatividad y jugar con el propio cuerpo y el espacio de manera prácticamente infinita?

Totalmente. Yo ahora quizás utilizo menos el cuerpo, pero antes me gustaba mucho ponerme cosas. Siempre he tenido una vertiente bastante performántica. Un cuerpo desnudo, lleno de tiritas, andando, y moviéndose, da rápidamente una idea de dolor, que algo va mal, etc. Quizás no te hace falta que te explique ninguna historia. Con toda una serie de movimientos ya lo has visto. Pienso que a veces con una imagen te llevas a casa algo que se te queda por ahí, por la mente, que te dice más que mil palabras.

A lo largo de tu carrera has trabajado con muchos registros: danza clásica, danza contemporánea, flamenco, teatro, coreografías, etc. ¿Te cuesta definirte como artista?

Siempre me he definido como bailarina porque es la esencia que lo recoge todo. A pesar de que después puedo tender un poco hacia el mundo de la performance. Me gusta influir en otras disciplinas y ser muy espontánea. A veces tengo algo pensado, pero dependiendo de cómo veo el público voy más allá o no. Improviso. Me pasa muchas veces, sobre todo si estoy trabajando sola. Juego mucho. Y después, claro, a mí me gusta mucho el texto, y he estudiado también un poco de texto para poder hacer de intérprete. Lo único que no sé hacer es cantar.

Unas disciplinas que requieren mucha creatividad, ¿no?

También requieren estudio. Es importante trabajar. A mí me gusta mucho la técnica, yo vengo de la danza clásica y he trabajado mucho la técnica y es una esencia que me gusta mantener. Pero es verdad que siempre puedes hacer las cosas muy autodidactas y acabarlas haciendo tú. Pero el hecho de recibir información y el aprendizaje son cosas muy importantes. Aun así, yo siempre digo que todo lo que he ido aprendiendo me lo he ido incorporando y he acabado haciendo un cóctel del cual sale una tía que puede hacer un texto, trabajar en una obra de teatro, bailar, hacer de coreógrafa, etc. Vas creándote tu propio estilo. Y esto siempre está en evolución, nunca dejará de encontrar cosas nuevas. Al final, siempre, lo que acabas haciendo se perece porque es importante tener tu propio sello.

Para acabar, te pido que escojas una palabra.

Libertad. Porque la necesito. Para mí la libertad es fundamental. A todos los niveles, emocional, artístico, personal, familiar. Para mí es muy importante que haya libertad en el mundo.

Texto: Pau Franch

Fotografías: Albert Gomis

Volver